François Châtelet, historia, razón y política

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Por Iñaki Urdanibia

« …un filósofo arriesgado y que asumió todos los riesgos que esto implica. Se negó a dejar que el mundo discurriera por la superficie de las aguas. Intervino en él en tanto que sujeto pensante, lo que necesariamente le condujo a tomar partido y a luchar. Y tomó partido contra toda injusticia, viniera de donde viniera. Lo cual resultaba difícil en ese momento en el que el mundo parecía dividido en dos campos, ninguno de los cuales, por sí solo, era portador de justicia y de verdad »

( Jean-Toussaint Desanti)

Creo recordar que era el año 1983 cuando en San Sebastián se celebraba el anual Congreso de filósofos jóvenes. En una de las sesiones celebrada en el salón de plenos de San Juan de Luz, recuerdo ver la figura vestida de negro del filósofo, con una sonrisa tan constante como su cigarrillo en los labios, en caladas que daban la impresión que iban a cortar su respiración , a ojos vista dificultosa; sus intervenciones-hablaba su colega Maurice Gandillac- eran pausadas al tiempo que llenas de mordiente…Un par de años después fallecía ese hombre al que alguien comparaba, por su imagen que no por sus ideas, como un clerygman.

Exceptuando esta efímera ocasión, no tuve otra de tratar con él, mas todos quienes le conocieron de cerca lo trataban de un ser cercano, siempre dispuesto a ayudar y un verdadero dinamizador de vocaciones filosóficas; él mismo comentaba que en sus historias se conformaba con que algún lector se viese impulsado a leer a, por ejemplo Spinoza. Las puertas de su apartamento siempre estaban abiertas y no había alumno deseoso de hallar orientación o respuesta a sus problemas que no disfrutase de su hospitalidad; cuando él hablaba hasta las asambleas más tumultuosas siempre enmudecían a la espera de sus palabras.

La enseñanza fue su medio y esta se estrenó en Orán, en 1948, a partir de entonces no cesaría de enseñar, si se exceptúan los cuatro años- de 1954 a 1958- que dedicó a la elaboración de su tesis de doctorado ( La Naissance de l’histoire: la formation de la pensée historienne en Grèce / hubo traducción en Siglo XXI) su labor continuó, en secundaria, en Túnez, Amiens, o París, hasta que dio el salto a la enseñanza universitaria, siendo uno de los promotores de la mítica facultad de Vincennes; más tarde , de la mano de Faye, Lyotard y Derrida puso en marcha del Collège Internationale de Philosophie . Destacaba su magisterio en romper con la repetición del panteón de los más destacados filósofos para centrarse en aquellos que suponían un cambio frente a otros tipos de pensadores, aunque ello supusiera saltos cronológicos-que algunos sectores academicistas- o ausencias sonadas; seguía en su docencia la aseveración kantiana de que no se enseña filosofía sino que se enseña a filosofar. La huella socrática le acompañaba y con ella influía en sus alumnos.

Como él cuenta en lo que puede considerarse un texto autobiográfico ( Chronique des idées perdues , 1977) no fue un estudiante brillante hasta los cursos finales del bachillerato, y tras los estudios universitarios de historia y filosofía dudó entre dedicarse a una u otra disciplina, optando al final por la filosofía, lo que no quita para que la historia esté presente-como ha quedado dicho líneas arriba- en su misma tesis y en sus obras posteriores. Tampoco era ajeno a las preocupaciones ligadas con la ciudad. De ello es muestra su inicial militancia trotskista, su posterior afiliación al partido comunista duró poco tiempo, ya que abandonó, en 1956, el partido coincidiendo con la invasión de Hungría y el informe de Kruschov ante el XX congreso del PCUS. No cesó su espíritu combativo, militando contra la guerra de Argelia En esos tiempos mantuvo estrechas relaciones con otros disidentes del comunismo ortodoxo, como Kostas Axelos o Edgar Morin con quienes colaboró en la célebre revista Arguments. La conmoción de Mayo del 68 supuso para Châtelet una verdadera sacudida que le arrastraba a despojjarse de algunas creencias y dogmas que continuaban teniendo peso en su manera de concebir la historia como guiada por un logos ineluctable; podría afirmarse que opta por la propuesta foucaultiana de penser autrement, aoptando otra mirada, una mirada que se inclinase del lado de la multiplicidad ( frente a la dominante, totalidad) convirtiéndose en un puntilloso cartógrafo de la filosofía, y de sus ramificaciones en el campo de la política.

