Escritura del desastre : tres mosqueteros del testimonio: Antelme, Levi y Rousset ( y III/ 3)

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Por Iñaki Urdanibia

Militando desde joven en ambientes socialistas y más tarde trotskistas, David Rousset acabó siendo detenido por la Gestapo – en colaboración con las milicias de Vichy- por sus actividades en la Resistencia contra el okupante germano. Primero, la prisión de Fresnes, luego deportado a Porta, Westphalica, Neunegamme, a las minas de sal de Helmstedt y al final al el de Buchenwald, de donde volvió cuando el campo fue liberado, con cincuenta kilos de menos, un montón de huesos, que diría su amigo y editor Maurice Nadeau, además de afectado por el tifus El resultado un par de obras esenciales: El universo concentracionario ( 1946) y Les jours de notre mort (1947).

El agrimensor D.R.

Sin lugar a dudas él fue quien de manera sistemática dio cuenta del carácter y especificidad de los Lager, como elemento esencial del sistema nacionalsocialista. Le costó escribir sus tempranos testimonios – que son mucho más que eso- ya que al principio. Amnésicos, se le resistían los recuerdos además de que no hallaba ni el tono, ni la palabra. Convaleciente en Saint-Jean des Monts, en Vendée, en donde era sometido a una potente sobrealimentación: « recuperaba casi un kilo por día, y en la misma medida mi memoria iba volviendo» ; al final, a petición de Nadeau dictó el libro en tres semanas a su mujer Sue, que primero fue publicado – hablo del primero de los nombrados, que sirvió entre otras cosas para acuñar el término “ concentracionario”- en tres entregas en La Revue Internationale, para posteriormente ser editado en volumen por las Éditions du Pavois, consiguiendo ese mismo año el premio Renaudot.

La obra, como señalaba, no se ha de tomar como un mero testimonios, que también, sino como un estudio de los aspectos esenciales de los campos. El lugar en donde todo era posible – entre Ubu y Kafka- , «los hombres normales no saben que todo es posible. Incluso si los testimonios fuerzan su inteligencia a admitirlo, sus músculos no lo creen», y en donde el proceso de despojar de humanidad a los internos estaba organizado de manera milimétricamente programada; « pueblos re-encontrados de todos los pueblos, de todas las convicciones, cuando vientos y nieve chasqueaban sobre las espaldas, helaban los vientres a ritmo militar y, estridentes como una blasfemia rompedora y burlona, bajo los faros cegadores ; en la Gran Plaza noches heladas de Buchenwald; hombres sin convicciones, agotados y violentos; hombre portadores de creencias destruidas, de dignidades deshechas; todo un pueblo desnudo, interiormente desnudo, desvestido de toda cultura, de toda civilización, armadas de palas y picos y de martillos, encadenado a las vagonetas oxidadas, recogedor de sal , desbrozador de nieve, fabricante de cemento; un pueblo mordido a golpes, obsesionado del paraíso de alimentos olvidados; mordedura íntima de engaños – todo este pueblo a lo largo del tiempo ». Los campos creaban una sociedad de excluidos de la sociedad normal, hombres superfluos de los que hablaría Hannah Arendt y que también preocuparían –vita nuda– a Giorgio Agamben en su Homo sacer. [ No es baladí tener en cuenta la importancia del libro del que hablo en la obra sobre los orígenes del totalitarismo de Arendt; referencias explícitas a él, y un planear continuo de la obra de Rousset como fuente de información sobre el carácter de los campos y el papel esencial que estos jugaban en los sistemas totalitarios].

