ETA ¿una historia más?

Por Iñaki Urdanibia

Andrés Sorel es un hombre con dilatado y prestigioso historial en el seno de la izquierda hispana. Una dilatada vida de compromiso y una labor periodista no pocas veces entorpecida por los poderes de turno: ahí está el efímero paso por los quioscos del diario Liberación, allá por los años ochenta, diario que suponía una bocanada de aire fresco al reunir a los más granado de la izquierda coherente del estado hispano. Varias son también sus novelas, de las que recuerdo aquella que daba cuenta del cementerio en que se estaba convirtiendo el paso del estrecho gibraltareño.

Pues bien es la personalidad del sujeto el que hizo hacerme con su libro de breve y explícito título: « ETA » ( Akal, 2017). El libro por lo general no me ha defraudado, aunque hay algunos crujidos de los que luego hablaré que en algunas ocasiones hace la lectura realmente dificultosa o con un sentimiento de extrañeza y confusión.

Vaya por delante que es de aplaudir la iniciativa de Andrés Sorel por tratar de explicar las razones que dieron lugar al nacimiento de la organización armada y a sus posteriores acciones. El autor se desmarca del habitual tono que consiste en narrar una película de buenos y malos, en la que los primero son terriblemente buenos se mire por donde se mire, y los segundos son malos, requetemalos, la encarnación del mal absoluto. Esto es todo y sanseacabó. Al veterano periodista y escritor parece guiarle el dicho de Spinoza : Non ridere, nec lugere, neque detestari, sed intelligere y conste de inmediato que a pesar de lo que puedan pensar Manuel Valls y otros de su cuerda ordenancista: comprender no es justificar; como es el caso del libro que ha escrito Sorel sobre el delicado – por calificarlo del algún modo- tema; lo dicho no quita para que en el texto soreliano se vean claras y rotundas críticas con nitidez, en especial a los tiempos en que ETA pasó de la violencia de respuesta a la de represalia, que desembocó en una violencia no pocas veces indiscriminada; y con la línea política poco menos que de vacaciones. Hace poco todavía en esas tonalidades patrióticas, en un libro publicado, verdadero texto de combate, por la editorial Tecnos ( Pardines. Cuando ETA empezó a matar) en el que podía leerse, por ejemplo, refiriéndose a Txabi Etxebarrieta que era sencilla y llanamente un verdugo …no entraré a defender al asesinado en Benta-Haundi, ni entonaré la copla de Imanol Larzabal, pero la simplificación, el insulto y la mentira no parece que sea el modo de actuar de eruditos historiadores y ensayistas ( Florencio Domínguez, Juan Avilés, Santiago de Pablo, López Romo, Jesús Casquete, Ruiz Soroa) como es el caso al que me refiero a modo de ejemplo…No por pintar las cosas de una manera la cosa cambia, aunque bien mirado tampoco parece desacertado aquello que dijese el otro de que todo es interpretación e interpretación de la interpretación, y ciertas interpretaciones absolutamente escoradas y descontextualizadas se han convertido desde hace años en moneda corriente en el todo vale que ha guiado a periodistas, políticos y policías en la lucha contra la organización armada, hoy, afortunadamente desaparecida.

Siete bloques componen la obra en la que se comienza con un retrato del marco histórico de Euskal Herria, en el que repasa cuestiones relacionadas con la Iglesia en la que cohabitaban dos tendencias una del lado del franquismo puro y duro y la otra implicada con los sufrimientos del pueblo; se nos hace retroceder a los tiempos de la guerras carlista y al nacimiento del PNV, para después acercarse a la guerra civil y los avatares del movimiento obrero y revolucionario. El segundo bloque se centra en los fundamentos ideológicos, culturales y militares de ETA, en los que nos son presentados las primeras teorizaciones de la mano de Txillardegi, Krutwig o Madariaga, Benito del Valle…y el peso de las teorías, guerreras, de Marighella, Mariátegui, al que se sumaba el ejemplo de algunas experiencias guerrilleras de otros lares. El siguiente paso es el que nos planta ante los orígenes y desarrollo de ETA, abarcando los años que van de 1958 a 1968. La pasividad del partido jeltzale hace que algunos sectores de jóvenes se comiencen a rebelar, y junto a algunos más crean EKIN, como embrión de lo que posteriormente devendría ETA; nos son presentadas con trazo veloz las cinco asambleas de la organización con sus tiras y aflojas. Se nos acerca igualmente a la figura de Txabi Etxebarrieta, a su muerte a tiros en Tolosa, y a la posterior respuesta de la organización armada, atentando mortalmente contra el sanguinario Melitón Manzanas junto a su casa de Irún. El cuarto bloque, Juicios, secuestros, atentados: el ruido y la furia, abarca los años que van de 1968 a 1977. Estamos ante el decisivos proceso de Burgos, la voladura de Carrero Blanco, la emblemática figura de Txikia, y la escisión entre poli-milis en la sexta y la séptima asambleas de la organización; también se da un titubeante acercamiento al caso Pertur ( asunto ante el que Sorel deja su visión en los dimes y diretes acerca de la responsabilidad de tal desaparción, al igual que más tarde hará con la desaparición de Naparra o Bakunin, José Antonio Etxeberria, militante de los Comandos Autónomos Anticapitalistas).

