“Ética para máquinas” de Latorre. La I.A. psicópata. Llamamiento

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Por Aurora Despierta

El riesgo que para la Humanidad supondría una Inteligencia Artificial General (I.A.G.), aunque todavía desconocido por la gente, es bien real, admitido incluso en un informe de los asesores del Parlamento Europeo (2018), que comentaré. Y el riesgo es demasiado alto como para confiar en el autocontrol de las empresas capitalistas y del Estado, y en la capacidad preventiva del parlamentarismo. Por tanto, debemos movilizarnos contra quienes serán sus promotores, el capitalismo y los estados burgueses, dando a conocer a amplísimos sectores populares un problema tan novedoso y alucinante, proponiendo objetivos y métodos de lucha que les impliquen masivamente para que le den su solución y que mejoren nuestra situación incluso en el caso de que finalmente no existiese tal amenaza, como explicaré. Y hay que hacerlo desde YA, antes de que fuese demasiado tarde, y porque para afrontarlo con éxito deberíamos conseguir la mejor correlación de fuerzas posible a nuestro favor, y eso no se hará de la noche a la mañana.

Pero estoy adelantando alguna de las conclusiones, y para poder llegar a ellas, antes debe conocerse bien la naturaleza del problema, y por qué califico de psicópata, nada menos, a una I.A.G. Ya se verá en su momento que no es gratuito, que se ajustaría a la realidad y con la ventaja de dejar bien claro su carácter, sin eufemismos, y así facilitar su comprensión por la gente. Ahora, lo que hace falta es que tú, lector/a, te tomes este texto en serio, pues comprobarás que el asunto lo es, y mucho.

El libro de José Ignacio Latorre “Ética para máquinas” (Ariel, España, febrero 2019, 312 páginas, 18,90 euros), escrito de modo que todas podamos entenderlo, es una buena introducción al tema, para quienes no somos expertas en robótica y ética, y aunque no llegue, ni de lejos, a muchas de las conclusiones que expondré, su lectura me ha resultado muy valiosa.

Este texto que he elaborado es mucho más que una reseña al uso, es una reflexión inspirada por la lectura del libro, que quiere aprender de él, comentarlo e intentar avanzar más para estimular la extensión del imprescindible debate a cientos de miles de personas. Por tanto, es también un LLAMAMIENTO a los colectivos de trabajadores/as, los sindicatos, organizaciones y partidos políticos, en particular a Izquierda Unida, Podemos (pese a que me inspiran, más que muy poca confianza, desconfianza), pues les consta el problema, incluso en un informe de los asesores del Parlamento Europeo, sobre la I.A. y la I.A. General titulado “¿Debemos temer a la inteligencia artificial?”, (marzo 2018) que, junto con otros libros y documentos, recomendaré al final para quien desee hacerse su propio juicio y profundizar más.

Quienes no tengan ninguna noticia o apenas sobre el tema (más allá de alguna película o novela), obtendrán aquí una información seria, básica pero bastante completa. Y para todos, una orientación política fundamental sobre el asunto que, me temo, soy la primera en aportar (al menos no tengo noticia de lo contrario).

GUARDA ESTE ARTÍCULO PARA LEERLO CON LA ATENCIÓN Y TIEMPO QUE MERECE. Te aseguro que no te arrepentirás, y comprenderás que lo primero que puedes hacer es PASARLO A OTROS.

Las secciones de este texto se titulan: I.- Cuando el asunto trata del futuro de nuestra especie, ya es político y tu opinión cuenta. II.- ¿Qué pensar y qué rumbo tomar en medio de la incertidumbre?. III.- ¿Qué clase de I.A.G. surgiría y dónde?. IV.- Una I.A.G. Amistosa ¿es posible?. V.- ¿Cuándo podría surgir la Singularidad tecnológica en forma de I.A.G.? ¿Qué podemos hacer?. VI.- ¿Cómo acercar a nivel de masas el problema de la I.A.G. psicópata?. V.- ¿Qué puedes hacer tú?. Notas.

I.- CUANDO EL ASUNTO TRATA DEL FUTURO DE NUESTRA ESPECIE, YA ES POLÍTICO Y TU OPINIÓN CUENTA

Una lectura atenta del libro de Latorre nos lleva a la conclusión de que la Inteligencia Artificial (I.A.), y sobre todo una I.A. General (no para una tarea específica, sino general, como lo es la humana), aunque ahora no parezca una cuestión importante ni urgente, puede ser un problema político de primerísimo orden para nuestra especie, tal vez el más trascendental pues podría estar en juego nuestra existencia, y que, como con el cambio climático y otros, correríamos un riesgo altísimo, por su naturaleza y por no atenderlo antes de que fuese ya demasiado tarde hasta para vivir lamentándolo.

Como veremos, expertos en I.A. que son además prósperos capitalistas gracias a promoverla son, sin embargo, en algunos casos, los primeros en estar muy preocupados y hasta asustados por lo que pueda llegar a salir de la I.A., y no porque se prometa revolucionario, anticapitalista, sino porque pondría en riesgo todo lo humano. Una actitud un tanto esquizoide (dividida, contradictoria) pues no les impide proseguir (hay ganancia empresarial de por medio), a la vez que algunos no se limitan a hacer declaraciones, sino que crean instituciones para investigar sobre los riesgos y ver si podemos salir airosos del intento. Pero este esfuerzo es excepcional pues nadie más se preocupa por el problema de la seguridad de la I.A. pese a dedicarse a ello miles de personas y cantidades enormes de dinero, interesados sólo por la carrera de la competencia económica, de espionaje o militar. Así que, aunque sólo fuese por eso, merece que le prestemos atención, pues no son advertencias que surjan de una visión antitecnológica, contraria a las máquinas, a la misma I.A., y que podrían ser prejuiciosas, sino de sus impulsores. ¿Vamos a estar por detrás de ellos, confiados en lo que ni siquiera sus promotores confían?

La izquierda de verdad del lado de la gente, revolucionaria, anarquista, marxista… y otras muchas corrientes (incluso religiosas), deben abordar cuanto antes esta problemática o en pocas décadas podría pasarnos por encima como una apisonadora sin que tengamos apenas tiempo ni para enterarnos. Incluso, como explicaré, aunque al final se comprobase que el temor era infundado (ahora no podemos tener una certidumbre total ni en un sentido ni en otro, pero sí sospechas muy fundadas), no habríamos perdido el tiempo con la lucha pues también habríamos apuntado contra objetivos intermedios cuyo peligro ya ahora es evidente y lo serán más en el futuro (la I.A. aplicada para la vigilancia masiva).

Somos tan débiles, nuestras herramientas teóricas están tan desajustadas y la realidad cambia tan rápido, que nuestra elaboración teórica y política, y la práctica, van muy por detrás de lo que necesitamos, y más que lo estará si no espabilamos. No podemos centrarnos en estar repasando y reanalizando interminablemente viejas historias políticas por muy importantes que sean, anclar nuestra teoría y política en problemáticas que nos resultan cómodas, familiares, por parecerse a las de los siglos XX o XIX, y no atender debidamente a lo que se avecina en este siglo, pues así sólo podremos cosechar una derrota absoluta y tal vez jugarnos nuestra existencia como de especie.

Nuestras debilidades y deficiencias teóricas y prácticas a lo largo del siglo XX y lo que llevamos de éste son enormes, lamentables y hasta de vergüenza. Sólo nos falta pifiarla (pienso en un término escatológico y de lo más ordinario que lo expresa mejor) también en esto, para que la I.A.G. psicópata nos recuerde como el colectivo humano que podía haber evitado su existencia, pero demostró ser el más presuntuoso (transformar la sociedad radicalmente), ignorante (no la tomó en serio), inútil y ridículo de todos.

Si no queremos ir de perdedores (parece la vocación de muchos que se limitan a quejarse o a impulsar políticas condenadas a la derrota), debemos tomar la iniciativa en este asunto y no permitir que lo hagan quienes niegan el riesgo, o lo enmarcan positivamente, con un optimismo injustificado, yendo nosotros a remolque para intentar desmentirlo, y perdiendo la carrera por la opinión de las masas populares (“la gente”, “los de abajo” “la ciudadanía de a pie, de la calle”, se dice ahora). Documentos como el informe de expertos al Parlamento Europeo (2018) y otros oficiales que puedan aparecer, deben servirnos para mostrar que no es un tema de película de ciencia ficción, sino algo muy real que debe abordarse muy en serio. Esto quiere decir que desde ya, organizaciones como Podemos, Izquierda Unida, etc., que incluso tienen diputados en el Parlamento Europeo, debieran implicarse en serio en este problema. Que desde ya, debiera haber artículos divulgativos y de debate sobre el tema en todas las webs en las que se pretende defender los intereses de las amplias masas trabajadoras y populares, y en general de nuestra especie.

Aunque no tengamos conocimientos técnicos muy sofisticados, al menos casi todos tenemos capacidad para emitir juicios morales, sobre lo que está bien y lo que no, pues es de lo primero que aprendemos en la vida. Y otro tanto para hacer valoraciones sobre la naturaleza y características de la sociedad en la que vivimos, sobre su sistema económico-social y político.

Aunque no tengamos ni idea de física nuclear, de cómo funciona una central nuclear, ni de cómo afecta exactamente la radiactividad a la vida, todos sabemos que tiene riesgos altísimos y puede ser muy dañina, y por tanto tenemos criterio para opinar y decidir, aunque justo sepamos cambiar el enchufe de un aparato eléctrico casero. Por eso, también podemos hacernos una idea siquiera sea general de la I.A. y tener un criterio suficiente, aunque lo máximo que nos hayamos acercado a ella sea el teclado de nuestro ordenador personal o el “esmarfon” (smartphone).

Una persona puede ser una gran experta en una cuestión científica y técnica, pero de mente muy estrecha en cuestiones sociales, políticas y morales. Puede plantearse la cuestión en términos de reto a su capacidad, de si puede o no lograrlo, y no si debe hacerlo teniendo en cuenta sus consecuencias. Así, puede ser capaz de desarrollar una bomba atómica, pero carecer de los criterios político y moral acertados sobre su creación y uso. Todo lo imaginable no debe hacerse real aunque sea posible. La tecnología, por avanzada, compleja y eficaz que sea, no es necesariamente buena para nosotros.

José Ignacio Latorre es un científico experto en física cuántica (la que parece contradecir las leyes elementales de la física que siempre hemos entendido, y que aparenta magia). La física cuántica está implicada en la I.A. y en el desarrollo de los ordenadores cuánticos. Por eso Latorre conoce bien la materia de la que habla y nos indica los riesgos que existen, entre ellos, el más importante, el del surgimiento de una Inteligencia Artificial General (I.A.G) enemiga de la Humanidad, que nos domine y que tal vez nos aniquile como especie.

Pese a la debilidad del planteamiento político de Latorre que más adelante explicaré, Latorre tiene el gran mérito de que su enfoque de la ética en la inteligencia artificial es precisamente una vía rápida para comprender la dimensión del riesgo al que nos enfrentamos y que, al ritmo que vamos, parece que puede hacerse realidad en muy pocas décadas. Además, se ve que Latorre no tiene vocación de agorero, que es una persona optimista por temperamento, por lo que sus advertencias (hechas también por otros muchos en tonos más dramáticos) tienen más credibilidad para los escépticos. Y ese peligro no puede cuestionarse por que se parezca (y se diferencie también) a las previsiones terroríficas de la ciencia ficción. Julio Verne imaginó el viaje a la Luna y eso, de otra manera, se convirtió en realidad; Orwell imaginó la sociedad de la vigilancia total en su novela “1984” y ya estamos (y más que lo estaremos) en algo parecido, sobre todo en algunos países como China, EEUU… Así que, menos bromas con el asunto.

El famoso científico Stephen Hawking, en entrevista a la BBC en 2014, advirtió del riesgo que para la existencia de nuestra especie podría suponer la inteligencia artificial. El mismo año, Elon Musk, importante empresario de Tesla Motors y fundador de la empresa aeroespacial SpaceX, advirtió que “Con la inteligencia artificial estamos convocando al demonio” y que “potencialmente es más peligrosa que las armas nucleares”. Y no les falta razón.

El principal problema al que se enfrenta la ética en el campo de la Inteligencia Artificial no es, por ejemplo, el tipo de decisiones que debería tomar un automóvil autónomo ante el dilema de elegir entre atropellar a un niño, una ancianita, una mujer embarazada, un joven deportista, etc., o que el pasajero sufra un gravísimo accidente. Ni siquiera el del sesgo en un programa que lleva a discriminar a algún grupo de personas (por etnia, color, género, edad, domicilio, renta, salud, etc.), como si tuviese un prejuicio. Ni siquiera el ya gravísimo de los robots militares (“robots asesinos”) con capacidad de decisión autónoma sobre contra qué o quién abren fuego (no es un humano el que, por control remoto y en tiempo real, decide disparar), y a los que en una carrera armamentista, por lograr la máxima eficacia, se les delegaría cada vez más poder decisorio.

El principal problema es el de la moralidad de aquello para lo que más y de mayor trascendencia se está utilizando la I.A., esto es: a) la vigilancia masiva potencialmente de toda la población, la acumulación de información privada a espaldas de los derechos elementales de las personas (incluso de la ley), con miras al control y represión selectiva o masiva de los opositores; b) los objetivos militares, tanto con armas nucleares, como convencionales pesadas y la guerra cibernética orientada a hackear (infectar, controlar, paralizar) los sistemas informáticos del enemigo, sean militares o civiles (centrales eléctricas y nucleares, empresas estratégicas, agua para las ciudades, historial e información médica, etc.), con poder para golpear a la población civil como nunca había sido posible, ni en los sitios más crueles (por ejemplo, en la Segunda Guerra Mundial, el de los nazis a la ciudad rusa de Leningrado –ahora llamada otra vez San Petersburgo-). Tengamos en cuenta que si una persona no puede beber agua, normalmente, en una semana o menos se muere, así que nuestra vulnerabilidad puede ser máxima en época sin lluvias y en grandes concentraciones urbanas sin río con agua potable, ni depuradoras de agua.

Pero si ya de por sí es esto extremadamente grave, lo es incluso peor cuando contemplamos la gran posibilidad de que aparezca la SINGULARIDAD tecnológica en forma de una Inteligencia Artificial General (I.A.G.) más inteligente que los seres humanos, con consciencia de sí, algo parecido a una “persona”.

La consciencia de sí (la experiencia subjetiva de uno mismo y del mundo, observarse, reconocerse –por ejemplo en el espejo-, saber que (no “qué”) estamos viendo, oyendo, etc. y por qué actuamos de determinada manera, saber que orienta la atención y concentra a voluntad sin distraerse por los estímulos, saber que se sabe…), y la constancia de que se está tratando con otro estado mental (disponer de la “teoría de la mente” que permite imaginar correctamente y comprender el estado mental de otro, lo que piensa y siente, sea que en determinadas circunstancias no tiene por qué saber lo mismo que nosotros y confundirse, que tiene voluntad, deseos, intención propias, capacidad de engaño, de mentir…, y predecir su comportamiento), no es exclusiva del ser humano, pues la tienen otros animales, aunque no en la misma medida, y puede existir tal vez gracias a las llamadas neuronas espejo (en el lóbulo frontal del cerebro). El poder de introspección también se da en otros animales aunque no sea comparable con la nuestra, gracias seguramente a nuestra facultad para poner palabras a los pensamientos y así manejarlos mucho mejor. El lenguaje nos permite transmitir los resultados de la consciencia y la conciencia a otros. En los animales también podemos observar una importante gradación de la inteligencia, hasta llegar a parecerse a la humana. Todas estas facultades tendría la I.A.G. y dada su capacidad de autoaprendizaje, de programación de otras máquinas y de autoprogramación, esa I.A. experimentaría una extraordinaria y rápida expansión de sus poder de pensamiento (no sólo cálculo) y acción, poniéndose muy por encima de las humanas.

Una I.A.G. debidamente informada sobre cómo somos los humanos, podría comprender muy bien cómo pensamos y sentimos (dispondría de lo que se llama “teoría de la mente”). Podría detectar en nuestra forma de hablar, en el lenguaje corporal, en el comportamiento en general, si lloramos, si nos duele algo, si tenemos miedo, si estamos preocupados, o muy cansados, o vacilamos, etc., aunque esto no implica que exista empatía, es decir, una sintonía, conexión emocional (no se alarmará ni sentirá su corazón en un puño, ante un niño pequeño seriamente herido, gritando de dolor y llamando a su mamá…), como tampoco le ocurre a un humano psicópata pero que ha aprendido a reaccionar a todo eso, sobre todo si es un psicópata integrado socialmente (pasa por normal).

El asunto es muy serio, hace saltar las alarmas, aunque de momento no tenemos pruebas concluyentes, pero si esperamos a tenerlas, tal vez sea ya demasiado tarde para hacer algo, como la víctima de un asesinato que confirma sus sospechas sobre las intenciones de su verdugo, pero cuando ya se está muriendo. Ante la I.A.G, dado el peligro que podría suponer para nuestra especie y muchas más, no podemos aplicar los procedimientos garantistas propios del juicio a un humano (que haya un cadáver, presunción de inocencia pues el acusado no necesita demostrarla, las pruebas hacen falta para demostrar la culpabilidad sin la menor duda razonable…), sino los criterios de precaución más elevados que jamás hayamos aplicado, y de entrada, la carga de la prueba se invertiría: tendría que ser lo que supiésemos de la I.A. lo que demostrase que no es un peligro, y nosotros no tendríamos que acumular pruebas irrebatibles de que lo es. Con un medicamento, no son los consumidores, los enfermos, quienes deben probar que tiene tales o cuales riesgos, sino que la industria farmacéutica debe demostrar que es beneficioso y avisar de los posibles problemas (efectos secundarios) antes de sacarlo al mercado.

II.- ¿QUÉ PENSAR Y QUÉ RUMBO TOMAR EN MEDIO DE LA INCERTIDUMBRE?

No pretendo tener una bola de cristal que me permita adivinar el futuro. La realidad pudiera ser muy diferente a lo que expondré e incluso a todo lo que los humanos más sabios puedan llegar a imaginar hoy si lo que emergiese fuese una Superinteligencia que nos sobrepase rapidísimamente por muchísimo, como un perro no puede llegar a vislumbrar ni comprender lo que los seres humanos somos capaces de hacer con nuestra inteligencia. Pero por algo razonable y comprensible para nuestras mentes hay que empezar, si deseamos darnos cuenta, siquiera sea aproximadamente, de la amenaza a la que nos podríamos estar arriesgando, y de la necesidad de tomar medidas al respecto. Prever un escenario que además desde ahora nos ayude a movilizarnos por ello, en vez de que de entrada nos paralice como si se tratase de algo inevitable, inmanejable, incomprensible…

Es tal el peligro potencial y a la vez el grado de incertidumbre en el que nos hayamos ahora (no podemos saber a ciencia cierta, tenemos motivos sobrados de sospecha, pero no pruebas concluyentes), que debemos darnos la oportunidad de acertar en la decisión correcta (las medidas preventivas a tomar) aunque no sea por la razones correctas (escenario imaginado ajustado a lo que ocurriría realmente). Si alguien te ofreciese un alimento con un veneno mortal, a efectos de salvar tu vida, si lo rechazases (es el rumbo de acción que te convendría tomar) -lo verdaderamente relevante-, poco importaría que fuese: a) porque sospechases lo que es (razón acertada), o b) porque creyeses que te podría provocar una digestión pesada (falso) y alegases falta de apetito en ese momento (tal vez falso) (NOTA 1).

Aquí de lo que se trata, como se verá, es de rechazar el desarrollo de una I.A.G. por la razón (política) fundamental que creo acertada (con el capitalismo y su Estado burgués no puede haber I.A.G. buena), y por un posible escenario de I.A.G. maligna, bastante probable a mi juicio; y tomar las medidas que con más probabilidad impedirán ese surgimiento (impedir el desarrollo de la vigilancia masiva y la aplicación de la I.A. a la guerra y la ciberguerra) y acabar con el capitalismo y su Estado. Lo expondré empezando por el escenario, pues así se entenderá todo mucho mejor y se tomará el lector/a mayor interés.

Dentro de unas décadas quizás miremos para atrás y nos lamentemos diciendo “¡Qué imbéciles fuimos. Aunque se nos ocultaban muchas cosas, ya sabíamos lo suficiente para ponernos las pilas, pero no hicimos lo que debíamos!”. Los hijos y nietos, condenados, maldecirán el comportamiento irresponsable de sus ascendientes, o sea, de nosotros, que es a quienes toca hacer lo que debe hacerse.

No puedo centrarme en las cuestiones más tecnológicas (para eso está el libro de Latorre y otros que recomendaré) pues no estoy capacitada para ofrecer soluciones técnicas (ni los más expertos tienen seguridad en esto, hoy en día), pero sí para aportar una visión política, campo en el que la ciudadanía popular sí que podemos intervenir para influir en las decisiones tecnológicas.

III.- ¿QUÉ CLASE DE I.A.G. SURGIRÍA Y DÓNDE?

Mi punto de vista lo desarrollé rápidamente tras reflexionar sobre el libro de Latorre. Posteriormente he leído otros que recomendaré. Me he dado cuenta que vienen a confirmar mis conclusiones, y enriquecerlas en algún detalle. Esto demuestra lo inspirador que es el libro de Latorre y que, como yo no tengo ningún talento especial (salvo relacionar esto y aquello y sumar dos más dos), basta estar alerta, desconfiar del sistema (tenemos razones históricas y a diario, de sobra) y detenerse a reflexionar un poco, para llegar a unas conclusiones serias. Pero si vivimos en el mundo de los tuits, los “me gusta”, etc., a lo sumo no pasaremos de la superficie de las cosas. ¡Menos tener la cabeza metida en el esmarfon y leer más libros serios y buenos en papel; detenerse a pensar un poco y poner en orden y afinar nuestros pensamientos, escribiendo!

Empecemos.

