Escritura del desastre : tres mosqueteros del testimonio: Antelme, Levi y Rousset ( y III / 1)

Por Iñaki Urdanibia

Esta primera parte de la entrega final va dedicada a la obra del primero de los nombrados

Por Iñaki Urdanibia

Si en los artículos anteriores me he centrado en señalar las características comunes a dichos autores y, por extensión a quienes pueden ser agrupados bajo la denominaciób de “literatura concentracionaria”, en este voy a detenerme en la obra de los tres . Robert Antelme ( 1917 – 1990) , hombre de un solo libro : L´espéce humaine ( Gallimard, 1947 / en 2001 la madrileña Arena lo publicó en castellano), previamente, en 1946, había publicado un artículo, recogido más tarde en libro, Vengeance? que reivindicaba el trato digno que se debía dar a los prisioneros germanos, y más tarde publicaría algunos textos sueltos que fueron publicados en volumen: « Textes inédits sur L´espèce humaine. Essais et témoignages ». Paris. Gallimard, 1996. Primo Levi ( 1919 – 1987), por su parte, vio publicada su obra por el pequeño editor De Silva, con una reducida tirada en esa pequeña editorial; « Si esto es un hombre », años más tarde sería publicada por Einaudi , siendo traducida en 1987 – el año de su suicidio – por Muchnik Editores; casi al tiempo vieron la luz en castellano, en la misma editorial, La tregua y Los hundidos y los salvados, que posteriormente, junto a la primera, fueron publicadas conjuntamente por El Aleph bajo el título de « La trilogía de Auschwitz », dejo de lado sus escritos posteriores en los que dio a conocer no pocos relatos, bastantes de ellos centrados en temas relacionados con la ciencia ( ficción), sin olvidar su magnífica tabla periódica que denota su oficio de químico. En lo que hace a David Rousset ( 1912 – 1997 ), éste se adelantó en un año con su L´Univers concentrationnaire , publicado por Éditions du Pavois,que recibió el mismo año de su publicación el prix Renaudot 1946 ( hay traducción en la barcelonesa Anthropos); en 1947 en la misma editorial francesa vieron la luz los dos volúmenes de Les jours de notre mort ( inexplicablemente no traducidos al castellano)en los que, de forma narrativa, presenta la vida en los campos de concentración . Otras obras sobre los campos ( incluidos los dichos soviéticos)escribió y otros textos de combates varios. Entremos en la visita a cada una de sus obras esenciales.

L espèce humaine ( 1947 )

El libro editado inicialmente en Éditions de la Cité universelle, más tarde lo sería por Éditions Gallimard, está dedicado « a mi hermana Marie-Louise, deportada, muerta en Alemania», la chica que había nacido dos años más tarde que él fue deportada el año 1944, el mismo año, en el que Robert Antelme fue detenido en junio por la Gestapo, llevado a la prisión de Fresnes para posteriormente ser depotado a los campos de Buchenwald y Dachau; su detención se debió a una redada a la que fue sometida la red de resistencia en la que estaba encuadrado ( MNPDG, Movimiento Nacional de Prisioneros y Deportados) que dirigía François Mitterand, y en la que colaboraba junto a su compañera Magueritte Duras y su amigos, y posterior compañero de la escritora, Dionys Mascolo.

La situación al volver quedaba resumida por él mismo en un texto publicado en 1945, y luego recogido en Textes inéddits sur L´Espèce humaine, “ Vengeance” ,Gallimard, pp. 21-22): « hemos vuelto alucinados, y aún ahora tenemos sus nucas y sus espaldas en los ojos […] Nos queda un estupor, pero no se puede traducir por acto alguno. Hemos visto lo que los hombres no “deben” ver; esto no era traducible por el lenguaje». Esta última dificultad, o casi imposibilidad, señalada, era debida a la dificultad casi orgánica de poner an palabras el horror padecido en los campos , y a ello se dedicó, no sin hondas angustias: a plasmar la experiencia, la oscuridad, la soledad, la opresión y el organizado mecanismo por reducir a nada a los encerrados; a la dificultad indicada ha de añadirse el distinto lenguaje que se usaba en el lager que el de la calle, y la diferente carga semántica que podían tener algunas sensaciones para gente que no había sufrido la experiencia del maltrato, del dolor, de la humillación, de la reglamentación absurda y rigurosa, del hambre, del frío y de la enfermedad.