Ya, con pasos de paloma – como no puede ser de otro modo, ante la amplitud de los que se trata de abarcar- se nos presentan los años de plomo, en los que se puso en marcha la dialéctica, infernal, de acción-represión-acción…en los años 1978-2010. Ya en los tiempos de la reforma, Fraga y más tarde los GAL( y algunas otras organizaciones terroristas que los precedieron)…Se da un acercamiento a los casos de Apala y Argala, se dedican algunos dardos certeros a la hora de destacar la tortura sistemática que se puso en marcha en la época, lo que era complementado con el terrorismo de Estado, y una prensa que hacía verdadero terrorismo de papel. Se presenta la alternativa KAS y el nacimiento de Herri Batasuna…y el asesinato de Yoyes, que da cuenta de las tensiones internas que se daban en el seno de la organización entre Txomin y otros dirigentes; el primero de ellos expulsado en África, luego participando en las conversaciones de Argel y su casual muerte en casual accidente de tráfico. En esta fase se destacad la absoluta militarización de la organización que en su carrera cometió atentados salvajes como el de Hipercor, el frío asesinato del concejal Blanco, la bomba de la terminal de la estación de Atocha . Esta acumulación de atentados, en su ciega carrera, iba a suponer la creciente disminución de apoyos con los que anteriormente con los que había contado la lucha armada. Es tiempo también de el cierre del diario Egin y otras publicaciones, sedes, organizaciones, etc., etc., etc. Se echa en falta – al menos así se lo parece al autor de estas líneas- una atención mayor a la nefasta actividad del juez Garzón ( del que se apunta ciertamente su demencial sumario y consiguiente cierre de Egin) que ante las torturas miraba hacia otro lado, que escribía sumarios increíbles que suponían que todo era ETA con lo que ello suponía de cara a la ampliación de la represión indiscriminada; del mismo modo que no se ahonda lo suficiente en las responsabilidades superiores de los Gal; así cuando se habla del espectáculo ante las puertas carcelarias de Guadalajara no se nombra a los que ingresaban ni a los brillantes, y descarados, apoyos.

Los años 2011 y siguientes, el libro se cierra obviamente antes de la disolución de la organización, se narran los tiempos del final, los fracasados intentos de alcanzar el necesario diálogo entre las partes, y ahí se puede observar la implicación personal de Andrés Sorel en distintas iniciativas encaminadas a lograr una paz sin vencedores ni vencidos, amén de su participación en la presentación de Sortu en la capital del reino Bobón, lo cual le supuso furiosas críticas de legión de periodistas y otros personajillos que como única salida proponían la derrota humillante, el pudrimiento de los presos en la cárcel ( el ético Savater dixit)…cosa que siguen haciendo tras la desaparición de la organización. Explica todo el cúmulo de zancadillas que se pusieron a la hora de entregar las armas, el ninguneo de los mediadores internacionales…

La historia concluye con unas muy interesantes páginas , nuevas reflexiones sobre las violencias, en las que se habla de los diferentes tipos de violencia en el hit-parade de la bestialidad, en el que siempre vence el que más puede: el Estado que ejerce la violencia con los brazos que le apoyan ( prensa y otros medios de comunicación, escuelas, etc.). Se hace hincapié en la tendencia mayoritaria a criticar la violencia de ETA e ignorar , o aplaudir, otras violencias como las aplicadas en los cuartelillos y comisarías, las violencias del franquismo y el incumplimiento de los consejos de la ONU sobre los desaparecidos , arrojados por las cunetas, o la vista gorda ante los responsables de muchos de estos desaguisados…que, en la escala de lo sangrante, en vez de ser juzgados y condenados han solido ser ascendidos y condecorados…con la muy especial, y llamativa, responsabilidad de los gobernantes dichos socialistas.

