“Estiércol de los cerdos sobre la cabeza de nuestros padres”

Por Cristina Fallarás

Asociaciones republicanas dirigen una carta a Macron para que detenga la instalación de una granja porcina sobre un campo de refugiados republicanos.

En la población francesa de Septfonds (Tarn-et-Garonne) existió un campo de concentración llamado Camp de Judes, bien conocido en el país vecino. Allí dieron con sus huesos, y nunca mejor dicho, miles de republicanos españoles exiliados en Francia en 1939, tras la Guerra Civil. En aquel lugar, los refugiados fueron sometidos a las más penosas condiciones. Joseph González Ocaña, presidente de la asociación Memoire de L’Espagne Républicaine y miembro del Centro de Investigación y de Interpretación de la Memoria de la España Republicana (CIIMER), atesora una lista de 24.998 apellidos de quienes pasaron por allí. “Pero ese número no es exacto, porque solo cuenta a los que salieron”, explica. “La lista de los que entraron fue destruida, y así está admitido, al finalizar la Segunda Guerra Mundial”.

En este momento, existe el plan de construir en los terrenos del Camp de Judes una granja porcina en la que se prevé criar alrededor de 6.550 cerdos al año. Así lo denuncian desde CIIMER, y por esa razón, González Ocaña, en representación del centro, ha escrito una carta a Emmanuel Macron, presidente de la República francesa.

Excrementos contra el respeto

La presencia de miles de cerdos, el hedor que conllevará, el esparcimiento del estiércol previsto en las comunas de Septfonds y de Montalzat, entre otras, mancillaría ante los visitantes de Francia, de España y de toda Europa, la memoria de los difuntos. Los excrementos porcinos son incompatibles con el obligado respeto hacia los que han sufrido en estos lugares. Permitir la realización de este proyecto sería contradictorio respecto a las decisiones que fueron tomadas detenidamente, anteriormente, por el Estado, por las que se han inscrito el Monumento conmemorativo y el ‘Cementerio de los Españoles’, así como la Estación de Borredon en la lista del Patrimonio. Sería una ofensa hacia los cuerpos que yacen todavía en estas tierras en las que se quiere proceder al esparcimiento”, denuncia González Ocaña en su escrito a Macron.

Al teléfono, se queja de que “aquí nos estamos enfrentando a la tendencia actual de los historiadores, que los llaman ‘campos de internamiento’, y pronto acabarán llamándolos ‘campos de vacaciones’”. González Ocaña recuerda que el ministro de Interior de entonces, Albert Sarraut, ya los llamó “campos de concentración”, tal como consta en los documentos y medios de comunicación de la época. Sin embargo, y ahí está la esencia de la denuncia, el relato institucional –y en cierto sentido académico– francés insiste en que la denominación de “internamiento” o “albergue” sustituya a “concentración”. Protesta González Ocaña: “A eso se le llama revisionismo histórico. Allí hubo violencia, maltrato, muertos… Lo que quieren es limpiar la idea”.

30.000 internos

La estación de Borredon a la que hace referencia la carta se ha convertido en un centro de referencia de la memoria, que recuerda cómo 16.000 republicanos españoles llegaron al lugar entre el 5 y el 12 de marzo de 1939. En 1996 se levantó allí un monumento conmemorativo, y así consta inscrito desde septiembre de 2011 en la Lista complementaria de los Monumentos y de los Lugares históricos del Patrimonio Nacional francés.

El agravio que supone la instalación de una granja de cerdos en dicho terreno afecta sobre todo a la memoria republicana, pero no solo. Por el Camp de Judes pasaron alrededor de 30.000 personas desplazadas, de las cuales el 90% eran españolas. Sin embargo, también cayeron allí no pocos judíos. Como informan desde el CIIMER, “a partir de 1942, las personas de origen judío que habían estado internadas en Septfonds fueron entregadas a los alemanes para su deportación a los campos de exterminio en territorios dominados por el III Reich”.

En su libro Exiliados republicanos en Septfonds (Ed. Catarata), José Antonio Vidal Castaño, doctor en Historia Contemporánea, lo describe como un campo de concentración cruel. Narra en una entrevista cómo llegó hasta allí “atraído por la existencia de un ‘cementerio español’, donde reposaban decenas de republicanos españoles, muertos como consecuencia de enfermedades ocasionadas por epidemias, falta de higiene, condiciones insalubres, etc”. Efectivamente, de todas las personas que fallecieron en aquel encierro, 81 están enterradas en el Cementerio de los españoles.

Estiércol sobre nuestros padres

La amarga queja de González Ocaña hace referencia a la memoria de sus mayores, que es la de muchos de sus conciudadanos, descendientes de republicanos españoles exiliados en Francia. “Estiércol de los cerdos sobre la cabeza de nuestros padres… ¡Ni hablar!”. Por tal motivo han iniciado una recogida de firmas contra el establecimiento de la granja porcina.

“Señor presidente de la República”, concluye su carta el Centro de Investigación y de Interpretación de la Memoria de la España Republicana, “por esos motivos, para volver al sendero de la dignidad, le pedimos que intervenga para impedir la puesta en marcha de este proyecto”.

“Estiércol de los cerdos sobre la cabeza de nuestros padres”

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