Estos ocho puntos no señalizados tienen contaminación radioactiva

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Ecologistas en Acción y Jarama Vivo, señalizando la banqueta de Gózquez de Abajo en la que en 1970 se depositaron lodos radiactivos. Álvaro Minguito.

En Gózquez de Abajo, un pequeño núcleo de población a dos kilómetros de San Martín de la Vega (Madrid), junto a la Real Acequia del Jarama, llevan 48 años con residuos radioactivos enterrados a apenas unos metros del núcleo urbano. No es el único espacio en el que se da esta situación: hay un total de ocho banquetas —enterramientos— con residuos radioactivos cesio-137 y estroncio-90 “cinco, seis y hasta diez veces por encima de las dosis permitidas”, indica Francisco Castejón, físico nuclear y portavoz de Ecologistas en Acción, quien a pesar de la gravedad del problema se apresura a dejar claro que en este momento “no hay riesgo ni para el agua ni para los cultivos, porque las medidas muestran que los residuos están donde debían estar”.

El problema es que esa circunstancia podría cambiar. Como señala Castejón, “puede haber intrusión humana, obras, lluvias torrenciales… y esa contaminación podría extenderse; por eso pedimos, sencillamente, que se se señalicen las zonas contaminadas, se caracterice lo que hay aquí y, en caso de que tenga dosis más altas de las permitidas, se proceda a limpiar”.

“En estos momentos no existe garantía alguna de que estos vertidos no hayan sido removidos y dispersados”, señalaba Raúl Urquiaga, portavoz de Jarama Vivo. “De hecho, algunas de las localizaciones están sobre infraestructuras como la variante de la A4, caminos o torres de electricidad”. Es por ello que Urquiaga señala a El Salto que hasta cuatro de esas banquetas podrían “estar tocadas”, con lo que la contaminación podría haberse extendido más allá de las zanjas iniciales.

 El gobierno franquista mantuvo en secreto el enterramiento de lodos radioactivos en las ocho banquetas junto al Canal del Jarama. Álvaro Minguito.

Las dos organizaciones se desplazaron este miércoles a Gózquez de Abajo, lugar donde se produjo uno de esto enterramientos, para marcar la banqueta, como parte de su campaña para señalar los emplazamientos radioactivos.

Secretismo Franquista

Esta historia se remonta a 1970, cuando se produjo una fuga del  Centro Nacional de Energía Nuclear, en la Ciudad Universitaria de Madrid, uno de los centros que participaron en los intentos del régimen franquista por conseguir la bomba nuclear. De las alcantarillas pasó a los ríos Manzanares, Jarama y Tajo. “Se detectó hasta en Lisboa”, añade Castejón, lo que provocó la protesta de Portugal a pesar del secretismo con el que se llevó el accidente. De hecho, hasta el pasado 15 de septiembre, cuando el diario El País se hizo eco de la historia, no salió a la luz pública la existencia de estas ocho banquetas.

Los responsables de la entonces Junta de Energía Nuclear, que monopolizaba todo lo relacionado con la energía atómica en la época, “recorrieron aguas abajo y limpiaron los lodos contaminados del cauce”, explica el físico nuclear, quien remarca la “clara dejadez que tuvieron al recoger los lodos y enterrarlos in situ, en vez de tratarlos como residuos nucleares”. De hecho, a pesar de que se conoce su ubicación aproximada, “solo se puede garantizar que han sido localizadas cuatro de las ocho banquetas”, añaden desde las dos organizaciones.

Los lodos, sacados del fondo del Canal del Jarama, llevan 48 años enterrados y sin señalizar. Álvaro Minguito.

Una denuncia presentada en los años 90 —que fue finalmente archivada— trajo como consecuencia que los técnicos del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat) realizasen una serie de análisis en las zonas afectadas. “Esas medias arrojaron que en el agua había radioisótopos cesio y estroncio, pero muy por debajo de las dosis permitidas en aquellas época, que por otro lado son cinco veces superiores a las permitidas hoy”, explica Castejón.

