España: de la infrapolítica a la metapolítica

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DE INFRAPOLÍTICA DE PARTIDO A METAPOLÍTICA DE LA CONCIENCIA

(I)

Con obstinada tozudez aparecen una y otra vez  básicamente  las dos Españas que casi nadie quiere nombrar, tal vez por aquello de no mencionar  la soga en la casa del ahorcado. Por un lado,  la del antiguo Frente Nacional, con el apoyo incondicional del Vaticano -usurpador del nombre de cristiano- y  cuyo golpe de Estado y guerra civil  destrozó este país. Este frente se inclina siempre ante el Papa y ahora quiere cambiarse el nombre. Prefiere el de “Gran Coalición”. Si alguna vez cuajara, sería  un puzle de neo franquistas, neoliberales y neo socialistas reciclados a menos socialistas  con un clero reciclado a mucho menos cristiano,   divididos cada uno entre sí pero todos contra los que reclaman otra España sin corruptos, sin sillas giratorias, sin desahucios, sin niños pobres y sin padres en el paro sin fin  y que comen de la pensión exigua de los abuelos. Pero en este puzle no terminan de encajar las piezas, porque están los que se aferran a sus cargos en la  política nacionalista provinciana  de aldea gala,  los que se aferran a sus sillas cardenalicias, a sus puertas giratorias o a sus cajas fuertes secretas en un paraíso fiscal.

 

Unos  y otros se dan la mano a fin de cuentas,  ya sea para evitar que sus vergüenzas  y desmanes ocultos vean la  luz,  ya sea para defender los negocios de sus patrocinadores financieros  o sus  ventajas personales en forma de poder, prestigio y bienestar con la eterna bendición vaticana desde aquel 18 de Julio de 1936.

El otro bloque es el podríamos llamar  de la Nueva España o,  si  queremos, Nuevo Frente Popular,  a este conjunto de fuerzas la de los más jóvenes, formado por  la  izquierda tradicional  comunista y las coaliciones  surgidas al calor del 15 M, abiertamente progresistas y  con idearios socialistas, o abiertamente anticapitalistas. Este otro puzle de fuerzas es mucho más noble en sus propósitos y rico en ideología,  herramientas de transformación social  y cultura política que el que tienen enfrente. Sin embargo  andan limitados en su capacidad de desarrollarse  hoy suficientemente para ser determinantes debido a que el conjunto de ciudadanos de este   país no da más de sí.

El caso es que la Historia siempre se repite. Y Marx llevaba razón cuando decía que primero es  tragedia y luego comedia. Ahora toca lo intermedio: la tragicomedia. Intermedio es la palabra que mejor expresa el estado actual de las posturas políticas en este país tan conservador como extremista, tan  melindroso como timorato; tan machista y  violento como sumiso; tan ampliamente primitivo como minoritariamente refinado;  tan falsamente religioso como descreído. Es un país difícil, ya se ve. Y además ignorante y fácilmente manipulable. Por eso es difícil aquí  hacer política al servicio de los más castigados por la crisis y los desahucios.

La vieja España que se niega a morir

Existe en España una vieja tendencia a la hipocresía, una resistencia antigua, rancia y poco propensa  a decantarse abiertamente por una opción clara, seguramente como parte de la memoria colectiva subterránea de las gentes de aquí  tan duramente castigada  históricamente por inquisidores, caciques y fascistas. Hasta hoy, que tenemos a los herederos del antiguo régimen sentados en sus poltronas. Por eso en nuestro querido país   es casi imposible  para muchos decidirse a  tomar partido sin antes haber medido las fuerzas de los contrarios por si luego hay que pagar por la insolencia.  Y es que nuestra memoria colectiva  es rica en vergonzosas muestras de revanchismo y desprecio hasta estos  días en que corren vientos de posibles nuevas  elecciones entre la vieja y la nueva España. Esta sería una especie de radiografía infrapolítica, pero podemos elevar nuestra mirada en busca de más amplios horizontes. Esto obliga a limitar las aspiraciones de los que sueñan con cambiar el rumbo neoliberal de este país y conducirlo a mejores puertos.

