Francia. Más allá del debate sobre el lugar de las mujeres trans en el movimiento feminista

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Una controversia sobre la inclusión de las mujeres trans ha dividido el movimiento feminista durante las últimas semanas. Más allá de las posiciones transfóbicas de algunas, este debate revela los desafíos actuales que atraviesan al movimiento: ¿es el feminismo un medio para permitir que algunas alcancen la igualdad formal o es la lucha colectiva de todas para la emancipación de todas?

Desde hace algunas semanas, parte del movimiento feminista francés ha estado atravesado por una controversia sobre la inclusión de las personas trans. Primero interno en el movimiento de las colleuses1 (contra los feminicidios), el debate se ha llevado a cabo dos veces públicamente: el 22 de enero por una serie de tuits de Marguerite Stern2 y el miércoles 11 de febrero con la publicación de una tribuna firmada por una sesentena de personas en el HuffingtonPost, eliminada de su web unas horas más tarde y ahora disponible en la web de Marianne3. En esencia, Marguerite Stern y las demás acusan al movimiento de las colleuses de estar «colonizado» por «hombres que se hacen pasar por mujeres». Posiciones transfóbicas que no son nuevas ni entre las ex-femen ni entre las firmantes de la tribuna, bastará con hacer un recorrido rápido por el blog de Christine Delphy para convencerse de esto4.

Por otra parte, estos comentarios también son para poner en perspectiva las posiciones islamofóbicas y racistas de estas activistas 5. De hecho, si asistimos a tal escalada en las últimas semanas es principalmente porque quienes se autodenominan «feministas universalistas» están perdiendo cada vez más terreno, tanto ideológicamente como en la práctica, a medida que el movimiento se masifica. En efecto, esta masificación va acompañada de un renacimiento del feminismo autoorganizado que intenta combinar la inclusión de un máximo de mujeres con el respeto por cada una de ellas. Difícil existir en estas condiciones para un movimiento que dice tener la verdad universal y defender el buen feminismo. La urgencia en denunciar el «peligro trans«, por lo tanto, parece ser parte de un intento desesperado de aferrarse al movimiento feminista actual, que está acelerando y presenta desafíos en términos de masificación y sororidad que son difíciles de conciliar con las agendas que terminan siendo reaccionarias al tratar de hacer coincidir el feminismo y la república 6.

Un sujeto político encontrado en acción

Durante varios meses, las colleuses feministas han denunciado en las paredes de nuestras ciudades la alianza del Estado y el patriarcado al que oponen a una hermandad de mujeres plena y por entero. Sí, pero ¿qué mujeres? La controversia surge de este tema, ya en octubre, al no querer una parte de las colleuses que los mensajes hablen de violencia contra mujeres trans, musulmanas o lesbianas cuando la mayoría rápidamente quería denunciar la totalidad de la violencia hecha a todas las mujeres. Si Marguerite Stern y sus amigas intentaron circunscribir los collages (las pegadas de carteles) sobre la violencia conyugal en las parejas heterosexuales, por el contrario, al ampliar el foco a la totalidad de la violencia patriarcal, el espectro de quienes son consideradas mujeres también se amplía. Al hacerlo, las colleuses redefinen en la acción el sujeto político del feminismo según la experiencia vivida de esta violencia. Al contrario de lo que plantea la tribuna, se trata de considerar que existe una base material para la opresión. Una mujer trans agredida en un aparcamiento, una madre asesinada por su esposo, una mujer velada atacada, una lesbiana violada, todas son «nuestras hermanas» para las colleuses, y todas debemos luchar juntas para destruir esta base material. En un instante, el feminismo se convierte en una lucha por la emancipación y un momento de solidaridad, una lucha apasionada contra toda violencia y una sororidad compartida por todas las que lo deseen.