Los campos eran un arma destinada a acabar con la humanidad de los allá recluidos, disolver los posibles lazos sociales, culturales, sociales, lingüísticos, entre los internos, haciendo de tal modo que cualquier intento de resistir y de unificarse en una unidad, como pueblo, hubiese sido eliminada( únicamente quienes defendían alguna ideología firme- de manera destacada los comunistas- intentaban crear lazos y formas de resistencia), o de crear algún tipo de comunidad resultase imposible. Mas no solo esa era su función sino que ésta era más amplia, ya que era una arma para sembrar el terror no solo para los allá encerrados sino para la población en general, ya que los ciudadanos tomaban conciencia de que también les podía tocar a ellos, lo que suponía que el pueblo alemán viviese aterrorizado y que la oposición abierta al hitlerismo resultase prácticamente imposible; « los campos, en su existencia, instalan en la sociedad una pesadilla destructora, eternamente presente, al alcance de la mano».

Otro de los méritos del ensayo de Rousset es señalar las diferencias entre los campos de concentración y los campos de exterminio, distinción que en la época no era clara; así quedan claras sus clasificaciones entre los campos de concentración en los que en principio se encerraba a los políticos y a los delincuentes comunes, por otro los campos de aniquilación dedicados fundamentalmente a los judíos y gitanos; no agotando tales la variedad de campos ( se calculaba que llegó a haber unos diez mil)…en los que mención aparte merecen los campos de deporte…cuya función no era otra que agotar hasta la extenuación a los internos por medio de ejercicios absolutamente chirenes ( desvestir a otros con la máxima velocidad, diferentes tipos de carreras y competiciones sin sentido…) que servían para diversión de los SS y sus acólitos.

En los análisis de la obra pueden verse igualmente las distintas reacciones entre los deportados ( resignación, sometimiento absoluto, abandono…frente a otros que trataban de resistir de algún modo, dedicándose al servicio de los demás por medio de la enseñanza de la música u otras disciplinas…) .

Esta organización que respondía a una concepción del orden social basado en la muerte, la tortura y el crimen es puesto al desnudo en todos sus entresijos por la sagaz mirada de Rousset. Establece las jerarquías existentes en la administración de los campos, el recurso por parte de los SS a descargar las labores en los “verdes” – es decir, en los detenidos de derecho común– que , por principio, mantenían un odio sin ambages hacia los políticos. En estas funciones de mando y organización se creaban redes de amistad que suponían el ascenso a mayores responsabilidades, lo que conllevaban ciertas ventajas y privilegios en lo que hacía a la alimentación, al acceso al alcohol, a ropa de abrigo, etc. El mantener estos lazos de servidumbre y amistad con los jefes era una cosa que debían cuidarse si los aventajados no quería caer en desgracia y ser descendidos al nivel más bajo, a la mierda…que al fin y a la postre era como consideraban los grandes señores a los detenidos que no eran sino pura plebe y encarnación del Mal. Todo esto originaba trapicheos, Mercado negro, zancadillas, chivateos, que hacían que la movilidad fuese grande.

Otro de los aspectos claves que fueron sacados a relucir por nuestro hombre era el uso del trabajo-destrucción frente al trabajo-explotación o el trabajo-castigo. Distinción que en la época no eran creíbles para las visiones e interpretaciones economicistas que abundaban. El destino del trabajo era doblegar cualquier forma de revuelta, forzar la obediencia, agotar…encaminando a los reclusos hacia la muerte; la divisa del “trabajo os hará libres “ no era más que pura farsa cruel e intento de engañar a los que llegaban , haciéndoles pensar el lema que entraban en un campo de trabajo. Ha de tenerse en cuenta que la finalidad de los campos no era rehabilitar o re-educar ( función que en principio sí que parecía guiara los campos soviéticos) ya que los allá ingresados eran irrecuperables, eran la mierda, gusanos, parásitos, la encarnación – reitero- del Mal.

Y al final ante este panorama desolador, no obstante, la esperanza, teniendo en cuenta que « en todos los centros de este extraño universo, ha habido hombres que han resistido…« Nunca hemos renunciado a luchar, nunca hemos blasfemado contra la vida».

