Esta tarde, proyección de Argentina 78 en el C.S. Octubre + Fiesta de Hip-Hop piquetero

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Propuesta

La propuesta es hacer un ejercicio de la memoria colectiva sobre un acontecimiento significativo en el marco de lo que los militares argentinos llamaron “Proceso de Reorganización Nacional”, tal cual lo fue el Mundial de Fútbol realizado en nuestro país en el año 1978, trabajándolo en forma de taller, con la participación de todos los integrantes del curso, opinando, buceando en los recuerdos que se tengan y tratando de recordar, trayendo al presente, lo vivido en aquellos días negros para la Historia argentina, intentando obtener enseñanzas y sacar conclusiones válidas, que nos ayuden a comprender mejor tales acontecimientos, en vista a enriquecer las experiencias de vida actuales, evitando repetir los errores del pasado.

Un Mundial de Fútbol Este mes se cumplen 30 años de la realización del Campeonato Mundial de Fútbol Argentina 78. Argentina había sido designada como organizadora durante la dictadura de Lanusse y ratificada inmediatamente después del Golpe de Estado, instauración del Proceso de Reorganización Nacional y la asunción de la Junta Militar en 1976. Joao Havelange, presidente de la FIFA en ese entonces, a quien en 1977 recurriría la familia de Paulo Paranaguá –un militante brasilero detenido por los grupos de tareas del Ejército– para que intercediera ante Videla por su liberación, decía cuatro días después del golpe de estado: "La Argentina está ahora más apta que nunca para organizar el Mundial". Para la organización del Mundial, los militares crearon el 12 de julio de 1976, mediante el Decreto Ley 21349, el Ente Autárquico Mundial 78, a través del cual decretaba al evento de “interés nacional”. El EAM 78 dirigido inicialmente por el general Actis –que fuera muerto en un dudoso atentado atribuido al “Ejercito Revolucionario Montonero”– paso luego a manos del almirante Carlos Lacoste, mano derecha del almirante Massera. Las atribuciones del EAM 78 fueron reforzado por el decreto 1261 de abril del 77, que lo facultó para realizar toda clase de convenio amparado "en razones de urgencia, seguridad y reserva en la difusión de sus actos”. De esta manera y con absoluta impunidad, la Dictadura gastó –según cálculos extraoficiales– más de 700 millones de dólares para la organización del Mundial, 400 millones más que España para organizar el Mundial de 1982. Los excesivos gastos se debían en gran parte a los sobreprecios que se pagaron a algunas empresas cercanas a la Junta Militar, dedicadas sobre todo a la construcción de estadios pero también a la difusión publicitaria de la Dictadura. Los destinos reales del dinero gastado nunca pudieron ser revelados, en tanto que Lacoste se jactaba de no tener que presentar ningún balance. En lo futbolístico, la Selección Argentina era una de las candidatas. Sin embargo no pudo evitar sobresaltos para llegar a la final. En el partido clasificatorio a la final, Argentina debía vencer a Perú por al menos cuatro goles de diferencia. El partido estuvo cargado de sospechas y de sucesos difíciles de explicar, como la visita al vestuario de Perú realizada por Videla y el Secretario de Estado de EE.UU., Henry Kissinger; o el cargamento de granos donado por Argentina a Perú, poco después del Mundial: la Dictadura no podía permitirse un fracaso deportivo. El deporte es uno de los escenarios privilegiados de maniobras políticas, como advirtió Hitler en 1936 con la manipulación de los Juegos Olímpicos de Berlín. El 25 de junio, Argentina enfrentaba a Holanda en la final del Mundial, en el estadio de River Plate en la Capital Federal. El referí italiano, sin ser decisivo, benefició a los locales. Argentina se consagró campeona del mundo, tras vencer a los holandeses por 3 a 1; mucha gente festejó en las calles, mientras que los jugadores holandeses se negaban a saludar a la Junta Militar y centenares de argentinos eran torturados.

Fútbol entre campos de concentración El fútbol brindaba una alegría al pueblo argentino que iba a ser utilizada por la Dictadura para permanecer en el poder un tiempo más. Siguiendo los consejos de la agencia Burson Masteller, contratada para mejorar su imagen en el exterior, la Junta se montó desde sus inicios en el deporte como cómplice de sus atrocidades. El Mundial y la alegría del campeonato, iban a intentar tapar todo: las tribunas se llenaron mientras se “vaciaba” la calle de militantes políticos y sociales; los cantitos en las tribunas impedían oír los alaridos de las torturas; los papelitos taparon las fosas comunes, donde miles de argentinos eran desaparecidos por la Dictadura; los goles se gritaban, mientras las ideas eran calladas con los métodos más viles; los triunfos alegraron a una parte del pueblo que no quería ver la triste realidad de la sociedad argentina; el título fue festejado masivamente mientras seguían prohibidas las reuniones y cercenada cualquier participación política o social. El Campeonato Mundial se constituyó en una fachada que ayudó a esconder el proyecto de la Dictadura: la instauración de una sociedad desestructurada, con sus derechos cercenados, atomizada, sin solidaridad, injusta, con el triunfo de “lo individual” por sobre todo intento colectivo. Postrando en la indigencia, pobreza, desesperación y marginalidad a los sectores populares, desmovilizándolos para hacerlos más manejables. El proyecto de la Dictadura buscaba como objetivo central la implantación de un plan económico en beneficio de una clase social: la gran burguesía trasnacional, que se encontraba en ascenso pero que veía dificultada su hegemonía en la estructura social argentina debido a la alta capacidad de movilización de la sociedad. Para lograrlo, desde el gobierno se buscó generar mercados de capitales de corto plazo y alta rentabilidad, desplazando a los grupos productivos en beneficio de pequeños grupos que dominaban los flujos financieros. Se aumentó la fluidez de capital, se eliminó todo tipo de barrera a los capitales internacionales, el Estado se autolimitó en sus funciones. Se daba fin con estas medidas a un período de industrialización que había cobrado fuerza a partir de la década del 40.