Las eternas posiciones en litigio.

Entre tanto, los dos bandos en que se halla dividido  el país y  los partidarios de sus respectivas aldeas galas   se miran sobre las urnas  con el ceño fruncido.

Unos,” los de abajo”,  pero no mayoría en estado  de conciencia social, están hartos de ser explotados, expropiados, desahuciados, empobrecidos, ignorados, despreciados, desoídos, expulsados de trabajos u obligados a emigrar. Y quieren cambios profundos que les alivien de esta situación. Hay una excepción: la de los viejos. Y es que este es un país dominado por los viejos. Ideas viejas y ancianos medrosos, pobres, sin relieve social  y enfermos. Porque aquí  vejez aquí no es  sinónimo de sabiduría ni salud mental sino de miedo, ignorancia y cerrazón intelectual. Todo un símbolo nacional que tiene amplia representación parlamentaria.

Los otros, “los de arriba”, que son minoría social pero mayorías en votantes sordiciegos- como quienes gobiernan-  no cesan de hacer fechorías y también están hartos, pero de ser perseguidos por corruptos, aunque tal persecución es más mediática que judicial. Y sus votantes incondicionales  les perdonan porque  sin duda quisieran  ser como ellos. O sea: ricos, famosos,  admirados u odiados, pero corruptos  sin consecuencias, aunque eso pudiera suponerles alguna incomodidad como a sus admirados; incluso aunque tuvieran que pasar unos días en una  cárcel con todas las comodidades para salir pronto en busca del paraíso fiscal donde aguarda su nido de oro.

Contra esta política de los “de arriba” se alza el Nuevo Frente Popular del 15 M y sus sucesores,  pero para no asustar a esas mayorías de sumisos y miedosos  ya no hablan de  un periodo constituyente ni  de otros temas importantes que esgrimieron para conquistar la voluntad de las gentes  indignadas por la política neoliberal del gobierno actual.

  • Ya no hablan de que el Rey se presente a las elecciones.
  • Ya no hablan de República.
  • Ya casi no mencionan la gravedad del Tratado de Libre Comercio  E. –EEUU y sus funestas consecuencias para los españoles y europeos en general.
  • Ya no hablan de dejar de pagar la deuda.
  • Ya no hablan de cerrar las nucleares y potenciar las energías
  • Ya no hablan de salirse del euro y de la OTAN.
  • Ya no hablan, o hablan poco de medidas concretas  contra los privilegios de la Iglesia.
  • Ya no hablan de intentar cerrar los paraísos fiscales y de perseguir y enjuiciar a los evasores de impuestos.
  • No hablan de que todos los corruptos confesos tienen que devolver lo robado inmediatamente.
  • Y nos consta que no es porque no crean en que todas esas cosas sean necesarias y buenas para la mayoría. Es que la mayoría, como sucede a todos los que dormitan, espantan estas ideas como se espanta a las moscas que interrumpen su larga siesta histórica. Y quienes las defienden se ven obligados a moderar sus discursos después de haber tocado en sus  taponados oídos las trompetas de Jericó sin resultado alguno.

La política es el arte de lo posible, dijo alguien. Quizás no tenemos en este país suficiente mayoría que aceptara propuestas legítimas y buenas para el conjunto, y  quienes  las defienden se ven por ello obligados a las rebajas, pero es que para uno de cada tres españoles, simplemente que un político  lleve coleta o un pendiente ya le empuja a ir a votar neo franquismo para castigarle. Aquí para caer bien y ser tomado en serio todavía hay que llevar corbata y chaqueta gris. Gris como el país mismo y chaqueta que permita darle la vuelta entre el rojo – o rosa-  y el azul según convenga.

Así las cosas, gane quien gane las elecciones, en el caso sumamente improbable de que se repitieran,  no lo va a tener fácil. Pero los demás, o sea, nosotros, en ningún caso.

