Publicado en: 1 octubre, 2015

Fidel Castro, omnipresente en la ONU

Por Noel Manzanares Blanco

Recientemente, el eco de su pensamiento sobre la necesidad de que desaparezca “la filosofía del despojo” recobró relevancia superior. ¡Enhorabuena!

En los últimos días, he ocupado una parte de mi tiempo en indagar cómo se ha comportado el pulso de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), específicamente el acontecer a escala de su Asamblea General, al calor de la cita de líderes de los países que integran este foro mundial y sus respectivos discursos. De modo particular, he examinado las palabras del Papa Francisco y los pronunciamientos del Presidente Raúl Castro, y hallé como denominador común una gran coincidencia con el pensamiento de Fidel Castro. Grosso modo, abundo.

El 26 de Septiembre de 1960, el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana expresó ante la Asamblea General de la ONU:

“Las guerras, desde el principio de la humanidad, han surgido, fundamentalmente, por una razón: el deseo de unos de despojar a otros de sus riquezas. ¡Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra! ¡Desaparezcan las colonias, desaparezca la explotación de los países por los monopolios, y entonces la humanidad habrá alcanzado una verdadera etapa de progreso!” —estas y otras negritas son mías.

En sintonía con esa línea de pensamiento, el Sumo Pontífice manifestó en la propia Asamblea General de la ONU el pasado 26 de Septiembre, justo 55 años después:

“[…] Los más pobres son los que más sufren estos atentados por un triple grave motivo: son descartados por la sociedad, son al mismo tiempo obligados a vivir del descarte y deben sufrir injustamente las consecuencias del abuso del ambiente. Estos fenómenos conforman la hoy tan difundida e inconscientemente consolidada ‘cultura del descarte’”.

“El mundo reclama de todos los gobernantes una voluntad efectiva, práctica, constante, de pasos concretos y medidas inmediatas, para preservar y mejorar el ambiente natural y vencer cuanto antes el fenómeno de la exclusión social y económica, con sus tristes consecuencias de trata de seres humanos, comercio de órganos y tejidos humanos, explotación sexual de niños y niñas, trabajo esclavo, incluyendo la prostitución, tráfico de drogas y de armas, terrorismo y crimen internacional organizado [… ]”.

Por su parte, el Presidente Raúl Castro dijo dos días posteriores a su Santidad en el mismo escenario:

“[Desde que se creó las Naciones Unidas en 1945], han sido constantes las guerras de agresión, la intervención en los asuntos internos de los Estados, el derrocamiento por la fuerza de gobiernos soberanos, los denominados ‘golpes suaves’ y la recolonización de territorios, que han sido perfeccionados con formas de actuar no convencionales, con el empleo de nuevas tecnologías y esgrimiendo supuestas violaciones de los derechos humanos”.

“El compromiso asumido en 1945 de ‘promover el progreso social y elevar el nivel de vida’ de los pueblos y su desarrollo económico y social, sigue siendo una quimera, cuando 795 millones de personas sufren hambre, 781 millones de adultos son analfabetos y 17 mil niños mueren cada día de enfermedades curables, mientras que los gastos militares anuales en todo el mundo ascienden a más de 1,7 millones de millones de dólares./ Con sólo una fracción de ese monto podrían solucionarse los problemas más acuciantes que azotan a la humanidad”.

Si a lo expresado por el Papa Francisco y por el Presidente Raúl Castro le incorporo que a la sazón un reporte de la AP (Agencia de Prensa de EEUU) recordaba el discurso del Compañero Fidel de cinco décadas y media atrás como uno de los Momentos estelares en la Asamblea General de la ONU —y puedo aludir a su no menos célebre expresión del 12 de Junio de 1992: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre”—, entonces se comprenderá mejor el porqué sostengo que nuestro Líder Histórico acaba de resultar omnipresente en la ONU toda vez que recientemente el eco de su pensamiento sobre la necesidad de que desaparezca “la filosofía del despojo” recobró relevancia superior. ¡Enhorabuena!

 

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