Existe al menos una brecha entre la libertad y la razón

 Si el camino a Dios fuera preferible a Dios mismo, si la buena vía, u-vía, fuera preferible al buen lugar, u-topía, seguiríamos intentando no acabar de llegar siempre. No siendo la abundancia posible el Estado, la Política, la Ética, Dios mismo vuelven a colarse, dejándonos con la duda de que hubiera salido alguna vez. 

  O bien uno pasa a considerar lo político de una situación, de una relación, o bien pasa de ello. Lo que tiene que vertebrar la sociedad, ¿son los universales o los particulares compartidos? Los varones blancos y ricos con valores eurocéntricos apuestan por los primeros, creen en los cortes para marcar las distancias y en fronteras que dejen claras las diferencias. Los particulares compartidos están defendidos por las mujeres negras y pobres, con valores africanos, primitivos, creen más en las puertas que en las brechas y entienden las diferencias como un asunto de delimitación de gradientes y direcciones de aproximación.

    Esos abismos tan pequeños que no se ven y en los que es por tanto tan fácil acabar cayendo, los lugares y los modos de la brecha que se abren entre la materia viva y la muerta, entre la materia consciente de la que no lo es. ¿Están reservados al microscopio y a la nanotecnología? ¿O es mediante los telescopios o las grandes generalizaciones como evitaremos precipitarnos en ellos? Hoy como ayer las palabras de Ramón vuelven: es el microscopio el que agranda el Universo. Al telescopio le da por pensar en Multiversos, ¿qué va a pensar si no?

 Lo que resiste la universalidad es la condición inhumana del vecino. Es por esta razón que encontrarse en la posición de querido es tan violenta, incluso traumática; ser amado hace que sientas directamente la brecha que existe entre el ser que creo ser y esa indeterminada y fantasmal “X” que hace que el otro te quiera. Si uno ve brechas por todas partes es porque por las brechas se cuela lo líquido, nos invade el terror. Para los liberales, por ejemplo cuando ven desaparecer la ambición y la competencia empiezan a alucinar una especie de estirpe de rentistas mantenida a costa del Estado, mientras que en la política exterior perdura la ambición y la competencia, es decir la carrera de competición entre los diferentes Estados. Por esa brecha es por donde para ellos está la vía de agua que presagia el hundimiento, por donde penetra el terror.

  “Cuando es barrido el fondo de las naves y se encuentra de nuevo la veteada madera y se acecha más hondo la fisura, el encaje craneal que anuncia que el tablón un día asegurado a martillazo y canto marineros, muestra carcoma, pliegues, borgorismos, invisibles aumentos capilares y de un momento a otro cederá el entramado y el plausible artilugio resulta vivo, loco, y una tromba mortal para los balleneros estalla y surgen mundos, submarinos, totales”.

  Existe al menos una brecha entre la libertad y la razón. Las acciones son valorables racionalmente si y sólo si las acciones son libres. La razón de la conexión es esta:  la racionalidad tiene que marcar una diferencia. Si el acto está completamente determinado, entonces la racionalidad no puede marcar diferencia alguna. Ni siquiera entra en juego. La libertad de acción, el fenómeno de la brecha y la racionalidad son coextensos. Lo que hace que una acción sea libre es que no tiene antecedentemente condiciones causales psicológicas suficientes. El yo realiza el acto, pero no lo causa. No hay nada que colme la brecha. La brecha (gap) hace referencia a la presuposición que el conjunto de creencias y deseos de un agente pueda tener previamente a la realización de la acción no es suficiente para determinar la acción. Esta presuposición es el si ne qua non para poder hablar de toma racional de decisiones. Para poder hablar de libertad.

   Bueno, en la volición he leído que existen tres: Una: Entre deliberación y acción – entre las razones para escribir el artículo del día y el decidir hacerlo. Dos: Entre intención previa e intención en la acción – entre decidir escribirlo y escribirlo efectivamente. Tres: Entre hacerlo y terminar de hacerlo – entre escribir un artículo para acabarlo de escribir y efectivamente acabarlo. Harto de dar saltos, es un descanso publicar y olvidarlo.

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