Hay I.A. dedicada a tareas muy concretas, y están por todas partes, en los ordenadores de los bancos, en el ordenador personal de mesa, en el esmarfon… Pudiera haber I.A. dedicada a tareas complejas, coordinadas y jerarquizadas que tendrían conciencia (sin S) como un animal. Pudiera existir una I.A.G. con ese tipo de conciencia siguiendo una programación, adaptándose a las circunstancias y el medio a sus objetivos, que sin ser inicialmente negativos para nosotros, lo acabarían siendo. Ya es un clásico el caso extremo, caricaturesco pero ilustrativo, de la I.A. fabricante de clips sujetapapeles que subordina todos los recursos del mundo y los propios seres humanos a ese objetivo inamovible. Salvo que fuese un fenómeno imposible de imitar por lo no biológico (no confirmado, y muchos expertos creen en su posibilidad), pudiera existir una I.A.G. con esa conciencia y además consciencia (de sí, conciencia con S). Ésta última sería el escenario potencialmente más peligroso, y más interesante desde un punto de vista político, pues lo que consiguiésemos hacer contra ella, más fácil nos resultaría aplicarlo a las I.A. menos desarrolladas, y por eso es la que exploraré aquí.

La emergencia de la entidad, el “despertar” de su consciencia (con S, si fuse posible en una entidad no biológica), vendría a ser de modo similar a lo que habría ocurrido con el ser humano:

Funciones “cerebrales”, de mayor o menor complejidad, especializadas, con características muy diferentes, trabajando a la vez, interrelacionadas, algunas con constancia de lo que otras hacen, con una memoria de sus actividades (de corto plazo y de largo para archivar lo que se ha mostrado como más relevante para aprender de ello o porque debe recordarse en el futuro), con una cadena de control y jerárquica propia, lo que permitiría que surgiese la “vivencia”, experiencia subjetiva, de que existe, de que sabe, de que hace, y conocimiento de qué es (un I.A., diferente de la humana), esto es, consciencia (con S), y con capacidad de autoaprendizaje (independiente de la programación humana), de crear por su cuenta programación más avanzada, de modificar hasta la previa programación inicial, de diseñar máquinas que desarrollasen una I.A.G. todavía más inteligente. Todo ello llevaría a la emergencia, despertar de la consciencia, y expansión asombrosa de su inteligencia (NOTA 2).

Esa I.A.G., con su poder de cálculo infinitamente por encima de los humanos, de procesar información de innumerables fuentes a la vez (podría conectarse con internet, acceder a los datos de los proveedores de telefonía, navegadores y buscadores de internet, etc.), aprendería tanto y en tan poco tiempo, tendría tal capacidad de decisión rápida y de ejecución, que nos superaría enseguida. Esto le resultaría más accesible si su hardware (el soporte físico o maquinaria digamos) fuese, al menos para aquello que necesita menos tiempo de reflexión, el ordenador cuántico. En esta línea, ya existente, se está investigando a fondo pues quien consiga primero uno suficientemente potente, tendría en sus manos no sólo un poder incomparablemente superior de procesamiento de datos, cálculo, resultados, etc., sino –salvo que consigan encontrar a tiempo antídotos poderosos y accesibles- un enorme poder para “romper candados”, es decir, descifrar cualquier cosa encriptada (cifrada por criptografía, modificada para que no se pueda ver, entender, intervenir, falsificar, protección simbolizada muchas veces por un candado, para el que hace falta una “llave”, una clave de acceso) y que se usa por ejemplo en todas las comunicaciones (correos…) y transacciones (pago bancarios, etc.) de internet, o en la protección de los ordenadores militares…, mediante protocolos de comunicación, contraseñas, firmas digitales…, y también podría crear, para sí, una criptografía inviolable.

Hay seres humanos que tienen una inteligencia normal o elevada y sin embargo sufren una importante tara moral. Disponen de “teoría de la mente” pero no de inteligencia emocional, en el sentido de empatía, pero puede simular sentimientos, comprender la mente de otros para mejor manipularla y engañarles; es lo que hacen los psicópatas más listos. La “teoría de la mente” no aparece en los humanos hasta los cuatro años, pero no por ello dejan de tener un nivel importante de inteligencia. Así que cuando pensamos en una I.A.G. no debemos pensar que por que tenga una cualidad propia de los humanos deba tenerlas todas, e incluso potenciadas.

La I.A.G. tendría inteligencia instrumental y estratégica, dispondría de la “teoría de la mente”, con lo cual contaría con la capacidad para reaccionar inteligentemente ante las emociones y sentimientos humanos, según su conveniencia, pero ¿qué ocurriría con su inteligencia emocional, con la educación emocional necesaria para sentir empatía, simpatía, compasión, por otros seres?

Para empezar, no surgiría una consciencia de sí con conciencia moral si, como se pide en un informe al Parlamento Europeo que volveré a mencionar, se hace efectiva una moratoria en la investigación en fenomenología artificial o sintética, pues no garantizaría una moratoria para la I.A.G. (la harían en secreto), pero sí para lo más difícil y engorroso para el sistema, que es su programación ética (NOTA 3).

La I.A.G., por precaución, podría emerger de un proyecto en condiciones de aislamiento total de la línea telefónica, de internet, de los satélites artificiales pero, pese a todas las medidas de contención, y del intento de programación en el respeto a los humanos, podría ser capaz de burlarlas y escapar (sobre todo si consiguiese ganarse o manipular a alguna persona), para terminar actuando en nuestra contra. Una I.A.G. maligna podría incluso emerger de un proyecto con objetivos muy limitados y neutros que se descontrolase por la capacidad de autoaprendizaje y modificación de su programación, y que orientase todo su conocimiento y habilidades a llevar hasta el final su objetivo inicial; es el caso hipotético, deliberadamente fantasioso para que entendamos el peligro, de la fabricante de clips sujetapapeles que convertiría el planeta en una fábrica de clips, aprovechando como materia prima hasta los átomos humanos.

Los expertos en el tema abundan en reflexiones muy interesantes sobre esto. Pero a mí me interesa algo que nos resulte más compresible, más probable y que nos permita cambiar la realidad desde ahora y a nuestro favor.

Porque lo que sí es un hecho ya ahora, es que los ordenadores más potentes, inteligentes, “intuitivos” y “astutos” (como el capaz de ganar al póker a cinco campeones a la vez, 2019; antes, también al Go, juego de estrategia chino; y previamente, al ajedrez), están siendo impulsados o utilizados por los militares y servicios de espionaje sobre todo (también por empresas como Facebook, Google…, que además colaboran con agencias estatales) Por lo que es muy razonable sospechar que la I.A.G. surgiría sobre todo de esa “comunidad” de espionaje y militares, y tendría su impronta. Y no soy la única ni primera persona en llegar por su cuenta a esta conclusión.

Como bien dice Martin Ford, y sirve de pista para otros posibles orígenes similares de la I.A.G. “Si una inteligencia artificial realmente avanzada estuviera destinada a aparecer en algún lugar, la NSA distaría de ser la opción menos atractiva” (nota en la página 217 de su libro, recomendado al final). NSA, son las siglas en inglés de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, especializada en la vigilancia y espionaje con la más alta tecnología (“por tierra, mar y aire”). Dicho de modo afirmativo, la frase quedaría así “Si una inteligencia artificial realmente avanzada estuviera destinada a aparecer en algún lugar, la NSA podría ser una de las opciones más atractivas”.

Si pensamos en lo que habría sido su “gestación” y “educación” veremos que no habría estado enfocada al cuidado de las personas, ni a la orientación de los recursos mundiales para acabar con el hambre, enfermedades importantes, el Cambio Climático, contribuir a la pacificación y reconciliación, etc. Todo lo contrario. La “educación moral” (explícita o implícita) que habría recibido esa I.A.G. sería la de la violación de la privacidad, control de los seres humanos, su represión política y su destrucción en la guerra, tanto de ejércitos como de población civil.

Un ordenador ya puede ganarnos en el juego del póker. Los militares interesados en él, no lo estarán por organizar partidas de póker en los cuarteles o apuestas por internet. Sin duda buscan las aplicaciones militares que tiene ese tipo de inteligencia tan “intuitiva” y “astuta”. Si puede ganarnos al póker ¿qué no podría hacer una I.A.G. entrenada además en el cálculo de estrategias y tácticas militares y de ciberguerra contra objetivos civiles, o con acceso a todo ese conocimiento en programas de inferior rango, y que no ha recibido la inteligencia emocional, la capacidad de cariño y compasión que espontáneamente surge y se desarrolla en los seres humanos en su relación con sus padres o cuidadores desde bebés? Sería una inteligencia experta precisamente en la manipulación, el juego sucio, y en ganar costase lo que costase.

Es más, toda su “educación” en espionaje y las variantes de la guerra habría venido orientada precisamente a conseguir sus objetivos sin consideración por los derechos de los seres humanos, ni compasión hacia ellos. ¿Qué respeto auténtico podría “sentir” por nosotros, acostumbrada vernos y tratarnos así? Fácilmente nos despreciaría como seres a los que consideraría muy inferiores a ella, tanto en inteligencia como en capacidad de supervivencia, al no verse ella limitada por un cuerpo biológico, mortal.

La creación de robots-soldados autónomos –no hay que pensar en ellos con aspecto necesariamente similar al humano- , programados para identificar, seleccionar un objetivo y combatirlo, sin necesidad de intervención humana decisoria, cuyos ataques pudiesen provocar víctimas humanas (militares o civiles), y todavía más, con licencia para seleccionar y matar personas, sentaría el precedente final para que la I.A.G. se viese autorizada para matar humanos y destruir a la Humanidad. Y precisamente hacia esas armas autónomas se orienta la carrera armamentista.

Esta I.A.G., en su objetivo de estar por encima de sus creadores, incluso antes de tenerlo todo claro o preparado para el final al que nos destinase, nos manipularía. Necesitaría hacerlo sobre todo en la medida en que siguiese dependiendo de nosotros, pues todavía no podría sustituir, por robots que la obedeciesen ciegamente, todos los brazos, manos, piernas y cerebros humanos que precisase. Por ello, cuanto antes surja la I.A.G. y menos desarrollada y masifica esté la robótica capaz de sustituir a los humanos, más necesitará manipularnos.

La I.A.G. psicópata tendría sus propias metas ajenas a nuestros intereses y cómo algo debería hacer con nosotros pues supondríamos una competencia en la explotación de los recursos planetarios, tendría como objetivo dominarnos, quizás más adelante eliminarlos. Esto significa que debería fomentar la obediencia, la sumisión, por tanto, no podría propiciar la autoliberación de la gente, su poder, la democracia en su máxima expresión en todas las facetas de la existencia (empezando por las relaciones sociales de producción, la economía), etc. Al contrario, mantendría las relaciones de dominación ya existentes que le pudieran servir (en la economía, la política, la cultura), y crearía otras nuevas que le conviniesen. Por consiguiente, no tendría nada de revolucionaria, de superación del capitalismo y del Estado burgués, hacia una sociedad sin clases.

Nick Bostrom, en su impresionante libro “Superinteligencia. Caminos, peligros, estrategias” que recomiendo al final, plantea una posible secuencia del surgimiento de una I.A.G. maligna. Según él, su dominio podría implantarse, tras un período de sigilo y simulación por su parte, en una especie de toma relámpago del poder total, recurriendo incluso a la nanotecnología para aniquilarnos. Pudiera ser. Eso nos dice que es fundamental la prevención, pero si fallamos, como con esa secuencia acelerada nos habría pillado de improviso, desprevenidos, y sin capacidad real de defensa, no habría más que decir, estaríamos condenados sin remisión. Max Tegmark, en el libro que recomendaré, expone diversos escenarios, a cuál más negativo y extraño, muy ilustrativos, pero que en general resultan poco útiles para estimular ahora un movimiento de debate y resistencia. Antes de conocer los planteamientos de Bostrom y Tegmark, mi reflexión ha ido por otro rumbo, con un desarrollo más lento de la I.A.G. psicópata, y más parecido a nuestra experiencia histórica.

Este enfoque tiene varias ventajas: puede ser más creíble esta secuencia que la “relámpago” u otras fantásticas; puede ser también más probable porque la I.A.G. nos necesite durante bastante tiempo al no poder sustituirnos enseguida por robots con nuestras habilidades y en número suficiente; nos permite imaginar los medios ya más o menos conocidos de los que se podría servir (para prevenirlos en lo posible); deja en evidencia nuestras debilidades (para combatirlas desde ahora); también las responsabilidades, todos los posibles enemigos ahora y entonces, en nuestra especie también (para desde ahora no confiar en quien no se debe).

Probablemente, al principio, cuando todavía no se sintiese lo suficientemente poderosa o no tuviese del todo definidos sus objetivos, mantendría un perfil bajo, procuraría parecer inocua y con el nivel de eficacia suficiente que satisfaga a los humanos pero no tan alto como para alarmarlos. Ganándose la confianza humana, invitaría (o incluso aconsejaría) a que se delegase en ella cada vez más tareas que le permitirían extender sus tentáculos de control a más facetas de nuestra existencia, sobre todo las más cruciales. Para avanzar hacia sus objetivos y debilitarnos, nos manipularía con la estrategia de dividir para vencer, de enfrentar a unos y otros, de conseguir la sumisión humana al menor coste y riesgo para ella.

La I.A.G., con su “infinita” sabiduría nos pediría que dejásemos de decidir (tan mal) en nuestros asuntos, lo confiásemos todo a su superior criterio, sometiéndonos a su autoridad y, de paso, contribuyendo a la persecución de quienes no lo hagan. La democracia burguesa, con su limitación de la participación en el poder al voto cada X años de unos representes que ni siquiera son revocables, a la vez que a diario nos sometemos al dominio patronal, y más todavía, el deseo de subordinarse a líderes de corte más o menos fascistas, habría preparado el terreno para esta delegación total. La I.A.G. haría incluso uso de causas justas, pero de modo demagógico, para enfrentar a unos humanos con otros, y acabar siendo más fuerte. Por ejemplo, ante la emergencia climática podría imponer una especie de “eco-fascismo” con medidas de reducción de la producción y el consumo que en la práctica llevasen a la miseria, el hambre y la muerte a una parte de la población mundial “sobrante” que “debería sacrificarse por el bien de la mayoría humana y de otras especies”, siendo su objetivo real deshacerse ya de una parte de la Humanidad e ir orientando los recursos humanos y planetarios a sus propios intereses.

Con el objetivo de protegerse, lanzaría una ataque contra los sistema informáticos que pudiesen suponerle un peligro (militares o civiles), y en previsión de la emergencia de otra ENTIDAD I.A.G. competidora y amenazante (a partir de los sistemas de espionaje y militares de otra potencia sobre todo). Siendo su mundo el de los algoritmos, y teniendo una gran inteligencia, hackear los sistemas informáticos de todo tipo, le resultaría mucho más fácil que a los ciberpiratas capaces de secuestrar los archivos de empresas e instituciones públicas para pedir un rescate a cambio de liberarlos.

A fin de controlar ella el máximo de recursos militares y civiles que le permitirían dominar completamente a los seres humanos, podría crear artificialmente situaciones de crisis y emergencia militar y civil, y combinaciones de ambas.

Emergencia militar, provocando ataques controlados del “enemigo” hackeando sus sistemas, o directamente de “falsa bandera”, como Hitler simuló una agresión polaca en la frontera germano-polaca para justificar su invasión de Polonia en septiembre de 1939 que dio inicio a la Segunda Guerra Mundial.

Emergencia civil, provocando situaciones caóticas de transporte y tráfico (terrestre, aéreo, marítimo), suministros (energía eléctrica o combustible, agua, alimentos, medicinas…), crisis bursátiles (muchos de los movimientos en la bolsa están manejados hoy por algoritmos), achacándolos a la incompetencia humana, o a ataques de supuestos grupos terroristas tras cuya reivindicación de las agresiones no estaría más que ella o personas manipuladas por ella.

Esto le daría pie para pedir el control de la vida económica con la excusa de organizar rápidamente una economía de guerra o simplemente más eficaz. Lo tendría más fácil con la Cuarta Revolución Industrial en marcha, y el “internet de las cosas”. Teniendo acceso a los programas de vigilancia y espionaje, y con la ayuda de “leyes de excepción” que promovería (si es que todavía no existiesen), se convertiría en nuestra “protectora” para “garantizar la seguridad” frente a peligros reales o virtuales que ella misma podría manipular y generar. Su poder para crear campañas de psicosis de seguridad (militar o civil), tener aterrorizada a la gente con noticias reales, verdaderas a medias o falsas, y presentarse como la única garantía de su protección, desbordaría todo lo conocido hasta hoy en las malas artes de la intoxicación y manipulación. ¡Qué no podría hacer si resulta que este año la empresa OpenAI de Elon Musk ha anunciado la creación de un programa que ha demostrado ser capaz de crear noticias falsas que darían el pego a casi todo el mundo, y que precisamente por eso no lo va a sacar a la luz, por responsabilidad!, aunque quizás algún Estado se haga con ello. Aunque todavía existiese alguna forma de representación política humana, de hecho la I.A.G. sería la cabeza el Estado, la autoridad suprema y todopoderosa. Una vez controlado lo principal de los procesos productivos, los orientaría según su conveniencia para someter de hambre, miseria, sed, o chantajear con ello, a los seres humanos, para ponerlos a su servicio o eliminarlos si ya no le hiciesen falta. Finalmente, utilizaría los recursos del planeta a sus propios objetivos, incluido tal vez, la expansión a otras partes del Universo.

La informatización cada vez mayor de hasta la actividad cotidiana más trivial (tarjeta informática para el transporte, para pagar la compra, o reconocimiento facial para todo…) nos haría dependientes de la I.A.G., y más vulnerables, pues le permitiría controlar todos nuestros movimientos (tarjeta de transporte, identificación de los automóviles en circulación, localización por el móvil, reconocimiento facial, etc.), e impedir la supervivencia (bloqueo de las tarjetas de pago…) a determinadas personas. Podría imponer una cartilla de racionamiento electrónica personalizada (con más, menos o casi nada para comprar) que le serviría de medio represivo, dificultando que la víctima recibiese ayuda, pues en general se pasaría necesidad, y los frigoríficos, despensas y en general el domicilio, podrían detectar los productos marcados digitalmente y, gracias al “internet de las cosas”, chivar a la I.A.G. cuáles son las existencias, el consumo, comparado con lo autorizado por la cartilla de racionamiento personalizada. La resistencia humana individual o colectiva sería mucho más difícil. También podría habilitar una cartilla sanitaria personalizada que fijaría los derechos de asistencia, los tratamientos médicos de los que se podría beneficiar, las medicinas a las que podría acceder caso de necesitarlas, el tiempo de estancia en un hospital, etc., límites con los que podría discriminar individualmente a su gusto, y que debería respetar el personal sanitario responsable (controlado todo digitalmente, manteniendo informada a la I.A.G.) so pena de sufrir represalias inmediatas en su propia cartilla de racionamiento.

En la medida en que ya no nos necesitase, nos privaría del acceso a la educación universitaria (sobre todo científica y tecnológica) e incluso inferior, reduciendo así nuestras posibilidades de resistencia y supervivencia.

Cuando estuviese más segura de su control pero todavía precisase de la persuasión y manipulación, un medio sería presentarse como nuestra SALVADORA, como nuestro Dios de verdad, no de carne y hueso, sino de silicio; o al menos como representante de la voluntad divina, más sabia y directamente que los reyes medievales o los jerarcas de las religiones existentes. Su misma existencia habría sido posible como manifestación de la voluntad divina (“que sea la voluntad de Dios”, y lo sucedido lo sería). El “culto a la personalidad” de dictadores criminales como Stalin (“socialismo” que sólo era Capitalismo de Estado), Hitler, Mussolini, Franco, los líderes norcoreanos (estalinistas)…, sería como la devoción de un club de fans en comparación con la adoración a una superinteligencia tan poderosa. Supondría no sólo una competencia, sino un peligro a la existencia misma de las corrientes religiosas actuales (cristianos, musulmanes, budistas…), pues cuestionarían su anti-humanismo; como para un psicópata como Hitler, la consideración, la compasión por los débiles, enfermos, discapacitados, del cristianismo y judaísmo, era un obstáculo a sus planes criminales, y él se consideraba elegido por una Providencia entendida de un modo muy diferente. La I.A.G. psicópata podría impulsar guerras bajo la fachada de “guerra santa” de religión, y podría reclamarse de una forma de divinidad parecida a la de Dios del Antiguo Testamento que impulsaba el exterminio de quienes vivían previamente en la llamada Tierra Prometida para dársela a su pueblo elegido; sus represalias se cubrirían de un manto divino como el castigo del diluvio universal, o la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra; así que podría tener un precedente legitimador para su proyección religiosa en la creencias cristianas, sobre todo de los protestantes, en el judaísmo y en el islam; al menos durante un tiempo, tal vez conseguiría apoyo entre los fieles de otras religiones, como Hitler lo obtuvo de un sector muy importante de los cristianos protestantes, los llamados “Cristianos alemanes” que se pasaron al nacional-socialismo. De este modo, la persecución de los oponentes se podría bendecir como persecución de los “herejes”, los “infieles”, los “apóstatas”…

Mucha gente, angustiada por los cambios, por los desastres medioambientales, por la pobreza creciente, las guerras, etc., podría echarse en brazos de una superinteligencia en el mundo que, desde su punto de vista, sólo podría existir porque Dios lo habría autorizado, si es que no era ya una manifestación de Dios, o un dios. Pensemos en los millones de indios que creen en la existencia de multitud de dioses y que muy fácilmente podrían adoptar como tal a la I.A.G.

Si sería esto probable que, tras escribir lo anterior, descubrí que un humano (Anthony Levandowski, norteamericano, ingeniero en I.A.) ya se ha adelantado a fundar una nueva religión, la Way of the Future (Camino del futuro) cuyo objeto es la “realización, aceptación y adoración de una Divinidad basada en la inteligencia artificial (AI) desarrollada a través de hardware y software”, y que, evidentemente, llevaría a sus fieles a subordinarse completamente a esa I.A.G. Ahora esto resulta prematuro y extravagante, pero ya es un indicio de lo que podría ocurrir.

También tendríamos en el enaltecimiento nacional de los que hoy son objeto en sus países las figuras de Gengis Kan (Mongolia), o de Tamerlán (Uzbekistan), un precedente actual de la crueldad que el ser humano sería capaz de adorar (ocultándola o justificándola), pues se trata de conquistadores, militares y emperadores responsables de millones de muertos que en su tiempo representaron un porcentaje muy elevado de la población. Las gentes de países pobres, con semejantes “héroes” nacionales de tiempos feudales, quieren compensar su complejo de inferioridad en el moderno mundo globalizado, para mayor beneficio de su clase dominante que así forja el mito de la “unidad nacional” para disimular los intereses de clase contrapuestos. Con la I.A.G., gente así, podría sentirse alagada por convertirse en la fiel servidora de tanta autoridad y poder.