Así redefinido, el sujeto político del feminismo propuesto por las nuevas generaciones militantes permite defender agendas políticas ambiciosas: se trata de luchar por el conjunto de las mujeres y las minorías de género y no es posible hacer concesiones con el sistema capitalista que nos explota a la mayoría de nosotras o con el Estado que expulsa, reprime, invisibiliza. Estas perspectivas políticas abiertas no son compatibles con la definición de la mujer grotesca y misógina del feminismo universalista, básicamente como la hembra humana que puede dar a luz7. Si ser mujer es tener un útero y poder tener un hijo, ¿cómo explicar, por ejemplo, la monopolización de la fuerza de trabajo de las mujeres en la familia o por el capitalismo para realizar las tareas domésticas y de cuidado? Contrariamente a lo que afirma la tribuna, el género no es biológico, cosa que se sabe desde De Beauvoir (y Christine Delphy daba de él una definición menos esencialista hace unas décadas). Es sobre todo la experiencia social la que nos define. En una sociedad marcada por relaciones de dominación, son estas relaciones y nuestras reacciones hacia ellas las que nos definen. Ser una mujer trans no es un acto declarativo, y no hay nada divertido en afirmarse como una «mujer trans”. No hay ninguna ventaja en ser acosada, en todas partes, sexual o moralmente, porque se es mujer y porque se es trans.

Feminismo para unos pocos vs movimiento de masas

Transfóbica, sexista, esencialista, la tribuna, que parecía un folleto de la Manif Pour Tous8 opuesto al ABC del género con el pretexto de que va a LGTBIzar a las y los niños, también está marcada por comentarios confusos e irracionales que dan testimonio del miedo a perder un cierto confort. Así, el texto está atravesado por la ansiedad de ver a las mujeres trans tomar el lugar de “verdaderas” mujeres en el movimiento feminista9, pero también en los lugares «reservados» a las mujeres, en las competiciones deportivas, en la política, la creación empresarial …

Lo que une a las firmantes de la tribuna, desde la abogada cuadro del PS hasta la ensayista colaboradora de Marlène Schiappa, es claramente el miedo a perder ciertos privilegios. No es sorprendente que haya sido escrita por Pauline Arrighi, ex portavoz de Osez le Féminisme y activista a favor de un feminismo liberal en Francia10. Llegamos al centro del debate y es hora de plantear las cosas con tranquilidad. Hay un feminismo liberal que desea la igualdad en el marco del sistema capitalista y un feminismo para el 99% que quiere una sociedad libre de todas las relaciones de explotación y opresión. Ahora bien, las nuevas generaciones militantes feministas tienden a inclinarse hacia este segundo. Para muchas no es posible disociar la lucha contra la violencia sexista y de género de una lucha anticapitalista. El nuevo feminismo autónomo e inclusivo es antisexista, anticapitalista, antirracista, antiautoritario, antiLGTBifobia e internacionalista. Los modos de acción y de organización favorecen cada vez más la decisión colectiva sobre el liderazgo, el anonimato de la acción de masas sobre el acto brillante individual. Esto es también lo que se juega aquí y lo que molesta a las «feministas universalistas». Porque pasada la cobertura mediática de las primeras veces y la posibilidad de protagonismo que esto podría ofrecer a las personas que buscan los focos, no hay nada gratificante en la acción diaria de las colleuses.

Los collages anonimizan el feminismo al mismo tiempo que lo proyectan al espacio público: nadie ve a las colleuses, nadie sabe quién puso estos mensajes que todas vemos todos los días. El feminismo se convierte en asunto de todas, lejos del activismo contemplativo de las Marguerite Steirn o de la promoción del espíritu de empresa feminista de Pauline Arrighi. Y lo mismo ocurre con los colectivos y asambleas feministas que surgieron este año en toda Francia y que llevan a cabo una lucha diaria para desarrollar un movimiento feminista autónomo y anticapitalista. Frente a la urgencia de la situación y la magnitud de la tarea, se trata de librar una lucha feminista total que no tiene tiempo que perder con las individualidades invasoras y no puede permitirse sacrificar a una parte de las oprimidas con la esperanza de salir adelante individualmente. Ante la violencia patriarcal y racista cotidiana, el individualismo galopante, tenemos la oportunidad de desarrollar un feminismo ofensivo que tome cuidado de cada una de nosotras, un militantismo radical y solidario, una lucha inclusiva para acabar con todas las relaciones de explotación y de opresión.

