Estados Unidos provoca la crisis en Líbano para ampliar la guerra en Oriente Medio

El régimen de Bush intenta culpabilizar a los tres por el asesinato del ultraderechista ministro de industria de Líbano, Pierre Gemayel, el 21 de Noviembre. El suyo fue el último en una sucesión de asesinatos políticos en Líbano. Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la coalición de gobierno de Líbano del 14 de Marzo están preparando una “corte internacional” controlada por Occidente para “investigar” los asesinatos.

Gemayel era el líder del partido, abiertamente fascista, Falange, el cual toma su nombre del partido de Francisco Franco en España. Con la ayuda del ejército israelí, este partido asesinó a miles de niños, mujeres y hombres palestinos en los campos de refugiados de Sabra y Chatila, en Septiembre de 1982.

Muchos libaneses, especialmente los pobres y la clase trabajadora, no creen el “relato oficial” sobre el asesinato de Gemayel. Ellos sospechan que Estados Unidos o Israel estaban involucrados. Ellos ven un plan de Estados Unidos para bloquear un cambio democrático en Líbano y establecer así el escenario para un guerra más amplia en la región.

Estados Unidos e Israel tienen una larga y sangrienta historia de intervención en Líbano, e indudablemente quieren bloquear un gobierno de unidad nacional en el cual Hezbollah y la alianza nacionalista del 8 de Marzo jugaran un papel destacado. Hezbollah tiene su base entre musulmanes chiítas, la comunidad libanesa más grande y más pobre.

Washington proclama indignación por la muerte de un fascista. Pero proporcionó a Israel las bombas y mísiles que éste usó para matar cerca de 1.300 civiles libaneses este verano. Los niños del sur de Líbano aún están siendo matados y mutilados por las bombas de racimo fabricadas por Estados Unidos, que están esparcidas por toda la región. Estados Unidos exige una investigación por el asesinato de Gemayel, pero vetó la condena de Naciones Unidas a los asaltos asesinos de Israel.

Cuando Israel atacó Líbano en Julio, el gobierno no hizo nada. La resistencia del pueblo, encabezada por Hezbollah, repelió el asalto financiado por Estados Unidos. Cientos de luchadores de Hezbollah contuvieron a 40.000 tropas israelíes. Esa victoria ganó apoyo para el partido en todas las comunidades libanesas.

Es Hezbollah – y no el gobierno – quien está reconstruyendo ahora los pueblos destrozados por la guerra en el sur de Líbano. Una medida de Hezbollah para los pagos de emergencia a los trabajadores que se quedaron sin empleo por la guerra, fue bloqueada por el primer ministro Fuad Siniora.

El asesinato salvó el régimen pro-estadounidense

Si Gemayel no hubiera sido asesinado, el régimen neoliberal pro-estadounidense de Siniora podría haber caído. Hubiera sido ilegal desde que los ministros chiítas dimitieron del gabinete después de que las conversaciones para la unidad nacional se vinieron abajo. El Pacto Nacional en Líbano requiere que todas las grandes comunidades del país estén representadas en el gobierno.

Los líderes del 8 de Marzo denuncian que las negociaciones se suspendieron después de que la embajada estadounidense instara al gobierno de coalición del 14 de Marzo a que tomara una posición intransigente. Poco después de que las conversaciones se vinieran abajo, la secretaria de estado de EE. UU. Condolezza Rice advirtió sobre la posibilidad de más asesinatos en Líbano.

La muerte de Gemayel movilizó a la derecha y creó una atmósfera de miedo y crisis. Muchedumbres pro-estadounidenses recorrían las calles, atacando a los trabajadores sirios y a las oficinas de los partidos opositores. La alianza del 8 de Marzo pospuso sus planes de protestas masivas dirigidas a forzar al gobierno a dimitir.

Pero una huelga general convocada por la alianza pro-estadounidense del 14 de Marzo se disipó. Es probable, de cualquier modo, que las protestas masivas convocadas por la alianza del 8 de Marzo seguirán adelante. El 26 de Noviembre, el segundo lider de Hezbollah Sheikh Naim Qassem, prometió “sorprender” al régimen con “protestas en las calles, desobediencia civil, sentadas y acciones unificadas”.

