Cuba. ¿Estos son los “Capitalistas buenos”?

Sobre la relación entre un escándalo de corrupción en Brasil y la inversión extranjera en Cuba. 

Acá por Cuba, después de muchos años de demonizarla, el Gobierno abrió las puertas a la inversión extranjera, con un entusiasmo digno de mejores causas.

Sin querer decir que los recursos financieros disponibles internacionalmente son necesariamente negativos, la bienvenida acrítica al capitalismo internacional ha constituido una de las fuerzas más activas en nuestro suelo en pro de la restauración del capitalismo “normal” en los últimos años.

El Observatorio Crítico no ha dejado de presentar sus denuncias sobre la opacidad y autoritarismo propios de este proceso, y de los efectos sociales, económicos y políticos de tal tendencia.

Recuerdo un cruce de opiniones, hará unos pocos años, con un periodista oficialista que nos criticaba por esto. En aquel momento me preocupaban los contratos entre nuestro Gobierno y el gigante corporativo brasileño, Odebrecht.

Esta trasnacional, vale recordar, ha adquirido en Cuba derechos de administración sobre el central 5 de Septiembre; enorme potestad en la zona económica especial en el puerto de El Mariel y quién sabe cuántas propiedades e inversiones más. Para el periodista, no había nada de malo en ello, pues los brasileños eran capitalistas de una naturaleza “distinta”, buena gente; vaya, que venían casi por ayudarnos generosamente, a diferencia de otros capitalistas “malos”, que iban por los países del mundo en busca de lo que pudieran rapiñar.

Pues bien, hace unos días, como parte de la serie de escándalos de corrupción que han salpicado la arena brasileña, salió a relucir esta compañía Odebrecht. Nuestra prensa local, como puede constatarse, ha sido muy discreta en esto del descrédito del gobierno de Dilma Roussef y su política neoliberal, de las denuncias y protestas que han rodeado a su partido y gobierno. Consecuentemente con esto, no ha dicho ni una palabra sobre la detención del dueño de la compañía de marras, Marcelo Odebrecht.

Odebrecht, encargado de la expansión del puerto de Mariel, Cuba. Foto: odebrecht.com

En una crónica publicada el pasado día 19 de junio por el diario mexicano La Jornada, encontré algunos detalles. Odebrecht, que emplea cerca de 200 mil trabajadores y está presente en 21 países, llevaba tiempo en la mira del contralor general del gigante sudamericano, por participar, supuestamente, de un cártel de firmas de la construcción, acusados de distintos delitos asociados a la corrupción, el soborno a políticos, sobrefacturación, etcétera. En Brasil, enfatiza el rotativo, los ricos son considerados impunes a la justicia, así que el encarcelamiento de Marcelo Odebrecht ha sido todo un acontecimiento.

Curiosamente, apenas unos días antes, el sitio Cubacontemporánea publicaba un alegre artículo, celebrando el involucramiento de esta corporación en Cuba, en los diferentes sectores en los que opera.

Estos hechos ratifican por enésima vez nuestras aprensiones. Nuestro Gobierno se codea, a espaldas de la población trabajadora, con empresarios capitalistas, verdaderos tiburones del mundo moderno. La clase trabajadora cubana no tiene ni voz ni voto en estas negociaciones, en las que se producen verdaderas y masivas transacciones de soberanía, recursos materiales y humanos al capital trasnacional. La burocracia de aquí dentro se entiende con los magnates de allá afuera, y la corrupción encuentra los más amplios espacios para volar.

Al final, sufren las consecuencias los trabajadores y trabajadoras de todas partes. Allá, tal vez los humildes residentes de una favela que sufren la explotación de Odebrecht; acá, quienes quizás vivan en un solar habanero y sufran la extorsión de una empresa local, mediadora y vampiresa de la fuerza de trabajo absorbida por la empresa extranjera. Se refuerza el sentimiento de enajenación respecto al proceso de producción y las riquezas del país, y se fomenta la mentalidad del individualismo y el enriquecimiento personal como señal de prosperidad.

Y si los vicios de aquellos señores capitalistas extranjeros son tan virulentos, que terminan por estallar públicamente allá, y los que les rodean deciden que no “vale todo”; por acá, con un manto de misericordioso silencio se resuelve el asunto. No vaya a ser que una persona curiosa empiece a indagar: bueno, y quién negoció con ellos por este lado; cómo habrá sido tratado; quien decidió todo lo que se les podía entregar, ¿no le habrán hecho algún regalito? Y lo que se pueda destapar lo sabrá solo Dios o Marcelo Odebrecht.

http://www.havanatimes.org/sp/?p=107182

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS