España revienta

Estaba leyendo unos comentarios en un hilo de un conocido diario católico, donde se podía oler la bilis que emanaba de enfurecidos dedos y corazones contra la izquierda, el sindicalismo, las manifestaciones, las protestas, contra los funcionarios, las prostitutas y hasta con un tal Zapatero que si lo han visto no querran acordarse… Pues sí, culpan a todos los movimientos sociales.
Es muy curioso ¿saben? Primero el PSOE inyecta a raudales dinero público a la banca. Después el PP hace lo mismo, pero aún más dinero y salva Bankia porque tienen ahí sus depósitos. Ahora resulta que España tiene una deuda tremenda que la tiene que pagar el pueblo, sin comérselo ni bebérselo y resulta que.. !!La culpa la tiene la izquierda y los sindicatos ¡¡ Hay que joderse. Disparates sobre disparates. La derecha, por naturaleza cruel e injusta, egoísta y nazicatólica culpa al sindicalismo. Y todo porque odia que los trabajadores se unan y defiendan sus derechos. Y al lado del gobierno, unos empresarios que llaman a la esclavitud y a echar más gente a tirarse a las vias del tren.
Se ha desviado tanto caudal público a arcas privadas (bancos y cajas) que vamos a pagar con creces los excesos de los ricos.
No es cuestión de meter miedo: debemos tener miedo. La situación económica y social de España no tienen parangón en la historia a excepción de la época anterior a la II República.
Hay un estallido social, silenciado descaradamente por los medios del poder, que dificilmente termine de manera pacífica. La historia, como veneno de mandrágora, se extiende hasta el presente y dibuja un futuro que nuestros abuelos han conocido. Ya mucho antes, y ante una situación similar, con un pueblo empobrecido en su miseria, explotado y herido, tuvo que levantarse e iniciar una revolución que fue aplastada por los mismos que gobiernan el país desde entonces. La miseria y la sangre se multiplicaron como los piojos que portaban en sus cabezas.
Culpan a la izquierda de hacer arder las calles. Culpan al sindicalismo. Culpan a los funcionarios, a comunistas, anarquistas, socialistas y panderetas, a  maricones y abortistas. Culpan a los que no tienen otras armas que la protesta, culpan y dicen que son peligrosos antisistemas que vienen a perturbar «la paz de la gente de bien». La paz de esa «gente de bien» que viene dirigiendo el país desde siempre. Esa «gente de bien» que vive en la abundancia. Que los domingos van a misa para que les den una ostia, que envían a sus hijos a colegios privados para que aprendan el egoismo de sus padres y a vivir sin compartir un mendrugo de pan, pero que caritativamente sueltan migajas al hambriento.
España huele a sangre de nuevo. La culpa es de todos, salvo de los poderosos. La culpa no es de los bancos. Ni de la Unión Europea, ni del derroche en sueldos de políticos. Ni que los ricos apenas aportan nada. Ni de una rica iglesia que llama constantemente a volver a la dictadura. Tampoco tienen culpa los enchufados. La culpa no la tiene más que esos desgraciados que se manifiestan.
España revienta y sobre los hombros de los que se quejan, cargarán la chepa. Ricos y pobres. Poderosos y hambrientos. España huele a guerra y yo pido que, por favor, por una vez en la historia, gane el pueblo, y no los poderosos.
Si revienta y empezamos un mundo más justo y equitativo, que reviente.

 

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