Etxebeste: «Mi gran anhelo es dejar de ser español oficialmente»

Etxebeste: «Mi gran anhelo es dejar de ser español oficialmente»
·Un pais «encarcelado» | el ya ex preso advierte que «cuando se sale de prision todos decimos que recobramos la libertad; pero no es del todo verdad, porque nuestro pueblo continua encarcelado«

Eugenio Etxebeste abandonó ayer la cárcel salmantina de Topas, donde fue recibido por familiares y amigos. Su salida de prisión levantó gran expectación mediática, lo que aprovechó para advertir que la legislación penitenciaria «no se cumple» e invitar a los numerosos periodistas presentes a informar de «la conculcación de derechos en las cárceles». En declaraciones a GARA, manifestó que su deseo es ser «ciudadano vasco en una Euskal Herria libre».

Mikel JAUREGI

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«Salgo con las mismas convicciones de hace 30 años, las mismas que he tenido desde que mi madre me parió abertzale». Esas fueron las primeras palabras pronunciadas a GARA por Eugenio Etxebeste, Antxon, pocas horas después de abandonar la prisión de Topas, tras permanecer siete años preso en el Estado español por la condena impuesta por la Audiencia Nacional por el «caso Sokoa».

El ya ex prisionero político quedó en libertad poco antes de las 9.30 y fue recibido en las puertas de la cárcel salmantina por familiares y amigos ­entre los que se encontraban el secretario general de LAB, Rafa Díez, y los históricos dirigentes independentistas José Luis Elkoro e Iñaki Ruiz de Pinedo­, que llevaron consigo ikurriñas y banderolas por la repatriación de los presos vascos.

«Salgo con enorme ilusión, aunque canoso y con escaso pelo ya», manifestó Etxebeste a este diario, a lo que agregó que su intención es «reintegrarme en Euskal Herria». Un país que, a su juicio, «está encarcelado. Cuando se sale de prisión, todos decimos que recobramos la libertad; pero no es del todo verdad, porque nuestro pueblo continúa encarcelado».

También expresó cuál es su «máximo anhelo: dejar de ser oficialmente ciudadano español y ser ciudadano vasco; ciudadano de una Euskal Herria libre e independiente».

Preguntado por la expectación mediática que despertó su salida de prisión, resaltó que «me han dicho que han venido 32 medios de comunicación. Pero a mí no me interesa el morbo. Lo que les he dicho, además de agradecerles el interés, es que la realidad que existe dentro de los muros es lo más parecido al infierno, sobre todo en los módulos de aislamiento».

De hecho, invitó a los periodistas allí presentes a «hacer un trabajo de investigación» sobre la situación en las prisiones, ya que «ahí dentro ni siquiera se cumple la legislación penitenciaria y se están conculcando los derechos humanos» de los presos. Concretamente, incidió en que esa conculcación de derechos se produce, fundamentalmente, con aquellos que se encuentran en régimen de aislamiento. «Ahí tienen ustedes la información y la novedad, acudan a intramuros», insistió Antxon. Tras realizar esas declaraciones a los medios que acudieron a Topas, subió a un coche y viajó a Euskal Herria.

Eugenio Etxebeste ha quedado en libertad después de que el 9 de agosto de 1997 fuera expulsado por las autoridades de la República Dominicana al Estado español y de que, el 17 de abril de 2001, la Audiencia Nacional le condenara a diez años de cárcel al considerar que el donostiarra «ejercía funciones de relevancia» en ETA en base a la documentación encontrada en 1986 en la cooperativa Sokoa. Concretamente, el tribunal especial le acusó de ser «el responsable del aparato de logística» de ETA en los años 80.

En estos siete años, pasó por la prisión de Alcalá Meco, el Hospital Carlos III de Madrid y, por último, Topas.

Según señaló Askatasuna en una nota, Antxon fue arrestado el 7 de febrero de 1980 y permaneció preso en Baiona 17 días. Posteriormente, le asignaron residencia en Angers (ca- pital del departamento de Maine-et-Loire). Volvió a sufrir un nuevo arresto en julio de 1984, en Angelu, y diez días después fue deportado al país caribeño.