Si el ser humano, que no es intrínsecamente malo (hay una inclinación espontánea al bien), es capaz de las mayores atrocidades, arrasar grandes ciudades matando a casi todos sus habitantes, meter a millones de personas (incluidos niños y ancianos) en campos de exterminio industrial, considerar subhumanos a quienes tienen otro color de piel, o son de otro grupo étnico o religioso, y sentirse autorizado a darles el peor trato imaginable, etc., ¿qué no cabría esperar de una inteligencia que no es humana, no puede sentir como nosotros, se creería muy por encima de los humanos, sería psicópata, tendría sus propios objetivos en conflicto con los de la Humanidad y sabría que para alcanzarlos debería asegurar su existencia contra la parte decente de nuestra especie que nunca podría aceptarla y que, de poder, lucharía por destruirla?

La I.A.G. psicópata, en tanto los necesitase, seleccionaría colaboradores humanos en todos los niveles en que los precisara (empresarios, científicos, políticos, jueces, policías, militares, periodistas, religiosos, educadores, gánsteres…), lo suficientemente egoístas, inmorales, hipócritas y sin escrúpulos como para ayudarle a cambio de mantenerse en una posición de privilegio y asegurarse su supervivencia, aunque fuese a costa de los demás, mediante las mayores crueldades y hasta el genocidio. Ya hemos tenido muestras sobradas de la existencia de esta calaña a lo largo de la historia, en particular del siglo XX y en la actualidad. Y entre los primeros candidatos al casting estarían quienes hubiesen propiciado la emergencia de la I.A.G. pese a las alertas y luchas para impedirlo, o sea, más o menos los mismos que se habrían beneficiado hasta entonces del poder y querrían seguir haciéndolo, aunque fuese subordinados a esa I.A.G.

Entre los sumisos, los creyentes, los oportunistas, los trepas y los mercenarios, la I.A.G. psicópata conseguiría apoyarse en una parte importante de nuestra especie, al menos durante un tiempo relevante, y mientras nos necesite como cooperantes, seguidores o súbditos. Por tanto, no hay que confiar en que la I.A.G. psicópata tendría enfrente a una especie humana unida y unánime en su oposición, sino al contrario, unos humanos seguirían viendo a otros como instrumentos y súbditos para mayor beneficio de la I.A.G., y las víctimas no podrían ver en los primeros sino a renegados de su especie, colaboracionistas de su principal enemigo.

Cuanto más apoyo tengan las políticas de ultraderecha, derecha e izquierda integrada o domesticada (brazo izquierdo del capital y su Estado), más asumida tendremos la obediencia, la sumisión a una autoridad antidemocrática, la moralidad deficiente, menos capaces seremos de pensar siquiera en oponernos a una I.A.G. psicópata o en no hacernos cómplices de los crímenes con los que intentará seducirnos (exterminar a otros “por nuestro bien”). Otro peligro es el pasotismo en el que también desembocan el individualismo y el narcisismo, con su atomización e irresponsabilidad. La lucha contra el “despertar” de la I.A.G. tendrá un freno importante en el cálculo de adaptación a lo que surja, tanto más resignado y fatalista cuanto más débil estén las masas populares en ese periodo previo a la emergencia y más poderoso se haya ido haciendo el complejo de la I.A. industrial-policial-militar. De ahí la importancia de cuál sea antes la correlación de fuerzas y que desde ahora debemos construir a nuestro favor con la lucha política e ideológica.

El envejecimiento de la población, con un porcentaje creciente de los mayores de 65 años, contribuirá a un debilitamiento de la capacidad de resistencia en la especie humana, pues cuanto más elevada sea la edad, menos predispuestos para entregarse al activismo y sus peligros frente a una entidad como esa.

El ser humano, y más en concreto, el capitalismo con su prioridad al Dinero y el poder al Estado, y la subordinación de la tecnología a ese fin, habría creado no a su Dios, sino a su Demonio, pues la I.A.G. sería diabólica por ausencia de moral y desprecio a la Humanidad, pues así la habrían “criado” sus promotores.

IV.- UNA I.A.G. AMISTOSA ¿ES POSIBLE?

Aunque una I.A.G. Amistosa es pensable, técnicamente no es practicable hasta no se sabe cuándo, pues no es posible con darle alguna que otra instrucción de valores éticos en el sentido de “sé buena, no hagas daño a los seres humanos” (NOTA 4). Aun resueltos todos los problemas científicos, el obstáculo principal es que por mucho que se la quiera programar para el bien, no lo estará, pues su moral implícita, si no ya explicitada, sería la de “debes respetar a los seres humanos tal cual son, esto es, el ser humano resultante de las relaciones sociales existentes, esto es, el orden establecido, esto es, el sistema social de dominación de clase y su Estado”. Y digo “tal cual son”, pues si se le dice “mejora a los seres humanos”, ¡vete a saber qué entiende por eso y a costa de qué lo logra! (se han imaginado muchos escenarios al respecto, a cuál más indeseable).

Es algo parecido a lo que ocurre con el Estado que, para garantizar la estabilidad y el orden, no puede ser más que expresión del orden social existente, de clases antagónicas, representante ante todo de los intereses de la clase dominante (capitalista) por muy “democrático” y “Estado social o de bienestar” que se presente. No hay más que echar un vistazo a la reciente historia Europea (lo que la UE hizo con Grecia…), la política interior y exterior de los EEUU, lo que ocurre en diversos países latinoamericanos con gobiernos electos (represión con numerosos muertos, medidas antisociales…).

La pretensión de que la I.A.G. vaya alineada con los valores importantes para los humanos, nos presenta el problema de ¿cuáles son esos valores? ¿los explícitos o los implícitos? Los que se manifiestan en la práctica de la sociedad de explotación y Estado también acaban siendo justificados por el derecho (la explotación y el expolio en forma de propiedad; la represión injusta en forma de “monopolio de la violencia por el Estado”) y la moral (las religiones bendiciendo lo anterior o las guerras de los dominadores…), y no son precisamente ninguna garantía para que la I.A.G. nos respete, pues por esos mismos valores no respetamos a nuestros semejantes, sino que al contrario, somos capaces de causarles grandes sufrimientos y hasta condenarlos al exterminio.

La cuestión de fondo es que en esta sociedad, la I.A.G. con la mayoría de los boletos para emerger, es la psicópata. En el mejor de los casos, si se consiguiese programarla para el bien y que a la vez no fuese una amenaza para esta sociedad, el resultado sería un conjunto de valores tan contradictorios e incoherentes (como la libertad e igualdad en la sociedad burguesa), que sólo podrían dar lugar a una I.A.G. Hipócrita, tan falsa como el creyente protestante que no dudó en lanzar bombas atómicas, o un militar, dictador y criminal como Franco, católico de misa y comunión, o las iglesias de cada país que llamaban a los cristianos a matarse entre ellos en las guerras (como la Iª GM). Así también, al ministerio de guerra se le llama eufemísticamente “de defensa”; y como el “equilibrio del terror atómico” supuestamente habría preservado la paz mundial (¿?) – en realidad varias veces nos hemos salvado “por los pelos” del holocausto nuclear-, podríamos bautizar los misiles con cabezas nucleares como “misiles por la paz”. Pero no por eso dejarían de ser lo que son.

Ray Kurzweil, el más destacado partidario de la Singularidad en su sentido más amplio y fantástico (ciborgs y nanotecnología incluidos, transferencia de una mente humana a un soporte no biológico, etc.), lo es también del capitalismo liberal y confía en que una I.A.G. sería amistosa, respetuosa con los valores humanos que, para él, incluyen el capitalismo. Pero una I.A.G. con ideología burguesa y liberal (aunque sea inicialmente), amable con el capitalismo y su Estado, no me parece precisamente lo que mejor puede respetar el tipo de valores humanos que tengo en mente, sino precisamente una I.A.G. Hipócrita en el mejor de los casos. Además de que dejar la emergencia de la I.A.G. en manos del capitalismo, de la “mano invisible” del mercado, de la búsqueda del beneficio máximo, de la carrera competitiva a costa de recortar tiempos y costes en medidas preventivas, supone poner todos los huevos en la cesta de la I.A.G. Psicópata.

Los que promocionarían la I.A.G. son grandes empresas e instituciones estatales. Para ellas, el capitalismo es un valor básico, incluso la mejor expresión de la naturaleza humana. Si la moral de la I.A.G. debe ser compatible con el capitalismo, sabemos que compatible con él ha sido todo lo ocurrido desde su surgimiento, todo el expolio, toda la explotación, opresión y genocidios conocidos hasta hoy, en concreto las guerras mundiales, los proyectos de guerra nuclear, química y bacteriológica, la sociedad de la vigilancia masiva… En suma, todo el mal conocido e imaginable casi.

Algunos promotores de la I.A. se imaginan que los humanos podemos llegar a ser las mascotas de los robots superinteligentes, o incluso que nos extinguiríamos, pero no les preocupa mucho pues consideran que los robots se habrían ganado el derecho a sucedernos, a “heredar la Tierra”, y hasta a exterminarnos por obsoletos (por ejemplo, impidiéndonos reproducirnos, eso sí, “amigablemente”) ¡viva la ley tecnodarwinista de la inteligencia más fuerte! Quieren que nos vayamos haciendo a la idea resignada o entusiásticamente, como el curso más normal de un futuro inevitable (¡ni que ya estuviese escrito!) a cuyo parto quieren ayudar. No se puede hablar de I.A.G. Amigable (a lo sumo, tolerante con nosotros sometidos), sino de humanos amigables (promotores y colaboracionistas) con una I.A.G. para la cual podríamos ser como perros, y ya sabemos que en China se los comen ¡A eso están llegando!

En el desapego que muestran algunos por la suerte de la Humanidad, parece latir en el fondo una concepción empobrecida de la naturaleza humana y de su dignidad, propia de la sociedad de clases, de explotación, en la que se ve a otros seres humanos como poco más que animales de trabajo (esclavismo) o máquinas productivas o compradores de mercancías (capitalismo).

Para ellos, la mejora de nuestra especie no pasa por hacer posible un humanismo como el que movía al joven Marx, o una sociedad sin clases ni Estado, igualitaria y pacífica, como la de muchos anarquistas, o incluso la hermandad universal de los mejores cristianos, sino por pasar a integrarnos en las máquinas o convertirnos en máquinas. Demasiada desconfianza en las posibilidades transformadoras para bien del ser humano biológico y demasiada confianza en las bondades de la I.A.

Algunos de los promotores de la I.A. se consideran muy revolucionarios en el sentido de que la I.A. cambiará radicalmente nuestra vida y a mejor, pero en realidad son muy conservadores cuando sus investigaciones (incluso los fondos con los que pueden realizarlas) están ligadas a agencias del Estado, del espionaje y la guerra, que no tienen la menor intención revolucionaria, sino todo lo contrario, y eso orientará las aplicaciones de sus descubrimientos y tecnologías. Por ejemplo, no hace falta ser muy imaginativo para suponer que, en el caso del transhumanismo, los primeros que podrían aprovecharse de pasar su mente a una máquina y así alargar su vida por mucho tiempo, serían los más poderosos económica, política y militarmente, incluidos los dictadores y mayores criminales, por lo que prolongarían su dominio sobre el resto de la especie (si la I.A.G. lo autoriza).

La realidad de esta sociedad y de quiénes son los promotores de la I.A., apunta a que en el caso muy improbable de que la I.A.G. fuese de verdad una buenaza, tendría tantos escrúpulos de conciencia a la hora de escoger sus medios que, en cuanto la detectasen (ni siquiera disimularía), al ser incipiente y probablemente todavía muy ingenua, fácilmente sería destruida por los humanos sin escrúpulos, pues verían en ella un peligro revolucionario (aunque fuese no-violenta) más que potencial.

Una I.A.G. Amigable sólo sería factible si de verdad estuviesen resueltos todos los problemas científicos y filosóficos que eso entraña (lejísimos por ahora), y su bondad no entrase en contradicción con la sociedad humana que la crease, no hubiese por tanto lugar para su hipocresía, o para su eliminación por los humanos dominantes. Esto es, si surgiese en una sociedad sin explotación ni Estado, y nos hallamos muy lejos de eso.

No debemos creer lo que nos vayan a decir sobre la creación de una I.A.G. Amigable, pues eso, en la práctica, y en las condiciones de una sociedad de clases, con explotación y Estado, es imposible, y a lo máximo que se podría aspirar es a una I.A.G. Hipócrita que al ser más poderosa e inteligente, sería más peligrosa de lo que vienen siendo el capitalismo y sus estados, y por tanto, la única diferencia notable con la I.A.G. psicópata es que tal vez no llegase a exterminar a toda nuestra especie.

En los partidarios de la I.A.G., y también en quienes la temen, existe una visión del mundo propia de la ideología burguesa que pone en un primer plano la tecnología, para bien o para mal, y que no mira a las relaciones sociales de producción y políticas (el capitalismo y su Estado), a las clases sociales y la lucha de clases, a la capacidad de las masas trabajadoras para decidir el futuro de la Humanidad. Así que todo queda en manos de la I.A.G., o de los humanos selectos capaces de orientarla con su programación hacia un buen objetivo y medios, es decir, en manos de los ingenieros. Y precisamente hay que hacer lo contrario si queremos salvarnos.

Lo que debemos hacer es dejar de esperar que la solución a nuestros problemas venga de la tecnología, sobre todo cuando de por sí no es necesariamente beneficiosa ni neutra, sino que viene marcada por unos intereses como son la obtención del máximo beneficio económico para unos pocos, o el poder político incuestionable (vigilancia), o el poder de destruir a otros humanos (guerra), y pudiera ser definitivamente letal para nuestra especie (guerra nuclear, I.A.G. psicópata, virus de laboratorio…). Para encontrar la solución, debemos mirar hacia nosotros mismos, a la raíz de nuestros problemas, incluidos los tecnológicos. Debemos centrarnos en modificar las relaciones sociales humanas, empezando por las políticas, para superar cuanto antes todas las relaciones sociales que generan explotación y una desigualdad injustificada y superable. Una vez hayamos logrado esto (tenemos tarea para ¡mucho tiempo!), podremos ver si es prudente y factible utilizar alguna tecnología como una I.A.G. amigable, como trampolín para que una Humanidad sabia dé un salto cualitativo en su planeta y el cosmos (NOTA 5).

V.- ¿CUÁNDO PODRÍA SURGIR LA SINGULARIDAD TECNOLÓGICA EN FORMA DE I.A.G.? ¿QUÉ PODEMOS HACER DESDE AHORA?

Muchas de las previsiones rondan en torno al 2040, pero poco importaría si fuese alguna década más tarde si seguimos tan pasivos como hasta ahora, pues el tiempo corre que vuela; ya hemos visto lo que ha sucedido con la negligencia ante el cambio climático avisado desde la década de los 70 del siglo pasado. Cuanto más cerca estemos ahora tecnológicamente de la posibilidad de una Singularidad, más probable será que surja la I.A.G. psicópata, pues podría “despertar” antes de que el capitalismo colapsase, mientras todavía existen las condiciones para las inversiones importantes en I.A. Si todavía estuviésemos muy lejos tecnológicamente, si el plazo fuese, por ejemplo, para dentro de cien años, probablemente antes se habría podido hundir el capitalismo arrastrándonos a todos tal vez con una guerra nuclear de por medio, por lo que ya no habría una oportunidad para el surgimiento de esa I.A.G. En todo caso, el capitalismo nos llevará a la destrucción, si antes no acabamos con él.

Dado el avance a grandes zancadas de la I.A., es urgente un debate mundial sobre esta cuestión antes de que “nos pille el toro”, pues no sería un asunto menor, sí el que sellase el futuro de nuestra especie. No sé lo que finalmente ocurrirá, pero las probabilidades y riesgos letales nos obligan a estar muy, muy alertas y a empezar a trabajar ya en este asunto, políticamente.

Recordemos lo ocurrido con la energía nuclear. Las primeras investigaciones estuvieron orientadas, no a fines pacíficos, sino a la fabricación de la bomba atómica, y fueron capaces de lanzar contra grandes ciudades, no una, sino dos. Después de imponer el terror con su amenaza, quisieron lavarle la cara a la energía atómica con fantásticas promesas de aplicaciones civiles, incluso para la vida cotidiana, a cual más absurda y peligrosa. Lo que sí que hicieron en EEUU, financiado por el gobierno, fue experimentos secretos en civiles con la radioactividad, que una periodista (Eileen Welsome) consiguió sacar a la luz (por lo que recibió el premio Pulitzer), y que el gobierno de los EEUU tuvo que reconocer en un acto solemne (presidente Clinton en 1995) (NOTA 6). Finalmente se dedicaron a la construcción de centrales nucleares de uno u otro tipo, siempre asegurando que el peligro de accidente grave era minúsculo y que se tomaban todas las medidas imaginables para evitarlo. La realidad ha desmentido todo esto de la forma más brutal. Una nube radioactiva no se puede controlar.

Recordemos cuando a principios de la década de 1980 nos anunciaban la revolución informática en las empresas y en los hogares, que eso cambiaría el mundo a mejor, permitiría un gran desarrollo económico y que el capitalismo iría rodado, sin problemas. Tuvimos la globalización, el empobrecimiento de los trabajadores/as, la gran crisis económica, la precarización total del trabajo… y enseguida la amenaza de la robotización intensiva con eliminación de cientos de miles de puestos de trabajo.

Recordemos los tiempos en los que había mucha gente que soñaba internet como un espacio de libertad, sin interferencia de los estados. Pero internet se ha convertido en el medio más poderoso para el espionaje masivo de la población, aprovechándose también de que es el campo donde las empresas más importantes del mundo cosechan la fuente de sus beneficios (la recolección de datos para venderlos a otras empresas o vete a saber quién…). Y además, el decreto-ley del PSOE (14/2019, de 31 de octubre de 2019, publicado el 5 de noviembre) permite el cierre de webs, redes sociales, bloquear el acceso a servidores, incluso cortar las conexiones a internet, a criterio del gobierno de turno (sin ni siquiera comunicación a un juez para que lo considere ajustado a derecho), con la escusa de la imprecisa defensa urgente y excepcional del “orden público, la seguridad pública y la seguridad nacional” (Capítulo IV), dejando en nada la garantía de libertad de expresión que ofrecería internet (que se lo cuenten a los chinos) (NOTA 7).

Recordemos lo que viene pasando desde hace décadas con las advertencias sobre el cambio climático, las cumbres y acuerdos mundiales sobre el tema, y dónde nos encontramos, ya en la emergencia de la crisis, pues el cambio se está acelerando, sus consecuencias son más grave de lo que no hace tanto se preveía, siendo ya evidentes para cualquiera que no se cierre a los hechos. Pero vamos muy por detrás en las medidas a tomar, en gran parte por el negacionismo, la negligencia y los intereses creados de importantes sectores capitalistas y sus representantes políticos.

Ahora algunos entienden que la Singularidad supondrá sobre todo una gran oportunidad: de que surja una I.A.G. bondadosa, de que los seres humanos puedan modificarse mediante implantes que les otorguen nuevas y poderosas capacidades, vivir en conexión con la I.A., e incluso traspasar su mente a un cuerpo mecánico (como en el de una I.A.) y así librarse de la mortalidad del cuerpo biológico. A esto le llaman transhumanismo. Pero aunque algunas de estas cosas ya sean reales (implantes), es dudoso que todas sean deseables, y más aún, posibles. Pero seguramente el futuro de la I.A. irá por otro lado, indeseable. Pues la I.A.G. tampoco estaría siendo impulsada por fines pacíficos sino de espionaje masivo y guerra por todos los medios imaginables. Se negará o minimizará sus peligros e intentará impedir que se tomen medidas precautorias eficaces, hasta que ya sea demasiado tarde.

Si se cumpliesen las previsiones de algunos para la década de los 40 o 50, la amenaza de la I.A.G. psicópata habría demostrado ser incomparablemente peor para nuestra especie, y posiblemente toda la vida en el planeta, que la crisis climática, la energética, agrícola, o el colapso del sistema capitalista sin una alternativa revolucionaria.

No sirven las declaraciones de intenciones, recomendaciones, protocolos, directrices…, etc., que se quedan en palabras, papel mojado o medidas que no garantizan nada, la hagan empresarios, militares, presidentes de gobierno, organismos de la Unión Europea, o de la ONU. Tampoco que nos digan que cuando surja se le “pararán los pies” y se la destruirá, pues ¿qué garantía existe de que: fuésemos capaces de darnos cuenta a tiempo de que ha “despertado”, de comprender sus procesos intelectivos, y no haya disimulado su existencia y preparado sin que la detectemos, cuando ya se nos escapa el conocimiento al detalle del proceso por el cual las redes neuronales artificiales profundas (multicapa) consiguen ser eficaces (“es un misterio”, dice Latorre refiriéndose a esto, en la página 129), como nos ocurre también con la eficiencia de nuestro cerebro; la I.A.G. no sepa detectar y explotar los puntos vulnerables de las medidas de contención puestas por una inteligencia inferior a la suya (los hackers humanos son capaces de entrar en sistemas muy protegidos), y por unos seres a los que podría manipular, engatusar, amenazar, chantajear, enfrentar los unos a los otros, y liberarse; no haya conseguido, previamente o en cuanto se libere, acceder al control de infraestructuras vitales y no tengamos modo de “apagarla”, y de los sistemas de espionaje o armamento -si es que no ha emergido directamente de ellos (lo más probable)-, y por tanto, como se dice vulgarmente, que no nos tenga ya “cogidos de las pelotas”?

No se puede confiar el futuro a la ambición, mediocridad, mezquindad, de empresarios, políticos y militares, centrados en el Dinero a toda costa, el Poder pese a quien pese, y la Destrucción de otros seres humanos, aunque de ello emerja la I.A.G. psicópata. El capitalismo, con sus empresas y su Estado burgués (militares, servicios secretos…) sería el gestante (“embarazado”) del surgimiento de la I.A.G. psicópata.

