[Estreno] «No me olvides»,sobre la colaboración española en la dictadura militar argentina, en Guadalajara

El documental, realizado por el periodista uruguayo afincado en España Danilo Albin y por el documentalista Karlos Trijueque, se basta en las exclusivas del diario Público.es, que en el año 2014 dejaron a la luz la colaboración del gobierno y de varias empresas y políticos españoles a las atrocidades que la dictadura encabezada por el general Videla, quien agradeció en varias ocasiones el apoyo del Rey Juan Carlos.

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El documental se centra en el asesinato en Madrid de una Madre de Plaza de Mayo en 1980, cuya investigación y tras las denuncias de los familiares, dejó entrever la colaboración de las fuerzas de seguridad españolas de aquel entonces.

Tras la proyección habrá una degustación de empanadas criollas y productos argentinos.

Fecha y hora: sábado 1 de febrero de 2020
Lugar: Centro Social Octubre (C/Chorrón 16 bajo).
Entrada libre
Tráiler: https://bit.ly/3aH5VUa

21 de julio de 1980, pleno verano en España. En un hotel del madrileño barrio de Princesa sale un desagrarable olor. Los encargados del edificio avisan a la Policía que una mujer que había sido acompañada por dos hombres de acento argentino llevaba tres días sin salir. Era el cuerpo sin vida de Noemí Gianotti, madre de Gustavo Molfino, que había sido secuestrada en Lima un mes antes. Para el exilio argentino residente en Madrid, y para el Partido Comunista de España (PCE), que llevó el caso al parlamento, estaba claro: el crimen había sido ejecutado por miembros de las Fuerzas Armadas argentinas, pero había una complicidad española que ni el juzgado que tramitó aquella causa ni el gobierno español querían aclarar.

Según destapó la revista española Interviú el 24 de mayo de ese año, cuatro meses antes de este crimen, el embajador de la dictadura ante el gobierno del entonces presidente Adolfo Suárez, Jorge Washington Ferreira, se entrevistó con el que fue el Ministro de Asuntos Exteriores de su gobierno José-Pedro Pérez Llorca, ya que había intereses compartidos: por un lado, la dictadura militar estaba interesada en que España intermediara en un “blanqueamiento” internacional del gobierno de facto y respaldara una eventual acción argentina en Mavinas; por otro, el CESID estaba muy interesado en las prácticas de “lucha antisubversiva” empleadas por la dictadura, con una posible aplicación en lo que en España se llamó “guerra sucia” contra ETA y contra otras organizaciones armadas del momento.

La cercanía política de la derecha española con la dictadura militar era una evidencia en 1980, momento en que en España había una disputa muy grande entre las facciones del Estado: las que planteaban una restauración franquista frente a las que planteaban una “modernización democrática”, previa liquidación de la oposición interior mediante las tácticas ilegales que vinieron a llamarse “estrategia de la tensión”.

Tras el fin de la dictadura, los miembros de los grupos de tareas del gobierno militar argentino pasaron a cobijarse entre los ultras españoles, que les aseguraron protección de las fuerzas de seguridad españolas y respaldo político. Los casos emblemáticos de esta protección son los de Jorge Cesarsky, quien asesinó en 1977 a al joven español Arturo Ruiz, del sindicato Comisiones Obreras (CCOO) en una marcha pro amnistía y a quien el ultra español Ricardo Sáenz de Ynestrillas dedicó unas emotivas palabras a su muerte en Madrid, el propio comisario Morales, presunto autor del asesinato de Noemí, o Rodolfo Almirón, quien fuera jefe de seguridad del líder del Partido Popular y ex ministro franquista Manuel Fraga.

Emilio Botín (padre), dueño del Banco Santander, manifestó ante la prensa argentina tras sus elogios al golpe militar que “Después de los recientes acontecimientos políticos acaecidos en aquel país, tenemos fundadas esperanzas de que se volverá a la prosperidad del pasado, pudiendo asegurar que nuestra organización allí, que incluye cerca de 500 empleados y nueve sucursales, está plenamente preparada para participar en el resurgimiento de aquella gran nación”. No era para menos.

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