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

Notas

1/ En 2018 eran 121 y en el verano de 2019 eran ya un millar las llamadas colleuses (de coller, pegar en francés) que pegan carteles en las paredes de decenas de ciudades de Francia con letras negras sobre fondo blanco, en formato A4, con frases como “La patria indiferente ante las mujeres asesinadas”, “Tened cuidado: la cólera de las mujeres va en aumento”, “Más escuchadas muertas que vivas”… Un modo de acción creado por Marguerite Stern junto con otras…y que ha tenido repercusiones internacionales. https://www.liberation.fr/planete/2019/12/31/les-collages-contre-les-feminicides-s-exportent-a-l-etranger_1771389 y https://www.liberation.fr/france/2019/12/27/marguerite-stern-leurs-noms-en-haut-de-l-affiche_1771266 ndt.

2/ Ver un buen resumen en el sitio web de Liberation: https://www.liberation.fr/checknews/2020/02/13/quel-est-le-point-de-depart-de-la-polemique-sur-la -lugar-de-trans-en-el-feminisme_1778259

3/ https://www.marianne.net/debattons/tribunes/trans-suffit-il-de-s-autoproclamer-femme-pour-pouvoir-exiger-d-etre-considere

4/ Ver por ejemplo https://christinedelphy.wordpress.com/2017/09/16/largumentation-queer-en-faveur-dune-decriminalisation-de-la-prostitution-et-du-proxenetisme-ne-resiste-pas-a-un-examen-minutieux/

5/ Una de las firmantes pasó por Risposte Laïque, Marguerite Steirn no oculta ser islamofoba. En otro registro, una tribuna “por un 8 de marzo universalista” había sido publicada el año pasado para denunciar la invasión islámica en el feminismo. Ver aquí: https://www.liberation.fr/debats/2019/03/03/pour-un-8-mars-feministe-universaliste_1712751

6/ Tras el feminismo universalista se esconde una visión republicana del feminismo, que conisdera que habría que respetar el laicismo, criminalizar la prostitución, promover el acceso a los puestos de responsabilidad para las mujeres y enviar la policía a las barriadas para alcanzar la igualdad. Ver las dos tribunas citadas y más en general los posicionamientos securitarios e islamofobos de las firmantes y/o colectivos.

7/ Además de ser transfóbica, esta definición es validista. Las mujeres estériles apreciarán ser calificadas de anomalías…

8/ La manif pour tous (LMPT, en español, “la manifestación para todos”) es el principal colectivo de asociaciones ​que organizó las mayores manifestaciones en oposición al matrimonio homosexual en Francia. Ver https://es.wikipedia.org/wiki/La_manif_pour_tous ndt.

9/ Por supuesto, esto no tiene ningún sentido. Muy pocas mujeres trans están presentes en los movimientos feministas y en el activismo en general, dada la marginación y los ataques incesantes a las que nos vemos confrontadas en cuanto intentamos tener una vida “pública”. Como el conjunto de las mujeres, estamos sometidas a la mirada y al juicio de las demás y debemos trabajar diariamente nuestra apariencia, comportamiento y discurso en el activismo para tener el derecho a existir. Por otra parte, es bastante “divertido” constatar que las que hoy dicen no “poder decir nada” y no poder “criticar a las trans-activistas” lo hacen en los periódicos mainstream, son portavoces de organizaciones nacionales, son electas, universitarias o tienen miles de followers en Twuitter. Por el contrairo, ¿cuántas mujeres trans son son conocidas en Francia?

10/ Su fundación We wants Ethic, que promueve la igualdad hombre-mujer en las empresas, sirve de tribuna al managerial éthique. Ver los artículos publicados en la cuenta Facebook de We Wants Ethic, (la página web no está ya disponible).

vientosur.info/spip.php?article15659

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