Y dicho esto, subiremos el peldaño  desde la infrapolítica– que es la que nos sirven los medios y la vida política normal- al  de la metapolítica, que tiene que ver con la conciencia como elemento determinante de la primera. Y de ahí su importanc

                                                                           II

      LA VISIÓN METAPOLÍTICA

 Si  elevamos un poco la mirada desde la conciencia social y económica que rige el mundo político a la conciencia espiritual, que rige nuestro mundo interno y eterno, – y que es el siguiente paso evolutivo-  no hallamos entonces grupos ni partidos políticos o religiosos, , sino diversos niveles de evolución. Están los egocéntricos y los altruistas; los que solo quieren recibir y los que quieren dar.  Están los que miran a sus semejantes con  amor y los que lo hacen con indiferencia, con desprecio  o simplemente quieren  aprovecharse de sus energías en propio beneficio. Están los que tienen una visión localista de la vida  y se proclaman nacionalistas y amigos de fronteras estrechas y los que buscan entroncarse con la vida universal.

El egocentrismo como obstáculo para el progreso social y de la conciencia.

Los egocéntricos se crean  un serio problema cuando actúan a favor de su interés personal aunque ello suponga perjuicios para otros o para este Planeta. Esta es la forma de actuar en la que destacan  los más ricos y poderosos, aunque también  muchos millones  que no lo son. Unos y otros siembran su propia ruina espiritual porque aquello que piensan, dicen y hacen cae bajo la ley de causa y efecto aunque los jueces de este mundo hagan la vista gorda. Puede que en este mundo material hasta les vaya bien, pero este viaje dura poco, mientras sus almas son eternas. Da igual que tal cosa no les preocupe, como sucede cuando uno es multado sin ser apercibido, pero la multa llega igualmente y se llama Karma. Y aunque tengan suerte los injustos y se escapen de la justicia de este mundo, la justicia del universo nunca falla: si robas, te robarán; si matas, te ocurrirá lo mismo en otra existencia; si mientes tendrás que sufrir las consecuencias de tus mentiras; si calumnias serás calumniado, y muchas cosas más.  A mucha gente esto le puede sonar a la Ley del Talión, pero esta no es más que la despolarización de la justicia universal espiritual basada en el justo equilibrio entre dar y recibir y  que dice simplemente: Lo que siembres cosecharás. Eso lo sabe hasta el más torpe de los agricultores.

 La Ley de Causa y efecto, de Siembra y cosecha, Ley del Karma

Lo mismo que existen leyes físicas, como la de la gravedad,  la de Causa y Efecto- que tiene una manifestación física y otra espiritual – de siembra y cosecha o del Karma- sirve para aprender, para que reconozcamos, para que nos arrepintamos, pidamos perdón y rectifiquemos lo que  hicimos contra las leyes divinas de la justicia universal y el amor al semejante.

Y  si alguien vive para satisfacer a su ego dañando o explotando  a sus prójimos personas o animales y cosecha desgracias y golpes del destino no es un castigo; son llamadas de atención como cuando a uno le duele algún órgano físico este le llama la atención por medio del dolor para que rectifique en su comportamiento. Así es el proceso de sanación física, y el proceso natural de la evolución espiritual de un individuo, que deberían ir unidos.  En efecto,  ¿cómo sería posible la evolución de alguien sin que tomara conciencia  de sus actos y de sus consecuencias viviéndolas por sí mismo antes de dar el paso para rectificar?

Se dice muy acertadamente aquello de que  nadie escarmienta en cabeza ajena. Entre tanto nuestro país se halla en vísperas de cambios en la infrapolítica. Cambios difíciles para tiempos difíciles y para gentes no menos difíciles a la hora de cambiar de mentalidad, tanto si son “de arriba” como si “de abajo”, porque la conciencia no entiende de política y leyes del Parlamento, sino de la conciencia y  de sus leyes espirituales.

 

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