España es un país raro

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Viejas pesadillas de la España en blanco y negro  de las que parecíamos haber despertado, vuelven a estar presentes en nuestra España de hoy  cuando vemos a niños que pasan hambre y a familias enteras puestas en la calle por orden judicial. Viejas pesadillas que creíamos superadas parecen removerse en el inconsciente colectivo español cuando observamos leyes como la llamada “Ley Mordaza”, que  caen sobre el país una tras otra como ladrillos en las cabezas de todos y que ha ido moviendo a multitudes a tomar las calles  tantas veces y en tanto número como en los tiempos de la República.
 Y a pesar de esto, los españoles prefieren que gobiernen los políticos responsables.
La política  de este gobierno – que como todos sabemos es nieto ideológico del franquismo-  es convertir en un problema de orden público las respuestas de una ciudadanía harta de tanto desempleo, tanta corrupción, tan bajos salarios, tantos papeles de Panamá y de otros paraísos,  tantas privatizaciones y tantas leyes antisociales  que nos  niegan derechos básicos conseguidos con grandes sacrificios.
Y a pesar de eso, los españoles prefieren a los causantes de esos problemas.
Se ha destruido en tres años  casi todo lo conseguido en los últimos 30 en educación, sanidad, derechos sociales y laborales.
Y a pesar de eso, se sigue votando a  los destructores
A pesar de todas las manifestaciones, voces públicas disidentes,  “mareas” de colores, huelgas y repulsas ciudadanas,  pocos son aún  son los movimientos sociales de base  que – para empezar- demandan la dimisión del Gobierno y un periodo constituyente. Pocos piden dejar de pagar  la parte de deuda de la que no somos responsables y  demandan salirnos del euro como gato de una piscina. Porque si  entrar en el euro fue  el pistoletazo de salida  de nuestra ruina, salir no puede ser peor. Por contra, son mayoría los españoles  a los que estos asuntos también parecen importarles poco. Parece que  se conforman con perder casi todo lo que poseen tanto en lo material como en derechos, incluida su propia  autoestima y hasta  la propia vida, porque hasta  el número de suicidios iguala al de accidentes de tráfico,  y el de desahucios es algo tan escandaloso  que nos lleva a formar  parte  del suburbio de Europa junto a los griegos.
No obstante, los españoles han votado por mayoría seguir este camino.
España es un país raro. Un país de viejos  miedosos,  de pusilánimes, de crédulos, de cobardes, de sumisos, de fanáticos de la propiedad  y de ignorantes en política que dominan en las urnas. Pues si hacemos caso a las encuestas de intención de voto, todavía son millones los  españoles-  que  parecen ser mayoría,  los que apoyan a quienes les amargan  la vida, porque aunque existen diferentes opciones políticas, ninguna próxima a los intereses reales del pueblo- excepto PODEMOS-  tiene suficiente apoyo popular  para imponerse hasta  el punto de sacar  a los españoles de esta especie de bicefalia política entre los extremistas de la derecha y los moderados de una derecha renovada y de una  izquierda tradicional entre cansada, descafeinada y dividida  que ha perdido sus señas de identidad.
La pelota de este juego viene pasando demasiado tiempo de banqueros a multinacionales, y de estos a la Iglesia, y  da igual qué partido triunfe en las urnas, porque  los ricos repiten goleada y la jerarquía católica privilegios.
Y uno se pregunta: ¿Por qué este eterno día de la marmota en este país sin que exista una masiva respuesta popular no violenta, pero firme y organizada?
Uno se pregunta  qué lleva aún a  millones a pretender elegir en las urnas a los que ya eligieron años antes y quedaron desenmascarados como mentirosos y enemigos de su bienestar, de su futuro y del futuro de sus hijos. Y uno se pregunta finalmente  si  quienes votan gobiernos de  corruptos y  escuchan a quienes propagan sus ideas lo hacen porque ellos querrían ser ricos como ellos y  corruptos como ellos si fuese posible y  disfrutar de su aparente gloria y privilegios. Y es que aquí es ya crónico que a más alta esfera social, más alta inmoralidad y más corrupción y desvergüenza, se presenten  con las siglas tradicionales que quieran.
A la ignorancia crédula  de los  españoles conservadores votantes de cualquier bando,  se añade que nos hallamos en un momento extremadamente delicado por la deriva internacional del neoliberalismo depredador al que sirve a ojos cerrados este gobierno igualmente  incalificable en cualquier terreno que observemos, incluido el intelectual.  Así las cosas,  ¿será capaz algúnb día el movimiento ciudadano  tímido heredero  del 15-M,   de imponer pacíficamente  cambios profundos y un nuevo sistema de democracia participativa donde se tomen en consideración las demandas ciudadanas hoy reprimidas o ignoradas con violencia o con  silencioso desprecio?
¿Cuánto tiempo ha de tardar aún el pueblo decente y maltratado para ser escuchado y disponer de la fuerza suficiente para  quitar a quienes eligen por error  y luego actúan  contra sus intereses? Tiempo al tiempo, pero el tiempo corre cada vez más deprisa y sería bueno  estar despiertos para que lo que está viniendo no nos coja desprevenidos, en la seguridad de que nadie nos va a sacar las castañas del fuego por más  discursitos con que quieran entretenernos  sus señorías en ese teatro decadente  llamado Parlamento.
Las cartas están sobre la mesa, han vuelto a ganar la corrupción y la represión y mientras   los que dirigen este juego sucio  siempre  ganan, la banca siempre pierde y la banca somos nosotros, todos los españoles, incluidos los que- por la ley de semejanza-  votan a esos jugadores sin conciencia alguna.
 ¿Y mañana? Ojalá nos llevemos una sorpresa. Pero ya se tarda, porque estamos en las mismas de nuestros abuelos: ¿fascismo o democracia? ¿ Justicia o impunidad?
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