Hezbollah y sus aliados luchan por la democracia

Estados Unidos y sus aliados pintan un retrato de un Líbano “democrático” bajo el cerco de Siria e Irán. Los políticos libaneses pro-estadounidenses Samir Geagea, Saad Hariri y Walid Jumblatt acusan a Hezbollah de tratar de crear por la fuerza un Estado chiíta. Pero, de hecho, la alianza del 8 de Marzo incluye no sólo a Hezbollah, sino también al Movimiento Patriótico Libre, mayoritariamente cristiano, al partido chiíta Amal y al Partido Comunista Libanés. La alianza está luchando por un gobierno que sea más representativo del pueblo libanés y orientado al mundo árabe, no hacia Estados Unidos o Francia. Une a los oprimidos chiítas con los progresistas y demócratas de las comunidades sunnies, cristianas, drusas y armenias.

En un discurso que dio el 19 de Noviembre, el líder de Hezbollah Syed Hassan Nasrallah dijo: “Estoy proponiendo a todas las variadas facciones políticas de Líbano –incluyendo a partidos seculares, patrióticos, comunistas, socialistas, izquierdistas y nasseristas- formar parte del propuesto gobierno de unidad nacional… Estamos también consultando a otros grupos de musulmanes sunnies que han desempeñado un rol importante en la arena política libanesa para que participen en el propuesto gobierno de unidad nacional. Esto incluye a algunos antiguos presidentes y primeros ministros que todavía disfrutan de un gran apoyo público y nacional… estamos exigiendo nuestro derecho a un gobierno de unidad nacional. Esto es exactamente una exigencia libanesa, constitucional, política, moral y democrática. Es una vía para salvar el país”.

Estados Unidos apoya a un gobierno sectario

La coalición del 14 de Marzo llegó al poder en la llamada “Revolución Cedro” de 2005. Unifica al Movimiento del Futuro de Hariri y al llamado Partido Socialista Progresista de Jumblatt, con las abiertamente fascistas Fuerzas Libanesas, que son supremacistas cristianos, y el partido Falange. El jefe de las Fuerzas Libanesas Samir Geagea, cumplió 11 años de prisión por el asesinato del nacionalista Primer Ministro de Líbano Rashid Karameh.

Bajo el sistema “confesional” de Líbano, el presidente debe pertenecer a la rica minoría cristiana maronita; el primer ministro debe ser un musulmán sunní. Los escaños en el parlamento se asignan basándose en la religión.

Los musulmanes chiíes están infra-representados en este sistema, el cual está basado en las cifras censales de 1932. Los palestinos, quienes viven aquí desde que fueron expulsados de su tierra natal por el ilegítimo Estado de Israel en 1948, están completamente excluidos y sin derecho al sufragio. Y hay más de 200.000 trabajadores sirios en Líbano.

Décadas de Intervención estadounidense-israelí

Este sistema creado bajo el colonialismo francés, ha sido mantenido por las armas israelíes y estadounidenses. Los marines de Estados Unidos desembarcaron en Líbano para aplastar una insurrección popular en 1958. Israel ha bombardeado e invadido Líbano, especialmente el sur chií, repetidamente a lo largo de los últimos 40 años.

Durante los 70 Israel armó milicias supremacistas cristianas para hacer la guerra contra los musulmanes, los palestinos y la izquierda. En 1982 la maquinaria de guerra israelí (armada por EE.UU.) arrasó los vecindarios musulmanes del oeste de Beirut e instaló al tío de Gemayel, Bashir Gemayel, como presidente.

Después de que Bashir Gemayel fuera asesinado, el ejército israelí ayudó a los falangistas y a las Fuerzas Libanesas a masacrar a los palestinos en Sabra y Chatila.

Ronald Reagan entonces envió a los marines norteamericanos a ocupar Beirut mientras las tropas israelíes se retiraban hacia el sur. La Sexta Flota estadounidense arrasó los pueblos libaneses con el objetivo de aplastar la resistencia popular. Falló. El movimiento de resistencia rechazó a los marines en 1984 y a Israel en 2000.

El régimen corporativo de Washington quiere de hecho controlar Líbano. Es el centro financiero del mundo árabe y fue una vez una ruta de exportación del petróleo iraquí.

Pero hay una agenda más siniestra: una guerra más amplia en el oeste de Asia. Estados Unidos ha orquestado deliberadamente el conflicto chií-sunní en Iraq. Ahora parece estar extendiendo esa estrategia a toda la región, con el objetivo final de una guerra contra Irán y Siria. Una aventura de este tipo incrementaría los beneficios de la grandes firmas del petróleo y de los fabricantes de armas.

