Publicado en: 13 enero, 2019

Evocación de Andrés Sorel, escritor, militante

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

No he encontrado apenas necrológicas sobre André Sorel (Segovia, 1937-Madrid, 2019) quien conoció en los años sesenta-setenta una dilatada y combativa trayectoria…

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Evocación de Andrés Sorel, escritor, militante

No he encontrado apenas necrológicas sobre André Sorel (Segovia, 1937-Madrid, 2019) quien conoció en los años sesenta-setenta una dilatada y combativa trayectoria literaria en la que se prodigó en el ensayo, en la novela, pero quizás sobre todo  en textos inclasificables en los que se mezclaba la ficción, el reportaje y el compromiso político aparecidos en las numerosas revistas de la época, en las cuales fue una de las firmas más destacadas.

Su combate se inició bajo la dictadura, y permaneció  profundamente vinculada a la evolución de la izquierda marxista hispana, tanto en el ámbito cultural como en el político donde su labor fue, por decirlo así, más callada. Durante muchos años fue un inquieto militante del PCE clandestino que luchaba por conquistar la libertad como paso previo a un socialismo que aparecía plasmado en Cuba y en el sueño del “Che”, el único  revolucionario  de la época que fue respetado por todas las tendencias, incluyendo la libertaria.

André fue expresión de una cultura forjada en la resistencia, recuperada paso a paso, primordialmente desde los poetas (Machado, Hernández, Lorca, Celaya,  Celso Emilio Ferreiro, Pere Quart o Martí i Pol, con un etcétera que llegaba al menos hasta Kavafis). Se trataba de liberar “la palabra” (León Felipe) sometida, en aplicación de la vieja ley Fraga de Prensa e Imprenta, a una férrea censura contra la que se batían colecciones como El Bardo. Fraga fue el más incisivo ministro franquista a la hora de  apagar cualquier brote de libertad, el responsable central de la ley que prohibió la publicación de sus libros y la de otros en una espiral que el régimen fue perdiendo terreno ya que estos libros aparecían en las librerías más audaces, y se vendían en muchos casos, como rosquillas.

Durante un largo tiempo, Andrés vivió en el exilio (entre 1962 y el año de la muerte de Franco), militó en el PCE, organización que abandonó por diferencias políticas e ideológicas en 1963, y se identificó, como la mayor parte de la izquierda de aquella década, singularmente con la revolución cubana vista desde el ángulo de Ernesto “Che” Guevara al que dedicó algunos de sus libros.

Desde las revistas que iban ganando “espacios de libertad”, Sorel se identificó la práctica totalidad de las causas de la izquierda y de los movimientos alternativos que se desarrollaron en Europa, por ejemplo, recuerdo artículo en toda clase de revistas desde “Triunfo” hasta “Saida” o “El Viejo Topo”, pero también en nuestro “Combate”, órgano de la LCR, concretamente me viene a la memoria uno titulado a lo Boris Vian “Yo escupiré sobre vuestra tumba” que estaba dedicado a la figura de Ramón Mercader, sobre las que habríamos escupidos todos los pensamientos libres que habíamos interpretado el estalinismo como un grave enfermedad.

Su prolífica obra (que hoy se puede encontrar ante todo en los “rastrillos”) se comenzó a publicar en España de modo tardío. De hecho, su primera publicación legal data de 1972, y su primer ensayo, Introducción a Cuba, y de 1978 es su primera novela…A estas siguen  Discurso de la política y el sexo hasta sumar cuanto menos medio centenar de títulos: 11 novelas, 13 ensayos, nueve libros de diversa factura, mezcla de periodismo, ficción y política, y ediciones críticas y numerosos artículos sobre autores como José Martí, Antonio Machado, Luis Cernuda, León Felipe o José María Arguedas, entre otros, aportes que no parecen haber resistido muy bien la prueba del tiempo.

Entre sus novelas más recientes y destacadas se citan  Último tango en Auschwitz (2013) y …y todo lo que es misterio (2015), y sus dos últimos ensayos los dedicó a José Saramago y a Miguel Hernández. Sorel desarrolló una labor reseñable en el campo del periodismo y no solo como colaborador o columnista, sino como impulsor de proyectos vinculados a una sensibilidad radical: promovió en 1980, Liberación un proyecto de diario en el que tuve el gusto de colaborar. En los setenta, sorel participo como corresponsal en Radio España Independiente y dirigió, también en aquellos años, la revista “Información Española”, dirigida a la emigración.

Hijo de los perdedores de la guerra antifascista, creció y se formó bajo la dictadura, en España y en el exilio, formando parte de la amplia leva de escritores que hicieron del compromiso político una parte esencial de su labor. Eso le llevó a participar, en 1976 y 1977, en la creación, con Ángel María de Lera y otros autores del momento, de la Asociación Colegial de Escritores (ACE), de la que fue secretario general durante tres décadas. Dejó el cargo en 2015. Mientras ejerció su responsabilidad en la ACE dirigió y coordinó la revista literaria República de las Letras y participó en la junta directiva de la entidad de gestión de derechos Cedro, también hasta 2015. Lo que el festival Getafe Negro le otorgó en 2013 el premio José Luis Sampedro pero la verdad es que desde los ochenta le había perdido la pista.

Era como un nombre que señalaba las dos décadas anteriores durante las cuales apareció como una de nuestras plumas más prolíficas y coherentes aunque, como no podía ser menos, seguro que no todos sus trabajos me convencieron.

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