Sus primeras publicaciones dan cuenta de los ejes sobre los que caminaba: por una parte, algunas monografías sobre algunos de sus filósofos preferidos ( Peroicles, Platón y Hegel) y algunas obras influenciadas por el marxismo. Esta última vena sufrió un giro que le llevaba de la sombra del marxismo a posiciones más abiertas y plurales. Este transcurso que señalado queda patente en sus obras en solitario y en las escritas en colaboración: entre las primeras, Logos et praxis ( 1962) o sus estudios sobre El Capital; las segundas, ahí están sus tres volúmenes de Les marxistes et la politique ( en colaboración con Evelyne Pisier y Jean-Marie Vincent) en los que se recogen textos esenciales de las principales corrientes marxistas, publicada en 1975

Las ilusiones totalizadoras y explicativas que proponían que se podía explicar la marcha ascendente de la historia como progreso, lógica que podía ser aprehendida por la filosofía, fueron abandonadas por Châtelet dando lugar a la elaboración de varias historias que se abren en abanico dejando ver diferentes explicaciones, diversas versiones, que rompía con las exposiciones dogmáticas de las obras de la razón. Entre estas obras, cabe nombrar las que con el paso del tiempo se han convertido en inevitables para cualquier estudiante que se precie: Histoire de la philosophie. Idées. Doctrines; publicada en ocho volúmenes en 1972-1973.( hubo traducción es Espasa). Esta obra colectiva da cabida a diferentes especialistas de los filósofos más destacados, lo cual convierte la presentación en algo realmente plural, que puede funcionar como atractivo muestrario de lo que ha hecho la filosofía a lo largo de los siglos. La intención de Châtelet no quedó satisfecha ya que unos años después trató de incluir la filosofía en el conjunto del saber y de las mentalidades de la época en que surgían los diferentes pensamientos; de tal proyecto salió, en 1978 su obra, en tres volúmenes, escrita junto a Gérard Mairet, Histoire des idéologies ( fue publicada en castellano por ZYX). Ha de añadirse a las ya metadas Les conceptions politiques du XXe siècle, en colaboración de Évelyne Pisier-Kouchner, en 1982 ( traducción en Tecnos) o su necesario Dictionnaire des œuvres politiques, con O. Duhamel y E. Pisier-Kouchner, que vio la luz un año después de su muerte. Obras todas ellas que se han convertido en obras de necesaria consulta, no solo por la amplitud de las obras y autores visitados sino también por su modo de elaboración plural lo que hace que convivan en cada uno de los volúmenes posturas diferentes y hasta distantes entre sí.

Historia, razón y política…las tres constantes, las tres obsesiones que guiaron el quehacer de este infatigable profesor que no cesó de entrelazar estas distintas esferas siguiendo la pista de un proceso de racionalización heterogénea y que comentaba en entrevista con Émile Noe ( Una historia de la razón. Pre-Textos, 1998)l: « …el filósofo se limita a inscribirse en un contexto. Puesto que ha renunciado a la idea de que detenta un poder supremo, se ha convertido en un revulsivo ante las situaciones, un revulsivo que intenta construir una visión coherente y fundada del mundo.

« La razón no ha alcanzado la edad de la razón. ¿ La alcanzará alguna vez?. Esto depende del hombre y sólo de él».

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