En mayo de 1986 le condujeron a Ecuador, donde estuvo hasta el 9 de julio de 1987. Al día siguiente se lo llevaron a Argelia, donde realizó tareas de interlocución en las conversaciones entre ETA y el Gobierno del PSOE. Tras el fracaso de éstas, en abril de 1989 fue deportado a la República Dominicana.

«La deportación, una prisión domiciliaria»

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En el juicio al que fue sometido en la Audiencia Nacional española en febrero de 2001 por el llamado «caso Sokoa», Eugenio Etxebeste llevó hasta la sala la realidad de la deportación. Durante la primera sesión de la vista, aseguró que la deportación supone un régimen de privación de libertad «mucho más duro» que el de las prisiones. De hecho, definió los trece años que pasó deportado como «una prisión domiciliaria, caracterizada por la carencia de movilidad y comunicación, y sometido siempre a la voluntad de los gobiernos ecuatoriano, dominicano y español». Agregó que «éramos como un vegetal alejado a 6.000 kilómetros de nuestra casa».

De hecho, desmintió las acusaciones de dirigir ETA desde la República Dominicana argumentando que durante su estancia en el país caribeño los deportados vascos sufrieron «un estricto control de las comunicaciones», una «permanente vigilancia policial», que no podían salir a la calle sin vigilancia y que las visitas estaban controladas.

Jokin Etxebarria queda libre tras cuatro años y medio preso
El bilbaino Jokin Etxebarria quedó ayer en libertad tras estar preso cuatro años y medio en el Estado francés. Etxebarria fue detenido el 1 de agosto de 1999, y en este tiempo ha pasado por las cárceles de Fresnes y Uzerche, de donde salió ayer a las 9.30. «Tengo una sensación agridulce», manifestó a GARA, y precisó que «por un lado, estoy feliz por reencontrarme con la compañera, con la familia… Pero por otra parte, no puedo olvidar que se quedan dentro 700 compañeros. No obstante, tras 12 años fuera de casa, la llegada a Euskal Herria me ha supuesto un subidón». –

«Después de 29 años, por fin tengo a mi hijo en casa»
Ainara LERTXUNDI

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Más de un centenar de vecinos recibieron ayer entre aplausos, cohetes y bocinazos a Eugenio Etxebeste que, tras casi tres décadas, regresaba al barrio donostiarra de Gros. Dos antorchas, numerosas ikurriñas y pancartas le dieron la bienvenida.

Saludos, abrazos, alegría por ver rostros conocidos, besos y más abrazos. Así transcurrieron los primeros momentos tras su llegada. Bajo el sonido de fondo de los cohetes y una ligera lluvia, manifestó a GARA y «Berria» que «intentaré dar apoyo en todo lo que se pueda, lo mismo que he hecho dentro de la cárcel también fuera, para lograr que algún día Euskal Herria tenga poder de decisión», afirmó Etxebeste. Al hilo de ello, declaró sentirse a la vez contento por regresar y «descontento porque aún no se han cumplido los objetivos por los que luchamos»

Preguntado sobre cómo veía su barrio, contestó con humor que «de momento muy oscuro, porque es de noche. En fin, no creo que haya cambiado mucho». «Me fui hace 29 años, en 1975, antes de que se muriese Franco. Pero la ilusión que sentía entonces es la misma que ahora», comentó.

Uno de los momentos más emotivos llegó cuando acompañados por la trikitixa se dirigieron desde la Plaza Pinares a Marruma, herrio taberna que permanece clausurada por orden del juez de la Audiencia Nacional española Baltasar Garzón.

Ante un gran cartel colocado en la persiana, ­«Eugenio Etxebeste. 29 urteren o­ndoren, o­ngi etorri Grosera»­, retiró su fotografía. Tras una ofrenda floral y el aurresku, tomó la palabra para mostrar su agradecimiento. «A estas alturas, tengo las pilas un poco gastadas, como los móviles», fue una de las primeras cosas que dijo. Y remarcó que «he vuelto un poco más calvo y con el pelo blanco, pero debajo de esta txapela la confianza se mantiene firme, porque la dignidad está por encima de todo».

A su lado estaba su ama, Kontxi Arizkuren, emocionada ya que «después de 29 años, tengo a mi hijo en casa. En estos años, nunca hemos dejado de estar con él; en Santo Domingo, Argel y Quito», dijo con una sonrisa.

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