En fin, el libro es un ejemplo de dignidad, de intentar explicar – que no justificar- el surgimiento de ETA y la retroalimentación que la hizo perdurar por medio de la tortura, la represión brutal e indiscriminada que se cernió sobre poblaciones enteras de Euskadi , con unas llamadas fuerzas del orden convertidas en cuerpos de desorden delictivo, alimentando así la ampliación de sectores del descontento y la resistencia. La palabra es dada a los protagonistas de la historia y el intento de abarcar toda la complejidad de los hechos y de los desacuerdos y escisiones en la propia organización es encomiables si bien hay ocasiones en las que el intento parece desbarrar hacia los pagos de la confusión…

Esta confusión a la que anteriormente he aludido se traduce en unos listados de atentados, muertes que más que redactados son presentados en estado de borrador esquemático( véanse a modo de ejemplo los listados ya mentados, o muy en concreto las páginas 169 y 170), y que hay veces que, en su repetición, hacen que se apodere en la lectura la sensación de dejà lu. La confusión a la que me refiero se traduce en los cronológico ( hechos, reitero, repetidos , al ser encasillados en diferentes apartados), en algunas siglas o expresiones que resultan irreconocibles o inexactas ( MKE, Kominteak, Gastedi, Denontat,…) y nada digamos en lo referido a nombres propios en general.

A pesar de que el propo Sorel presente excusas iniciales al respecto, chocan en la lectura el modo en que se escriben algunos nombres de localidades, organizaciones y otros nombres propios vascos; conste que no es cuestión de que el que lea el libro sea euskaldun o erdeldun, sino que cualquiera que ande por aquí, o se haya acercado a lecturas sobre los temas tratados, se sorprenderá por algunos términos, sin pasar lista me vienen a la cabeza un par de ellos especialmente llamativos, a modo de ejemplo: Deva que hoy en día tanto en las señales de tráfico como en todos los papeles, aparece como Deba ( cuestión que es aplicable a otros muchos nombres, y no es cosa de seres estrictos que se empeñan en…sino normas dictadas por Euskaltzaindia y la aprobación correspondiente del Senado hispano), Donibane Lohirum ( ¿ se referirá a Donibane Lohizune?), Larhum ( ¿ para referirse a La Rhune o Larrum?), o lo que resulta más, crujiente si cabe, escribir “ Euskadiko Ezquerra” no tiene ni pies ni cabeza ya que si la primera palabra se escribe como es, la segunda se españoliza al modo carpetovetónico que emplea la prensa rancia; sin obviar los cambios de apellidos o nombres Zuleica, Lerena, Maixel, Un zurrunlaga, etc.; o la “ponencia Osagabía”etc. ( Y no sigo)..Dos cosas al respecto: por una parte, está bien excusarse pero es mejor poner solución al asunto con una medida sencilla donde las haya: recurrir a un corrector que hubiera subsanado de inmediato estos errores que se dan de manera continuada convirtiendo la cosa en un verdadero galimatías nominal, cosa que sin entrar en mayores, resulta una falta de respecto al menos para quienes viven por acá, además de que para el resto de lectores, puede suponer una confusión acerca de cómo nombrar algunos nombres propios de por acá, al hacerlo de modo impropio; y por otra parte, se ha de añadir, que o se usa un criterio unificado o no, en el primer caso no cabe como acabo de señalar en el ejemplo de EE, usar uno en la primera palabra ( Euskadiko) y en la palabra siguiente otro( Ezquerra), en el segundo resulta el despendole que es lo que sucede en no pocas ocasiones.

En este orden de cosas, me permito una humilde recomendación: en las siguientes reediciones o nuevas ediciones – que ojalá las haya, ya que la visión ofrecida es rara avis entre las que se publican o se difunden- debería tenerse en cuenta el asunto que señalo que opino que no es una cuestión únicamente formal, sino que hace que la lectura tropiece y suponga ciertos crujidos similares a los que se producen en algunos vinilos ya gastados por el uso, y el abuso…

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