Este es la castellano-chilensis que viene a quedarse

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¿Sabes? No es un misterio decir que el castellano que hablamos en Chile debe ser uno de los más enredados y poco ortodoxos de América Latina, además de usar un voluminoso catastro de modismos que convierte a la lengua cervantina en una especie de metalenguaje que resulta ininteligible para nuestros hermanos de este bello subcontinente (y qué decir de los españoles, quienes al llegar por vez primera a nuestro país y escucharnos hablar, quedan en las nubes).

Y si a ello agregamos los cientos de garabatos, insultos y palabras soeces que usamos, ya nadie -que no haya vivido acá a lo menos un par de años- entenderá algo.

Ahora bien, piensa en lo siguiente.

Tenemos una fuerte inmigración haitiana (más de 45.000 haitianos – en menos de cinco años- han ingresado al país, para radicarse aquí), bienvenida sea ella. Esos hermanos caribeños han transgredido también las normas lingüísticas de su idioma madre, el francés, llenándolo de giros y modismos africanos para transformarlo finalmente en su idioma oficial: se llama CREOLE.

De los 45.000 haitianos que han llegado a Chile como turistas en los últimos años, menos de mil han regresado a Haití. La mayoría se instala en este país, consigue la residencia y luego trae al resto de su familia. Las razones, según algunos de ellos, se deben a que Chile, a pesar de todo, sigue ofreciendo más oportunidades que Haití.  Aunque los sueldos sean bajos y las condiciones de vivienda, precarias,  la situación es mucho mejor a la que viven  en su país, porque allá simplemente no hay trabajo de ningún tipo.

Ostema Jean Rodny, haitiano de 30 años de edad, profesor de literatura, llegó a Chile hace dos años y se instaló en la capital del país, Santiago. <<“Haití es un país de amor, un país muy lindo, con gente adorable”, asegura emocionado. “Es una pena ver en lo que se ha convertido. Es una pena ver a la gente en situación de pobreza extrema, es una pena ver a los jóvenes egresando de la universidad sin poder conseguir trabajo. Me falta mi familia, mi hermana, mi mamá, mi iglesia. Mi intención es conseguir las herramientas necesarias aquí en Chile para luego poder aplicarlas en Haití y ayudar a poner en pie al país que tanto quiero. Para poder lograr eso no basta que nos den los pescados, necesitamos que nos enseñen a pescar. Necesitamos que nos den la oportunidad de ser un verdadero aporte para Chile, porque tenemos muchas ganas, muchas ideas para desarrollar. Necesitamos que confíen en nosotros, que nos den una oportunidad”>>

Pues bien… me atrevo a afirmar que los haitianos, más temprano que tarde, se asimilarán perfectamente a Chile y su realidad. Habrá una bella mezcla racial y, por cierto, aportarán al enriquecimiento de nuestra «lenguae chilensis» con muchos giros, frases y modismos del creole.

¿Te imaginas cómo será nuestro «castellano chilensis pelotillehuano» en 10 o en 15 años más?

Sonrío malévolo de sólo pensar qué caras pondrán -dentro de cinco lustros- los hermanos latinoamericanos que lleguen a visitarnos como turistas, o como empresarios o como lo que sea.

También sonrío al imaginar que en los partidos oficiales de nuestra Selección de Fútbol, para que los adversarios y los árbitros y los periodistas extranjeros no puedan entender una pizca de lo que se habla en la cancha, se use también la nueva mezcla de castellano-pelotillehuismo-mapudungun-anglicismo-creole.

Será el acabose… pero será muy divertido. ¿Ves? Guste o disguste, el idioma es una cosa viva.

Como colofón de esta nota, dejo un pequeño ejemplo para que usted  -si es chileno- puede comenzar  a aprender algunas frases del creole, aporte hecho por la Comunidad Haitiana en Chile que se encuentra acompañando, como fotografía, a este artículo.

 

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