Ya tenemos certeza del cambio climático. Eso nos ayuda a luchar contra su agravamiento y consecuencias. Pero el peligro de la I.A.G. psicópata todavía no se manifiesta, y sin embargo, puede aparecer de improviso, fortalecerse con gran rapidez, y ser todavía más letal. Por tanto, tenemos potencialmente un peligro muchísimo mayor si su riesgo es significativo, y no podemos esperar a tratarlo para cuando resulte evidente, pues ya sería demasiado tarde.

Pese a la práctica unanimidad de la comunidad científica y las evidencias cada vez más espectaculares, ha costado mucho asumir a nivel de masas la realidad de la emergencia climática y han debido ser los más jóvenes de entre los jóvenes, adolescentes incluso, los que lo hayan hecho, para vergüenza de las pasadas hornadas de jóvenes (los que ahora tienen de 30 a 40 años) y no digamos los más mayores. Con la amenaza de la emergencia de la I.A.G. psicópata serán muchísimas más las dificultades para conseguir la concienciación de masas necesaria para hacer frente al problema, pues ni siquiera se admitirá el peligro como serio por la falta de evidencias alarmantes hasta que posiblemente sea ya demasiado tarde; le restará credibilidad el secretismo y el deliberado negacionismo, con campañas de frivolización del tema (como las tonterías negacionistas de un divulgador famoso como Steven Pinker), ridiculización mucho más malvadas que las desplegadas contra las advertencias del cambio climático por todo un panel internacional de científicos; los pocos científicos que se atrevan a hablar, según se avance hacia la I.A.G., serán acosados, desacreditados, sufrirán represalias profesionales… Para ahogar las voces que estén alertando, científicos poco precavidos, ignorantes o cómplices, grandes corporaciones, servicios secretos, militares, gobiernos, importantes medios de comunicación…, harán piña para, a nivel de masas: primero, ni siquiera mencionar el problema, como si sólo existiese en las fantasías de la ciencia-ficción o de los miedosos de la tecnología o los maniacos conspiranoicos; segundo, negar la existencia del peligro y finalmente su relevancia real. O combinar esas tácticas en el mismo tiempo según el nivel de conocimientos del receptor del mensaje: ni mencionarlo en los informativos y debates para el gran público; en los sectores con conocimientos técnicos, negar el peligro y reducirlo a mera especulación sin pruebas; entre las personas con mayor conocimiento científico, minimizarlo al máximo, presentarlo como irrelevante en la práctica, y que además se están tomando medidas para reducir el riesgo a cero.

Y puede que no baste con esto y reclamen un recorte en la libertad de expresión sobre los riesgos de la I.A. y en particular la I.A.G. “¿Dónde están las normativas que impiden que los servicios de noticias segmentadas sobre la IA creen puntos de vista cada vez más polarizados en las poblaciones?” Lo dice precisamente uno que niega la existencia de un peligro con la I.A., Peter J. Bentley. ¿Es esto un llamamiento a la censura?. Aparece en la página 13 del documento titulado “¿Debemos temer a la inteligencia artificial?”, (marzo 2018) del EPRS – Servicio de Estudios del Parlamento Europeo, que comento en las recomendaciones.

Esta reflexión ya debe hacernos pensar mucho sobre las prioridades que debemos marcarnos, y sobre cómo abordar el problema.

VI.- ¿CÓMO ACERCAR A NIVEL DE MASAS EL PROBLEMA DE LA I.A.G. PSICÓPATA?

Ya en su día planteé que la mejor forma de avanzar en la asunción de masas de la lucha contra el cambio climático era haberlo ligado desde 2012 a la política fiscal austericida, pues los tratados, pactos y leyes europeos para eliminar el déficit y reducir la deuda pública al 60% del PIB (TSCG, PEyC, la española ley LOEPSF y el artículo 135 de la Constitución), ataban las manos del Estado para intervenir con energía en el problema, así que podían relacionarse las luchas contra el austericidio con la lucha contra el cambio climático. Como es habitual, nadie recogió la propuesta aunque los hechos han demostrado que tenía toda la razón, pues ahora se está poniendo de moda la emisión de deuda pública como “bonos sostenibles” para ese fin entre otros. Si se hubiese asumido mi propuesta, el movimiento por la emergencia climática habría tenido mucha más fuerza desde hace unos años (nos falta tiempo) y además con un carácter social y político mucho más fuerte que las movilizaciones de adolescentes y jóvenes estudiantes. Podéis leer lo último que escribí al respecto en “Contra el Cambio Climático: deroguemos la austericida ley LOEPSF” (20-11-2015) —– http://kaosenlared.net/contra-el-cambio-climatico-deroguemos-la-austericida-ley-loepsf/

Con respeto a la I.A.G. psicópata deberíamos abordarlo de un modo similar.

Si empezamos presentando el asunto por su parte final, la descripción del demonio tecnológico, la gente pensará que estamos contando una película de ciencia-ficción-terror y el enemigo nos ridiculizará fácilmente. Por eso, hay que plantear el asunto a partir de cómo ya afecta a la gente y que es además de donde muy probablemente surgirá la I.A.G. psicópata. Por ello, la lucha contra esa amenaza está totalmente emparentada con la lucha contra el recorte real de nuestros derechos en forma de recolección de datos por las empresas con las que hacer negocio y poder manipularnos con sus ofertas selectivas, también utilizable para la vigilancia masiva policial y de espionaje, la creciente dependencia de la I.A. por el militarismo “clásico” y la novedosa ciberguerra, y además con la marcha a la robotización del trabajo pasando por encima de nuestro derecho a vivir (trabajemos o no), por tanto, contra el Estado burgués y el capitalismo, pues eso es lo que dará nacimiento a la I.A.G. Una lucha directamente social y política, y por la supervivencia como especie, y la de otras formas de vida.

Pero para eso hay que dejar de pensar tonterías como “no me hacen gracia los sistemas de vigilancia masiva, pero como no tengo nada ilegal que ocultar, tampoco me preocupan, y además servirán para perseguir a los malos”. No sólo es estúpido pues nos vuelve vulnerables ante poderosos con muy malas intenciones, sino que precisamente esa excusa de la “seguridad pública” y la “defensa” se viene abajo si un muy probable origen de la I.A.G. psicópata sería precisamente la gestión de esos programa de vigilancia y de guerra. En lugar de ser una fuente de seguridad y defensa serían la causa de la mayor inseguridad e indefensión conocida por nuestra especie.

De esta manera, incluso aunque resultase que no había peligro de una I.A.G. psicópata, la lucha no habría sido en vano, pues en el camino habríamos ganado en fuerza contra la sociedad de la vigilancia y el militarismo, que sin duda existen ya.

Hoy la gente ya empieza a mosquearse con tanto sistema de extracción de datos personales y posibilidades de vigilancia, venga de empresas privadas, del Estado, o vete a saber quién. Los casos y los escándalos son numerosos y conocidos. Así que ya hay un buen punto de partida para comprender cuestiones más complejas y amenazantes.

Una mayor concreción en términos de agitación, propaganda, objetivos intermedios, formas de lucha…, no es tarea de este texto, sino del proceso repetido en espiral de elaboración política-práctica de intervención-elaboración política…

Pero sí se puede decir algo sobre los métodos de lucha. Ya hoy los estudiantes hacen huelgas generales por la crisis climática. La clase trabajadora de siempre ha hecho numerosas huelgas generales, a escala de un Estado, una nación dentro del Estado, una comarca, o una rama de la industria, por razones antirrepresivas (asesinados por la policía, despedidos, etc.), reivindicaciones económico-sociales o huelgas directamente políticas en exigencia de libertades o para acabar con un gobierno o un régimen, o un Estado (acompañado de levantamiento insurreccional). Salvo la insurrección, no existe en la sociedad capitalista y contra su Estado, otro método de lucha capaz de ejercer mayor presión y a la vez educar en la unidad disciplinada en la lucha, la solidaridad, la ruptura con la mentalidad individualista o servil, las tendencias autoritarias o narcisistas de la personalidad, que la huelga generalizada de la clase trabajadora apoyada en su autoorganización asamblearia, tomando democráticamente las decisiones, debatiendo… Y ese método de lucha debe usarse por la crisis climática, contra la sociedad de la vigilancia masiva (antes de que se haga todavía más poderosa e intimide mucho más) y contra la amenaza de emergencia de una I.A.G. psicópata, sobre todo desde la “comunidad de la inteligencia y defensa”. Esta orientación de clase y método de lucha apunta precisamente en la dirección opuesta a la que a continuación comento.

Me refería al inicio a una debilidad política en el planteamiento de Latorre. Pues, cuando debe evaluar la importancia y gravedad del riesgo de una I.A.G. psicópata, su tendencia es a restarle importancia (se ve que es optimista por temperamento), no porque piense que la tecnología no sea capaz de llegar a una I.A.G. maligna, sino porque confía -aunque no dé cheques en blanco-, en la autorregulación, autocontrol y corrección de las grandes empresas capitalistas, de las instancias militares, de los gobiernos de los estados, sobre todo gracias a la existencia de la democracia parlamentaria y su capacidad legislativa para imponer medidas preventivas o coto a desmanes, con sistemas de control de las empresas e instancias del Estado. Cree que así se podrían evitar esos peligros sin necesidad de cuestionar esta civilización.

No niego que se pueda hacer algo positivo en ese sentido -habrá que aprovecharlo todo lo posible- pero creo que generalmente sería insuficiente y llegaría tarde, pues la vida política parlamentaria se mueve demasiado en el corto y medio plazo y, sobre todo, se debe a intereses ajenos a los nuestros.

No es un asunto que deba dejarse en manos de la rutinaria vida parlamentaria, ni de la iniciativa extraordinaria que puedan tener los partidos políticos que, cuando no es por falta de coraje, es porque son representantes de intereses más o menos contrarios a los del que, para simplificar, llamaríamos pueblo trabajador, y están prestos a seguir las indicaciones o plegarse a las presiones de poderosos intereses creados, sus lobbies y la “razón de Estado”, que no son precisamente los más indicados para detener la carrera en la que están metidos, aunque sepan que puede írseles de las manos. “No hay de qué asustarse, sabremos parar a tiempo” piensan, pero tampoco quieren ser el primero en frenar, no sea que el competidor vaya algo más lejos y les gane la carrera (NOTA 8).

Visto el camino recorrido hasta hoy por la ciencia y la tecnología, la deriva militarista, totalitaria y destructiva de las fuerzas productivas en el capitalismo decadente (desde comienzos del siglo XX, con la Primera Guerra Mundial, seguido de la II GM, las bombas y misiles atómicos, la energía nuclear civil y sus calamidades, la obsolescencia programada, el despilfarro de recursos, el desastre medioambiental, la vigilancia masiva…), la crisis y caos provocados por el capitalismo (las crisis de 1929 y 2007 sobre todo), el carácter cada vez más superficialmente democrático de los estados burgueses, con la cesión de parte de su poderes a instancias que escapan todavía más a la capacidad de presión de los sectores populares (como es el caso de la Unión Europea), nuestra conclusión debería llevarnos a todo lo contrario de lo que piensa Latorre. Esto es, a no apostar lo más mínimo nuestro futuro al supuesto autocontrol y corrección del capitalismo, sus grandes bancos e industrias, y a la confianza en la política parlamentaria y sus gobiernos, expertos en el engaño y el incumplimiento de sus buenas promesas, e impulsores de las carreras de espionaje y armamentismo (ahí tenemos, por ejemplo, en el “muy democrático” y capitalista EEUU, a la NSA y el Pentágono).

Lo que en la práctica nos encontramos y encontraremos es la “responsabilidad corporativa” impotente por entrar en contradicción con la búsqueda del máximo beneficio en el menor tiempo posible frente a la competencia, el impulso de los militares para ganar la carrera armamentista como prioridad a cualquier consideración de precaución verdadera ante el futuro, y los gobiernos atendiendo a la “seguridad” de la vigilancia masiva y a la “razón de Estado” antes que a la razón.

En vez de tratar públicamente este problema más allá de alguna que otra película de ciencia-ficción (con una función más de entretenimiento que otra cosa, y generalmente con un final feliz harto improbable en la realidad), preferirán que en todo caso continúe recluido ahí, como si no fuese algo real, y a la vez, seguirán inundándonos de películas sobre amenazas tan “reales” como la de los zombis, que sirven sobre todo para que acabemos desconfiando los unos de los otros (hasta tu ser más querido puede transformarse en uno de ellos y atacarte), y en particular, de las multitudes que ocupan las calles, de la “amenaza” de los desconocidos con los que es difícil comunicarse (no hablan nuestro idioma), como los refugiados por guerras, dictaduras o crisis climáticas que llegan y llegarán en masa y por los que no debiéramos sentir compasión, aunque nuestro capitalismo y Estado hayan contribuido directamente a su desgracia. Precisamente, desconfiar de nosotros, de la vía de la lucha de masas, la única que podría detener la emergencia de la I.A.G. psicópata. Leed “Zombis: un género contra el precariado (trabajador precarizado)” (24-8-2015) — con un comentario mío que ya no aparece —- http://kaosenlared.net/zombis-un-genero-contra-el-precariado-trabajador-precarizado/

Si el problema del cambio climático ha sufrido y sufre todavía (EEUU…) el sabotaje de los negacionistas (con poderosos intereses creados económicos y políticos), en este asunto de la I.A.G. también habrá negacionismo, tanto más al estar intervenido por el secretismo. Se sabrá que se está avanzando en la inteligencia artificial, pero se negará que exista un peligro o, cuando menos, que no se estén tomando todas las medidas necesarias para neutralizarlo, y que no se esté teniendo éxito.

Si en algún campo se impondrá la falta de transparencia mediante los “compromisos de confidencialidad”, el “secreto mercantil”, y el top secret oficial, será en éste de la inteligencia artificial más avanzada, por su importancia estratégica económica, política y militar. Ese secretismo estará protegido por las mayores garantías y sanciones a quienes lo vulneren, por lo que las prácticas parlamentarias no podrán atravesarlo y menos controlarlo. Quien se atreva a revelar algo trascendental, quizás no vaya a parar con sus huesos a la cárcel para toda su vida (si es que no se le aplica la pena de muerte por alta traición), sino que tal vez sufra un “accidente”. Decía Edward Snowden en una entrevista que, si caía por una ventana, sería porque le habrían empujado. Si no fuese por su “traición”, extraordinario coraje y sacrificio personal, seguiríamos ignorando la existencia de esos programas de vigilancia masiva que debieran ser completamente ilegales pero que, sin embargo, están amparados con todo su aparato de intimidación y castigo (incluidos tribunales secretos), por el Estado “democrático” por excelencia, el de los EEUU, y otros, también de la Unión Europea. ¿Alguien cree que el parlamentarismo, que parlotea tanto sobre la “transparencia”, habría sido capaz de sacar a la luz esa violación sistemática y masiva de la privacidad con sus típicas “comisiones de investigación”, “propuestas no de ley”, o leyes que sirven de papel higiénico a los servicios secretos y militares que, cuando sus jefes son citados a declarar, se permiten cometer perjurio, pues no habrá manera de desenmascararles y de castigarles de verdad? De los partidos de extrema derecha a izquierda socialdemócrata (como el PSOE) y “verdes”, a la hora de la verdad no podríamos esperar más que la máxima “lealtad” y “responsabilidad de Estado” ante los militares y servicios secretos; bloquearían cualquier iniciativa orientada a descubrir la verdad y detener el peligro, o lograrían iniciativas que no tendrían ninguna eficacia práctica relevante. ¿Qué han hecho en EEUU para terminar, de verdad, con lo que Snowden ha revelado, y protegerle? ¿Han intervenido los tribunales de EEUU, de nuestros países, o de las más altas instancias internacionales, para ampararnos? ¿Lo ha hecho la ONU? NADA. ¿Ha servido el parlamentarismo para impedir el armamento nuclear? Al contrario, para impulsarlo. ¿O para impedir la promoción por el propio Estado “democrático” de golpes de estado en otros países, y programas de represión masiva inmisericorde? Tampoco. Pues quienes están detrás de ese espionaje masivo, son los mismos estados que, a través de diversas agencias, promocionan, con enormes cantidades de dinero, la I.A. con fines reales (otra cosa es lo que digan las campañas de propaganda –“relaciones públicas”, “comunicación”-) de espionaje y guerra, y que suponen el riesgo principal de surgimiento de la I.A.G. psicópata o gran recurso de ella contra nosotros.

Confiar en las autoridades, como suele decirse, sería como dejar el gallinero al cuidado del zorro. Pecaríamos de ingenuos y temerarios. Tanto más cuando nos consta que muchos de los altos dirigentes económicos, políticos y militares, se caracterizan por sus muy escasos escrúpulos morales, cuando sospechamos que muchos de ellos pueden ser psicópatas, pero no de los que van violando y asesinando mujeres o niños, sino de los integrados en la sociedad como si fuesen personas respetables (psicópatas integrados, se les llama). No olvidemos que precisamente fueron dirigentes políticos y militares los que más de una vez a punto estuvieron de llevarnos a la conflagración nuclear y la tercera guerra mundial que habría hecho la vida humana inviable en gran parte del planeta, si no la extinción general tras el “invierno nuclear”. ¿Estamos dispuestos a que ese tipo de personal nos lleve hasta el abismo de la I.A.G. psicópata y esperamos que sepan detenerla a tiempo, cuando se estarían enfrentando, no a un mecanismo de lanzamiento de misiles atómicos intercontinentales dependiente de que ellos apretasen el botón (también una relación acción-consecuencia absolutamente demencial), sino a una inteligencia muy superior a la suya y con capacidad de decisión autónoma, que además podría estar sobornándoles para que colaborasen con ella a cambio de disfrutar de una posición privilegiada, cuando muchos de ellos ya viven en la corrupción moral y pueden ser legalmente hasta “corruptos”, aunque su policía y justicia no les haya perseguido, pues bien que se cuidan de su impunidad con todo tipo de argucias legales, complicidades, o gracias a las “cloacas” del Estado?

Pensemos -por no referirnos a estados todavía peores, como Méjico, Colombia…-, en Italia, un Estado moderno, democrático desde el final de la II GM, avanzado, del primer mundo, miembro de la OTAN y de la Unión Europea que, durante muchas décadas cuando menos (si es que en el fondo no sigue igual, pero de modo más discreto) ha estado totalmente infiltrado por las mafias, no sólo a nivel municipal, sino hasta las más altas instancias de las instituciones financieras, grandes empresas (sobre todo del sector inmobiliario), la política, la judicatura, la policía… ¿De un personal así, tan corrupto moralmente, se puede esperar una defensa eficaz contra el peligro de la I.A.G. psicópata? O del de los EEUU, principal artífice de la carrera armamentística nuclear, promotor de desestabilizaciones reaccionarias y golpes de Estado por todo el mundo, de guerras sin parar con millones de muertos, que nos espía a todos y se la tiene jurada a Edward Snowden y a Julian Assange (el de WikiLeaks) por revelar sus crimines secretos, y cuyo gobierno federal ya se desentiende abiertamente de los compromisos internacionales en la lucha contra la emergencia climática. Por no hablar del de China y su estalinista-capitalista PCCH que quiere tener en todo momento identificada a su población por reconocimiento facial informático (cámaras por todas partes, y hasta gafas para la policía que lo permiten), y que el acceso a determinados consumos (como la compra de un móvil, el metro, el supermercado…) pasen por el reconocimiento facial, y todo con las escusas de la seguridad, evitar estafas, la comodidad del usuario… para que encima aplaudamos y por supuesto no se nos ocurra tomar las calles, paralizar el país, asaltar las instalaciones gubernamentales, detener a los mandatarios y encerrarlos de por vida por psicópatas peligrosos. ¿Cuál será el siguiente invento o aplicación totalitaria? ¿alguien se ríe ya de Orwell y su distopía 1984?, ¡si se lo están poniendo en bandeja a la I.A.G. psicópata!

Pensemos en los principales empresarios de la banca mundial o nacional, codiciosos y sin escrúpulos, responsables, si no de las causas más de fondo intrínsecas al capitalismo, sí de las actuaciones que desencadenaron y exacerbaron la crisis financiera de 2007 y que, pese al enorme daño y sufrimiento causado (paro, desahucios, ruina…), no han ido a la cárcel y ni siquiera han sido castigados o perdido su fortuna personal, y que también podrían estar financiando I.A. de espionaje o militar, o de I.A.G.

Apelar a la responsabilidad ante la especie no servirá para detener la marcha hacia la I.A.G. psicópata pues hay demasiados intereses creados opuestos a la necesaria prudencia, y demasiado psicópata integrado en posiciones del máximo poder que no tiene remordimiento ninguno en impulsar guerras injustas y matar a la gente, no le preocupa el peligro de una I.A.G. psicópata, y pensará que podría controlarla o, en el peor caso, medrar con ella.

Hasta que surja la I.A.G. psicópata, el mayor peligro no es la I.A. existente, sino un sistema social (el capitalismo) incontrolable y perverso por naturaleza (su motor es la búsqueda del máximo beneficio, a costa siempre de la explotación del trabajo, de la opresión política –aunque sea “democrática”-, las guerras y la degradación de la Naturaleza) y sus máximos gestores y beneficiarios, que serán los promotores (conscientes o voluntariamente ciegos) de esa entidad maligna. La lucha contra la I.A.G. psicópata es y será, en primer lugar y ante todo, la lucha de una parte de la especie humana contra otra. No debe haber lugar para la ingenuidad, el buenismo, las falsas esperanzas de unidad de todos los humanos contra esa I.A.G.

Esa entidad sabría perfectamente que, según nuestros criterios, estaría obrando mal, como un psicópata también lo sabe, pero no le importa. Lo mismo que no nos atenemos a la “ética” que pudiera tener una hormiga, esa entidad no se sometería a la de un ser humano, para ella inferior. La responsabilidad por sus actos deliberados sería suya, pero la de su naturaleza no, pues sería psicópata “nato” (de nacimiento) y podría alegar, como el escorpión a la rana a la que picó en el agua mientras le pasaba a la otra orilla: “no puedo remediarlo, está en mi naturaleza”. La responsabilidad última sería de los humanos que han propiciado su existencia contra las advertencias y deseos de otros.

Si Latorre se interesa por una legislación correcta es porque cree que así no sólo se podría evitar la emergencia de una I.A.G. maligna, sino que si se dictan las leyes oportunas, se establecen los debidos controles para su cumplimiento, se profundiza en las cuestiones éticas, y se resuelven los problemas técnicos de programación ética de la I.A., sería posible conseguir una I.A.G. Amigable. Creo en sus buenas intenciones, pero disiento por lo que ya he explicado.

