Publicado en: 18 abril, 2019

Fidalgo de España y de las FAES, un símbolo de la miseria burocrática sindical

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

La foto de la candidata ultraderechista del PP, la marquesona Cayetana Álvarez de Toledo, recibió en L´Hospitalet el apoyo del que fuera líder de CC.OO. No se trata de ningún giro sino de una continuidad de una “carrera” que comenzó en los 70…

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

La foto de la candidata ultraderechista del PP, la marquesona Cayetana Álvarez de Toledo, recibió en L´Hospitalet el apoyo del que fuera líder de CC.OO.  “Lamento que la izquierda se haya entregado así, porque mis valores son antagónicos al nacionalismo, ya que es una nueva modalidad de fascismo”,  ha dicho Fidalgo como manifiesto de su nacionalismo excluyente. Dijo que hay que empezar una “rebelión cívica” y votar “a Cayetana es empezar esa rebelión”. El exlíder de CC.OO. ha reivindicado su condición de “izquierdas, de sindicalista” sin el menor asomo de “cachondeo”.

Odiado por los trabajadores conscientes, “José María Fidalgo (1948), izquierdista de finales del franquismo, sindicalista de despacho, fue secretario general de Comisiones Obreras de 2000 a 2008…Nada más iniciar su trayectoria en este terreno, ya ocupó el cargo de secretario general de la Federación Estatal de Sanidad de CCOO, así como el de secretario confederal de política institucional, aliándose desde el primer momento con la línea más oficialista que, al menos en lo que quedó de década, tuvo que cabalgar el tigre de toda clase de movilizaciones en las que, la asamblea cada vez pesaba menos y la estructura burocrática, pesaba más.

En este país desmemoriado, donde la lucha antifranquista llegó a parecer poco menos que mera arqueología y que, los derechos sociales, eran algo que siempre existieron, el nombre de Comisiones Obreras aparece ligado a los funcionarios que hablan por los medios, sobre todo a los secretarios generales que “mataron al padre”, o sea que sucedieron a Marcelino Camacho, un militante obrero integro y luchador que, al creer en el partido, también se creyó que ahora las mejoras se irían consiguiendo por las buenas.

Desde esta perspectiva, quizás les suena a chino una historia que nos dice que Comisiones se había creado como “una forma de oposición unida de todos los trabajadores, sin distinción de creencias o compromisos religiosos o políticos», y se rechazaban la CNS, el “Vertical”, como “unas estructuras sindicales que no nos sirven”. Comisiones se presentaba ante los trabajadores “como una necesidad de defender nuestras reivindicaciones inmediatas y de preparar un mañana de libertad y unidad sindical”. Por todo lo cual, Comisiones no era, “ni pretende serlo mañana, un sindicato y menos todavía una agrupación política”. Su primer objetivo era “la conquista de unas libertades básicas que permitan a los trabajadores, reunidos en asambleas democráticas, decidir sobre su futuro, creando su propia organización sindical como lo estime conveniente la mayoría, con absoluto respeto a las minorías auténticamente representativas de sectores de trabajadores”.

Era pues “un movimiento independiente, de la clase obrera», que rechazaba “cualquier clase de ‘verticalismo’ o de sometimiento, a las consignas de la Administración o de cualquier grupo político”. Se regía por el principio democrático, cada trabajador o trabajadora tenía su voto en la asamblea. En su momento, muchos nos sentimos especialmente identificados con este párrafo: “La división sería un suicido de clase en la España de los monopolios cuando tenemos enfrente un capitalismo poderoso con sus organizaciones patronales e industriales unitarias”. Al repasar estas notas parece evidente que lo segundo sigue igual, mientras que lo primero se perdió por el camino. Ya entonces, se advertía en su documenta fundacional: “Parece claro que todos debemos velar para que bajo la capa de una libertad mal entendida no se nos arrebate y se dispersen en cien pedazos los medios e instrumentos sindicales que se han ido acumulando con nuestras cuotas y nuestros sacrificios hechos de jornadas de trabajo agotadoras, mantenidas constantemente, de privaciones sin cuento de nuestras familias”. Confiados en que esto no iba a ocurrir, teníamos la gran ilusión de llegar e «incluso superar a otros movimientos sindicales extranjeros si acertamos a conjugar la autenticidad sindical con la posesión de los medios materiales acumulados en torno a la organización sindical oficial que hoy controlan el Estado y los patrones” o sea la “nomenclatura” que siempre estuvo ahí.

