Extremadura: la colonia

El asunto no es nuevo. En el Neolítico, los buscadores de metales venían desde el Mediterráneo Oriental para hacer su acopio, ayudados por reyezuelos tribales que ellos mismos fabricaban para garantizarse el negocio. Lo mismo que ocurriría con cartagineses y romanos, reclutando guerreros o extrayendo cosechas.

O con los «reconquistadores» cristianos y sus rebaños de la Mesta, abortando cualquier proyecto agrícola que pudiera equipararse a los concejos abiertos del dominador castellano. Igual que con la Desamortización, la sangría migratoria o las nucleares. Siempre el juego colonial sobre la victima propicia.

La irredenta Extremadura, mortuoria sede de un emperador, mal rey y peor administrador, por liquidador de una sociedad de hombres libres – como cuenta Ramón Carande en «Carlos V y sus banqueros» -, rinde homenaje, en Yuste, a esa nefasta figura de la historia de España, de la mano de políticos más interesados por su gloria mediática que por la justicia histórica. Ningún país europeo hubiera dado el paso de idolatrar al difunto de Yuste, con el lastre de su imperativo personalista y la apuesta por un fundamentalismo religiosa, a fuerza de sangre y sobre la ruina de su pueblo. Sin embargo Extremadura se presta (¿?) a rendirle culto, en forma de sumisión a una historia trastocada, artificiosa y grandilocuentes. Algo así como una impensable justificación de «El corazón de las tinieblas», el inquietante relato de Joseph Conrad.

No tengo la menor duda de que la tentación colonialista pervive a través de nuevas formulas de dominio exterior, con la aceptación implícita de muchos «mandamases» territoriales. Se percibe con nitidez en su demanda obsesiva por una injustificada refinería de petróleos y su agresivo oleoducto para el bombeo del crudo. Y se confirma, trágicamente, en la puñalada a una Ciudad tan señera como Mérida, aceptando la ubicación de centrales térmicas en sus cercanías, vergonzosa servidumbre ante los intereses de las compañías eléctricas. ¿Sabemos quiénes propician este despropósito, tan contradictorio con los cacareados imperativos generalizados de futuro sostenible? Algunos anotan nombres, a la vista de ciertas promociones personales, en la crónica negra de la venta ignominiosa del futuro de una tierra. Tiempo al tiempo para saber la relación causa- efecto de tantas traiciones.

Ahora llega la última. Son las Cajas de Ahorro que han decidido mantener sus cuotas de «campanario». No tienen el menor propósito de ahormar una nueva dimensión mas optima, en su lógica de servicio instrumental a toda una sociedad. A pesar de que el guarismo veinte marca una magnitud absoluta mayor que el diez para, partiendo de ahí, sopesar otras estrategias. El problema es que al final ocurrirá lo de Caja Rural, mediados los ochenta, cuando abrimos las puertas a Caja Duero que se la comió gratis. Sus resultados son evaluables.

No se si nos estamos dando cuenta de los tiempos sobre los que cabalgamos, pero el fantasma colonialista reactiva sus maquinaciones sobre este solar en el que tanta esperanza depositaron tantos. ¿Llegará alguna vez la hora de la rebelión y del orgullo?

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