Al año siguiente de la publicación del libro del que he hablado, vio la luz Les jours de notre mort, ochocientas páginas elaboradas en quince meses siguiendo la técnica de la novela. Según comentaba el autor éste era el despliegue de la obra anterior recurriendo a la narrativa. En este caso, se pasaba del nivel individual al colectivo ya que se prestaba la voz a diferentes testigos, que hablan de sus luchas, sus amistades, complicidades, las luchas por desalojar de los puestos de mando a los presos de derecho común en beneficio de militantes comunistas. Asistimos a debates políticos, pudiendo proponer como lema de la obra: comprender, política, servir; « yo aprendía a mirar la vida de los hombres que no piensan. Descubría por ellos un interés singular y que lo más sórdido ofrecía a menudo rasgos sorprendentes…Debía a este gusto nuevo por el comportamiento animal de mi especie no haber muerto por asfixia mental. Sin embargo, con qué agotamiento se pagaba todo esto. Martin me permitió estar como antes. Se interesó por mi curiosidad…Yo pensaba ante él. Juntos nos poníamos ante un libro, un libro que yo debía escribir, cuando llegase la libertad, si la muerte no llegaba antes. Discutíamos el orden de los capítulos, examinábamos la material renovada cada día. ¡ Eramos las cobayas y observábamos! »(p. 479). Y la exactitud a la hora de desentrañar los mecanismos del funcionamiento del universo concentracionario fueron cumplidos con creces.

Conservando en alto , eso sí, la bandera de la esperanza y de la lucha por un mundo mejor. Su editor, Maurice Nadeau, diría de esta obra: «¡ qué energía, que aliento para describir, contar, analizar todo esto ! Shakespeare era grande. El Infierno de Dante, es el cielo en hueco. Aquí, es, tras el paso bajo el arco en el que se inscribe el insultante “ Arbeit macht frei”, la muerte sórdida bajo el sonido de las orquestas wagnerianas, el reino del padre Ubu, y esto hiela la sangre» ( Maurice Nadeau, Les jours de notre mort como oeuvre littéraire en Lignes 02 / mayo 2000; pp. 82 – 89).

[ No puedo resistirme a mostrar mi extrañeza ante la ausencia de traducción de esta obra esencial para comprender la lógica ilógica de los campos Nazis; desde luego , obras menos significativas se han traducido sobre el tema. Una cuestión personal: habiendo propuesto traducir los dos volúmenes del libro, tras algunas lindas palabras…la cosa se quedó en silencio y olvido ].

Locura de la verdad y la justicia

Me permito transcribir un par de significativas citas de David Rousset: una, es una carta, fechada en noviembre de 1971, a Jacques Chaban- Delmas, al presentarle la dimisión del partido UDR ( sí, el partido del general De Gaulle) :« hoy en día es de buen tono oponer los sabios a los quiméricos. ¿ Quién era sabio en 1940, quién el quimérico? Evidentemente, la sabiduría estaba del lado de Pétain…Si la Resistencia tuvo razón en su locura, no es en absoluto porque la victoria de las armas le haya sido favorable. ¿ Aun habiendo sido vencidos nuestra locura habría sido a pesar de todo la razón. ¿ Porqué sucedería de otro modo hoy? Entre los satisfechos, los prudentes, los razonables y el campo de los locos que quieren cambiar el mundo, yo estoy del lado con absoluta entrega de esta loca sabiduría. Es posible, evidentemente, que el mundo no cambie. Tanto peor para él ». Por si la apuesta no quedase netamente diáfana, al final de su obra La société eclatée : « la inteligencia teórica y la determinación estratégica son necesarias para la revolución. No constituyen la potencia viva y creadora. En el principio está la revuelta. La revuelta está al final. El rechazo de la sociedad, de sus escándalos y de sus ignominias. El rechazo a aceptar lo que nos digan. Toda inteligencia del mundo no sabría remplazar esta indignación que moviliza el ser entero. Esta vigilancia exacerbada contra la misma revolución en su cumplimiento. Esta maravillosa insatisfacción de adolescente. Esta locura de la verdad y de la justicia, del dios desconocido que la habita. He ahí lo que se ha mantener despierto contra la erosión del tiempo . Esforcémonos por mantener intacto este fervor hasta el día de nuestra muerte» .

