Excentricidades

Publicidad

Por Diego Tabuada

Estos últimos años he practicado la excéntrica costumbre de leer el Sempre en Galiza con pasión de escriba. Vale, bien, reconozco que soy un sujeto más bien extraño aunque, con el paso del tiempo, la línea entre lo pretendidamente normal y lo pretendidamente excéntrico, tanto como la línea entre la realidad y la ficción, me resulta tan débil y arbitraria como la conciencia de quien determina unilateralmente los cánones estéticos y culturales; en fin, el caso es que me he propuesto bucear en el susodicho texto del Sempre en Galiza y he cumplido, creo yo, lo suficiente, en el primer contacto.

Me considero un sujeto con pre-juicios – no hay ningún sujeto que no los tenga, si por pre-juicios entendemos ideología, cosmovisión, concepción del mundo – humanos, demasiado humanos, y por supuesto, contemporáneos, demasiado contemporáneos, así que por lo tanto me resulta imposible no inferir en las líneas de Castelao una clarísima oposición irreconciliable entre la ética de los principios y la ética de los intereses. Irreconciliabilidad ésta que, todo sea dicho, ningún artificio retórico y ninguna honestidad intelectual puede en absoluto relativizar por miedo a resultar demasiado ortodoxa para quienes hacen del galleguismo ese cajón de sastre del imaginario político-cultural de Galiza en el que todo vale. Esto, precisamente, es lo que hace a Castelao un fuerte cimiento – pero no la partícula elemental ajena a toda crítica – de nuestra gramática cultural : no tanto lo que tiene de rigor y exactitud científico-analítica, en absoluto, sino lo que tiene de opción ética y moral y sensibilidad estética encarnada en y sobre un contexto espacial y temporal concreto : Galiza, sin más, como opción y como realidad a comprender para transformar.

Léanse e interprétense, por ejemplo, ya que estamos, y tenor literal, el adn ético que late en esta líneas, en las que Castelao deja bien a las claras que tipo humano era blanco de su secular desprecio :

– “Estos son los que dicen :

– Yo no siento la necesidad de hablar gallego (porque esa necesidad no se siente en el estómago)

– Yo me encuentro bien en donde pueda vivir con desahogo (porque llevan la patria en la suela de los zapatos)

– Yo no creo en nadie (porque tampoco creen en sí mismos)

– Yo reniego de la política (porque saben que la política da disgustos)

– Yo me río de los políticos (porque quizás no han encontrado ocasión de lamberles los pies)

– Yo no pertenezco a ningún partido (porque no quieren comprometer su tranquilidad)”

La radiografía ética, estética y política de Castelao es, así pues, bien clara : quien quiera sentirse aludido en San Caetano e incluso dentro de la estructura organizativa del bloque nacionalista gallego y de las mareas atlánticas, lo tiene muy fácil, puesto que el tipo de sujeto que se infiere de estas líneas, plenas de enriquecedor contraste entre una alegórica ironía socrática – por su exigencia moral – y una prosaica ironía Brechtiana – por su estilo deliberadamente mordaz -, es más que conocido para quienes merodean el mundo del perfumado famoseo político-cultural de la Galiza realmente existente en este siglo 21. Un mundo en el que, a mi modo de ver, los gestos de cara a la galería de la tv-política, el academicismo pleno de medias verdades, eufemismos, silencios y conformismos, la pose audiovisual en detrimento de la divulgación horizontal de ciencia e información limpia de marketing político-electoral y el narcisismo hueco de personalidad y tensión ética campa a sus anchas en plena vorágine postmoderna.

Tengo el texto lleno de notas a pie de página. Me he propuesto leerlo del mismo modo en que los primeros protestantes empezaron – y digo empezaron – a interpretar la biblia apostólica y Romana; esto es, acompañándose de su propia y libre conciencia, respetando tanto la literalidad como la intención significativa del texto, problematizando sin contemplaciones con él y vinculándolo con los estímulos cotidianos de su propia experiencia vital e histórica. La experiencia de esta lectura, por mi parte, ha tenido como resultado una valoración más realista de las posibilidades interpretativas del Sempre en Galiza en lo referente a la estructura social y a la antropología cultural contemporánea de Galiza, así como el descubrimiento de exabruptos, ambiguedades e inconsecuencias evidentes.

