Españoles, el Medio y el Superior (¡ja!)

Tan alejados como siempre, el español medio del español superior…

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               Solitarios. Durante el confinamiento el español Medio veía que la circulación de automóviles en la ciudad bajaba cada día. La polución iba desapareciendo. Desde los balcones, ventanas y terrazas el aire se tornaba día a día más respirable. Al español Superior le disgustaba no poder utilizar el vehículo, de modo que el chófer no le pudiera llevar al Club de Golf.

                 Normas. Al e.M le parecía pertinente seguir las normas de los expertos, y quedarse en casa, para evitar contagiar y ser contagiado. Para el e.S., eso del confinamiento lo veía como estar encarcelado: claro, el Gobierno pretendía tener controlada a toda la nación.

            Calles. Al e.M. empezaba a gustarle la calle medio vacía, con pocos transeúntes y muchas palomas y gorrioncillos paseando por aceras y carreteras. El e.S. envidiaba al barrendero con su escoba, sin pensar en la pandemia. No más pensarlo, se avergonzó por tener envidia de alguien con una escoba en la mano. Era imperdonable por su parte.

            Ciudades. Nada como vivir en una ciudad sin tantos bares y restaurantes. Así pensaba el e.M. Estaban cerrados y no pasaba nada. Es más, pasaba que había menos ruido y menos alcoholemia y glotonería. Para el e.S. lo de no poder ir a un restaurante de tres estrellas Michelín o a uno de “los gurús de la barriga”, como los llamaba el gracioso del Club, era un incordio.

            Fútbol. En este apartado los e.M. tenían diversos enfoques. Para unos el fútbol era un opiáceo para situar a los individuos en un limbo acrítico, respecto del poder de turno. Otros lo tomaban como algo que les hacía sentirse ricos en emociones y entusiasmos. Ellos eran dueños de cuanto pasa en un partido de fútbol. Vivían en primera persona una realidad. Su equipo era suyo y nadie podía quitárselo. Como también eran suyas tanto las victorias como las derrotas. Para el e.S. el fútbol consiste en ir cada quince días al palco, saludar al presidente del Club, y hablar con algún ministro o el director general de algo o un simple concejal, cuando no trabar conversación con algún pez gordo de las finanzas.

            Política. Muy controvertidos los puntos de vista entre los e.M. Los más escépticos consideran la política como la glorificación de la mentira. Otros creen necesario conocer su época enteramente y oponerse enteramente a ella. A otros les basta con ir a votar, pensando en dar su voto a los políticos menos malos. El e.S. tiene un dicho popular como bandera: “la política, para los políticos, las mujeres a veces y el vino a cualquier hora».

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