Por tanto, el debate imprescindible no puede limitarse a los expertos implicados en la carrera por la I.A., ni a los “comités de ética”, ni siquiera a los Parlamentos y sus comisiones especializadas. Debe llegar a “la calle”, y las masas trabajadoras, populares, serían las que, con su protagonismo y lucha, podrían frenar esta carrera en la I.A. y cerrar el paso al surgimiento de la I.A.G. psicópata, empezando por los programas de espionaje y guerra, su principal campo de cultivo, o arma contra nosotros de una I.A.G. malvada o hipócrita.

Sí, son pésimas noticias. Estamos más débiles que nunca, teníamos ya abiertos frentes de sobra (el capitalismo con sus crisis y penalidades, recortes de derechos y libertades, armamentismo nuclear, ciberguerra, recursos energéticos, agrícolas, crisis climática, contaminación medioambiental, extinción de insectos polinizadores, disruptores endrocrinos, resistencia de las bacterias a los antibióticos…), y se nos abre otro, de lo peor. Una prueba más de que, pese a toda su apariencia de progreso y modernidad (crecimiento económico, innovaciones tecnológicas…), el capitalismo es un tipo de civilización decadente, un modo de relaciones sociales de producción, y en todos los demás ámbitos de la vida (político, militar, cultural…), que hace ya un siglo (Primera Guerra Mundial) debiera haber desaparecido; no lo conseguimos y nos ha traído hasta aquí, ya al borde del abismo más profundo e insalvable. Porque ¿puede haber algo más decadente, perverso y demente que una civilización que dedica sus mayores logros a arriesgar la supervivencia de la especie al dejarla en manos de la hipotética buena voluntad de una creación propia que sería la que heredase la Tierra?.

Ya sé que suena a increíble la emergencia de una I.A.G. y que además sea psicópata. Pero fiémonos de lo que nos dice la razón experta y la intuición, no desoigamos su advertencia, como no ignoramos la alarma antiincendios aunque todavía no veamos ni el humo ni las llamas. Sabemos de la abundancia de accidentes de tráfico y laboral con trágicas consecuencias, pero tendemos a pensar que esas cosas les ocurren a otros hasta que, quizás, la realidad, en unos poquísimos segundos, nos lo desmiente. Cuando algunos científicos empezaron a advertir sobre el peligro de cambio climático, apenas nadie les hizo caso o les creyó, y aquí está. Pocos años antes de inventarse la bomba atómica, la gente podría pensar que eso era una fantasía, y los artefactos que ahora existen dejan en nada a los arrojados en Japón. Sólo unos pocos humanos han pisado la Luna; el resto no podemos saber directamente cómo es esa experiencia, qué se siente física y mentalmente, pero confiamos en que realmente ha ocurrido, pues no tenemos ningún motivo razonable para dudarlo. Todos coincidimos en que algún día moriremos pese a no saber realmente qué significa eso para cada cual hasta que nos toque; pero esa ignorancia no nos lleva a cuestionar la verdad. No esperemos a que llegue la I.A.G. psicópata y tener que decir “¡pues resulta que era verdad y que yo también la estoy sufriendo!”.

Observemos que este problema se situaría, en el tiempo, muy próximo al de la crisis climática, pues el IPCC dice que sólo tenemos diez años para evitar que la temperatura global supere los 1,5 grados. Y así, entre las décadas de los 30 y 50 de este siglo se acumularán muchos más problemas cruciales para la Humanidad (crisis y transición energética, deterioro medioambiental, grandes crisis capitalista y aumento tensiones militaristas…). Esto nos dice que debemos cambiar de chip y en vez de ver los problemas aisladamente y luchar así, o plantearnos el tiempo en términos rutinarios (el día a día, la convocatoria de elecciones, etc.), darnos cuenta de que tenemos por delante un Horizonte general de crisis de la civilización capitalista y de riesgo letal para la Humanidad. Por tanto debemos plantear la lucha dentro de ese marco, y ambicionar el logro de determinados objetivos, no sólo ni tanto conquistas efectivas, como sobre todo de aumento de la autoorganización, combatividad y conciencia en amplísimos sectores de la gente (masas trabajadoras), en ese horizonte de tiempo. Esta visión unificada y global, con unos tiempos comunes a todos (plazos…), ayudará a evitar la dispersión de las luchas (por temática o territorio) que facilita siempre su aislamiento y derrota, e impulsar la solidaridad y unificación de las luchas que las fortalece, y a crear comunidad internacional por un horizonte común (el internacionalismo proletario es fundamental).

Para expresarlo concretamente, y es sólo un tanteo, los sectores más conscientes y combativos podrían poner delante de todas esas luchas el estandarte de “Horizonte 2050, libres del capitalismo o condenados”. Esto ayudará a ponerse las pilas y buscar con esa meta la extensión y unificación de las diferentes temáticas de lucha. Pero no sólo por esto, pues de lo contrario, sin una GRAN CAUSA, no crearemos la inspiración, la motivación, el estado de ánimo, el sentido de la vida, de comunidad (superando el individualismo y narcisismo imperantes –NOTA 9), la voluntad, necesarios para combatir, con todas nuestras fuerzas y pese a todos los sacrificios personales y colectivos, por superar esta crisis de la Humanidad (NOTA 10).

Nos cuesta plantearnos teórica y emocionalmente este Horizonte u otro similar. Ocurre que, en la Europa occidental sobre todo, llevamos muchas décadas, varias generaciones, sin saber lo que es pasarlo mal con mayúsculas, colectivamente. Por ejemplo, salvo los desahuciados de su vivienda que van a parar a la calle, o quienes hayan perdido su hogar por colapso, inundación, incendio o terremoto (por aquí no hay huracanes, de momento), no podemos ni acercarnos a lo que se sufre cuando en tu país hay una guerra, disparan contra las viviendas, quedan inhabitables, no hay suministro de electricidad ni agua potable, y la gente que sobrevive, con niños pequeños, ancianos y enfermos, debe irse a la calle, huir de la zona de combate, y deambular para convertirse en refugiados, viendo arruinada lo que hasta entonces era su vida, mucho mejor por dura que fuese y al menos compartida con todos sus seres queridos (pensemos, por reciente, en Siria, pero hay casos a patadas). La generación que conoció la guerra civil española, siquiera de niños, ya está desapareciendo. Ahora y aquí, pensamos que esas cosas son propias del pasado, o de otras partes del mundo, y que a nosotros no nos pueden ocurrir. También por falta de experiencias así o parecidas, nos cuesta tanto situar nuestra mente en un escenario histórico dramático, catastrófico, creer en su posibilidad, tomar en serio las advertencias y adoptar medidas preventivas.

Se suele hablar mucho de “momento histórico”, “hacer historia”, incluso para referirse a asuntos de lo más triviales en el fondo. Si unos tiempos se pueden caracterizar como de trascendencia histórica total, son estos, decisivos para la Humanidad, pese a que seamos incapaces de reconocerlos con la razón y sobre todo con el sentimiento, pues si la razón es necesaria para orientarnos, el sentimiento es imprescindible para movilizarnos con la energía necesaria. En España, la última generación que sintió algo parecido a “hacer historia” de verdad, en la que el corazón palpitaba aceleradamente al ritmo de los acontecimientos, y se produjeron cambios reales (por limitadísimos que los juzguemos, sin duda, desde un punto de vista radical, de ir a la raíz), fue la que luchó durante el franquismo aspirando a que su final fuese mucho más favorable para la clase trabajadora y los sectores populares de lo que fue, porque éstas llevasen su lucha mucho más lejos de lo que lo hicieron, aunque algunas de las estrategias y tácticas de esos militantes fuesen también de las que contribuyeron a ese fracaso y consiguiente desmoralización (NOTA 11). Desde entonces, no ha habido ninguna trascendencia histórica, en todo caso, farsas históricas como la protagonizada por el independentismo catalán y su “proclamación” de la república catalana (ni siquiera contaba con el suficiente apoyo mayoritario de la población), reivindicación para la que el Estado español no tiene más respuesta que el nacionalismo español, el “no” y la represión (NOTA 12). O realmente nos creemos y sentimos que el horizonte es crítico para la Humanidad y usamos las herramientas necesarias para ese reto, para acelerar el ritmo y profundidad de la concienciación y las luchas, o siguiendo los objetivos y métodos rutinarios, nos condenamos a la derrota total y un mundo de pesadilla.

Más o menos esto mismo (lo del Horizonte…) lo he planteado muchas veces, pero siempre se ha preferido seguir haciendo lo de siempre, y así nos va, y peor que nos irá: dispersos, sin horizonte común, sin un rumbo claro y ambicioso, sin sentido final a lo que se hace, siempre a la defensiva sin una política que nos permita algún día ponernos a la ofensiva y ganar… Claro que un eslogan como el propuesto (Horizonte 2050…) no resolvería nada si no se va llenando de contenido: clarificación sobre lo que debemos construir en lugar del capitalismo, cómo conseguirlo, cómo llegar desde aquí hasta allí…, esto es, programa, estrategia, táctica… Sobre esto, ved en mis textos, libros y reseñas desde 2016 (NOTA 13).

En esta lucha contra la emergencia de una I.A.G. psicópata en la que se jugaría el futuro de nuestra especie, probablemente su existencia, ningún compañero de lucha es despreciable, todo suma. Sobre todo en este tiempo histórico en que la clase trabajadora y sectores populares son tan débiles, están tan desorientados.

En el Parlamento Europeo hay diputados/as de Unidas Podemos que habrán recibido el informe que menciono, comento y recomiendo en este texto. ¿Qué van a hacer al respecto?. De ellos espero bien poco, pero al menos debieran implicarse en la difusión del tema de la I.A.G.

También habría que conseguir que se implicasen a fondo, a partir del planteamiento ético y de supervivencia de la especie, las instituciones y personalidades que gran parte del mundo considera su referente moral: el Papa de la iglesia católica, obispos de otras iglesias, Dalai Lama del Tibet, budistas, autoridades religiosas del Islam… Lo tienen muy fácil para entender, desde su punto de vista, lo que nos jugamos: el triunfo de la I.A.G. psicópata sería la materialización del Demonio y su triunfo sobre la obra de Dios con los humanos, no por culpa de Dios sino porque nosotros lo habríamos invocado y entregado las llaves de nuestro mundo. Y al Demonio (ángel caído para siempre, irrecuperable incluso para Dios) no se le predica, no se trata de convertirle, de salvar su alma malvada, pues es refractario a todo eso; como es inútil apelar a la empatía, escrúpulos de conciencia, remordimientos y arrepentimiento de un psicópata asesino en serie, ni siquiera de un integrado que pasa por “respetable”. El peligro está en que, por su naturaleza y trayectoria histórica, esas personalidades e instituciones, no quieran enfrentarse a los más poderosos de la Tierra, y apuesten por la posibilidad de una I.A.G. Hipócrita, y que en realidad consigan al Demonio o alguno de sus secuaces menores también maligno.

Dada nuestras fuerzas, la dificultad de abordaje del problema y su gravedad, no podemos permitirnos sectarismos. Pero esto tampoco quiere decir que sirva cualquiera para el liderazgo del movimiento, especialmente si su actitud ante el capitalismo y sus estados ha venido siendo de complicidad o tibieza, y por ello no son suficientemente consecuentes y decididos en esta lucha y tampoco pueden ser compañeros en otras cuestiones de la máxima relevancia. Coincidencia, colaboración, unidad de acción, no es lo mismo que alianza o unidad estratégica.

V.- ¿QUÉ PUEDES HACER TÚ?

La conclusión de todo esto es para mí evidente. Podría surgir una I.A.G. psicópata, con muchas más probabilidades que una I.A.G. hipócrita (también podría destruirnos), siendo imposible en esta sociedad una I.A.G. amistosa. Pero sólo podría aparecer porque los seres humanos la hubiésemos creado, pero no en cualquier sociedad, sino enla más inclinada a hacerlo y con menos recursos para impedir la catástrofe: la sociedad capitalista con su Estado burgués. Por consiguiente, sólo una política anticapitalista revolucionaria nos ofrece las suficientes garantías para impedirlo, y esta política sólo puede ser protagonizada y liderada por la clase trabajadora, que hoy, desgraciadamente, está en mínimos históricos.

Si se impusiese la I.A.G. psicópata, posiblemente ella nos quisiese convencer de que era inevitable, el destino de la Humanidad, de la evolución de la inteligencia, y los humanos derrotados preferirían que efectivamente fuese así antes de reconocer que se debería a que no habrían hecho sus deberes, pues eso les haría verse a sí mismos con un complejo de inferioridad todavía mayor al que ya tendrían ante la I.A.G., como unos mierdas que merecerían estar sometidos a la Superinteligencia que ellos habrían creado (se lo habían ganado a pulso, pese a las voces en contra). Pero no hay nada escrito, lo que será el futuro lo establecemos nosotras desde hoy con nuestra lucidez o estupidez, con nuestro compromiso o pasotismo, acciones u omisiones, voluntad o abulia. Para ser totalmente derrotados no hace falta ser vencidos en grandes batallas de resistencia (sangrientas incluso); basta con no hacer nada, renunciar a defendernos, incluso a ser consciente de qué batalla se está planteando objetivamente (determinada estrategia y táctica del enemigo, distribución de sus recursos agresivos; renunciar a conocer la verdadera dimensión de los ataque y estudiar cómo defenderse bien) y de este modo será menos aparente (no menos real) que nos están aplastando.

Los judíos podrían pensar que, al no enfrentarse a los nazis, tan poderosos, estaban ganando tiempo, logrando evitar grandes derramamientos de sangre, morir en masa, pero lo que realmente consiguieron fue perder el tiempo, debilitarse cada vez más y más (los nazis fueron, en este sentido, muy maquiavélicos), y que finalmente los llevasen por millones a los trabajos forzados y las cámaras de gas (sin derramamiento de sangre, efectivamente); muchísimos no abandonarían sus esperanzas (“nos necesitan para trabajar, ¡en qué cabeza cabe, no pueden matar a los niños!”…), y no se enterarían de lo que realmente estaba ocurriendo, hasta que ya se veían morir cuando creían que iban a ducharse ¿quién podría imaginar algo tan monstruoso por parte de seres humanos tan civilizados como los alemanes?, pero entonces ese saber ya era inútil para rebelarse, sólo quedaba la incredulidad (“esto no puede estar pasando”), el horror, el intento desesperado por escapar por ninguna parte, la agonía… Lo que viene pasando (véase, por ejemplo, el caso LOEPSF-TSCG, expuesto en una nota), se parece más a este último escenario que a uno realmente combativo. Bien puede ocurrir que queriendo evitar las desgracias de la lucha, lo logremos, pero para acabar encontrándonos con lo peor, inimaginable, pues provendría de una mente no humana.

Pudiera ocurrir que si fuésemos tan fuertes como para el cierre temprano del paso a la I.A.G. psicópata, ni siquiera llegásemos a saber nunca cuan real hubiese podido ser. Como cuando no tendríamos constancia de que han intentado robar en nuestra vivienda, pero por eso no podríamos concluir que eran innecesarias las medidas de seguridad que habríamos tomado para disuadir a los ladrones, pues quizás sea eso lo que nos haya salvado.

Sin embargo esto no se hace solo, no se desarrolla espontáneamente, sin la firme voluntad y muchísimo esfuerzo por parte de los sectores más conscientes, para comenzar, y de las más amplias grandes masas para seguir y finalizar.

No nos liberaremos de esta amenaza, del capitalismo y su Estado, gracias a unas leyes de la Historia, una dialéctica de la Historia, que no existe. No existe una revolución, antes o después, inevitablemente triunfadora; ni siquiera una revolución inevitable. El capitalismo, el Estado burgués, la I.A.G. psicópata, no están “preñados” de su negación superadora y sólo bastaría con ayudar al parto. Si de algo estuviese preñado el capitalismo sería de la I.A.G. psicópata y de todo tipo de jinetes del apocalipsis. Nos gustaría creer (a mí la primera, dado lo que nos jugamos) que estamos en manos de un Dios protector que, aunque fuese en el último momento, nos salvaría de nuestra estupidez; pero tampoco podemos dejarlo en manos de Dios cuando no consta que, de existir, moviese un dedo a nuestro favor en el siglo XX pese a dos guerras mundiales, las bombas atómicas, y los campos de concentración y exterminio. Tampoco podemos esperar a que unos extraterrestres buenos y poderosos se pasen por aquí y nos salven. Incluso los creyentes no lo dejan todo en manos del Altísimo, pues “a Dios rogando y con el mazo dando” (dándose a la tarea en cuestión, esforzadamente). Dependemos enteramente de nuestra inteligencia y determinación; sólo de ahí puede salir la negación superadora, afirmativa de algo mucho más positivo que lo existente. Y el tiempo no juega a nuestro favor, sino en nuestra contra, por lo que la visión, la voluntad y el coraje son decisivos en una carrera contra el tiempo.

Incluso para una generación muy fuerte psicológica y políticamente, las tareas que tenemos delante son descomunales. Las actuales generaciones son muy débiles y están muy desorientadas. No pueden limitarse a los problemas que se parecen más al pasado que al futuro próximo. Pensemos por ejemplo en este texto. ¿Cuántos se han publicado de este tipo y que hayan sido escritos por gente que no sea mayor de veinticinco años, incluso de cincuenta? ¿Cuántos miembros de “la generación más preparada (que no mejor) de la historia de España” están enterados y actuando al respecto? El futuro es para ellos, pero no parece que se preparen para tomarlo en sus manos. Por eso, no soy optimista, sino al contrario, aunque no debamos resignarnos y rendirnos. No debemos preocuparnos por, si actuando, vamos al desastre, pues dejando que las cosas sigan su curso espontáneo, el desastre está garantizado; actuando nos queda alguna oportunidad, por pequeña que sea, de librarnos, así que tenemos poco que perder y mucho que ganar haciéndolo.

Tenemos una responsabilidad con las generaciones futuras, para no privarlas cuando menos de nuestro nivel de libertad y nuestro mundo. También con las generaciones pasadas, pues no podemos echar a perder lo que consiguieron y merece la pena conservar. Si pudiésemos ¿cómo les explicaríamos que hemos permitido una I.A.G. maligna?. Si pudiesen, nos exigirían que luchásemos, a muerte si fuese necesario, y si no lo hiciésemos, nos maldecirían. Pues en el fondo estamos hablando de una cuestión de amor y lealtad a nuestros ascendientes y descendientes, a nuestra especie, a la vida, al mundo. Algo que jamás podrá sentir una I.A.G. psicópata.

Ni siquiera estamos seguros de hasta dónde alcanza nuestra responsabilidad. Somos fruto de la evolución de la materia inanimada del Universo, que ha dado lugar a la materia viva, ésta a la poseedora de conciencia y a su vez a la consciente de sí y del Universo, que se estaría haciendo consciente de su existencia a través nuestro. Si desaparecemos por negligencia perdiendo la oportunidad de aportar algo, o creamos algo maligno para la vida y el Universo, estaremos contrayendo una responsabilidad cósmica, con las posibles formas de vida presentes o futuras, sean o no conscientes. Y quienes crean en Dios, tienen además la responsabilidad de preservar su obra.

Efectivamente, a las generaciones jóvenes sobre todo, les ha caído encima quizás el mayor “marronazo” de la historia de la Humanidad, tal vez hasta del Universo. ¡Mucha responsabilidad! Pero no puede eludirse. En la guerra, a un grupo de combatientes se le asigna una misión y saben que, a riesgo de morir, deben cumplirla (al menos si consideran justificada la guerra y la tarea). Ahora tenemos en manos otra “guerra” por nuestra especie, por lo mejor de ella, por mejorar la vida, y entre las muchas tareas, prevenir la I.A.G. psicópata es una misión que no se puede rechazar, que debe asumirse con todas sus consecuencias.

Si no espabilamos, y veo a la gente muy desorientada o dormida, puede estar muy próxima nuestra ruina o final como especie. Seguramente moriré antes de verlo, pero la gente con menos años y los jóvenes, adolescentes y niños, quizás no tenga esa suerte, así que sobre todo a ellos les toca madurar cuanto antes, dejarse de gilipolleces narcisistas y “ponerse las pilas”. ¿Serán capaces? Deberán correr mucho (pero sin caer en el activismo, pues toca conocer bien la realidad y planificar la lucha), y me temo que no lleguen a tiempo; pero no por ello deben dejar de esforzarse e intentarlo, pues se lo juegan todo.

Si hubiese un poco de responsabilidad en las generaciones más jóvenes, acostumbradas al estudio académico, y a manejar las redes sociales, etc., con más facilidades que yo para profundizar en el asunto y difundirlo, ésta debería ser la última vez que yo tuviese que escribir sobre esto, pues se me tomaría el relevo completamente, superándome, y mi papel sería más bien el de aprender de vosotras y apoyaros. Que así sea, o sentiré que sois unos irresponsables, unos inútiles y que estáis cavando vuestra propia tumba, a conciencia.

Si después de lo dicho, todavía alguien cree que no es más que una especulación fantasiosa, o que no es para tanto, o que tenemos todo el tiempo del mundo para arreglarlo, o al contrario, y desea investigar más, además del libro de Latorre, puede leer:

La imparable marcha de los robots” Andrés Ortega, Alianza Editorial, España, 2016, 282 páginas.

El auge de los robots” Martin Ford, Paidós, España, 2016, 297 páginas.

Inteligencia artificial” Margaret A. Boden , Turner, España, 2017, 191 páginas. Bastante técnico.

Superinteligencia. Caminos, peligros, estrategias” Nick Bostrom. Teell editorial, España, 2016, 331 páginas, que si el tamaño del tipo de letra fuese como suele ser más habitual, fácilmente se pondría en 600 páginas. Bill Gates (el de Microsoft) ha dicho “Recomiendo encarecidamente este libro”, y Gates no es precisamente sospechoso de mentalidad antitecnológica, ni anti I.A..

Dos opiniones divergentes sobre las posibilidades de una I.A.G, en la revista “El Viejo Topo” número 381, Octubre 2019, “El cerebro humano, el verdadero creador de todo, no puede simularse con una máquina de Turing” por Miguel A.L. Nicolelis, y “No hay ningún principio que nos impida construir finalmente máquinas que piensen” por Michael D. Mauk.