Una conferencia internacional de solidaridad con la resistencia trajo a cientos de delegados de todo el mundo a Beirut entre el 16 y el 19 de Noviembre. Los participantes escucharon al subsecretario general de Hezbollah Naim Qassem, al líder del Partido Comunista Libanés Khaled Hadadeh, y al antiguo primer ministro Selim Hoss llamar a la unidad entre islamistas, nacionalistas seculares y fuerzas de izquierda a la lucha contra Estados Unidos e Israel. La declaración final de la conferencia llamaba a un frente internacional de solidaridad con la resistencia libanesa, palestina e iraquí.

Una cosa que se aprende pronto en el sur del Líbano es que el pueblo no sólo apoya a Hezbollah. “Somos Hezbollah”, dice Nur, una artista de 22 años del pueblo Nabatiyeh. Su estudio fue destruido por las bombas israelíes. Perdió 60 de sus dibujos, pero fue capaz de reparar una docena de otros tantos. “No hay dos sociedades. Hezbollah es el pueblo y el pueblo es Hezbollah”.

Casi las mismas palabras fueron usadas por Ahmad, un vendedor de zapatos de Bint Jbail. Es un pueblo de 6.000 habitantes donde la fabricación de zapatos es la principal industria. “Aquí la gente está al 100 por 100 con Hezbollah. Hezbollah es el pueblo y el pueblo es Hezbollah”, nos dijo.

Esta es la gente del sur de Líbano que Israel buscaba aniquilar. Eso está claro en el pueblo después de que fuera reducido a escombros por las bombas, mísiles y cascos de artillería israelíes (fabricados por EE.UU.) disparados desde aviones, helicópteros y cañones (fabricados por EE.UU.). Si se quiere juzgar la hipocresía de la indignación estadounidense sobre los asesinatos en Líbano, hay que mirar los pueblos en ruinas del sur.

“Ellos destruyeron el centro del pueblo. Querían destruir la vida, nuestros recursos económicos”, dice Lubna, una joven profesora de inglés cuya casa fue destruida. Mucho de lo que era Bint Jbail yace en ruinas. Pero lo luchadores de la resistencia pararon a las tropas israelíes que entraban al pueblo.

La casa del hijo de Ahmed fue completamente demolida; era, además, una tienda que su familia regentaba. Él y su familia pasaron cerca de tres semanas durmiendo en las montañas para evitar el bombardeo.

“En el momento en el que el bombardeo paraba, inmediatamente volvíamos”, nos dice. “Quince personas del pueblo murieron y hubo muchos más heridos por las bombas, mísiles, helicópteros y artillería. Pero los soldados israelíes nunca pasaron de las afueras del pueblo”.

“Hezbollah fue heroico” continua. “Dieciocho luchadores los pararon. Durante 33 días mantuvieron a raya al poderoso ejército israelí. El gobierno no hizo nada para defendernos. Nos defendimos nosotros mismos”.

Lubna y su marido nos conducen a través de las calles hasta una calle llena de ruinas donde la gente antes vivía. En medio de aplastados bloques de ceniza y retorcidas barras de metal, vemos muebles destrozados, abrasados libros de niños, un oso de peluche. “Nuestras casas están destruidas, pero eso no es lo más importante. Estamos sobreviviendo con nuestros principios y creemos que la resistencia hizo lo correcto. Les apoyaremos toda nuestra vida por lo que ellos hicieron por nosotros”.

Hezbollah, la resistencia islámica, encabezó la lucha contra el ejército israelí (pagado por EE.UU.). Pero otros lucharon también. El Partido Comunista Libanés envió 100 luchadores, 15 de los cuales fueron mártires.

El área de Aital Shaab fue un blanco particular de la furia israelí. Fue allí donde la resistencia interceptó una incursión israelí, matando tres soldados y capturando dos. Israel afirma que la acción ocurrió en suelo de la ocupada Palestina, justificando así la guerra. Pero los habitantes locales nos dicen que las tropas israelíes hacen redadas con frecuencia en el sur de Líbano, a veces secuestrando hombres jóvenes para interrogarlos. Los israelíes perdieron alrededor de 30 soldados y 12 vehículos armados tratando de capturar Aital Shaab. Entonces, llegaron en bulldozers para destruir tanto como pudieran.

La actual crisis en Líbano ha levantado el fantasma de un nuevo ataque israelí. Un luchador de la resistencia nos dice, “Si vienen otra vez, estamos preparados. La guerra del verano nos hizo más fuertes, y si ellos atacan otra vez nos haremos más fuertes todavía. Ganaremos como el pueblo de Vietnam”.

 Traducido por Corriente Roja, del Estado Español

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