Fidel Castro, fiel a sus principios

Como un legítimo acto de ser consecuente con los principios enarbolados a lo largo de su vida revolucionaria, asumí la decisión del compañero Fidel en el sentido de no aspirar ni aceptar el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe, pues en su discurso del 6 de marzo de 2003 ante la Asamblea Nacional del Poder Popular él había prometido estar en tales responsabilidades “mientras tenga conciencia de que pueda ser útil y si antes no lo decide la propia naturaleza, ni un minuto menos, ni un segundo más”, acotando inmediatamente: “Ahora comprendo que mi destino no era venir al mundo para descansar al final de la vida.”. Al menos, dos lecturas puedo hacer al respecto: una en retrospectiva y otra en perspectiva.
En un rápido recuento, salta a la vista que Fidel, tras ingresar a la Universidad de La Habana a mediados de la pasada década de los años cuarenta, se enroló en el movimiento revolucionario, incluidas actividades como la frustrada expedición contra la dictadura que oprimía al pueblo de la República Dominicana y su presencia en Colombia en función del Congreso Latinoamericano de Estudiantes, momento en el que participó activamente en las manifestaciones populares en Bogotá.
Quizás su mayoría de edad política se aprecie en los sucesos en torno al 26 de julio de 1953: fue capaz de convertir el revés en victoria, al extremo de –pasando por la experiencia del presidio y el exilio– dirigir con maestría las acciones que condujeron al histórico Primero de Enero de 1959.
Su tacto brilló al concebir al Gobierno destinado a sustituir a la dictadura pro yanqui; al tiempo que con sabiduría proyectó la implementación de las medidas que hacían realidad las ideas plasmadas en La Historia me Absolverá. Simultáneamente, fue construyendo la unidad entre el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el Partido Socialista Popular (Comunista) y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, lo que se convirtió en el actual Partido Comunista de Cuba. En este aspecto, su carácter creativo se evidenció al proclamar la necesidad de consultar a las masas para el ingreso de la militancia a la organización partidista.
Entretanto, el Máximo Líder de la Revolución Cubana condujo al pueblo a la victoria en Playa Girón, al honroso desenlace de la Crisis de Octubre, al éxito durante la Lucha Contra Bandidos y salir airosos en diversos y complejos escenarios internos y externos durante los treinta años que le siguieron al Triunfo de la Revolución, amén de escapar airoso de cientos de intentos de atentados contra su vida engendrados por el verdadero eje del mal sito en el “Norte revuelto y brutal”.
Por cierto, hacia mediados de los ochenta de la pasada centuria, mientras que se orquestaba la Perestroika en la Patria de Lenin –la misma que hacía señales a la izquierda y giraba a la derecha–, de su sabia brotó lo que denominamos Proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, una fórmula encaminada a perfeccionar el quehacer revolucionario en Cuba, para nutrir y solidificar al Socialismo.
Cuando la contrarrevolución externa e interna apostó a que Cuba sería la próxima víctima después del derrumbe del socialismo al estilo soviético –acontecimiento que él anticipó el 26 de julio de 1989–, coherente con su carácter inclaudicable Fidel convirtió lo invencible en cotidiano desde bases realistas y optimistas. Recuérdese que entonces enarboló la consiga de “Resistir y desarrollarnos”.
Con la emergencia de este siglo, justamente en la alborada de la Batalla de Ideas, expresó que lo asombroso no era tanto lo que habíamos hecho, sino lo que nos quedaba por hacer, tal como ya se aprecia en torno a la educación, la salud, la cultura… y el paulatino bienestar del pueblo. Así, se corrobora su concepto sobre Revolución enunciado el 1ro de mayo de 2000, específicamente lo relacionado con el sentido del momento histórico, la necesidad de cambiar todo lo que debe ser cambiado y el postulado de no mentir jamás ni violar principios éticos.
Su profunda percepción de que Un mundo mejor es posible la refleja desde la más legítima convicción martiana de que Patria es humanidad. Su batallar siempre ha estado ligado a ello. A modo de ejemplo, ahí están los primeros frutos de su contribución a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), de la mano de Hugo Chávez; ahí está su propuesta entorno a la Revolución Energética, una significativa contribución ante los desatinos enfilados a convertir alimentos en fuente de energías para automóviles. Él constantemente procura tributar a la Globalización de la Fraternidad.
En este instante quiero subrayar que hasta la zancadilla que le interpuso la naturaleza a finales de julio de 2006 se convirtió en otra oportunidad para revelar su vocación de apostar al bien humano. Si no, que hablen sus magistrales reflexiones sobre temas nacionales e internacionales, incluidas las relacionadas con el candidato republicano a la Casa Blanca, Mr McCain.
Por consiguiente, una mirada en perspectiva me conduce a ver al compañero Fidel siempre aportándole a su pueblo, siempre alertándonos, como lo hizo al precisar en su reciente Mensaje:
“El camino siempre será difícil y requerirá el esfuerzo inteligente de todos. Desconfío de las sendas aparentemente fáciles de la apologética, o la autoflagelación como antítesis. Prepararse siempre para la peor de las variantes. Ser tan prudentes en el éxito como firmes en la adversidad es un principio que no puede olvidarse. El adversario a derrotar es sumamente fuerte, pero lo hemos mantenido a raya durante medio siglo”.
Sin lugar a dudas, continuará combatiendo a tono con el apotegma martiano según el cual “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”. Sus Reflexiones no solo serán un arma más del arsenal con la cual se podrá contar, sino, sobre todo, sabia nutriente de nuestra Patria revolucionaria y socialista. Su ser deviene compañía por excelencia de todas las generaciones de sus compatriotas: de la que con él nos condujo a la clarinada del Primero de Enero; de la generación intermedia que aprendió con él los elementos del complejo y casi inaccesible arte de organizar y dirigir una Revolución; de la generación de jóvenes cuyo paradigma de defensa-enriquecimiento-superación constante es su ejemplo; de la generación de infantes, adolescentes y hasta de la que está aún por nacer, por el compromiso guevariano que él hizo suyo: ¡Hasta la victoria siempre! Será pues nuestro imperecedero Comandante en Jefe. Así, porque es él la concreción de la fidelidad sin límites a los principios más nobles jamás conocidos.

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