¿»Festival Aéreo» de Gijón o el fraude y el engaño de lo bélico?

Como en años anteriores, en la bahía de Gijón, las llamadas fuerzas aéreas hicieron una exhibición de vuelo con aviones, algunos inofensivos, pero otros no, no en absoluto porque sólo sirven para matar, porque para eso fueron construidos y para eso realizan los ejercicios necesarios, para estar a punto para disparar o para soltar cargas mortíferas. Cabría preguntar cuál es la historia de combate de estos aviones, ¿a cuánta gente habrán matado -asesinado- desde el cielo en las misiones de la OTAN en las que participan? Pero claro, aquí vuelan aviones de guerra, pero en las misiones en las que participan dicen que son humanitarias, que van a ayudar a tal o cual país cuando lo único que realmente están haciendo es diezmar a la población y arrasar el país objetivo para dejar las cosas mucho peor de lo que están. Basta hacer un repaso de los países en los que han intervenido o intervienen ahora.

Mientras que los vuelos del "Festival Aéreo" se nos presentan como algo inocuo, como algo festivo, sin embargo habría que preguntar a las gentes de los países que ahora están siendo bombardeados qué piensan cuando estos mismos aviones pasan por encima de sus cabezas.

No es inocente que la exhibición se haga un domingo de verano a mediodía, en donde miles de personas están en la playa o en paseo de El Muro que rodea toda la playa. La presencia de numeroso público está asegurada y también el tono distendido de los paseantes que acabarán por "admirar" las piruetas y el rugido de los aviones. La aceptación y la familiarización con estos mortíferos aparatos está garantizada. Y hasta será objeto de elogio y de aplauso. Claro que mientras las bombas las tiren lejos qué bien.

Pero para conseguir una mayor vinculación con lo militar, con el ejército dedicado a bombardear y para acabar siendo cómplice de alguna manera, aún hay más, un largo camión ha sido convertido en una "cabina de simulación de vuelo". En efecto, suba y experimente el placer y el éxtasis de participar en un vuelo casi real y así estará de nuestro lado. La primaria emoción de sentirse por encima de todo y de superar a todos le dará licencia para matar, eso sí, sólo en guerras justas, claro. La guerra injusta, los atentados y las chapuzas son cosa de los otros, aunque los otros estén en su país y no se hayan movido de la puerta de su casa.

Desde la megafonía de la playa el locutor va presentando cada ejercicio, dando datos y describiendo las proezas de los admirados pilotos, lo mismo que en la tripulación de "B-52", la obra de teatro de Santiago Alba Rico estrenada en pasado año. Poco más que decir que en esta obra no se haya dicho ya. Matar, asesinar, apretando un minúsculo botón a 30.000 pies de altura, así cuando la desolación y muerte llegue a tierra, la fortaleza volante ya estará de vuelta a casa, limpia de salpicaduras y de sangre y sus actores planeando qué hacer el fin de semana. Su fatal vuelo sólo ha sido una misión más, un día de trabajo como cualquier otro, así es su oficio y por ello cobran y se les rinde homenaje. Además, que no les pase nada porque serán héroes, los terroristas son los otros.

El “Festival Aéreo” no se celebra por casualidad, viene de atrás y hasta con la colaboración económica de los partidos en el Gobierno de la izquierda plural y ahora por los de la derecha, la diferencia sólo es de matices, pero no el “Festival” que sigue siendo de guerra. Tampoco falta ni la financiación de Cajastur ni sus banderitas a lo largo de El Muro. Y, por si fuera poco, el camión con la cabina de simulación de vuelo viene con los anagramas de Repsol y del El Corte Inglés. Da gusto ver la unidad existente entre los poderes político, militar y económico, ¿tendrán intereses comunes?

Foto. Camión con la cabina se simulación de vuelo en la plaza del Marqués de Gijón. miguel ángel llana

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