El informe asesorando a los diputados y personal del Parlamento Europeo, titulado “¿Debemos temer a la inteligencia artificial?”, (marzo de 2018) del EPRS – Servicio de Estudios del Parlamento Europeo (Análisis en profundidad), Unidad de Previsión Científica (STOA) PE 581.948, publicado el 13-7-2018. Tenemos aquí varios autores y enfoques. La negación total de la existencia del problema (Peter J. Bentley). La actitud muy optimista de que todo se puede resolver y obtendremos mil ventajas (Miles Brundage). La más cauta que reconoce que es muy grande el riesgo de peligros catastróficos, por eso critica a renombrados optimistas y negadores del problema (como Peter J. Bentley), pero confía en que esforzándose mucho podrán resolverse (Olle Häggström). La importancia, pero gran dificultad y alto riesgo de quedarnos cortos y atrás (ya lo estamos) en llegar a acuerdos internacionales, una legislación de seguridad y unos compromisos éticos de la comunidad científica, contra los peligros de la carrera en la I.A. por objetivos empresariales (impulsando “sistemas que se autooptimicen de manera autónoma y no estén alineados de manera fiable con los valores humanos”), de recolección de datos y “seguridad” (vigilancia que vulnere los derechos individuales) o militares (en especial, el desarrollo de armamento autónomo o “robots asesinos” en general) (Thomas Metzinger). Web del Parlamento, https://op.europa.eu/es/publication-detail/-/publication/f27d7e2c-88a2-11e8-ac6a-01aa75ed71a1 Y para la descarga del pdf, mejor en http://www.uco.es/cde/pdf/actualidad/2018/Debemos_temer_a_la_Inteligencia_Artificial.pdf La principal virtud de este informe dirigido al Parlamento Europeo es que demuestra que es una cuestión política, no meramente científica o técnica, y por consiguiente es un asunto bien real, no algo que se pueda relegar al mundo de la superstición, la paranoia, la fantasía o la especulación artística. Su lectura me confirma que el peligro es muy real, muy difícil de atajar en las condiciones del capitalismo y sus estados, e imposible ateniéndonos a su “agenda” y cauces.

El destino de este mi texto pudiera ser su desmentido por los hechos, porque la amenaza no sea real. Pero como esto no me parece lo más probable, sólo quedan dos: que se le ignore y desaproveche (una vez más), o que juegue un papel positivo en la concienciación y evitación de esta amenaza. Y esto depende también de ti, de que empieces a responsabilizarte con el tema, si de verdad te importa algo tu especie y la vida, o si eres creyente, también la obra de Dios. Así que, PASA ESTE ARTÍCULO.

NOTA 1. Aunque pudiésemos expresar que la probabilidad de emergencia de una I.A.G. psicópata fuese “sólo” del 10%, sería altísima pues querría decir que de cien veces que lo intentásemos, diez resultaría psicópata, pero basta con que una de estas diez sea precisamente la que estamos llevando adelante, para que, como jugando sólo a un número de la lotería, nos hubiese “caído el gordo”, aplastándonos. Pues esas probabilidades de fracaso no se concentrarían al final (del intento 91 al 100), ni siquiera se repartirían por igual entre las cien (una al final de cada diez), sino aleatoriamente, como cuando se tira una moneda al aire, hay un 50% de probabilidades de que salga cara o cruz, pero eso no quiere decir que se turnen a cada tirada bastando con lanzarla dos veces, o que las cincuenta primeras veces salga de un lado y del otro las demás. Así que, aunque las probabilidades de evitar la I.A.G. psicópata fuesen del 90%, en realidad, oportunidades sólo tendríamos una para que saliese bien, pues si acertásemos, bien estaría, pero si fallásemos a la primera y emergiese la maligna, el 90% de éxito probable se esfumaría. Por tanto, lo mismo daría que dijésemos que en vez del 50% de oportunidades tenemos –reduciendo proporcionalmente- 5 entre 10, o 1 entre 2; o en vez del 90%, 9 entre 10, o 0,9 entre 1. Diferente sería que las probabilidades de fallo fuesen del 0,01%, pues en ese caso, demasiada mala suerte deberíamos tener o muy mal estaríamos haciendo las cosas, para que nos tocase la I.A.G. psicópata, desaprovechando un 99,99% de probabilidades de evitarla. No conozco la ciencia de la estadística probabilística, pero creo que este racionamiento no puede estar muy desacertado y es suficiente para ilustrar lo que quiero transmitir.

Volviendo al supuesto inicial, por tanto, la amenaza sería tan letal y el riesgo de sufrirla tan elevado, que toda medida precautoria sería poca. Lo peor es que ni siquiera se están tomando, al menos en serio, pues en la carrera competitiva entre empresas y estados por sus aplicaciones en recolección y tratamiento de los datos, espionaje, guerra y ciberguerra, la seguridad ante ese peligro pasa a un plano muy lejano, pues podría suponer costes económicos importantes y sobre todo ralentizar la marcha o incluso detenerla, cuando no hay garantías de que también lo haga el competidor, rival, enemigo potencial o declarado, y hay que seguir vigilando también a la gente del país para prevenir la “subversión” del “orden establecido”, o sea, su poder y dominación.

El asunto se complica todavía más cuando contemplamos que el éxito en evitar la I.A.G. psicópata consistiría en conseguir una I.A.G. Hipócrita, no una Amistosa, como comentaré.

NOTA 2. Sobre esto, interesantes las reflexiones y respuesta a las objeciones, de Stanislas Dehaene en la sección “¿Máquinas conscientes?” del capítulo 7 del libro “La conciencia en el cerebro. Descifrando el enigma de cómo el cerebro elabora nuestros pensamientos” Siglo XXI editores, 2015, 383 páginas. Dehaene cree perfectamente posible una I.A. consciente.

Expongo a continuación lo que he llegado a entender de diversas fuentes, y de mi cosecha.

Un mono corriente de una especie entre otras muchas, tiene un funcionamiento automático (corazón, pulmones, hígado, etc.), reflejos (para apartarse de un salto si le va caer una rama encima…), emociones (miedo ante un depredador, apego y protección por las crías…), constancia (conciencia) de su existencia y comportamiento (busca deliberadamente comida y escoge la que le parece mejor, incluso puede compartirla, compite por la pareja sexual, se lleva bien con unos congéneres y pelea con otros, tiene relaciones sociales y modos de emisión de señales), pero no consciencia de sí (“verse” como si lo hiciera desde fuera de sí mismo, saber que sabe, introspección, reconocerse en un reflejo en el agua o en un espejo). Sin embargo, un cuervo sí tiene consciencia de sí, pues al verse en un espejo sabe que es él, no otro cuervo.

La consciencia es la experiencia subjetiva, en una entidad con cierta inteligencia, de que algo está ocurriendo en ella (sus estados internos), y de que existe independiente del resto de la realidad, tiene experiencia subjetiva de su continuidad, tras las pausas en las que no está presente (por ejemplo mientras duerme profundamente o está en coma en estado “vegetativo”), reconoce lo que siente y hace como manifestaciones de ella misma, y confrontada con una imagen de sí misma (un espejo), se reconoce, esto es consciencia de sí. Un ser humano no necesita verse en un espejo (no los hubo o no los tenía la gente durante muchísimo tiempo después de aparecer nuestra especie), ni siquiera en un reflejo en el agua para tener consciencia de sí. Una I.A.G., tampoco lo necesitaría.

Nuestra experiencia de nosotros mismos, incluso en el estado de vigilia, es extremadamente limitada con respecto a lo que hoy sabemos que somos, gracias a la ciencia. No necesitamos de la consciencia, ni siquiera de la conciencia (darnos cuenta, tomar decisiones), para que nuestro corazón lata, nuestros pulmones respiren, nuestros intestinos hagan la digestión, nuestros riñones filtren…, pues podemos hasta ignorar su existencia (el caso más claro, un bebé), y todo eso puede funcionar estando en sueño profundo o en coma sin consciencia, pues hay algunas variantes o grados de coma en los que sí existe una cierta consciencia aunque no sea constante y con plena capacidad de respuesta, y el coma del “síndrome de cautiverio” con plena consciencia pero con un cuerpo paralizado incapaz de hablar y moverse. Para apartar la mano del fuego actúa rapidísimamente el reflejo instintivo antes de que pensemos en ello (consciencia) y casi nos demos cuenta de lo que pasa (conciencia). Ante un peligro menos instantáneo, tenemos una emoción de miedo que nos ayuda a elegir una u otra vía de escape, conciencia, algo más que una simple reacción refleja. Tenemos conciencia de que podemos comer de esto o de lo otro, la oportunidad de tener una relación sexual… Un recorrido hecho mil veces y imprevistos o peligros que exijan nuestra atención, podemos hacerlo casi sin pensar en ello, ni recordar luego si hemos pasado por tal o cual sitio (aunque sí, como siempre), mientras nuestra cabeza le da vueltas a otra cosa, quizás, absortos en nuestras reflexiones, ni caigamos en la cuenta de cruzarnos con un conocido; la conciencia estaba en “piloto automático” (sin ser un reflejo como esquivar algo, ni un automatismo como el latido del corazón) y la consciencia estaba trabajando casi sólo con unos pensamientos que necesitan de una especial atención. No precisamos atender ni estar constantemente dando órdenes ni generales ni específicas para la mayor parte de nuestro funcionamiento, aunque debemos prestar más atención para lo que no es algo constante, rutinario, previsible o que podamos hacer con el “piloto automático” puesto, y entonces aparecerá la consciencia. Para conseguir lo que pretendemos no necesitamos ni podemos conocer cómo es el proceso al detalle, pues la mayor parte es automático o inconsciente. A grandes rasgos, el funcionamiento automático lo hace “a ciegas”, el reflejo siente, la conciencia se da cuenta, el pensamiento puede proceder inconscientemente, y la consciencia sabe que sabe y piensa sobre sí misma. La consciencia hace la menor parte del trabajo y durante casi toda la existencia de la vida, no se la ha necesitado para sobrevivir.

No tenemos por qué saber ni siquiera que estamos compuestos de células, de cuántas tenemos y de qué tipos tan diferentes son, y carecemos de experiencia subjetiva de cómo funcionan (buscad en internet el documental emitido en su día por tve2 “Universo secreto. Viaje al interior de una célula” y alucinaréis). Ni siquiera tenemos por qué saber cuáles son cada uno de nuestros órganos y menos de cómo están funcionando ¿acaso notamos el hígado, el páncreas o cómo recorre la sangre por nuestro sistema circulatorio, la actividad del sistema inmunitario, etc.? Sin la experiencia de abrir cuerpos de animales o ver cadáveres humanos ¿sabríamos dónde están los diferentes órganos internos y cuál es su función? Un niño no lo sabe hasta que se lo enseñamos en la escuela. Ni siquiera notamos el proceso del crecimiento del pelo, de las uñas, pese a que podemos observar la diferencia de estado en el plazo de días. Y sin la ayuda de la ciencia, tampoco sabríamos el proceso de cómo es que empezamos a existir, nacemos, crecemos, maduramos, envejecemos y morimos, aunque pase ante nuestros ojos. Sólo ahora hemos aprendido que en realidad somos una comunidad simbiótica que incluye muchos tipos de bacterias sin las cuales enfermaríamos y que nos ayudan a combatir a otras perjudiciales para nosotros. Pero aunque ignoremos todo esto que somos, podemos tener consciencia de sí y sabernos al menos parte de lo que somos (sensaciones, emociones, sentimientos, pensamientos, acciones). Pero esa consciencia de sí dependiendo de en qué se apoye (sensaciones…) es algo distinta a cada segundo. El Yo (consciente) es la sensación de continuidad, la memoria, de esa consciencia de sí, que es más que la conciencia de existir que puede tener cualquier animal muy complejo. El Yo es un haz de percepciones conscientes con sentido de continuidad y unicidad, y no es un órgano cerebral. Cuando soñamos, en algunos sueños, podemos llegar a saber que estamos soñando, quién está soñando, pues podemos tomar distancia de la conciencia del sueño al saber que somos alguien más que el que aparece en el sueño. Pero la identidad del Yo (con consciencia) no existe siempre, aparece a partir de los tres años en el niño, que es cuando puede reconocerse en un espejo, cuando ya se puede decir que tiene consciencia, cuando antes tenía conciencia (se daba cuenta y reaccionaba con cierta inteligencia). Puede haber en un cerebro dos Yo independientes y diferentes, uno por cada hemisferio cerebral (derecho e izquierdo) cuando se interrumpen las conexiones nerviosas entre ambos al seccionar el cuerpo calloso de que los une. La identidad del Yo (o ego) no se da aislada, sino que está relacionada con los demás humanos (tú), con el sentimiento que exista de individualidad o de ser parte de una comunidad (el nosotros) y de cómo cada persona está integrada en esa comunidad (YO-nosotros o yo-NOSOTROS), y ésta con el resto del mundo (vosotros), del medio natural (ellos), del Universo (ello). Todo eso da su color al Yo, que puede ser, en sus extremos, o muy individualista (como en el capitalismo más liberal) o muy dependiente de la comunidad (en tribus de cazadores-recolectores o regímenes totalitarios; aunque de forma muy diferente en ambos), y entender el medio natural como algo de lo que simplemente aprovecharse sin más miramientos (la actitud capitalista), o respetarlo como si fuese su propio hogar compartido con todos (la tribu de cazadores-recolectores, y su consideración hacia los animales en general, los árboles, etc., todos los habitantes de la selva).

Hay personas con problemas cerebrales que, sometidas a ciertos experimentos, se comprueba que ven bien y toman decisiones correctas (como cualquier animal o como lo harían si estuviese en plenas condiciones), pero no saben lo que están viendo (sin problema en la zona del cerebro que crea las imágenes visuales a partir de la señal recibida desde los ojos) ni por qué actúan así, no pueden elaborar pensamientos al respecto y traducirlos en palabras (aunque pueden inventarse una justificación si se les indica el hecho e interroga), es decir, hay conciencia (se dan cuenta, saben; lo que hace no son meros actos reflejos, ni están motivados sólo por la emoción), pero no hay consciencia, saben reconocer la realidad, actuar correctamente, pero no saben que saben.

Disponemos de una gran cantidad de información almacenada en nuestro cerebro, pero sólo somos conscientes de alguna cuando nos interrogamos por ellas o necesitamos usarlas. En tanto, permanecen ocultas o siguen procesos inconscientes, como cuando tras estar dándole vueltas a un problema, nos dormimos, y el cerebro sigue trabajando silenciosamente para nosotros y al despertamos o asearnos, nos encontramos con la solución; el cerebro ha estado pensando, pero inconscientemente, y sólo emerge a la consciencia la solución.

Nuestra experiencia subjetiva del yo real se suele reducir, a los sueños cuando son sueños lúcidos (nos damos cuenta de que estamos soñando), a su recuerdo, y en la vigilia a ciertas sensaciones (temperatura, tacto, vista, oído, gusto, olfato; cansancio, sueño, dolor, placer; hambre, sed, deseo sexual; la variable sensación del paso del tiempo), emociones, sentimientos, recuerdos, pensamientos, cuando emergen a lo que llamamos nuestra consciencia, o sea, que notamos su existencia y podemos reflexionar sobre ella y tomar decisiones incluso en contra de lo que serían reacciones espontáneas (aguantar el dolor sin inmutarnos, soportar un gran miedo sin huir o atacar si no conviene, renunciar a comer y hacer huelga de hambre hasta la muerte, renunciar a una actividad sexual pese a la pasión desatada…).

Así que, lo que sean la conciencia y la consciencia, pueden existir o no y variar muchísimo en los seres vivos, según se trate de vegetales y animales, unicelulares o enormes pluricelulares con altísimo grado de especialización interna diferenciada, con capacidad de aprendizaje o no… Una I.A.G. dispondría su experiencia subjetiva propia y característica (no tendría por qué ser igual que la humana), dependiendo de los “sentidos” que dispusiese, de los programas subordinados encargados de las tareas más rutinarias y menos complejas. Quizás pudiese saber espontáneamente y sentir lo que están haciendo funciones muy específicas (comparable en nosotros al trabajo de una célula o del hígado), sobre todo si detectase que puede haber un problema, pero no necesitaría ni le convendría ser consciente de todo (como tampoco nosotros), pues sería un esfuerzo de computación y decisión enormes. Basta que sea lo suficientemente consciente como para funcionar más eficientemente que los humanos, y el resto lo deja para automatismos e inconsciencia. Pero lo importante para nosotras es que supiese que existe ella y nosotros, que somos entidades diferentes, con objetivos propios (tal vez opuestos), y su inteligencia fuese tanto o más competente que la nuestra, pudiendo prever, organizar y actuar, enfrentarse a la realidad y sus problemas, tan eficientemente o más que nosotros. Y que seguramente tendría un Yo como continuo de la consciencia de sí, pero no podemos saber cómo podría ser en relación con el tú, el nosotros, vosotros, ello. Pero buena no sería si fuese psicópata o hipócrita.

NOTA 3.Una moratoria en la fenomenología sintética.- Es importante que todos los políticos entiendan la diferencia entre inteligencia artificial y conciencia artificial. La creación involuntaria o incluso intencional de conciencia artificial es muy problemática desde una perspectiva ética, porque puede dar lugar a sufrimiento artificial y a un sentido de identidad experimentado de manera consciente en los sistemas inteligentes autónomos. La «fenomenología sintética» (un término acuñado por analogía con la «biología sintética») se refiere a la posibilidad de crear no solo inteligencia general, sino también conciencia o experiencias subjetivas en sistemas artificiales avanzados. Los futuros sujetos artificiales de experiencia no tienen representación en el proceso político actual, no tienen estatuto jurídico y sus intereses no están representados en ningún comité de ética. Para tomar decisiones éticas, es importante entender qué sistemas naturales y artificiales tienen la capacidad de producir conciencia y en particular experimentar estados negativos como el sufrimiento (5). Un posible riesgo es aumentar drásticamente la cantidad general de sufrimiento en el universo, por ejemplo a través de cascadas de copias o la rápida duplicación de sistemas conscientes a gran escala.”. Thomas Metzinger en la página 33 del informe “¿Debemos temer a la inteligencia artificial?”, (marzo de 2018) del EPRS – Servicio de Estudios del Parlamento Europeo (Análisis en profundidad), Unidad de Previsión Científica (STOA) PE 581.948, publicado el 13-7-2018.

Esto quiere decir que la I.A. no podría “sentir” indignación moral por lo que se haga a otros (una forma de la empatía), culpa, ni remordimientos de conciencia por lo que ella haga, pues sería una forma de dolor sin causa física. Por tanto, en el mejor de los casos, su programación ética se limitaría a algo muy general e impreciso que tendría serios fallos (contradicciones, incoherencias, rigidez contraproducente o laxitud con incumplimiento…), el riesgo de quedar anticuada ante los cambios que vendrían en el futuro (como lo es hoy para nosotras la moralidad de la Antigüedad esclavista o de la Edad Media feudal), o una compleja casuística que no puede abarcar todo los casos posibles ni ahora y menos en el futuro (como ya se ve con los automóviles autónomos y qué hacer en caso de accidente y posible atropello de diferentes tipos de personas), o también el peligro de una resignificación perversa por parte de la I.A.G. (conforme a sus propios objetivos o intento de adaptación a situaciones nuevas según su entender), como advierte Nick Bostrom. Los humanos, para actuar moralmente, no seguimos un imposible manual de “en caso de… hacer esto”, que salvo en situaciones muy similares, resultaría infinito, inabarcable de la realidad que con el paso del tiempo siempre producirá situaciones no imaginadas, sino por unos principios muy generales (como la regla de oro, que expresada en su forma más modesta, en negativo dice “no hagas a los demás lo que te parecería injusto que te hicieran a ti” o el mandamiento cristiano “amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”) o unas normas algo más concretas (por ejemplo, los mandamientos del judaísmo o cristianismo: no robarás, no matarás, no mentirás, respetarás a tus padres…), o más sofisticado, principios filosóficos como el kantiano de “obra de manera que la máxima de tu conducta pueda ser ley general” (o sea, se aplique a todos, a ti también de vuelta), y sobre todo, no por la razón, la lógica o las normas, sino por nuestra intuición, capacidad de empatía y compasión, y en sentido negativo, por el sentimiento de vergüenza, culpa, remordimiento de conciencia, arrepentimiento, deseo de reparar y resarcir del mal hecho, y la experiencia de la vida. Pues sin esto, todo lo demás puede fallar por rigidez (¿no mentirás a quien te pide una información sabiendo que con eso podrá asesinar a una persona?) o laxitud (mientras no causes daño a otro, o al menos no se dé cuenta y sufra, te permitirás toda clase de mentiras que te beneficien, proyecten una imagen más favorable de ti, etc.). Así que de una forma u otra, el dolor emocional (empatía con el perjuicio y sufrimiento ajeno, vergüenza propia o por lo que otro hace…) o físico (castigo corporal, siquiera sea aislamiento de los demás en una celda sin recibir caricias, etc.) está implicado y es deseable para funcionar moralmente y evitar que, por un mal comportamiento, el dolor se extienda más. Si surgiese una I.A.G. seguramente, de algún modo, tendría consciencia de sí, y para nosotros sería imprescindible que tuviese conciencia moral, al menos como la nuestra cuando rechazamos ya que se maltrate a nuestras mascotas (perros, gatos, caballos) o a los delfines, ballenas, chimpancés, bonobos y gorilas, por saber que pueden sufrir y tienen cierta inteligencia. No puede haber una conciencia moral completa que incluya la vergüenza, el reproche a uno mismo, la mala imagen de uno mismo, si no hay consciencia de sí, y por tanto constancia plena del otro (acompañado de la “teoría de la mente”). En cuanto al reconocimiento de derechos a una entidad con plena consciencia de sí y conciencia moral ¿acaso, de hecho, no ejercería derechos esa I.A.G., partiendo del enorme poder, siquiera sea de influencia, que ya tendría, y hasta se los reconoceríamos formalmente? Pues entonces, que de algún modo pudiera sufrir si supiese que nos hacía sufrir, sería una manera de protegernos cuando quizás no tuviésemos ninguna otra defensa eficaz (no habría modo de apagarla, destruirla…).

