Etienne de la Boétie y la vocación de servir

Por Iñaki Urdanibia

« Los que desconocen este título [se refiere a la obra que traigo a esta página] lo han rebautizado después muy exactamente El contra uno. Lo escribió de manera de ensayo en su primera juventud en honor de la libertad, contra los tiranos»

                                                    ( Montaigne, Essais I, cap. XXVII)

No es la primera vez que dedico algunas palabras a la célebre obra del amigo de Montaigne ( resulta destacable que su discurso fuese publicado junto a los Ensayos de éste), natural de Sarlat ( 1530-1563) y cuya obra fundamental fue sin lugar a dudas el Discurso de la servidumbre voluntaria, obra que, de una u otra forma, sigue teniendo una rabiosa actualidad. Si vuelvo a la carga lo hago en el mismo sentido en que Voltaire afirmaba que: «se dice que me repito. Cesaré de repetirme cuando cambiéis de comportamiento », aseveración que en este caso podría traducirse como seguiré recomendando la lectura de este libro mientras no lo leáis.

Ahora se presenta una magnífica ocasión si en cuenta se tiene que la editorial Trotta ha publicado la segunda edición del libro que publicó hace algo más de diez años con una jugosa presentación de la historia de la obra a cargo del traductor Pedro Lomba, y otros textos de  de Esteban Molina y un  sabroso epílogo de Claude Lefort.

La obra supone una novedad desde la óptica de que expone una visión de lo político desde la inmanencia frente a las justificaciones de índole trascendente, desvela algunos mecanismos que hacen que el poder perdure y se consolide y subraya la importancia de la amistad , como expresión del camino hacia la libertad y oposición a la tiranía, en la que confluyen la igualdad y la justicia; la amistad como los apropiados mimbres de una sociedad reconciliada y dueña de sí misma, amistad que no resulta posible a quien se halla por encima de todos que basa su dominio en la exclusión . Al título original se añadió un significativo Contra el Uno ( mono / arjé = poder de uno solo) que subraya el asombro, por decirlo de algún modo, que producía en el jurista y consejero del parlamento de Burdeos, el espectáculo de no pocas naciones soportando el mando de un tirano, cuyo poder es el que se arroga él mismo y sus actuaciones van en perjuicio de los ciudadanos, permaneciendo éstos chapoteando bajo tal dominación, obedeciéndole y plegándose a sus órdenes, al nombre del Uno, que funciona como si de una fuerza magnética se tratara. Absoluto parecido de familia tenían las ideas mantenidas por Spinoza en su Tractatus theologiuco-politicus en donde pueden leerse frases como éstas: «hacer que los hombres no actúen nunca siguiendo su propio decreto, sino siempre bajo el mandato de otro[…] el gran secreto del régimen monárquico y su interés vital consisten en engañar a los hombres, introduciendo por medio de la religión el temor, cuando se les quiere tener amarrados; de tal manera que combaten por su servidumbre, como si se tratase de su salvación» ( influencia la de Boétie que luego puede verse igualmente en corrientes posteriores del pensamiento).

El discurso suponía un dardo certero contra la superstición como arma de sumisión, empeño en el que se volcó este humanista con fuerza y osadía, oponiéndose a la tiranía y rebotándose ante la pusilanimidad de las gentes que permitían ser humilladas y despojadas de sus derechos y de su capacidad de decisión, como si permaneciesen obnubilados por el poder que les paralizaba en su capacidad de rebelarse, de desobedecer…aun siendo mayor en número que el dichoso Uno; ahí es donde la Boétie alza su voz, y presta argumentaciones para la revuelta que haga frete a la tiranía y a los desmanes del Estado, que ponía en solfa los derechos naturales de los seres humanos. Y así como nadie ha de usar a los individuos y la libertad en beneficio propio. Si tal asombrosa sumisión funciona es debido a una especie de alienación política – que se me permita comparala en cierto sentido con la explicación feuerbachiana sobre la religión[ explicación que luego sirvió de inspiración a Marx para explorar las alienaciones políticas y económica]– que hace que se dé una especie de identificación de los poderes individuales en el Uno, haciendo que este engorde a costa del enflaquecimiento de quines le otorgan tales poderes; engorde que funciona a la vez de manera especular ( de speculum, i), con tonos narcisistas, al verse los ciudadanos reflejados en el Uno, como si en él viesen representados partes o valores de sí mismo, cuando los hombres han de existir para sí mismos, y es en ese nivel en el que la amistad, que obviamente se da entre iguales, ha de jugar un papel esencial en pro de la libertad y en contra de las cortapisas que a ella se pongan. A ello ha de oponerse la voluntad de no servir, el deseo de ser libre, y rechazando en ser siervo de nadie ( non serviam)

En fin, una apuesta en favor de la democracia de los ciudadanos contra el poder omnimodo del Estado el monstruo frío entre los monstruos fríos que dijese Nietzsche), una nueva manera de enfocar los mecanismos seductores del poder, una invitación a la revuelta contra el Estado, nuevos caminos para un pensamiento de la libertad por encima de todo frente a Maquiavelo que « queriendo pensar el poder con la libertad, La Boétie deteniéndose para siempre en el “gran rechazo” que fuerza a pensar la libertad contra el poder» que dijesen Miguel Abensour y Marcel Gauchet.