Ni mucho menos considero que el Sempre en Galiza sea un libro prescindible o incluso inútil como herramienta interpretativa, no pretendo ser tan terriblemente temerario y naif. Sugiero, sin más, que es un texto político-cultural que merece ser interpretado sin esa clase de puritanismo moral llevado por las urgencias político-electorales de turno : a la política y a la realidad contemporánea lo que es de la política y la realidad contemporánea, y a la divulgación cultural y científica lo que es de la divulgación cultural y científica, sin más. Lo cual no quiere decir que no existan vasos comunicantes, por supuesto, entre ambas actividades.

Revisitando estos días algunos cuadernos de notas en mi escritorio me he encontrado con unos cuadernos de Hannah Arendt; fue para mí revelador encontrar un esquemita analítico por ella escrito en La vida del espíritu, en el que trata de explicar, sin más, esa conflictiva pero productiva tensión que la vida moral, creativa e intelectual de cualquier sujeto sufre entre el pasado de la propia tradición cultural heredada, el presente histórico por él vivenciado en el momento de recibirla y la necesidad de reinterpretarla críticamente para proyectarse con determinación y autonomía en el futuro.

Honestamente, me ha resultado imposible no esbozar una sonrisa de cuento satírico bretón en el momento en el que he aplicado esta intuición de Hannah para entender los humanos, demasiado humanos, y silenciados, demasiado silenciados, conflictos existentes en el campo literario, editorial, cultural y político de la Galiza conscientemente gallego-hablante. Hay quien piensa que el tempo y el ritmo histórico puede cortarse en pedacitos como si fuese un collage para proceder, a posteriori, a una reconstrucción meramente personal del mismo : todo lo que queda fuera del mismo collage personal no será merecedor de tanta atención, rigor o importancia. Y de este modo, claro, querido lector, en lugar de un país con conciencia nacional y de clase, lo máximo que se puede aspirar a construir es un álbum de fotos para cada familia, y poco más.

El principal responsable de la pérdida de tensión ética y profundidad intelectual del bloque nacionalista gallego es de la propia organización y, por ende, de todos los militantes, cargos y simpatizantes que aún a él estamos vinculados a la espera de poder convertirlo en un partido-movimiento de movimientos involucrado en la tarea de dignificar su lengua, su cultura, su memoria colectiva y su antropología cultural e históricapara proyectarla en el concierto internacional como herramienta de confrontación contra el imperialismo cultural globalizado, en todas sus formas y contextos.

!Entender, entender, hay que esforzarse por entender!, repetía aquella mujer estigmatizada y solitaria por servirse con extraordinaria capacidad y valentía de su propio juicio y no de los tópicos intelectuales de los académicos judíos que veían en la hegemonía del fascismo una encarnación del mal – sic – ni de la hipocresía de la intelectualidad laica de la Alemania de aquel tiempo que no se atrevía a afrontar el hecho de que el propio pueblo alemán estaba consistiendo con resignación y silencio cómplice toda aquella barbarie cotidiana día tras día.

!Entender, entender, hai que esforzarse por entender!; a esto, sí, a entender en profundidad el país que tanto dice amar, es a lo que hace ya mucho tiempo ha renunciado un bloque nacionalista gallego encerrado en sí mismo, osificado y auto-complacido en una dispersísima y poco trabajada concepción de la identidad nacional que se ha convertido en mera consigna electoral para un sector de la sociedad civil ávida en consumirla, al igual que las recientes mareas atlánticas.

Pero ni Galiza, ni el bloque nacionalista gallego, ni las mareas atlánticas, ni ningún ser viviente en este planeta sufriente, navega sólo en el violento barco globalizado de este multipolar imperialismo cultural globalizado, así que quizá ya sea hora de preguntar si la voluntad de cambio civilizacional va en serio o si estaremos auto-engañándonos perpetuamente con un lenguaje y un discurso hecho a medida para ese tradicionalismo comunitarista y ruralista en el que cualquier elemento externo tiene que estar sometido a constante fiscalización espiritual por parte de los guardianes de las partículas elementales que componen la identidad cultural de Galiza.

Mientras tanto, la realidad, les sigue susurrando al oído : por favor, procuren entenderme antes de auto-afirmarse.

Nota del autor : Este texto, escrito hoy, 7 de Octubre de 2018, ha sido censurado – por silencio omisivo – por medios digitales y escritos en gallego. He tomado la decisión de escribirlo en castellano para visualizar su contenido como en tantas, tantas otras ocasiones.

También podría gustarte

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More