Resistencias. Contar la otra verdad La Dictadura inició para ese año una fuerte campaña propagandística, para imponer en la gente la idea de que “debíamos mostrar al mundo todo lo bueno de la Argentina.” Confrontando la nacionalidad contra las acusaciones (sobre todo de periodistas extranjeros) por la sistemática violación a los derechos humanos de los argentinos. El lema “Los argentinos somos derechos y humanos” muestra la voluntad de la Dictadura de esconder lo que estaba sucediendo en el país. Sin embargo, contra toda esta parafernalia mediática de medios cómplices, agrupaciones de derechos humanos, sobre todo las Madres y las Abuelas de la Plaza de Mayo, hicieron sentir su voz. Estas voces no estaban en los planes de la Dictadura, las Madres contaban su verdad, muy distinta a la que se imponía desde los medios masivos de comunicación, muy distinta a lo que se vivía en “El Monumental” o en “El Gigante de Arroyito”, muy parecida a lo que miles de argentinos vivían en los cientos de centros clandestinos de detención, tan parecido a las decenas de miles que habían sido desaparecidos por la Dictadura en sus primeros años. Mientras los medios masivos de comunicación de Argentina seguían atentos a no desviar su lenguaje del que sostenía el Proceso e incluso acusaban a los organismos de derechos humanos de “mentir en perjuicio de la Patria”, algunos medios europeos y norteamericanos escuchaban y publicaban la otra historia, la de los callados por los goles, la de las ideas distintas, la de todos aquellos que no pudieron festejar este logro deportivo. La dictadura promovía la oscuridad, donde los hombres y mujeres de la Patria no se encontraran; las Madres, las Abuelas, los organismos de derechos humanos y muchos argentinos y argentinas seguían pidiendo por la vida ante tanto terror e incomprensión, seguían participando y luchando en la búsqueda de la justicia social, seguían convencidos de que en la unión y la solidaridad estaba la luz al final del túnel. La memoria es una construcción colectiva, es distinta al recuerdo que es sólo una remembranza individual; la memoria es un deber de todos para la construcción de una sociedad mejor. Debe ser nuestro compromiso el de construir la memoria colectiva de nuestro pueblo en base a la verdad, para poder edificar un futuro mejor para todos nosotros, sobre fuertes cimientos de unidad y solidaridad, arraigando el compromiso por la participación y la búsqueda de la justicia social y la igualdad de oportunidades entre los hombres y mujeres de nuestro país.


* La perversión del uso del Mundial de Fútbol es tan profunda, toca sentimientos tan difíciles de detectar que impide evitar contradicciones. Pérez Esquivel recuerda de su cautiverio el nudo de una contradicción para muchos incomprensible: "En la cárcel, como los guardias también querían escuchar los partidos, el relato radial nos llegaba por altoparlantes. Era extraño, pero en un grito de gol, nos uníamos los guardias y los prisioneros. Me da la sensación de que en ese momento, por encima de la situación que vivíamos, estaba el sentimiento por Argentina.” Luego el partido terminaba, cada uno volvía a representar su papel y las sesiones de torturas continuaban con su lógica siniestra. Pérez Esquivel fue liberado el 23 de junio de 1976, ante la inminencia de su designación como Premio Nobel de la Paz.

* Se estima que durante los días del Mundial desaparecieron 68 personas, entre ellos Julián Delgado, director editor del diario El Cronista Comercial, el 4 de junio.

* El último desaparecido durante el Mundial fue Marcelo Moller Olcese (28), el día 24 de junio.

* Chiche Gelblung dirigía la revista Gente desde donde se fogoneaba todo lo actuado por la Dictadura respecto del Mundial de Fútbol y se alababan todas sus acciones en general.


Libros Recomendados

Llonto Pablo “La vergüenza de todos” Buenos Aires: Madres de Plaza de Mayo, 2005.

Gilbert y Vitagliano “El terror y la gloria. La vida, el fútbol y la política en la Argentina del Mundial 78” Buenos Aires: Norma, 1998.

Galeano Eduardo “El fútbol a sol y sombra y otros escritos” Madrid: Siglo XIX Editores, 2005.

Alabarces “Fútbol y Patria. El fútbol y las narrativas de la nación en la Argentina.” Buenos Aires: Prometeo, 2007.

Películas Recomendadas

"Mundial 78, la historia paralela" Telefé – 2003

"Olympia" Leni Riefenstahl – 1935

"Mundial 78. Verdad o Mentira" Cristian Remoli – 2007

"La fiesta de todos" Sergio Renán – 1978

“Fútbol y Patria…” Alabarces y Rodríguez – 1997

“Fútbol y fascismo” BBC – Documental