Europa, la hipoteca del futuro

El problema del paro entre los jóvenes, que causa daños a la economía de la Unión Europea por unos 150 mil millones de euros, se agudizó con el estallido de la crisis financiera en 2008 y el inicio de la etapa más visible del desmontaje del estado de bienestar.

La difícil situación de los jóvenes llevó a la dirección del bloque comunitario a introducir el referido tema en varias de sus reuniones al más alto nivel, incluido un consejo de ministros de Finanzas en este año.

De hecho, sería iluso hablar de una preocupación real de los gobiernos por mejorar la situación de la juventud y más bien parece apuntar a un esfuerzo dirigido a lidiar con un mal que afecta los votos en las urnas y mantiene la inestabilidad en las calles europeas.

En medio de las medidas de austeridad, aplicadas sobre todo en la atolondrada zona euro, la situación del paro juvenil más bien aparece como una de las varias consecuencias negativas de la aplicación de tales regulaciones.

La espiral alcista de los despidos, en muchos casos exigidos por los acreedores internacionales como medida directa para supuestamente sanear las economías, la reducción de los gastos sociales en materia de educación y salud, así como el incremento de la edad de jubilación, son parte del citado retroceso.

En la Unión Europea se juega a poner a prueba las sociedades europeas y su capacidad para permitir la drástica reducción de los derechos de sus ciudadanos en material laboral, social y de pensiones.

Las presiones sobre el mercado laboral hacen de la juventud uno de los sectores más vulnerables de las depauperadas sociedades europeas, pues además de mantenerse como los más explotados, ahora se agrega como el de mayor incertidumbre en la búsqueda de empleo.

Un recién graduado de estudios superiores para poder ubicarse en un puesto laboral necesita demostrar que posee experiencia de trabajo, algo que le resulta difícil adquirir durante el proceso docente.

No todos los jóvenes pueden simultanear los estudios con la búsqueda de un puesto de trabajo, en muchas ocasiones irremunerado, para con ello acumular un aval de trabajo temprano que le permita llegar con «experiencia laboral» al momento de su graduación.

La crisis económica en Europa engendró, además, el fenómeno del trabajo o contratación temporal o limitada. Es decir, aparece una plaza, pero que solo incluye un contrato por pocas horas, con una paga mucho menor que la reglamentada.

Sin embargo, los gobiernos europeos pretenden de una vez, por un lado, aplacar las protestas de miles de ciudadanos contra las medidas de austeridad, en su mayoría jóvenes y, por el otro, buscar las vías para reducir los gastos por subsidio de desempleo, cada vez menores.

La cifra de pérdidas económicas por 150 mil millones de euros anuales, a causa de la situación en que se encuentra el paro juvenil, es manejada con frecuencia por los funcionarios comunitarios.

De ahí que la Unión Europea determinara recientemente un plazo de cuatro meses para resolver, al menos en parte, el asunto de la ocupación juvenil.

Para ello, la entidad comunitaria pretende emplear dinero del Fondo Social Europeo y el Fondo de Estructura Social de las regiones.

Las propuestas más fuertes vinieron del gobierno del primer ministro italiano, Enrico Letta.

Italia presenta una situación especialmente difícil con el paro de los más jóvenes, sobre todo, de las edades comprendidas entre 19 y 29 años, todo lo cual propicio el avance en las urnas de formaciones como el Movimiento 5 Estrellas, opuesto a los partidos tradicionales de la mencionada península.

En España, la situación es particularmente preocupante, pues supera, con el 40 por ciento del total de los desempleados, la media europea de 25, afirma la asociación Jacobs Club que cita a Eurostat.

La situación del desempleo juvenil aumenta con fuerza en al menos 13 de los 28 estados de la Unión Europea, donde la cifra de desocupados supera el 25 por ciento.

En ese rango, España y Grecia contaban en mayo de este año con 56,5 y 59,2 por ciento , respectivamente , de jóvenes sin empleo, Portugal llegaba a 42,1, mientras Irlanda, Bulgaria, Chipre, Letonia, Hungría y Eslovaquia se acercaban o rebasaban el 30 por ciento, destaca Eurostat.

Además, de los 94 millones de trabajadores europeos, solo el 34 por ciento corresponde a jóvenes de entre 15 y 29 años de edad, en tanto otros cinco millones 525 mil de ellos carecían de puesto laboral en mayo pasado, afirma Eurostat.

La desocupación juvenil superaba en 2,6 veces la cifra total de paro en Europa en 2012, señala la misma fuente.

De hecho, la grave situación de los de menor edad llevó a la triste popularidad del término empleado en su tiempo en el Reino Unido de la generación Ni-ni, (ni empleo, ni educación ni entrenamiento).

El 15 por ciento de los jóvenes en la Unión Europea pertenece a la llamada generación Ni-ni , lo cual causa pérdidas económicas semanales dentro del bloque, calculadas en unos tres mil millones de euros.

Además, desde el inicio de la recesión en Europa hace un lustro el número de los llamados Ni-ni aumentó en un millón, hasta llegar a los cinco millones 500 mil.

El mencionado fenómeno afecta, sobre todo, a los inmigrantes, pues el 70 por ciento de los catalogados en esa condición son foráneos que llegan a Europa, mientras el 40 por ciento lo constituyen discapacitados y personas con problemas serios de salud.

Las cifras manejadas parecen apuntar a una paulatina hipoteca del futuro en la Unión Europea, pues el sector juvenil, es decir, la generación que debe asumir responsabilidades en el mañana en la región, comienza en la vida activa con mucha dificultad, estiman expertos.

Fuente: PL

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