Estados Unidos usa el Golan para liquidar la ONU y volver al Mundo de Bloques

Por Pablo Heraklio

Estados Unidos reconoce la “soberanía” de Israel sobre el ‎Golán.Es la primera vez que contradice su propio voto como ‎miembro del Consejo de Seguridad y los ‎principios de la Carta de las Naciones Unidas, que rigen el derecho internacional. Un cambio de estrategia total que afectará a todo el mundo

Estados Unidos y el Golán

Como resultado de la Guerra de los Seis Días, en 1967, Israel ocupó la meseta siria del Golán. ‎La resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU [USA, China, Rusia, Francia, UK], «insistiendo en la inadmisibilidad de la ‎adquisición de territorio por medio de la guerra», ordenaba la «retirada de las fuerzas armadas ‎israelíes de los territorios que ocuparon durante el reciente conflicto»‎ [2].‎

En 1981, el parlamento israelí decidía unilateralmente violar esa resolución del Consejo de ‎Seguridad de la ONU y anexar la meseta del Golán. El Consejo de Seguridad respondió con la ‎adopción de la resolución 497 que declaraba aquella ley israelí ‎«nula y sin valor»‎‏, precisando que ‎‎«no tiene efecto alguno desde el punto de vista del derecho internacional»‎ [3].‎

En 38 años, la ONU no ha logrado imponer la aplicación de esas resoluciones. Pero estas eran ‎al menos textos considerados indiscutibles y contaban con el respaldo de Estados Unidos. ‎

Sin embargo, el 26 de marzo de 2019, Estados Unidos reconoció la “soberanía” de Israel sobre el ‎Golánocupado, lo cual equivale a aceptar la adquisición de territorios mediante la guerra [4]. Con ese ‎acto de reconocimiento, Estados Unidos se desdijo de los votos que había emitido como miembro ‎del Consejo de Seguridad sobre la cuestión del Golán, durante 52 años, y contradijo además los ‎principios establecidos en la Carta de las Naciones Unidas [5], principios que rigen la elaboración ‎del derecho internacional desde hace 74 años. ‎

– La ONU continuará existiendo por algunos años, pero sus resoluciones ya sólo tendrán un valor ‎relativodado el hecho que los países que las adoptan han dejado de considerarlas de obligatorio ‎cumplimiento.

– Se inicia así el proceso de deconstrucción del derecho internacional. Entramos en ‎un periodo donde impera la ley del más fuerte, como sucedió antes de la Primera Guerra Mundial y ‎la creación de la Sociedad de las Naciones. ‎

Las mentiras descaradas que el secretario de Estado Colin Powell profirió ante el Consejo de ‎Seguridad el 11 de febrero de 2003, sobre la supuesta responsabilidad de Irak en los atentados del ‎‎11 de septiembre de 2001 y las inexistentes armas iraquíes de destrucción masiva [6], ya nos habían enseñado que la palabra de ‎Estados Unidos tiene un valor muy relativo, incluso cuando afirma algo ante ese órgano de ‎la ONU. Pero es la primera vez que Estados Unidos contradice su propio voto emitido como ‎miembro del Consejo de Seguridad. ‎

Washington justifica su decisión sobre el Golán argumentando que está actuando en función de la ‎realidad: Israel ocupa el Golán sirio desde 1967 y comenzó a administrarlo como territorio israelí ‎desde 1981. Según Washington, en virtud del excepcionalismo estadounidense, esa realidad –‎tratándose de un aliado respetuoso de Dios– prevalece sobre el derecho internacional, enunciado ‎este último junto a otras partes cuya fe Washington considera menos digna de admiración. ‎

Washington observa a la vez que sería una señal negativa devolver el Golán a Siria, a la que ‎considera poco menos que una pandilla de criminales, mientras que es perfectamente justo ‎gratificar al excelente aliado israelí. También debido a su doctrina excepcionalista, ‎Estados Unidos, en su calidad de «Nación diferente a cualquier otra», tiene tanto ese derecho y ‎esa misión. ‎

Después de haber llegado a dominar el mundo, Estados Unidos –ahora debilitado– renuncia a ‎la ONU.Tratando de conservar su posición dominante, Estados Unidos se repliega hacia ‎la parte del mundo que todavía controla. Hasta ahora, Rusia y China veían a Estados Unidos, ‎como dijera muy gráficamente el ministro de Exteriores ruso Serguei Lavrov, como una bestia ‎feroz que agoniza a la que es necesario acompañar amablemente hasta que muera, cuidando de ‎que no provoque alguna catástrofe. ‎

Pero Estados Unidos ha detenido su decadencia eligiendo a Donald Trump como presidente y este ‎último, después de perder la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, ha hecho un ‎pacto con el Estado Profundo estadounidense –lo cual ha quedado demostrado con la ‎nominación de Elliott Abrams [7] ‎y con la retirada de la acusación de ‎«entendimiento con el enemigo»‎ recientemente anunciada ‎por el fiscal independiente Robert Mueller [8]).‎

Pero el mundo no se dirige hacia la creación de una tercera institución mundial –después de la ‎Sociedad de las Naciones y de la Organización de las Naciones Unidas– sino hacia una división del ‎mundo en dos zonas organizadas según modelos jurídicos diferentes: una bajo la dominación ‎estadounidense y otra conformada por una serie de Estados soberanos reunidos alrededor de ‎la ‎‎«Asociación de Eurasia Ampliada»‎.

Ya no sería como en los tiempos de la guerra fría, cuando era ‎difícil viajar de los países occidentales a los «países del este» pero los dos bloques aceptaban ‎las Naciones Unidas como sistema jurídico internacional único. El nuevo sistema permitiría viajar ‎y comerciar de un grupo de países al otro pero estaría organizado alrededor de dos modelos de ‎derecho diferentes. ‎

Se trata exactamente del mundo post-occidental que el ministro ruso de Exteriores Serguei Lavrov ‎anunció, el 28 de septiembre de 2018, desde la tribuna de la Asamblea General de la ONU ‎‎ [9].‎

Tenemos que observar también que, aunque Israel saludó el reconocimiento estadounidense de su ‎‎“soberanía” sobre el Golán, Arabia Saudita acabó condenando la decisión de Washington. ‎Esa posición no se corresponde con la doctrina saudita pero, ante la repulsa unánime del mundo ‎árabe contra esa conquista territorial, Riad optó por ponerse del lado de su pueblo. Y, por la ‎misma razón, se verá obligado a rechazar también el «Trato del Siglo» sobre Palestina.

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