No cabe duda de que David Rousset pertenecía a esa nave de locos que pretendían cambiar el mundo; el espíritu de lucha no se le apagó tras las experiencias concetracionarias padecidas, es más le sirvieron como potente catapulta para continuar la lucha. Así, en 1949 lanza un llamamiento a los antiguos deportados para investigar sobre la permanencia del los campos soviéticos; al año siguiente , en 1950, pondría en marcha el CICRC, la Comisión internacional contra el régimen concentracionario. Tal iniciativa le empujó a tener que soportar virulentos ataques y una intensa campaña por arrinconanarle, empujándole al aislamiento y la soledad. Los existencialistas de Les Temps Modernes le criticaron y le abandonaron, no hace falta ni decir qué hicieron los estalinistas, que convirtieron a Rousset en un vendido a la CIA, un traidor y todas las lindezas propias del estilo langue de bois. Es más, desde las filas de Les Lettres françaises, personándose un antiguo deportado, Pierre Daix, le llevaron ante los tribunales por difamación como antes habían hecho con Kravchenko. Los tribunales dieron la razón al acusado, lo que no significa que la victoria supusiese la ampliación del eco y la influencia de Rousset y sus contados amigos ( entre los que obviamente estaban las organizaciones trotskistas, Margarete Buber-Neumann, que conocía a fondo los dos tipos de campos – véase su Prisionera de Stalin y de Hitler– estuvo como testigo en el juicio; y la ex-deportada Germaine Tillion se mostró desde el principio decidida a apoyar la causa que proponía Rousset,… )…muchos de estos últimos le abandonaron ( uno de los dedicatarios de Les jours…Emil Künder, “ mi camarada alemán del universo concentracionario “ rompió con él); y algunos – como Robert Antelme- pusieron algunas condiciones, al tiempo que afeaban que el appel hubiese sido hecho en el derechista Le Figaro…La contestación de Rousset fue rotunda al indicar que no había tenido otro remedio ya que todas las puertas se le habían cerrado…Algunos de los desacuerdos señalados por Robert Antelme, fueron, meses más tarde, los que llevaron a éste a ser expulsado del PCF. ¡ Cosas ! ( el intercambio puede verse: Robert Antelme / David Rousset en Lignes 03 / octobre 2000; pp. 179 – 192). Es claro que en aquellos años de guerra fría no eran admisibles las posturas que pudieran hacer el juego al enemigo…« la administración central de los campos, el gulag, con sus múltiples servicios, es uno de los trust más grandes económicos de la URSS. Una vez todavía, el concentracionario alimenta a su guardián. La SS no había llegado a esta eminente función social más que en las últimas etapas de su existencia».

Los trabajos de la organización puesta en pie publicó un contundente libro blanco acerca de los campos soviéticos, materiales que se adelantaron – y coincidieron en lo que hace a la verdad – los testimonio de Shalámov o Solzhnitsyn.

Siempre mostrando su independencia , fue presentado en las listas electorales del partido gaullista , saliendo elegido como diputado, lo que no le impedía mostrar su incondicional apoyo a los rebeldes de mayo del 68( mientras el general, y jefe de filas del gobierno y del partido, hablaba de la chienlit); en sus últimos años mostró una honda preocupación sobre los peligros de una tercera guerra mundial y los peligros de la energía nuclear. Un hombre siempre dispuesto a ejercer la parresía cara a los griegos – el coraje de decir la verdad- aun a riesgo de su comodidad y tranquilidad…así hasta el final de sus días en diciembre de 1997.