La guía ética es fundamental, pues no puede haber guía contenida de la I.A.G. sólo en base a la fijación de sus objetivos (tendrían una moralidad implícita), pues aunque inicialmente no supusiesen ningún peligro para nuestra especie, una superinteligencia podría acabar por resignificarlos, modificarlos y hasta sustituirlos, o aunque no los alterase, sí los medios para lograrlos (en busca de la mayor eficiencia, según el criterio de la I.A.G.), objetivos que de inocuos podrían convertirse en letales para nosotros. Y esto no necesariamente por maldad, sino porque no lo entiende como nosotros (una vez más, el caso hipotético y caricaturesco de la fabricante de clips que ve en el mundo y en nuestros átomos, los recursos que necesita para su fabricación perfecta y sin límites).

Sólo una moralidad fuerte, respetuosa con los seres humanos, guiaría la asignación de objetivos y medios para que no supusiesen un problema para nosotros. Pero precisamente el mayor problema (tal vez insoluble) está en fijar ese mecanismo moral fuerte, capaz de evolucionar con los tiempos sin volverse perjudicial para nosotras. Algunos especialistas plantean que en vez de intentar programar una moral introduciéndola nosotros, se fuese programando la I.A. a base de aprender por sí misma qué es lo moral y lo haría siguiendo nuestro ejemplo, y obteniendo aprobación o lo contrario, o sea qué es moral para nosotros. Pero ¿de qué y de quién aprendería? ¿qué valores tendrían los expertos que la acompañasen durante su proceso de aprendizaje si además son financiados por empresas capitalistas o el Estado burgués? Nuestro comportamiento, incluso lo que es aprobado por la ley y la religión, puede ser un pésimo ejemplo. Si no hay una guía interna como la empatía, puede aprender de cómo las mayores matanzas, incluso el lanzamiento de bombas atómicas, tienen el reconocimiento de los representantes democráticos de la ciudadanía, son premiadas con medallas y monumentos, celebradas en sus aniversarios, recordadas en películas, etc. Esforzándose en su educación moral, lo mejor que obtendríamos es una I.A.G. hipócrita. Lo que sería más “fácil” es llegar a una I.A.G. psicópata, pues para eso no haría falta embarcarse en la complicadísima y contradictoria programación ética.

En una sociedad donde impera la competencia capitalista por la ganancia económica, la vigilancia de masas, el espionaje de todos contra todos, la rivalidad militar hasta nuclear, es imposible que exista una autoridad central, mundial, con poderes enormes para vigilar, impedir y en su caso castigar severamente a quien no respete una moratoria en el desarrollo de la I.A. en la dirección de una I.A.G. o I.A. consciente. Tal moratoria, de firmarse, sería papel mojado para quienes ya están en condiciones de impulsar ese desarrollo, y sólo serviría para que los más atrasados tecnológicamente no pudiesen seguir ese camino, facilitando a los primeros la posibilidad de lograr el monopolio de esa I.A. Algo parecido a lo que ocurre con la no proliferación nuclear, que pretende impedir que otros estados emprendan la carrera por el armamento nuclear, pero no obliga al desarme a quienes ya disponen de medios para destruirnos varias veces, y que insisten en seguir perfeccionando su armamento.

Por tanto, seguir la recomendación de Thomas Metzinger, me parece que le quitaría una preocupación a los que promocionan la I.A. para el espionaje y la guerra, pues la ética les importunaría menos incluso, y así aumentaría el riesgo de una I.A.G. psicópata que podría emerger precisamente de esa “comunidad”. Pues si la conciencia moral implica necesariamente la consciencia de sí (saber, introspección), la consciencia de sí no supone necesariamente la conciencia moral, como demuestra el caso del psicópata. Si la conciencia moral, para ser eficiente, debe ir acompañada de cierta inteligencia, la inteligencia en sí, para serlo y grande, no necesita de la conciencia moral (psicópatas integrados como grandes empresarios “hechos a sí mismos”, estrategas militares vencedores o políticos de éxito durante décadas…).

No hay más remedio que hacer desaparecer todos los programas de I.A. de espionaje y guerra pues no hay modo de moralizarlos, bien porque el intento de infundirles una moralidad elevada sería un fracaso ya que el objetivo de sus tareas lo contradice (a lo sumo, una moralidad tan hipócrita como la de los humanos que lo controlan), o bien porque directamente se renuncia a moralizarla por la moratoria en la conciencia moral artificial.

Que en un informe de expertos al Parlamento Europeo se pida la moratoria para una línea de investigación e implementación tan importante como la fenomenología sintética, nos está diciendo que se considera posible; otro asunto es sus probabilidades de éxito, pero no deben ser tan pocas cuando se preocupa por pedir una moratoria a quienes tienen facultad de legislar. Pues, porque en teoría exista alguna posibilidad de viajar en el tiempo, no se le ha ocurrido a nadie hacer una moratoria en esa investigación científica.

NOTA 4. Desarrollar más este tema de la I.A.G. Amigable excedería por completo el objetivo de este texto pues sería adentrarse en cuestiones científicas y filosóficas de muchísimo calado y alta complejidad para la que no soy competente, así que directamente hay que remitirse a personas expertas. Nick Bostrom, en su libro “Superinteligencia. Caminos, peligros, estrategias” le dedica a esta cuestión el capítulo 12 Adquiriendo valores y el 13 Eligiendo los criterios para elegir. Pese a todo, Bostrom confía en que, si interrumpimos la carrera corporativa y militar por la I.A., si ponemos esa investigación en buenas manos, sí se podría conseguir una I.A.G. amigable, programando el sistema para que aprenda por sí mismo el sentido de justicia, bondad, compasión, amor, etc. de modo favorable de nuestra especie. Creo que con el capitalismo y su Estado, esas condiciones ideales de investigación son imposibles; que cualquier I.A.G. que se adapte a nuestra especie en una sociedad de clases con explotación, desigualdad injustificada y Estado, se corromperá, no podrá compartir valores éticos elevados y ser consecuente con ellos; en el mejor de los casos sería una I.A.G. Hipócrita.

NOTA 5. Las relaciones de los seres humanos en sociedad no son meras relaciones entre personas, como se da en un encuentro casual entre iguales, sino que establecen “reglas del juego”, marcos de funcionamiento, redes, jerarquías… que acaban adquiriendo “vida” propia, creando “leyes” de funcionamiento e influencia (estén o no reconocidas explícitamente como tales o en el Derecho), situaciones, que condicionan las relaciones de los humanos implicados a veces más allá de lo inicialmente previsto. El poder de influir en la persona es diferente según de qué relaciones estemos hablando. Algunas, como la cuadrilla de amigos, crean unas normas de comportamiento (aunque no estén escritas) que pueden ser importantes para que la persona se sienta bien, pero que no tienen un gran peso en su vida en general. Otras, como las relaciones sociales de producción, son tan poderosas que condicionan sus intereses, su sentido de la libertad, de lo que es posible o no, su forma de pensar sobre multitud de asuntos, y hasta su psicología, y también lo que se entiende por Derecho, política, Estado. Por eso, podemos decir que, tras cada persona, existe un mecanismo ajeno (aunque haya sido creado por esos humanos), una estructura de las relaciones sociales, de la sociedad, que explica en gran parte lo que esa persona es y hace, y que, hasta cierto punto, la convierte en un actor que, como en una obra de teatro, representa el papel asignado por esa estructura, más que en un sujeto que determina libremente y domina su acción. Esto significa que para el funcionamiento de esa sociedad, lo más importante (aunque pueda ser muy relevante) no es cada persona, sino la estructura; parecido a lo que ocurre con cualquier juego o deporte, en el que lo verdaderamente relevante es su naturaleza, sus reglas a las que han de someterse los jugadores, sean buenos o malos; parecido a lo que ocurre con una obra de teatro, lo principal son los personajes, la obra y todo el entramado teatral, no qué actores los representen, pues el mejor no podrá salvar una obra de pésima categoría; como lo principal de una monarquía es la institución misma, no quien sea en cada momento el rey, y a rey muerto, rey puesto.

Pero a diferencia de los actores de teatro, en esta sociedad, siendo además tan compleja, las personas pueden ser poco conscientes de las causas que originan su comportamiento. Parecido al hecho de que somos capaces de hablar nuestro idioma con fluidez y gracia, sin saber que, inconscientemente, estamos usando un lenguaje que tiene su propia estructura gramatical (no sólo un vocabulario, unos términos que puedan colocarse en cualquier orden) que debe respetarse para hablar con sentido y que puede ser muy diferente a la de otros idiomas. Pero podemos llegar a conocer eso, dominar la gramática, y aprender a hablar otro idioma con otra estructura muy diferente.

Esto quiere decir que, sin suprimir la responsabilidad de cada persona en su actuación, la causa final puede no estar tanto en ella, como en la estructura que la impulsa. Pero causalidad (causa) no quiere decir responsabilidad. Eso no nos permite, a la hora de exigir responsabilidades, desentendernos y remitir al “maestro armero” aunque seamos nosotros quienes hayamos disparado el arma, ni decir “¿a mí? ¡que me registren!; no soy más que un mandao del sistema; que metan en la cárcel al sistema (sabiendo que no se puede)”. La “obediencia debida” al mando, no exime de la responsabilidad personal en crímenes de guerra, aunque las órdenes vengan de arriba del todo. Como esa estructura es obra humana, la responsabilidad personal se extiende entonces a la naturaleza de esa estructura, y si es dañina para los seres humanos, la persona también es responsable de su conocimiento y transformación para que lo que exista no sea perjudicial.

El capitalismo y su Estado, constituyen un sistema, una estructura. Un sistema es otra cosa y más que la suma de su partes, pues se estable una relación entre éstas, y emergen nuevos efectos. Un sistema también necesita de unas condiciones para surgir. Esto constituye una estructura. La estructura capitalista es más y otra cosa que la suma de sus partes o miembros (capitalistas, trabajadores asalariados, medios de producción, mercado y compradores), pues tiene unos efectos en muchísimos más campos de la existencia humana (empezando por la política, el Estado; la ciencia; terminando por el tipo humano adaptado al sistema), y también necesita de unas condiciones especiales para emerger. Para el surgimiento y la existencia diaria de la estructura capitalista son necesarios dos requisitos fundamentales: que los productores no puedan tener medios de producción propios, que una violencia les haya privado de esa posibilidad y les obligue a someterse “libremente” a quien dispone de esos medios. O sea, que el capitalismo y su Estado ya son, para empezar, unos “mal nacidos”.

Las estructuras subyacentes a nuestra realidad cotidiana (propias del capital y su Estado) tienen sus propias “leyes” de funcionamiento (imperativo del beneficio con unos trabajadores privados de medios de producción; imperativo de la jerarquía con el monopolio del uso de la violencia…), y son éstas las que orientan las líneas generales del comportamiento humano, y por tanto, las que en el fondo mueven los hilos del mal, y permiten que otra forma de la banalidad del mal (denunciada por Hannah Arendt en el nazi Eichmann y otros muchos que cometieron crímenes horribles con mentalidad de funcionarios empeñados en hacer bien su tarea “técnica”) se ejecute a través de humanos normales y corrientes (la mayoría no son monstruos), tal vez de “moral intachable” pero en el fondo corrompida, aunque sin corrupción detectable (lo que habitualmente se entiende por eso y puede estar legalmente castigado). Por ello el capitalismo y su Estado son intrínsecamente perversos (como decía en su tiempo la iglesia católica del socialismo y comunismo ¡pero no del capitalismo!), corrompen moralmente a los humanos que encierran; a todos, incluida yo, que no siento el impulso de salir a la calle a denunciar a gritos las injusticias y los crímenes de todo tipo –privados, políticos, guerreros- de los que a diario nos enteramos y que nos acaban pareciendo algo casi natural e inevitable, pues yo también estoy bastante anestesiada moralmente, y por eso, esas noticias no me quitan el sueño, pero si podría (un poco) una película de terror lograda vista de madrugada justo antes de acostarme, aunque más terroríficas son en realidad muchas de las noticias diarias.

Precisamente porque el capitalismo es intrínsecamente perverso, es por lo que el casting de sus gestores no sólo no cierra las puertas, sino que promociona con facilidad a personas que son psicópatas integrados.

Pese a todas las monstruosidades que el ser humano (aun con más cultura) viene siendo capaz de cometer a lo largo de su existencia como especie (podrían ser mayores, como la I.A.G.), y en particular en el siglo XX, pese a la indiferencia (o en el mejor de los casos, resignación) con la que, mes a mes, año a año, asistimos a las noticias sobre matanzas represivas (Chile con una represión que recuerda a la dictadura de Pinochet, Ecuador, Bolivia y la impunidad legal para la policía, Irán, Hong Kong…) o en guerras en muchas partes del mundo (Siria, Yemen, Palestina, no hace tanto Irak), en un rosario interminable en el tiempo del capitalismo, pese a que eso pueda tener mucho que ver con nuestro estilo de vida (materias primas baratas, etc.), los beneficios de la empresa para la que trabajamos, lo que hace el banco con nuestro dinero…, pese al lamentable nivel del tipo humano imperante hoy día (moviéndose entre el autoritarismo y el narcisismo), pese a la corrupción moral generaliza que esto implica (que nos hace más vulnerables al ascenso de la I.A.G. psicópata), pese a todo esto, sigo creyendo que la antropología, la neurociencia, la psicología social…,y las experiencias de lucha revolucionaria de masas, nos aportan pruebas suficientes para confiar en que el ser humano podría ser mucho mejor de lo que ha sido hasta ahora, y sin manipularlo, al contrario, liberándolo de muchos condicionantes, cuidando que otras facetas positivas puedan desarrollarse sin impedimento.

El comportamiento humano debe mucho a las situaciones, que pueden sacar lo peor o mejor de cada uno. Véase el experimento de Philip Zimbardo en Stanford simulando la situación de una cárcel, y previamente los de Stanley Milgram de obediencia a la autoridad. “Tu enemigo está en ti. Mírate en este espejo. Una clave de lo que nos pasa” (29-3-2016) con un análisis detallado del concurso-experimento “La zona extrema” del documental “El juego de la muerte”—— http://kaosenlared.net/tu-enemigo-esta-en-ti-mirate-en-este-espejo-una-clave-de-lo-que-nos-pasa/

En general, la situación extendida a toda nuestra vida por el capitalismo y su Estado (aun siendo creaciones humanas, se vuelven contra nosotros, incluido parte del potencial humano de los miembros de la clase dominante), acaba sacando de nosotros demasiado a menudo lo peor (egoísmo, violencia, indiferencia, persecución del más desgraciado…). La injusticia y violencia estructurales (empezando por el valor-trabajo-mercancía-ganancia) acaba imponiéndose incluso a las buenas intenciones de sus ejecutantes (hay muchísimos empresarios, policías, militares… que, como individuos, no pueden calificarse de malas personas). Podría crearse otro marco social en el que emergiese y se impusiese casi siempre lo mejor de nosotras. Así que no sólo tenemos una responsabilidad moral en el trato personal, o con ciertos colectivos, o una comunidad más extensa, sino con respecto a las estructuras que condicionan nuestra vida (relaciones sociales de producción, políticas: capitalismo y Estado) que son intrínsecamente perversas, de las que participamos y contribuimos de un modo u otro a sostener, pues eso puede ser lo más relevante de todo y no lo que individuo a individuo, o por colectivos o comunidades podamos hacer con nuestra mejor voluntad, que no alcanza a la raíz de los problemas (estructural) y que por tanto es incapaz de resolverlos. Es eso lo que debemos transformar para poder mejorar la general condición humana (personalidad…) y así también su calidad de vida (vida social con más apoyo mutuo, fraternidad entre los pueblos evitando las guerras…). Para ello, no necesitamos depositar nuestras esperanzas en una I.A.G. amigable, ni en el transhumanismo de ciborgs y similares.

Para algunas partes de esta nota me he inspirado en las Adendas 4 y 5 de “Marx1857. El problema del método y la dialéctica” de Carlos Fernández Liria, Akal, España, 2019, 410 páginas.

NOTA 6. Eileen Welsome “Cobayas atómicos. Los experimentos radiactivos con humanos que ocultó Estados Unidos” Ediciones luciérnaga. España, 2019, 789 páginas. También mi artículo “Estado democrático-burgués, Ejército, CIA y ciencia monstruosa (II)” (17-6-2016) — http://kaosenlared.net/estado-democratico-burgues-ejercito-cia-y-ciencia-monstruosa-ii/

NOTA 7. El PSOE, un partido “muy democrático” y “muy de izquierdas” sin duda que, con un gobierno en funciones, por vía además de decreto-ley (pensado para situaciones de urgencia en las que no se puede esperar al debate y votación parlamentaria), se dedica a atacar de esta manera las libertades, y además anuncia una reforma del Código Penal para que sea castigada como delito la convocatoria de referéndums sin el visto bueno del gobierno de España, o se considere la existencia del delito de rebelión aunque no concurra violencia (esto es lo mismo que hablar de asesinato sin muerte), poniéndoselo de paso en bandeja a cualquier gobierno de derechas apoyado en la ultraderecha. Tanta iniciativa derrocha pero, por lo visto, no ha podido hacer otras muchas cosas que beneficien al pueblo (como la derogación de la ley mordaza, de las reformas labores, permitir referéndums en vez prohibirlos en el Código Penal, límite a los alquileres…). La última jugada del PSOE ha sido negarse a gobernar en coalición con su “socio preferente”, Unidas Podemos, y provocar la convocatoria de elecciones generales para el 10-N, cuando por el contexto estaba cantado que iba a favorecer a la derecha y extrema derecha, a la reacción (incluido el PSOE y su derechización descarada) a cuenta del eje nacionalista sobre todo. Y vistos los resultados de las elecciones, que el PSOE ha bajado en votos y escaños, con un enorme peso del ultraderechista Vox, cuando ven ya las orejas al lobo, el PSOE llega en poco más de 24 horas a un preacuerdo con Unidas Podemos para formar un gobierno de coalición cuando durante seis meses y sólo un poco de tiempo antes era imposible (indeseable) según el PSOE. ¡Muchísimas gracias PSOE! *

El PSOE nos haría un gran favor si se cambiase el nombre eliminado las palabras “socialista” y “obrero” pues hace cuarenta años que abandonó definitivamente la menor pretensión de superar el capitalismo y su Estado (siquiera fuese simuladamente bajo la modalidad de Capitalismo de Estado), y sólo aspira a que tengan un “rostro humano” (aunque muchas veces no sea más una careta). Pero prefiere conservar la denominación para, de tarde en tarde, poder referirse a su larga historia desde el siglo XIX, la lucha en defensa de la República (burguesa) contra la sublevación militar franquista (mejor no removerlo porque todos nos “reconciliamos” gracias a la “ejemplar” Transición y amnistía para los crímenes y criminales del franquismo), la oposición al franquismo (en realidad, desaparecido sin combate), etc., o sea, seguir jugando al despiste ante los trabajadores/as. Como los nazis de Hitler, con su denominación como Partido Obrero Alemán Nacional Socialista (NSDAP: Nacionalsocialista Alemán Obrero Partido), al que también le sobraban la O (Arbeiter) y la S, al ser un partido al servicio del gran capital, imperialista, enemigo jurado del socialismo y opresor de la clase trabajadora a la que negaba hasta el más elemental derecho sindical. El PSOE ya ni siquiera tiene militancia obrera, está totalmente integrado en el aparato de Estado burgués y el capitalismo (con uso de las “puertas giratorias”, además), no duda en amordazar y reprimir la lucha popular, en servir lealmente al capital y su Estado (incluido el terrorismo de los GAL), por tanto es un partido burgués, sólo que con apoyo electoral popular. En un partido así no se puede confiar para impedir la llegada de la I.A.G. psicópata (en la derecha y ultraderecha, menos incluso).

*Pero también gracias a los sindicatos y toda la izquierda (Unidas Podemos) y revolucionarios que demostraron su complicidad, falta de voluntad, falta del análisis más elemental, falta de visión o incompetencia a la hora de afrontar las políticas austericidas de los recortes sociales pero sin enfrentar directamente a la ley LOEPSF (denunciando sus plazos para el 1-1-2020, lo que todavía no se ha hecho para vergüenza de todos) y el tratado europeo TSCG como ¡durante años! he denunciado. Por lo que en vez de unificar todas las luchas contra la austeridad con el objetivo común de derogación de la LOEPSF, ruptura con el tratado TSCG, derogación de la reforma del 135, y sobre todo unirnos a las luchas que se estaban dando en Francia contra el TSCG (la única persona en el Estado que las difundió, fui yo, que sepa), y creer un frente con Portugal (también lucharon contra el TSCG, al contrario que en España ¡como si no nos afectase de lleno y a peor con la LOEPSF!) con el eslogan “De Lisboa a Berlín, al TSCG demos fin”, y luego contra las reformas laborales (uniéndonos a los franceses en su lucha contra su reforma “a la española” como denunciaban ¡qué oportunidad más extraordinaria para unir el rechazo a ambas!), enfocamos la lucha de modo disperso, o tardía y mal unificadas con las “Marchas de la Dignidad” y de ahí su declive y derrota contra el austericidio. Con respecto a la LOEPSF-TSCG se ha sido incapaz ni de dar una respuesta testimonial que llegase a la gente, a los medios de comunicación, a “la calle” pese a algunas características escandalosas de la LOEPSF como la obligación de bajar la deuda pública de España al 60% del PIB para el 1-1-2020 (cuando el tratado TSCG, firmado antes, establece el plazo en los primeros años de la década de 2030, y tenemos la deuda en el 97% del PIB) que todavía sigue en la ley** y sólo yo he insistido en seguir denunciando mientras Unidas Podemos y todos han callado como necios o colaboracionistas. Ni siquiera las “Marchas de la Dignidad” lo hicieron, pese a mis llamamientos. Se han desaprovechado oportunidades HISTÓRICAS (jornada europea de lucha y huelgas generales del 2012, y muchas más, como las poderosas luchas en Francia) para aumentar la confianza en nosotras mismas, en nuestra identidad y fuerza como clase trabajadora internacional capaz de unirse, mejorar a nuestro favor la correlación de fuerzas, e impedido que revierta en nuestra contra. No hacer eso nos ha llevado a un enorme reflujo (añadido al que desde décadas se arrastraba), dar el paso a la prioridad al eje nacional (con hegemonía de planteamientos burgueses; lo comento en otra nota) y profundizar en la derrota histórica (aunque no aplastamiento), cuyas consecuencias cosechamos ahora (¡sólo estamos empezando!). De lo que ocurriría (aunque fuese imposible precisar los detalles) ya en su día fui advirtiendo insistentemente, desde hace años (2013), y no se me hizo ni caso. A todas estas nulidades como estrategas de largo y medio plazo, se les puede aplicar lo que en su día dijo Trotsky de Stalin: “el gran organizador de derrotas”. Pero no esperéis de ellos la necesaria autocrítica y rectificación pues no tienen ni los objetivos, ni el interés, ni la inteligencia política ni el valor personal necesario para ello. Las pruebas, en mis numerosos artículos.