Subrayemos: Fidalgo no ascendió en el entramado de los despachos del sindicato, por las luchas. Algunos conocidos, hablan de una episódica militancia de José María, nada menos que en Acción Comunista, grupo de cariz más o menos “luxemburguista”, pero eso fue antes de 1977 y seguro que no pasó de una relación platónica. Su “currículo” por lo tanto, ni tan siquiera cuenta con páginas de activismo clandestino, como sí la tienen aunque bastante lejana, Antonio Gutiérrez y “Toxo”. Éste último, cuando tiene que ponerse el mono azul, evoca su pasaje por la empresa Bazán, concretamente durante su etapa como aprendiz. Con 19 años participa en la organización de la huelga general de Ferrol del 10 de marzo de 1972, una huelga que saldó con dos obreros muertos y con más de 40 heridos. Luego encabezará la lista del FUT por la LCR, en las elecciones de junio de 1977, pero cuando percibe que la historia está pasando por otra parte, hace carrera, como otros lo harían con la política profesional.

La suya es una historia sin desperdicio. Fidalgo ascendió al Secretariado Confederal de CCOO a partir del V Congreso en 1991. Con la progresiva derechización de CCOO empezó a tener un papel relevante después de las elecciones generales de junio de 1993 con la nueva victoria del PSOE (en este caso con mayoría relativa) y en plena crisis económica el Gobierno de Felipe González con el apoyo del PP, CiU, PNV… se apresta a dar un nuevo golpe de tuerca contra los trabajadores e inicia una negociaciones puramente formales con los sindicatos (las agresiones son del tal magnitud que son conscientes de que es imposible que los sindicatos firmen el paquete de medidas antiobreras (los salarios son siempre los culpables) que presentan…Entonces se abrió una fase acelerada de “negociaciones”, El aparato de CCOO, cree que es posible llegar a un acuerdo con el PSOE y la patronal.
Desde la nueva lógica, a la dirección le estorba la presencia de Agustín Moreno como responsable de la negociación por CCOO y dan un golpe de timón, apartándolo de la mesa en la que se pactan derrotas. Y aquí es donde entra en escena Fidalgo que sustituye al crítico Agustín Moreno, en la negociación, otro momento de inflexión hacia la derecha.

En aquel momento, Fidalgo intentó por todos los medios que se llegara a un acuerdo, pero a pesar de sus enormes esfuerzos para intentar pactar y evitar la Huelga General, esta se llevó a cabo.  Con Felipe al frente, el PSOE, con el apoyo de toda la derecha, impone una vez más su contrarreforma laboral contra los trabajadores… Pero, dada la magnitud de la agresión CCOO y UGT, se ven entonces forzadas a convocar una Huelga General de 24 horas el 27 de enero 1994 que, se hace a regañadientes. No hubo la menor voluntad de dar ninguna perspectiva de continuidad a la lucha, lo que significó que al poco tiempo firmaran estas medidas y profundizaran aún más la degradación de las condiciones de los trabajadores en la Reforma del 1997.

A partir de esta negociación, los equipos de Fidalgo y Toxo se convirtieron en los principales apoyos de la línea de Antonio Gutiérrez que, fortalecido con el apoyo de todo el sector carrillista (ya finalmente “colocado” en el PSOE), se dispuso a adecuar la estrategia de CCOO a lo que definían como “modernidad” y que no es otra cosa que aceptar que la única opción posible era el sistema capitalista en su contrarrevolución permanente, o sea de privatizaciones y desmantelamiento del Estado social, eso sí, en nombre de de la defensa de un Estado del Bienestar, aunque para hacerlo viable, había que apropiarse de los bines públicos “deficitarios”.

