Feminismo por un día

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Por Prudenci Vidal

Ayer, muchedumbres de conciencias salieron a la calle exigiendo igualdad entre hombres y mujeres. El machismo ha encumbrado una sociedad en que la mujer ha sido determinada a una vida de servicio de instituciones como la familia cristiana. Pero el tiempo no pasa en vano y el deseo de hoy no es un “hembrismo” que caiga en los mismos errores del machismo a favor de las mujeres, sino la construcción de una nueva sociedad que equilibre los bandos, que intercambie roles y se suprima la dominación.

Ya no se trata sólo –aunque también- de considerar a unas como víctimas y a otros como agresores, que los hay. Se trata de un ejercicio de educación en la igualdad, y sólo los que creen en la igualdad de todos: hombres, mujeres, migrantes, rojos y azules, trans, homo, bi, escogen la ideología feminista. Los que nunca han creído en la igualdad, que son muchos, por un ansia de supremacía, mantienen una ideología conservadora en todos los aspectos: roles sociales, familiares, económicos.

La contra feminización ha llevado a sentir una especie de vergüenza por el hecho de que algunos hombres dulcifiquen  su aspecto en los anuncios publicitarios y aplauden a la “famme fatale” que agudiza su feminidad y se exhibe sólo en su aspecto sensual. Y todo eso en un intento desesperado de aportar “sentido común” a lo que sencillamente es un aporte de progreso social sin prejuicios y sin hipocresía. Y aparece como una situación inocua, porque el hombre no tiene porqué sentir vergüenza por el mero hecho de ser ”macho” y adoptar comportamientos que hasta ahora han sido considerados socialmente masculinos y no les importa traspasar la línea no ya de la políticamente correcto, sino de adscribirse a favor de comportamientos judicialmente perversos.

Ciertos medios de comunicación, propagadores de ideologías ultra conservadoras, inoculan en las mentes antiguos esquemas de pensamiento muy alejados de la igualdad. Porque no se trata de igualdad de sexos, sino igualdad de personas independientemente del sexo que se tenga o de la condición sexual que se elija. Y esta capacidad de inocular, que es perversa en sí misma, requiere una atención mucho mayor de la que se le presta.

Sin duda alguna, nos hallamos ante uno de los retos sociales más importantes de nuestro tiempo. Si hasta ahora el péndulo de los derechos y de las obligaciones ha estado desequilibrado – y no se pretende dar un “pendulazo”, más bien buscar el equilibrio- es tarea de toda la sociedad articular el proceso de la igualdad. Cabe ahora preguntarnos si la situación política a la pertenecemos [municipio, autonomía, estado, Europa] está por la labor de construir y desarrollar en igualdad o no. En tal caso nuestra responsabilidad en el voto debería contemplar como elemento fundamental las propuestas de igualdad en todos los aspectos: políticos, sociales, religiosos, económicos etc.

Y mucho me temo que un análisis, siquiera superficial, de la situación nos daría un mapa de desigualdad como nunca ha existido en el mundo. Si el capitalismo sobre el que han pivotado las instituciones supuestamente democráticas está envejecido, será que nuestra democracia, con esa continua apelación a la inmovilidad de la Constitución del 98, estará igualmente envejecida. Y lo está porque ha dejado de aspirar y de corregir las injusticias derivadas de la desigualdad económica y social como medio de objetivo de l apolítica.

Nos encontramos sin duda ante uno de los grandes retos sociales de nuestro tiempo: superar el “pendulazo” de los derechos y privilegios en detrimento de los hombres, no solo sociales, sino también psicológicos. Los medios de comunicación deben también implicarse en este proceso de equilibrar los bandos si, con honestidad, buscan responder a su vocación de servicio a los ciudadanos.

Soñador por un día seremos hasta que pensadores iluminados y constructores de la sociedad enuncien la forma de que la desigualdad, el dominio y la explotación desaparezcan con medidas reales. De momento ponemos el foco en ellas porque en esta país de países la desigualdad tiene rostro de mujer en casi todas las esferas de nuestra sociedad.

La igualdad no debe buscar cortar a todos por el mismo patrón, sino tener en cuenta las diferencias específicas por las capacidades de cada uno sin importar que se sea hombre o mujer.

En este evento monumental que vivimos ayer, La Marea Pensionista hace hincapié en la pobreza femenina en las pensiones, de las que hemos hablado ampliamente en otros artículos, en que la brecha de género crece con cada día que pasa, sin que los “propósitos” de quien se tiene por socialista tome cartas en el asunto.

Prudenci Vidal Marcos

Miembro de la Marea Pensionista

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