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P.S.:

Escritos a los que hago referencia en las primeras líneas del artículo: el primero, publicado en el diario GARA, y el segundo en esta misma red.

I Miedo a la libertad

+ Étienne de la Boétie

<<Discurso de la servidumbre voluntaria>>

Trotta, 2008.

116 págs. .

No voy a hablar de Erich Fromm y lo digo por la apropiación del título de uno de sus más celebrados libros para encabezar este comentario sobre la necesaria obra del gran amigo de Montaigne. Étienne de La Boétie (1530- 1563). La inseguridad y la responsabilidad a que lleva a autonomía, hace que muchas veces los ciudadanos se sientan como protegidos a pesar de renunciar por ello a su plena libertad, plegándose a los imperativos de alguna instancia heterónoma. Y a obedecer…que ellos son quienes cuidan de nosotros. Esta especie de complacencia en la despersonalización que inquietaría igualmente al bueno de Spinoza que se preguntaría cómo era posible que los individuos aceptasen sin chistar la opresión como si fuese un bien ya constituía el centro de gravedad de la obra del natural de Sarlat.

La obra teniendo en cuenta en qué época está escrita, en medio de las guerras de religión, no ha perdido pertinencia con el paso de los años, y la prueba es cómo en los setenta se convirtió en una obra esencial en la preocupación sobre el poder político(y otros: micropoderes, institucionales, etc.) que en tales años conmovió el pensamiento hexagonal. Mutatis mutandis, hoy en día con la oleada de lucha contra el Mal, las medidas de defensa del orden del Bien contra sus malvados enemigos, los terroristas en especial islamistas, hace que las medidas de recorte de los derechos individuales y colectivos sean aceptados con absoluta normalidad por la mayoría del personal que se deja videovigilar y hasta tocarse las pelotas-o lo que sea- siempre que sea por su supuesta seguridad. En todos los lugares se puede ver esta invasión securitaria, pero las legislaciones USA(Patriot Act) y de su seguidora, la GB de su graciosa(¡je,je!) majestad, suponen al respecto una limitación sin cuento de los derechos conquistados por los ciudadanos hace ya años; y lo que hace algún tiempo hubiera resultado una infamia hoy se acepta como si tal cosa, el Big Brother campa a sus anchas(guerras, internacionalización del contraterrorismo, tortura practicada en campos ad hoc y en cárceles secretas contratadas para tales fines con esbirros y verdugos incluidos), campos en que se encierra a los emigraantes…y loss rubios a miraar a otro lado, como si nada. <<La servidumbre voluntaria>> sigue manteniendo su pertinencia a más de cuatro siglos que es cuando fue bautizada y teorizada.

El texto en nueva traducción, impecable, de Pedro Lomba, que ahora se presenta va acompañado de un amplio y esclarecedor epílogo del que fuera socialbárbaro, Claude Lefort, y una escueta pero ubicadora presentación de Esteban Molina. Escrito hacia 1549 y reeditado en 1574 por los calvinistas bajo el título de Contr´Un, destaca por su radicalidad y por tratar los temas de manera tajante; no se andaba con medias tintas La Boétie, e iba al quid de la cuestión: ¿ por qué hay obediencia?, y de ahí se encadena la pregunta por los orígenes y la naturaleza del Poder(o los poderes)-¿la Naturaleza?, ¿Dios?, ¿la Razón?¿la Fuerza?, ¿la Ley del Padre?…- y muestra el asombro al contemplar que cuando se discute acerca de los distintos modos de gobernar se evita la pregunta clave y se da-la sumisión a las órdenes de alguno-como si fuese una especie de imposición de una fuerza superior e independiente a los humanos y que éstos no tendrían otros bemoles que doblegarse ante tal. Reivindica el autor la libertad frente al dominio, y desenmascara cómo la naturaleza humana se deja sofocar por una naturaleza segunda que se pliega a los imperativos del Uno. El ataque de La Boétie no es un bombazo contra el despotismo o la tiranía…sino contra el Estado como potencia plena, contra ese monstruo frío entre los fríos monstruos del que hablase más tarde Nietzsche…y tras la lectura asoma un resabio reichiano de que lo sorprendente no es que los pueblos se rebelen sino que no se rebelen.

II. El hábito de obedecer y servir | Kaos en la red

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