Evocación al futuro (II parte)

La institucionalización en nuestro país marcó un hito singular en el proceso revolucionario cubano, en virtud que permitió pasar de una sociedad de base experimental a una confirmación orgánica de un desarrollo político-ideológico sostenible por su estabilidad y grado de solidez.

Esta estabilidad y solidez se fundamentaban en una economía regida por principios calculados, con recursos materiales garantizados y con una visión de futuro soñado,propios de revolucionarios altruistas. La situación económica de aquellos tiempos brindó soporte a un referéndum constitucional jamás visto, donde todos los ciudadanos tuvieron la oportunidad de emitir sus opiniones sobre aquella Ley Fundamental que organizaría la vida del Estado y de ellos y sus descendientes por un período indeterminado. Fue algo hermoso por su magnitud cuantitativa y cualitativa&nbsp y al votarse la Constitución de la República, votó un pueblo unido por su ideología y por la consecución de valores éticos a una altura nacional e internacional indiscutida.

No hubo jamás que reclamar voto unido para ello sobre la base de la Constitución se fueron aprobando un conjunto de leyes y otras disposiciones jurídicas, muchas veces consultadas públicamente que siguieron ordenando la existencia económico-social del país hasta el punto de que nuestros enemigos consideraron poco criticable nuestro Estado de Derecho.

En consecuencia,se generó una globalización de disciplina en todos los ambitos con el consabido respeto automático por las regulaciones y un acatamiento mayoritariamente conciente al mismo.El sentido de justicia social adquirió proporciones concretas y los infractores eran vistos como entes extraños, personas raras a nuestro cuerpo social y se trataban como tales, con mesura y ánimo rehabilitador ,buscandose las causas originadotas de tales comportamientos.

La mentalidad por trabajar más y mejor, por estudiar&nbsp a fondo, y por defender al país era consustancial&nbsp a esta epoca. Se bridaban los servicios con profesionalidad y desinterés . La estimación del derecho ajeno era una constante generalizada, que provocaba tranquilidad.

Fuera de algunas reminiscencias sobre el llamado – diversionismo ideológico- preservadas de momentos anteriores y que atacaban posturas liberales, las grandes mayorías no se preocupaban por el consumismo ni por obtener otros medios de vida ajenos al sistema.

Lamentablemente, al resquebrajarse nuestra dependiente estructura económica, se fue resquebrajando el edificio institucional, y la toma de decisiones necesarias pero improvisadas dieron paso a la pérdida gradual de los valores alcanzados en todos los ordenes, pero no a la esperanza de su rescate para el bien de todos.

Por ese rescate abogamos.

Ahora son otras las condiciones, no obstante, seguimos obligados a pensar en el futuro dentro del cual el intercambio generacional resulta indispensable para modificar lo caduco de las viejas instituciones, pero&nbsp a su vez mantener lo perdurable y lo mejor de ellas.

Nuestra Constitución como regla primera es satisfactoria, el modo de materializar su contenido es en el que hay que meditar.

La Asamblea Nacional tiene que ser auténtica, genuina, y verdaderamente ha de ir para lo que fue creada originalmente…para deliberar, para discutir proyectos esenciales,para que cada diputado, como compromisario y con valentía políticarepresente los intereses populares. El diputado no ha de estar para escuchar solamente lo que le dicen, temeroso de ser criticado,o apabullado por presentar criterios contrapuestos. El miedo a la autoridad o a hacer el ridículo no resulta identificable con la posición de un miembro de la asamblea Nacional. Habría en su momento que modificar la manera de elegirlos sobre metodos institucionales y no por nomencladores desconocidos por las grandes mayorías.

Si se operase institucionalmente tampoco habría que entrar en debates, polémicas o peor aún en desalientos&nbsp , por quienes van a componer el órgano que rige el país entre comicio y comicio. Si pensaramos con criterio institucional y nos educaramos nosotros y a las generaciones siguientes en el respeto a las instituciones ,se desvanecería &nbsp la incertidumbre por la continuidad.Esa continuidad estaría inmersa en la institucionalización, sin chance a caudillismos, a voluntarismos hegemónicos, ni a miedos por el&nbsp e jercicio del Poder con ilegitimidad.

El hecho de que alguien pudiera desentenderse de un acuerdo principal a tenor de sus méritos, o historial político, debería considerarse en tales circunstancias una real ignominia a las instituciones.

Debemos asegurar que la autoridad no la da el cargo, la autoridad la da la institución , la Ley,y estas son la expresión de la voluntad popular protegida por los vehículos que tiene el propio pueblo para instaurarlos.

Entonces, si hemos luchado por durante mas de 50 años por crear un pueblo alfabetizado y culto, con el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre, con ganas de mejorar su estandar de vida y poder compararlo con satisfacción con otras naciones del mundo, no ha de tenérsele temor a que elija por el método que se apruebe a quienes desee.Arremeter contra ello, sería desconfianza y miopía política.

Es evidente que las generaciones fundadoras no estarán ya en condiciones de dirigir la nación para el 2018&nbsp ó el 2023 , por lo cual nuestra responsabilidad se hace mayor en la instrucción , en la educación concerniente al valor de las instituciones deseadas por el pueblo.

Si arreglamos nuestros problemas económicos con realismo y pragmatismo adecuándonos a lo que la gente común requiere, y adiestramos a esa gente-que somos la gran mayoría-en el respeto y creación de instituciones que nos sean consustanciales estaremos en el camino de la preservaciónde nuestra sociedad y de sus principios originales.

Peco de ingenuo, si desdoro la consideración de que la política es una red de intereses y que el Poder atrae en ocasiones, irrefrenablemente.Pero recordemos, que se levantó un edificio, se quebró, no obstante es reparable y puede incluso quedar mejor que como estaba si aplicamos la inteligencia y hacemos uso de los criterios de la dialéctica.

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