De nuevo, en 2012 se realizan análisis, esta vez por parte del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), momento en el que, según afirman desde estas dos asociaciones, “los técnicos se reafirman que hay zonas severamente contaminadas”, realizando informes en los que “reconocen que en su día no se realizaron todas las mediciones adecuadas”. Por ello, las recomendaciones de los especialistas señalaron la necesidad de averiguar el estado de los enterramientos —en especial si existían conducciones de agua en el subsuelo—, caracterizarlos, vallarlos y, en su caso, descontaminarlos, “unas recomendaciones a las que no se ha prestado ninguna atención”, denuncian los dos colectivos.

Cartas en el asunto

En un comunicado hecho este miércoles, el CSN admite la existencia de las ocho banquetas “con presencia de productos de fisión, habiéndose realizado determinaciones para Cesio-137 y Estroncio-90”, además de otras cinco zonas contaminadas con radioactividad en todo el Estado. Sin embargo, el regulador, que remarca que “no existe riesgo radiológico significativo” en ninguna de estas áreas, sostiene que “en este momento no existe ningún terreno declarado como contaminado, por la ausencia de regulación específica sobre terrenos contaminados radiológicamente”. Terrenos contaminados no declarados como contaminados. Paradojas de la vida.

Las otras cinco área son Palomares (Almería), con 40 hectáreas con presencia de de Plutonio-239 y Americio-241 fruto de la caída de varia cuatro bombas nucleares en 1966 debido a un accidente aéreo entre un bombardero norteamericano B-52 y un avión nodriza KC-135; el terreno CRI-9 de las Marismas de Mendaña, en el Estaurio del río Tinto (Huelva); una balsa de fosfoyesos con presencia de Radio-226 también en el estuario del Tinto, en su confluencia con el Odiel; el paraje de El Hondón en Cartagena (Murcia) donde, se encuentran unos depósitos de lodos de fosfatos con presencia de Uranio-238; y el embalse del Ebro en Flix (Tarragona), lugar en el que se situaban lodos de fosfatos con presencia de Uranio-238.

Activistas de Ecologistas en Acción, en Gózquez de Abajo. Álvaro Minguito.

Además, el CSN añade que “existen en España antiguas explotaciones de mineral uranio en las que se han llevado a cabo actuaciones de restauración con el objetivo de garantizar que no suponen un riesgo radiológico para la población”. También reconoce la existencia de “emplazamientos de explotación de mineral metálico abandonados, en los que habría que considerar la presencia de material radiactivo para su posible restauración y utilización posterior de los terrenos”. Esas seis zonas podrían ser muchas más.

Una de las reivindicaciones de los ecologistas es la creación de un inventario de terrenos radiológicamente contaminados. El CSN señala que aprobó en 2010 su elaboración, para lo cual —afirma— constituyó un grupo de trabajo. Este, el comunicado del organismo, elaboró un proyecto de real decreto en el que “se constató la necesidad de modificar la Ley de Energía Nuclear, como ley habilitadora de algunos aspectos regulados en este real decreto”. La propuesta para dicha modificación fue remitida al CSN en abril de 2014 y, en junio, “acordó emitir unos comentarios, que se remitieron a ese Ministerio”. Hoy, la modificación de la Ley de Energía Nuclear y el real decreto sobre suelos contaminados con radiactividad se encuentran en tramitación por el Ministerio para la Transición Ecológica.

El Ministerio se ha comprometido finalmente a realizar este inventario, algo que aplauden los ecologistas, que no olvidan sin embargo la cantidad de tiempo perdido. Tal como denuncia Castejón, “existen informes de 2012 donde se ponen de manifiesto todos estos elementos y este ha estado en el cajón olvidado desde 2012 hasta 2018”.

https://www.elsaltodiario.com/contaminacion/nuclear-jarama-ocho-puntos-senalizados-radioactiva

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