Felipe Calderón contribuye al desplome del precio del patróleo

Se anunció con tres meses de retraso la contratación de “derivados financieros” por Agustín Carstens, malhadado secretario de Hacienda calderonista, por mil 500 millones de dólares con el propósito de garantizar el ingreso petrolero de exportación a 70 dólares el barril.

The Financial Times (17/11/08) expuso la noticia retardada que había sido ocultada a la opinión pública y al disfuncional Congreso. El contrato fue realizado con los insolventes bancos anglosajones Goldman Sachs (GS) y Barclays Capital (BC), íntimamente vinculados con las trasnacionales petroleras de Estados Unidos (EU) y Gran Bretaña (GB).

A reserva de profundizar sobre la mecánica operativa de tales “derivados financieros” –que se pasaron por el arco del triunfo al hilarante Pemex, a la delirante Secretaría de Energía y al inoperante Congreso (con todo y su entreguista “reforma energética”)–, llama la atención que en forma masoquista Calderón y Carstens se disparen en su propia ingle al haber contribuido al desplome del petróleo presionado a la baja en forma artificial por los juegos especulativos de la banca anglosajona.

Calderón y Carstens juegan a la inversa de los intereses mexicanos para beneficiar en forma exclusiva a la insolvente banca trasnacional: GS y BC.

Antecedentes: desde el cordobista Zedillo, Hacienda se convirtió en sucursal de GS (a través de los hermanos Werner Wainfeld). En forma invariable, los dos ineptos gobiernos panistas de Fox y Calderón, así como sus respectivos funcionarios de Hacienda, han apostado a un precio exageradamente bajo del petróleo (23 dólares el barril), en conjunción con el salinista Téllez Kuenzler (director del grupo bushiano Carlyle), quien pregonaba una cotización de seis dólares. Calderón, entonces breve secretario foxiano de Energía, impactó en una reunión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, en la que México participa como “observador”, al exigir la disminución brutal a 23 dólares por barril que apenas iniciaba su carrera ascendente.

Ante los descalabros especulativos de la parasitaria Cemex (de la que es publicista Enrique Krauze Kleinbort) y Comercial Mexicana, tanto los fariseos Guillermo Ortiz, quien dilapida nuestras reservas de divisas en forma deliberada, como Carstens (anterior funcionario del FMI), fustigaron el manejo de los “derivados financieros”: no de Cemex (la consentida del prianismo neoliberal), sino de Comercial Mexicana, porque en lugar de vender tomates se había consagrado a especular, cuando el mismo Carstens había apostado dos meses atrás a la caída del barril del petróleo en colusión con los insolventes GS y BC.

En la fecha de contratación por Carstens, tanto GS como BC se encontraban en pleno naufragio debido a sus apuestas demenciales en el casino bursátil de los “derivados financieros” que los tienen al borde de la bancarrota.

La compra de “derivados financieros” por Hacienda, más al servicio de EU que de los intereses mexicanos (lo cual ha sido avalado por los entreguistas gobiernos panistas de Fox y Calderón, quienes fungen como notarios públicos de la desnacionalización de Pemex), ha sido práctica común desde abril de 2001 y que han derrochado (o mal apostado) 3 mil millones de los 8 mil millones de dólares del Fondo de Estabilización de los Ingresos Petroleros: 35 por ciento del total en el lapso de 2001 y 2007.

Han salido muy costosas&nbsp las especulaciones de Carstens, quien lleva equivocándose siete años consecutivos sobre la cotización del petróleo y cuyo resultado fue desastroso al arrojar una pérdida de 3 mil millones de dólares (el costo, entonces, de una refinería).

En tales contratos existe una opacidad deliberada y se desconoce el nombre de las “contrapartes”.

Hechos: Javier Blas (JB) y Adam Thomson (AT), del Financial Times (11/11/08), expusieron la parte superficial del modus operandi de los “derivados financieros” de Hacienda: cubrir una abrupta caída por debajo de 70 dólares el barril en el que se han fincado los ingresos de 40 por ciento del presupuesto federal del año entrante.

JB y TC citan al indiscreto Tomás Lajous Loaeza (hijo del salinista ex director de Pemex, Adrián, hoy cabildero de las trasnacionales británicas, como Reyes Heroles Jr. lo es de las texanas), “estratega” (sic) del banco suizo UBS en México, quien divulgó que la contratación había sido realizada “a finales de agosto y a principios de septiembre”, extasiándose de que los mil 500 millones de dólares de la apuesta de Carstens constituían una bicoca frente a los riesgos. ¿Y qué tal si se equivocan una vez más en su apuesta especulativa?

Lo grave del caso no es que los gobiernos panistas y sus funcionarios de Hacienda se hayan “equivocado” invariablemente durante siete años consecutivos con los “derivados financieros”, sino que ahora sirvan de punta de lanza para que los dos bancos especuladores anglosajones GS y BC hayan presionado al desplome del petróleo, que, en última instancia, perjudica a México y beneficia a EU y GB.

JB y AT exponen que Carstens había estado jugando a los “derivados financieros” desde el verano con los mercaderes de Nueva York, lo que repercutió en el “brote significativo” de las apuestas para diciembre de 2009.

Apareció el peine: Calderón y Carstens, al servicio obsceno de los intereses especulativos de la banca anglosajona, contribuyeron en forma “significativa” al desplome del oro negro, lo cual, confiesan JB y AT, “pudo haber agregado alguna presión a la baja al precio del barril en el mercado conforme BC y GS se deshicieron de algunos de sus riesgos en la venta de futuros”.

En forma hipócrita, el aparentemente inocuo Carstens, quien ha resultado muy tóxico para las finanzas mexicanas pero exageradamente benéfico para las de EU y el FMI, después de haber contribuido con la bendición de su jefe nominal Calderón al desplome del barril, declaró en entrevista al Financial Times (17/10/08) encontrarse “sorprendido” por la caída del precio del petróleo.

Carstens ha sido “sorprendido” en todo: desde el tsunami financiero de EU hasta el desplome del petróleo al que contribuyó.

GS es el banco de inversiones que se benefició con el efecto Tequila gracias a los “pagarés” del Fobaproa/IPAB que firmó el entonces subsecretario de Hacienda, Martín Werner Wainfeld (hoy funcionario de GS), y que “paga” su hermano Alejandro Mariano, subsecretario de Carstens, para cerrar el círculo.

El BC, después de su financiamiento directo por Carstens y pese a su rescate por las petromonarquías árabes, se encuentra en plena insolvencia y se cotiza a los niveles más bajos desde hace 14 años (The Times, 20/11/.08).

¿Qué pasará si Carstens pierde una vez más su apuesta, y deja hipotecado operativamente al petróleo mexicano, en manos de la banca anglosajona y las trasnacionales petroleras de EU y GB?

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