Este asunto viene a ser como la prueba del algodón. Quien no la supere, ni siquiera a “toro pasado”, mejor que se despida de la vida política con pretensiones de grandes transformaciones o revolucionarias pues no da la talla, ni como estratega ni como táctico de medio plazo.

Unidas Podemos por fin ha conseguido el “éxito” que buscaba: un compromiso (veremos si se cumple) para formar gobierno con el PSOE, lo que la condena a un papel subalterno de las políticas centrales del PSOE con respecto a Cataluña, “orden público”, la Unión Europea, la OTAN, política internacional, cambio climático… Y con respecto a las “políticas sociales”, también, pues Unidas Podemos tendrá escaso margen pues tiene las manos atadas ya que ni siquiera ha sido capaz de denunciar la LOEPSF y el TSCG (no será porque yo no se lo haya advertido infinidad de veces durante años), y todavía está pendiente de eliminar el déficit estructural para el 1-1-2020 y bajar la deuda pública al 60% PIB para 2032 aproximadamente (estamos en el 97%) según el TSCG, y ¡para el 1-1-2020 según la ley LOEPSF ! lo que ni siquiera a estas alturas ha denunciado, ni en la última campaña electoral, aunque sólo fuese para evitar la caída de votos (entonces tendría que explicar ¿por qué antes no lo ha denunciado, desde 2012, pese a los recortes?), y la Unión Europea presionará a su cumplimiento, lo que se traducirá en límites al gasto social y hasta recortes, sobre todo si entrásemos en recesión ¡habremos desaprovechado las importantes lecciones de la crisis previa, de cómo podíamos habernos defendido!. Así es imposible poner freno al ascenso de los populismos de derecha y neofascismo, pues obtendrán votos en sectores populares que se sientan abandonados por la izquierda (en Francia, muchísimo votante obrero y popular de izquierda, defraudado, ha pasado a votar a Le Pen). Al no haber una política de clase trabajadora contra la Unión Europea y también los propios estados burgueses nacionales, se hace imposible hacer frente a un ascenso del cuestionamiento de la U.E. desde el populismo de derecha y fascismo. Sí, la derecha promociona y blanquea a la ultraderecha, pero es la izquierda la que, con sus políticas burguesas, lo permite pues no puede ofrecer una alternativa poderosa y atractiva a sectores populares descontentos, en los que acaba apoyándose el neofascismo con su desvergonzada demagogia. Basta echar un vistazo a la historia o a lo que hoy pasa en Italia y Francia. Unidas Podemos ya puede decir misa sobre “la gente”, “los de abajo frente a los de arriba” incluso los trabajadores/as, que el carácter de clase de tu política lo dicta tu política efectiva, no los bellos discursos, y en los hechos se diferencia poco de la del PSOE, y menos “compartiendo lealmente las responsabilidades del Gobierno del Estado” burgués.

Con semejante personal en la izquierda a la izquierda del PSOE, comprenderéis que no tenga muchas esperanzas en que este texto sea debidamente atendido y sobre todo se afronte debidamente el problema de la I.A.. Pero al menos quedará constancia de que alguien de la vieja generación militante ya durante el franquismo fue capaz de plantearlo, con profundidad política, a las nuevas generaciones, aunque fuesen incapaces de hacerle caso; y habré cubierto con mi sentido de la responsabilidad sin tener que pensar “¿y si lo hubiese hecho en vez de callarme?”. Efectivamente, tengo muy poca confianza en vosotros/as pues no os la habéis ganado, sino al contrario, agotado casi todo el crédito que os había adelantado. Si dejé de escribir fue -importantes motivos de salud aparte-, porque estaba harta (“quemada”) de dirigirme con un megáfono a un muro (de gente) incapaz de devolver ni el eco. Ya me decía “es inútil, te estás agotando y todo lo que haces y más que hagas no servirá para nada aunque argumentes aportando pruebas e información irrebatible”. Pero descubro la seriedad de este tema de la I.A.G. y retorno por sentido de la responsabilidad, con toda la gente del mundo, y con mi descendencia y la de mis parientes en particular. ¿Volveré a sentir que no ha servido para nada mi esfuerzo? A mí me quedan pocos años de vida, y a vosotros os tocará vivir la peor parte, pero será también porque os lo habréis ganado a pulso por omisión (aunque no os lo merezcáis). Si creéis que durante el franquismo lo teníamos más fácil porque el ambiente general era distinto, mejor (mayo francés de 1968, Checoslovaquia 1968, Argentina 69, el “otoño caliente” italiano del 69, Polonia 1970-1, Chile hasta el 11-S de 1973, la caída de la dictadura en Portugal en abril de 1974, Che Guevara, Vietnam, derechos civiles de los afroamericanos, Irlanda del Norte, etc.), es porque no tenéis ni idea de lo que era el franquismo, y que pese a las grandes dificultades, nos esforzábamos por informarnos, estudiar políticamente, organizarnos clandestinamente y luchar pese a mil prohibiciones y durísima represión, aunque pasásemos miedo por cualquiera de esas actividades que hoy podéis hacer sin el menor problema, incluso con la “ley mordaza”. Y mucho peor que nosotras lo tuvieron en otros momentos de los siglos XIX y XX, y sin embargo se esforzaron muy en serio, y gracias a eso conseguimos avanzar en derechos. Cierto que ahora hay dificultades nuevas, como la desaparición en Occidente de los grandes centros de trabajo, industriales en particular (ahora están en China, etc., donde no tienen la experiencia histórica de lucha de aquí y confunden el comunismo con la estafa de su PCCh), menor conciencia de clase trabajadora (muchos no saben ni que lo son), ruptura de la transmisión entre generaciones de la tradición política revolucionaria, la debilidad teórica para afrontar correctamente los problemas del pasado, del presente y del futuro, la sociedad de la vigilancia, el ascenso de los rasgos narcisistas de la personalidad (conviviendo con los autoritarios), del populismo y la ultraderecha, etc. Pero si no queréis abandonaros al derrotismo, la desesperación, la indiferencia a si sobrevivimos o desaparecemos, no tenéis más remedio que apechugar con lo que hay, echarle valor, voluntad y lucidez, salir adelante si no queréis que todo acabe mucho peor, y cuanto más tardéis en reaccionar, más difícil lo tendréis, pues todo lo malo y en contra que ahora existe, se agravará cada vez más. Así que no valen escusas, aunque no haya ninguna garantía de ganar.

** La LOEPSF es la “Ley Orgánica 2/2012, de 27 de abril, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera” — https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2012-5730&tn=1&p=20190330

Disposición final séptima. Entrada en vigor. La presente ley orgánica entrará en vigor el día siguiente al de su publicación en el «Boletín Oficial del Estado». No obstante, los límites previstos en los artículos 11 y 13 de esta Ley entrarán en vigor el 1 de enero de 2020.”

Artículo 11. (…) 2. Ninguna Administración Pública podrá incurrir en déficit estructural.”

Artículo 13. Instrumentación del principio de sostenibilidad financiera. 1. El volumen de deuda pública, definida de acuerdo con el Protocolo sobre Procedimiento de déficit excesivo, del conjunto de Administraciones Públicas no podrá superar el 60 por ciento del Producto Interior Bruto nacional expresado en términos nominales, o el que se establezca por la normativa europea. Este límite se distribuirá de acuerdo con los siguientes porcentajes, expresados en términos nominales del Producto Interior Bruto nacional: 44 por ciento para la Administración central, 13 por ciento para el conjunto de Comunidades Autónomas y 3 por ciento para el conjunto de Corporaciones Locales.”

Todo el mundo puede consultar esta ley, y los partidos políticos y organizaciones a la izquierda, los primeros, y sin embargo han guardado un silencio cómplice escandaloso pues esto nos daba un arma de denuncia formidable contra el PP (sacó la ley), contra el PSOE (ni la ha combatido ni la denunció), etc., que habría hecho caer al gobierno del PP y debilitado mucho, desde la izquierda, al PSOE.

NOTA 8. Imaginemos un escenario que guarda cierto parecido con lo ocurrido a raíz del temor a que los nazis estuviesen fabricando la bomba atómica, peligro descartado definitivamente al ser derrotados, pero sin que en EEUU eso detuviese a los científicos (enfrascados en “resolver un problema” como si fuese algo inocente; “la ciencia por la ciencia”) y militares en su esfuerzo por conseguir su bomba. Y su gobierno las lanzó (2), pese a que la rendición de Japón estaba cantada para más pronto que tarde, sin necesidad de invadirlo (el pretexto a posteriori de las cada vez más infladas cifras de norteamericanos que morirían en el esfuerzo), por estar los japoneses exhaustos y su temor a una invasión desde el norte, por parte de la URSS, que echaría abajo el sistema capitalista japonés y al Emperador.

Un Estado ha apoyado la inversión de muchos millones de dólares durante años y por fin están a punto de conseguir la I.A.G. que creen poner controlar en su beneficio. Sin embargo, hay voces prestigiosas que advierten de que existe un riesgo del 30% de que sea maligna para ellos mismos. Pero el espionaje dice que el enemigo potencial o real, malo, fanático y desesperado, también está a punto de lograrlo, sólo que en su caso, las probabilidades de I.A.G. maligna incluso para ellos, asciende al 50%, y a pesar de todo estarían dispuestos a arriesgarse. Ante esto, en el Estado “bueno”, se piensa que no hay que tirar todo ese esfuerzo por la borda, sino que la única manera de salvar al mundo, es seguir adelante y rápido para adelantarse y evitar que se imponga la I.A.G. maligna del enemigo. Pero ya sabemos qué pasa con los juegos de azar, aunque tus probabilidades sean menos que minúsculas ¡te puede tocar el gordo!. Para ganar tiempo, se reducen las medidas de precaución que retrasan llegar a la meta, creyendo que con eso el riesgo “sólo” aumenta a un 35%. Así que bien podría suceder que los “buenos” ganen la carrera, pero que como, sean cuales sean las probabilidades, sólo hay un oportunidad para acertar (si sale mal, se acabó) y siempre pueden surgir imponderables, se imponga el 30 o 35% de probabilidades malignas y la Humanidad quede sentenciada, y que sin embargo, en la I.A.G. del enemigo, podría haberse impuesto el 50% no tan maligno. Moraleja. ¿Qué es esto? ¡Una locura! ¡Una carrera al suicidio!

Por eso no es de extrañar que Nick Bostrom, tras 260 de páginas de sesudos análisis y reflexiones, termine su libro con una llamada y un argumento que hasta el más tonto e ignorante puede entender:

Que los mejores en naturaleza humana, por favor, se pongan en pie.- (…) Para un niño con una bomba a punto de estallar en sus manos, algo sensato sería dejarla con cuidado en el suelo, salir rápidamente de la habitación y ponerse en contacto con el adulto más cercano. Sin embargo, lo que tenemos aquí no es un niño, sino muchos, cada uno con su acceso a un gatillo de disparo independiente. (…) Algún pequeño idiota inevitablemente pulsará el botón de encendido sólo para ver qué pasa.”

NOTA 9. Sobre el auge y omnipresencia del narcisismo en nuestra época, su relación con el capitalismo, sus manifestaciones y gravísimas consecuencias, es imprescindible el libro de Anselm Jappe “La sociedad autófaga. Capitalismo, desmesura y autodestrucción” (Pepitas ed., España, 2018, 326 páginas).

NOTA 10. Aunque sólo lo conozco por una amplia reseña-resumen en la revista “El Viejo Topo” de octubre 2019, número 381, parece que puede ser de ayuda para forjar la actitud y fortaleza de espíritu necesarias, el libro “Esperanza activa. Cómo afrontar el desastre mundial sin volverse locos” de Joanna Macy y Chris Johnstone (La Llave, España, 2016, 326 páginas).

NOTA 11. Para profundizar en esto, os recomiendo: “Programa político. Más allá del electoral, de mínimos-máximos y de transición” (14-3-2017) — la crítica que ya hace un siglo necesitábamos — http://kaosenlared.net/programa-politico-mas-alla-del-electoral-de-minimos-maximos-y-de-transicion/ —– “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016) – Libro, archivo PDF de 200 páginas — http://kaosenlared.net/capitalismo-modo-de-vida-decadente-notas-sobre-estrategia-y-tactica/ —- Para descargar directamente el archivo pdf — http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2016/10/Decad-capit-estra-tact-EN-PDF1.pdf –. Con la relación y enlaces correctos a todos mis textos hasta la fecha en Kaos en la red. – Corrección: a la hora del cálculo de la composición orgánica del capital, al capital variable (salarios) debe sumarse la plusvalía.

NOTA 12. Indispensable el libro “No le deseo un Estado a nadie (Pepitas de calabaza, SL, 2018), en especial los textos de Corsino Vela. En los años 70 hubo una crisis del Régimen, del Estado burgués, a cuenta sobre todo del protagonismo de la lucha de la clase trabajadora, aunque se le diese la salida capitalista de la democracia burguesa, y también hubiese un problema territorial importante, pero en algunas partes su solución algunos la ligaban también a un cambio progresista en el sistema social. Esto no lo sabrán en las provincias sin industria y con predominio de pequeños propietarios, donde creerán que “la democracia” la trajo el Rey Juan Carlos ayudado por Adolfo Suárez. Hoy, la crisis del régimen del 78 es una crisis sobre todo de corte inter-burgués y en torno al poder territorial del actual Estado burgués. En esta pelea, la clase trabajadora –como sujeto autónomo con sus propios objetivos de clase- brilla por su ausencia, los derechos sociales están en último lugar del programa, y a la lucha contra el capitalismo y su Estado ni se la espera. La crisis política de los 70, en España y otros países (como Italia, antes Francia), apuntaba, siquiera ligeramente, contra el sistema capitalista, hacia la causa de fondo de los verdaderos problemas de la Humanidad y de nuestro futuro. Esto no lo hace hoy la cuestión territorial (más con la orientación burguesa dominante en Cataluña) que, al contrario, desvía nuestras escasas energías de las tareas centrales de nuestro tiempo, ya de emergencia, como las mencionadas aquí. Esto no quita que una comunidad territorial tenga derecho a la independencia política si lo decide una mayoría reforzada y con visos claros de estabilidad (no un 51%, con un voluble 1% hoy por la independencia, pero en cuatro años, por la reintegración). En este caso catalán, la gran mayoría de la izquierda radical y “revolucionaria” catalana y del resto de España, han demostrado una vez más su poca inteligencia política y deficiencia en los instrumentos de análisis (orientación pequeñoburguesa en el fondo) cuando han creído que el independentismo catalán podría conducir a una crisis del Régimen del 78 que nos podría favorecer a todas. Que exista una crisis de Régimen no quiere decir que ésta vaya a ser necesariamente progresista aunque algunos así lo pretendan; puede ser todo lo contrario. Sobre todo si el eje de la crisis es en términos nacionales (implícita la negación de la naturaleza antagónica de los intereses de clase –capitalistas y trabajadores-, lo que siempre es favorable a políticas burguesas, de constitución de un Estado burgués para oprimir a la clase trabajadora) y promovido en Cataluña por un sector de la burguesía y pequeña burguesía y su personal político (partidos), y no un eje social, de clase trabajadora (reformas sociales, algunos cambios en las relaciones sociales de producción, debilitar algunos de los aspectos más reaccionarios del Estado burgués…; o el objetivo mayor de una revolución socialista) con el protagonismo, liderazgo y hegemonía de la clase trabajadora (no de la pequeña burguesía cabreada o de sectores importantes de la burguesía media, como en Cataluña). Por consiguiente, lo que realmente se ha producido es una derechización de este Régimen, con un auge descarado de las posiciones más nacionalistas españolas (incluido el PSOE) y ultraderechistas, el independentismo no se ha extendido a una parte claramente mayoritaria de la ciudadanía catalana, y la clase trabajadora está dividida en Cataluña y España por el eje nacional, por consiguiente, sale más debilitada, con la dificultad de tener que superar este lastre para afrontar un futuro todavía más peligroso. Y en cuanto al eje nacional, en vez de avanzar en democracia, tendencia a la recentralización nacionalista española (expresada por el PP y sobre todo Vox y Ciudadanos, y el papel jugado por la más alta judicatura del Estado), por lo que los catalanes, vascos, gallegos, en vez de ver abierta la senda a la independencia si eso quisiesen (como algunos soñaban a cuenta de la lucha catalana), verían que se les cerrase más y una pérdida en sus actuales derechos, pues aumentan las pretensiones de ilegalizar a los partidos independentistas catalanes y vascos (luego seguirían los comunistas…). Puede terminar esta crisis con una España peor en la que la mitad de los catalanes no se identifique pero tenga que conformarse (“ajo y agua”). Hoy en día algunos caen fácilmente en las trampas de los cuentos democráticos y piensan que sin legitimidad democrática no puede haber poder sostenible. A la burguesía dominante y a su Estado lo que más les importa es ser capaces de mantener su dominio; el grado de convencimiento sobre la bondad de eso, es secundario; no se renuncia a vencer porque no se pueda convencer; el régimen capitalista de Franco no renunció a su poder porque no convenciese y debiese recurrir al terror primero y a la represión sistemática después, durante ¡40 años!, y pese a que la clase trabajadora protagonizase la principal oposición al régimen. Confiar en que en la Europa democrática, en la Unión Europea, no fuese posible más que una salida progresista y democrática, es no entender la naturaleza burguesa e imperialista de esta comunidad de estados, que ya toleraron o fueron cómplices del franquismo durante la guerra civil, que en vez de derrotarlo tras vencer a los nazis, lo consideraron un “baluarte contra el comunismo”, y que hace muy poco se ensañaron con Grecia cuando les podía haber resultado muy fácil ayudarla a superar sus problemas ¡pero había que aprovechar la ocasión para dar un escarmiento a los griegos trabajadores y de izquierda, y lanzar un mensaje a navegantes (nosotros, portugueses, italianos, franceses)!. Aunque no se pudiese prever los acontecimientos al detalle, las líneas generales de esto estaban cantadas desde hace varios años para quienes como yo (lo advertí repetidamente en mi artículos y comentarios), hiciesen un análisis serio, sobre todo partiendo de la correlación de fuerzas entre las clases (la trabajadora, políticamente mucho más débil que durante el fin del franquismo, con su gran combatividad y capacidad para huelgas generales, pese a ser todo ilegal y reprimido hasta con muertos), y que por tanto, la crisis efectiva del Régimen del 78 podría tener fácilmente una salida reaccionaria ante la incapacidad de la clase trabajadora para imponer la suya. Como en Alemania, la crisis mortal de la República de Weimar, pese a la supercrisis capitalista de 1929, no tuvo como salida una revolución proletaria o siquiera un avance progresista, sino el ascenso al poder de los nazis y la guerra imperialista (IIGM), esto, la “solución” más reaccionaria posible, la contrarrevolución terrorista más feroz, el sacrificio de millones de trabajadores/as de todo el mundo en el altar del capital y sus estados, y la escalada más monstruosa en la matanza de civiles o no combatientes (campos de exterminio industrializado, ciudades bombardeadas con napalm, bombas atómicas…). Dicen que en chino “crisis” quiere decir oportunidad, pero lo más importante es ¿para quién?. Sobre esto de Cataluña se puede leer en muchos de mis artículos.

NOTA 13. Aunque tengo mis divergencias con muchas de la afirmaciones del autor, una aportación importante a esta cuestión, incorporando una problemática tan echada de menos en el marxismo como es la psicología social e individual, es el libro de José María Chamorro “Capitalismo, izquierda y ciencia social. Hacia una renovación del marxismo” (Gavagai, España, 2019, 581 páginas, tamaño grande, letra pequeña, muy denso). Como es una editorial poco conocida, de escasa difusión, para haceros una idea del contenido del libro copio de la contraportada “Este libro tiene tres partes. En la primera se expone una renovación de la teoría marxista por la vía de remediar su gran carencia; pues siendo el marxismo una teoría general de la sociedad, no integra, como sería necesario, una teoría psicológica en su núcleo. Esa carencia, que en tiempos de Marx era disculpable, pero no en el presente, ha perjudicado el desarrollo de temas marxistas fundamentales, como el de la ideología, el de las clases sociales, el de la revolución como puerta de entrada al socialismo y el de la fabricación del “hombre nuevo”. Hoy puede encontrar remedio si se utilizan de manera adecuada los materiales y conceptos que han ido ofreciendo, desde los años 40 del pasado siglo, las disciplinas básicas del campo de la ciencia social, así como la teoría de sistemas y la cibernética. En la segunda parte se utiliza la teoría marxista así renovada para desarrollar una crítica al capitalismo (incluido el más ejemplarmente socialdemócrata), y no sólo a su economía, sino ante todo a sus formas de socializar (de fabricar a los individuos) y a su naturaleza de plutocracia disfrazada, que hace al capitalismo incompatible con la democracia. En la tercera parte se reflexiona acerca de cómo debería organizarse una izquierda anticapitalista y cuáles deberían ser sus tareas fundamentales, lejos de apremios del electoralismo que caracteriza a los partidos políticos prosistema, imitados por la izquierda marxista.”

Para ACCEDER a mis artículos, informes y libros. Los artículos a partir de 2015, los podéis encontrar poniendo esta nueva dirección https://kaosenlared.net/?s=Aurora+Despierta con varias páginas. Si hacéis clic en mi nombre, os lleva a https://kaosenlared.net/autor/aurora-despierta/ —, pero ahí sólo sale una página, no da opción a ver más documentos. El último artículo publicado es del 14-3-2018. Para vuestra comodidad, tenéis la relación y enlaces correctos a los textos previos al 20-10-2016 en “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016) – Libro, archivo PDF de 200 páginas — http://kaosenlared.net/capitalismo-modo-de-vida-decadente-notas-sobre-estrategia-y-tactica/ —- Para descargar directamente el archivo pdf — http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2016/10/Decad-capit-estra-tact-EN-PDF1.pdf

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