La línea de “negociación”, o sea, rechazando cualquier iniciativa de la base trabajadora, se establecerá como una fórmula para convencer a los amos que les irá mejor pactar, antes que cualquier posible respuesta obrera. Era mejor que la ruptura que pregonaba el thatcherismo y sus “mandarines” (hubo escritos de Vargas Llosa, acusando a los sindicatos “dictaduras”, de coaccionar la libertad, la libertad del dinero sin fronteras), aunque estos, hicieron un doble juego.

Mientras que por un lado ofrecían un reconocimiento a los sindicatos como instituciones (después de una entrevista con el monarca, Fidalgo y Cándido Méndez, declararon que los sindicatos eran una instituciones tan necesaria para la democracia como lo era…la monarquía), pero por otro, personajes como Esperanza Aguirre no se olvidaban de abundar en su desprestigio como una manera complementaria de debilitarlos.  No tardará el día en el que una operación de tipo de Wikileaks, saque a relucir todas las negociaciones corruptas que nos obligue a escribir una nueva historia del sindicalismo. Conviene insistir; esta es una  historia de despachos, pasillos de poder, zancadillas contra la izquierda y prebendas que nos lleva hasta el VI Congreso Confederal de CCOO celebrado en enero de 1996 apruebe en sus ponencias y resoluciones liquidar cualquier vestigio de las posiciones de clase que habían caracterizado a CCOO desde sus inicios.

Un señor Congreso de una enorme confrontación contra el sector crítico. Y en su curso, será el sector oficialista el que impondrá. Estaba encabezado por Antonio Gutiérrez, Fidalgo, y antiguo componentes de la Izquierda sindical que, como muchos otros héroes cansados, se habían apuntado al caballo ganador como Ramón Górriz y Joaquín Nieto, ambos ascendidos a cargos de alto copete donde se acuestan con el Gran Dinero. Habían acabado haciendo lo otros líderes de la Izquierda sindical, denunciaban. Estos ofrecieron un argumento de izquierda, pero invertido. Venían a argumentar que Comisiones había roto con la “correa de transmisión” que antaño les había ligado al PCE, lo que no decían era que ahora la “autonomía” era para negociar con las manos libres con el gobierno de turno. En el caso, de Felipe González, el mismo que en el curso de una huelga general, aseguraba que no se dejaría presionar por nadie, por nadie por abajo, claro, porque lo era por arriba, más que presión era entrega incondicional.

Aquella corriente estaba encabezada por Camacho, Agustín Moreno, Jesús Albarracín, Pedro Montes, Juan Montero y otros que por entonces lideraba la sección sindical de Miniwatt. Esta confrontación –la última en el sindicato- fue ganada por el sector oficialista con el apoyo incondicional de los medias, así como de dos tercios de los delegados, representantes de la corte de delegados firmantes de “negociaciones”. Esto sin olvidar el número cada vez más extenso de miembros del aparato, funcionarios en parte compuesto por antiguos militantes reconvertidos, gente que ha olvidado sus sueños y sus exigencias morales y que gozan de muchas de las ventajas sociales que estaban perdiendo día a día la mayoría de los trabajadores.
Para que no quedara ninguna duda: para la patronal y todos los poderes fácticos de que CCOO rompía definitivamente con su pasado. Se decía entonces en plan freudiano, que había que “matar al padre” y entre todos los conversos se conjuraron para vez quien le daba la puñalada más fuerte a Camacho para destituirlo de la Presidencia del Sindicato. El significado del congreso bien podría resumirse en la siguiente frase del bastante ingenuo Marcelino Camacho: “es la derrota del sector obrero de Comisiones”, o sea que el aparato se había adueñado de la organización.
El sindicalismo institucional no tuvo problemas en firmar todos los pactos sociales que se le pongan por delante y cada nuevo pacto más vergonzante que el anterior, lo que explica en no poca medida la adecuación táctica neoliberal que pasa de atacar a los sindicatos como obstáculos dictatoriales a la libertad de empresa, a asimilarlos como ayudantes para legitimar todas las medidas sociales que gradualmente están tomando. En este tiempo, esto es posible sobre todo porque la “contestación” ha quedado reducida a la resistencia de algunos sectores de la vieja clase obrera.
El primero fue el pacto de pensiones de octubre de 1996, donde pasan para el cálculo de la pensión de 8 a 15 años y de 10 a 15 para tener derecho a la misma. Le sigue el firmando en abril de 1997 facilitando las causas para el despido y el abaratamiento de la indemnización por despido improcedente pasando de los 45 días por año trabajado a los 33 días y a un tope de 42 mensualidades a un tope de 24 mensualidades y así hasta la última jugada infame del pacto de pensiones firmado este año que aparte de todo lo conocido como elevar la edad de jubilación a los 67 años…Hay puntos que han acordado bajo cuerda como es el caso de la cobertura de lagunas que pasan de ser cubiertas con la base mínima de cotización al 50% de la misma, una medida infame que para las personas más precarias puede significar perder hasta un 60% de su pensión.

