Francia: ¡Contra la reforma de las pensiones. En 2020, la lucha continúa!

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«Esto no puede continuar», dice impaciente el ministro de Economía Bruno Le Maire. El Secretario de Estado de Transporte Djebbari pierde los nervios y envía a los antidisturbios contra los piquetes. El Gobierno tiene dificultades para ocultar su exasperación ante la movilización que continúa. Había apostado por el desgaste de la huelga en la SNCF (ferrocarriles) y en la RATP (red de transportes de París) y por el cambio de la opinión pública. Es en vano, la huelga se mantiene y sigue siendo popular.

Los trabajadores tienen todas las razones para seguir movilizándose, porque el gobierno se aferra a su reforma. Todos los retrocesos programados se mantienen: la jubilación por puntos, la edad de referencia a los 64 años, la restricción de los derechos a las pensiones de viudedad… El gobierno dice que podría tener más en cuenta la fatiga, una milonga repetida en cada reforma de las pensiones, como la cucharada de miel destinada a hacer tragar la píldora amarga. Pero fue el mismo gobierno el que suprimió en 2017 las posturas penosas o las vibraciones mecánicas como criterios que dan derecho a una jubilación anticipada. Criterios que sigue negándose a tener en cuenta. Si se aplica la reforma Macron, los obreros de la construcción, los trabajadores del alcantarillado o los de mudanzas, agotados a los 50 años, ¡tendrán que esperar hasta tener 64 para tener una pensión completa! «¡autobús, trabajo, ataud, no gracias! », gritan precisamente los manifestantes.

Como han comprendido perfectamente los cientos de miles de trabajadores que se han movilizado, esta reforma retrasará la edad de jubilación y reducirá las pensiones.

Macron habla en sus promesas de una reforma que asegura la «solidaridad entre generaciones». ¡Pero pide a los huelguistas que acepten que el retiro de sus hijos sea sacrificado!

Mientras el gobierno repite como un loro que el nuevo régimen será «universal», multiplica las concesiones a ciertas profesiones. Es la confesión de que teme al movimiento, y esto debe animar a continuar la lucha.

Aplazó otros ataques contra las clases populares, como la caída de las prestaciones para vivienda, y una ley para facilitar la apertura de los comercios hasta la medianoche. Estos aplazamientos deben atribuirse al movimiento, y el futuro de estas medidas depende del resultado de la lucha por las pensiones.

Por todas estas razones, muchos trabajadores están decididos a soportar la prueba de fuerza el tiempo que sea necesario. Este movimiento expresa mucho más que una simple oposición a la reforma de las pensiones. Afirma los intereses de los trabajadores, una clase social que ya no puede soportar la ley de la minoría capitalista.

Los trabajadores movilizados se enorgullecen de representar los intereses de quienes hacen que todo funcione en la sociedad. Ya no soportan que sus derechos y su existencia sean sacrificados a la rapacidad de los capitalistas. Estos últimos están a tope, como el financiero BlackRock. ¡Su jefe en Francia, Jean-François Cirelli, que se alegra de una reforma que va a aumentar el ahorro en pensiones y por lo tanto sus beneficios, acaba de ser ascendido por Macron al rango de oficial de la Legión de Honor! En cuanto a Carlos Ghosn, que puede escapar a la justicia porque es rico y posee tres pasaportes y una multitud de residencias secundarias, es también un representante de esta clase capitalista llena de beneficios. Y los trabajadores tampoco aceptan someterse a un Delevoye que, después de haber puesto en marcha la reforma, abandona la escena miserablemente por haber defraudado al Estado.

Para que el gobierno abandone su proyecto, el mundo del trabajo debe poner todas sus fuerzas en la balanza. En la SNCF (ferrocarriles) y en la RATP (rede de transportes de París) los trabajadores están en huelga renovable desde el 5 de diciembre. Muestran una combatividad que hay que celebrar. Pero, sobre todo, no hay que dejarlos solos. Se necesitan huelgas en otros sectores y manifestaciones masivas. El resultado de la lucha dependerá de la importancia de la movilización en los próximos días y semanas.

En esta sociedad capitalista, sólo los que luchan pueden hacerse respetar. Desde el jueves 9, podemos demostrar que seguimos rechazando esta reforma. Seamos muchos en huelga. Seamos muchos en la calle, el 9 y, de nuevo, el sábado 11, ¡para expresar nuestra ira! Comencemos así el año 2020 bajo el signo de la lucha, porque sólo ésta es portadora de esperanza para el mundo del trabajo.

EDITORIAL DE LOS BOLETINES DE EMPRESA DEL 6 DE ENERO

LUTTE OUVRIERE

 

 

 

 

http://www.lutte-ouvriere.org

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