Esto es más que un terremoto

La pregunta cae como una hoja en el otoño. ¿Qué fue lo que se hundió? ¿Qué lo que se destrozo? No fue acaso el ego de un país ciego que aún no logra acabar en pleno siglo XXI con las diferencias entre el adinerado y el que vive al limite de la indiferencia. Acaso no será la falta de escrúpulos de gremialistas de la cámara de la construcción que venden edificios suicidas. El caso suma y sigue, un gobierno de vacaciones que se durmió en la playa de las confusiones. En la octava región existía un sólo funcionario de la o­nEMI y estaba de día libre. Esto tiene olor a responsables. El mundo no entendió, cuando dijeron que aún no necesitabamos ayuda, soberbia a mitad de la noche cuando el frío hacia estragos entre tantos compatriotas.

Las calles se han convertido en cuarteles, es cosa de ver las imágenes en donde la mitad de la población roba y saquea a vista y paciencia de las cámaras de televisión y los flashes. Esa es la herencia de una Democracia que lejos de entregar un país en orden esta entregando una casa vacía y siniestra, donde el hambre la sed y la vergüenza se apoderan abiertamente. De que sirvieron 20 años de&nbsp ombliguismo si en el cambio de mando en el país se entregará en pleno toque de queda. Acá el responsable no es solamente un gobierno que regalo sus manos a un sistema ahogado. Acá la culpable no es la naturaleza por respirar de vez en cuando, ni la falta de recursos. Acá los únicos responsables somos nosotros mismos que hemos dejado que el consumismo nos fume de apoco. Nos haga jugar a la pollita ciega o a la escondida china. Tanto así que ya no tenemos voz ni para gritar y estamos tan desorientados que queremos hacer justicia incluso con los supermercados o tiendas comerciales.

«Chile ayuda a Chile»&nbsp será el slogan que dejará una vez más la impresión que este país es habitable, confortable,que hay gente buena y que la caridad le gana al lumpen. Pero después de un par de semanas, cuando todo esto ya sea parte del olvido, un hombre cesante caminara por las calles de cualquier ciudad de Chile, con más miedo y desamparo que nunca, no sabiendo que llevar a su hogar porque ya nadie entregará víveres ni donaciones en ningún camión, en ninguna esquina y los ricos seguirán siendo ricos y los pobres seguiran durmiendo en la calle.

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