En abril de 2.000, Fidalgo tuvo lugar el VII Congreso Confederal de CCOO, sale elegido Secretario General de CCOO después de una pugna. En el 2002, Fidalgo intenta por todos los medios en negociaciones directas con Aznar abortar la Huelga General convocada contra el “Decretazo del PP en el sistema de protección por desempleo” finalmente fracasan todos sus intentos por impedirla. En el mes de abril de 2003, se plantea una huelga de dos horas convocada por UGT y apoyada por el Sector Crítico de CCOO contra la guerra de Irak. Fidalgo llamó abiertamente al esquirolaje y amenazó con sanciones a los organismos del Sector Crítico que apoyaran la huelga; lo de expulsar a los discrepantes era ya casi una tradición de raigambre estaliniana revestida por el lenguaje de la “modernidad”. Pero esto no era más que el comienzo…De aquel entonces data este “escrache” del que dio noticia la prensa cuando millones de personas –nunca mejor dicha la palabra-, una franja del movimiento se revolvió en contra del secretario general del sindicato mayoritario, José María Fidalgo. Mientras la marcha discurría entre gritos de “asesinos” dirigidos al Gobierno de Aznar y peticiones de responsabilidades, en la cabecera, Fidalgo aguantaba una catarata de insultos y peticiones de dimisión (…) La avalancha de insultos en la cabecera fue soportada estoicamente por Fidalgo, que fumaba su pipa con una sonrisa forzada. “No es la primera vez que pasa esto”, recordaba, mientras su equipo aseguraba que las protestas procedían de sindicalistas radicales de la CNT, acusación que les honra.

Al final de este historia, en el 2008, Fidalgo perdió por 28 votos frente a Toxo en su apuesta por seguir siendo reelegido como Secretario general de CCOO, o sea que solo pierde por 28 votos y después de un grave enfrentamiento con la CONC porque quería cercenar su autonomía como Confederación, que hizo que la práctica totalidad de la delegación de Cataluña al Congreso que en congresos anteriores había votado por mayoría a Fidalgo, ahora lo hiciera por Toxo. Esto pone de manifiesto el cambio sustancial que ha sufrido la composición de CCOO…
Resulta bastante singular que hasta el Wikipedia se haga eco de que fue “herido leve”, una auténtica minucia en relación a los golpes que los trabajadores movilizados recibían, pero el gesto fue transmitido mediáticamente por cielo, mar y tierra. Sobre todo por “El País” donde los tribunalista domesticados añadieron además sus alegatos por un sindicalismo razonable, de “culo de hierro”, de despechas en los que la pérdida constante de derechos y conquistas hasta llegar a situarse en la cola de Europa en este terreno.

El papel de Fidalgo y de los que le apoyaron en esta tarea no tiene precio. Aunque  no está descartado que en el caso acabe como “grande de España” y lo de echar pestes de los derechos democráticos de Catalunya, es un buen camino. En estas cosas, Fidalgo es todo un experto. Sí lo hubiera apoyado alguna vez, me exupiría a mí mismo.

 

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