Ciertamente el mundo vivido era como el real pero invertido: el mismo inicio del relato ( como récit, se presenta la obra)choca ya que se refiere a las letrinas ( chiottes ) y a lo que en ellas se hace; así, ya desde el principio Antelme, se ciñe a valores que en la sociedad normal podrían ser juzgadas como de mal gusto, como mínimo, y que sin embargo en el mundo de los campos era esencial para sobrevivir, no solo desde la óptica orgánica ( de discurso orgánico hablaba Marguerite Duras), sino también desde la búsqueda de un momento de soledad, de reposo y, llegado el caso, de ciertas conversaciones entre compañeros de reclusión. Ha de añadirse a esto que el incio supone para los jos lectores una sorpresa y un choque que le impulsan a entrar en el infierno al que le va a conducir el escritor: universo en el que una serie de seres famélicos con trajes rayados, deambulaban utilizando un lenguaje babélico, en el que se mezclaban distintas lenguas y términos utilizados por los kapos y los SS, que obligaban a los reclusos a realizar las labores más absurdas y sinsentido, cuyo único fin era el de domesticar y forzar la obediencia . Organización que nos es presentada como presentadas nos son algunas características y episodios: los latigazos, la furia de un preso-médico que se dedica a maltratar a sus compañeros enfermos, modélicos padres de familia convertidos en brutos destacados . Las circunstancias extremas suponen cambios extremos e inesperados en los hombres allá encerrados.

La muerte siempre presente, vista como cosa normal, tanto por parte de las víctimas como de los SS; el lenguaje trasfigurado, con respecto al uso habitual, no solo por la aludida mezcla de hablas, sino también por e dominio del lenguaje onomatopéyico; el hambre y el recurso a modos de alimentación cercano a la animalidad, que conlleva ciertos intercambios y trucos para sacar ventajas en la terrible precariedad…y frente a todo ello se alza el cuerpo propio y sus necesidades biológicas y espirituales ( comer, defecar, sentirse a sí mismo y la conservación de la propia conciencia y por consiguiente perseverar en la permanencia del yo) que se convierten en el método para sobrevivir y luchar contra la muerte perseguida como objetivo final por los verdugos.

Un humanismo del resto, residual

En la obra de Robert Antelme nos las habemos con el último reducto de lo humano, en el resto, en el mínimo común denominador de esa cosa llamada hombre. No estamos ante el hombre-héroe, resistente, militante, estamos ante el hombre devenido ordure…pero los SS no pueden convertirlos en árboles o en animales. Llegados hasta el cuerpo dañado, hasta la búsqueda desesperada de la subsistencia ya sea comiendo las peladuras varias encontradas por ahí ; « mas la experiencia del que come peladuras es una de las situaciones límites de resistencia. Tampoco difiere de la experiencia extrema de la condición de proletario. Están todos los elementos: primero, el desprecio por parte de aquel que fuerza a tal estado y hace todo para mantenerlo[…]. Por otra parte, la reivindicación-en el empeño de comer para vivir-de los valores más elevados. […] muchos han comido peladuras. Ciertamente no eran conscientes, la mayoría de las veces, de la grandeza que puede encontrar este acto para la luchar contra la muerte impuesta […] Pero nadie podia denigrarse por comer peladuras, como tampoco puede denigrarse el proletario, “sórdido materialista” que se obstina en reivindicar que no cesa de luchar, para alcanzar su liberación y la de todos>>. Evitar morir es una victoria sobre el enemigo, subsistir así va a resultar -según su visión- el acto de resistencia esencial en aquella situación al límite. « Militar es luchar razonablemente contra la muerte ». Nada de grandes proclamas, de grandes palabras…el punto de anclaje son pequeñas cosas de presque rien: guiños, conversaciones que al rato pueden tornarse en mosqueos, pues allá todo es contradictorio e instable…los encuentros camaraderiles en las solicitadas chiottes, es ahí en donde surge la pre-solidaridad, las bases de una comunidad que no está en acto pero que pone el humus para poder llegar a estarlo. Pobre-Proletario-Deportado…hilo que une esa unidad que se forja en el despojamiento, en la reificación, o en el ultimo caso en el imposible intento de borrar la humanidad de los humanos.

A la salida del campo, junto a su grupo de amigos ( Marguerite Duras, Dionys Mascolo y Edgar Morin) se afilia al PCF, con la idea de vana de cambiar las fosilizaciones que veían dentro de la ortodoxia comunista…chispas en lo referente al papel de la cultura, tiempos de férreo socialismo realista djanoviano, algunas ideas aperturistas -que se abriesen más allá del proletariado-…el intercambio epsitolar con David Rousset sobre la necesidad de luchar contra los campos del otro lado del telón de acero…van a ser algunos de los asuntos que van a acabar con Antelme, contra su voluntad, fuera del Partido…su compromiso no cesaría: contra el “golpe” gaullista, contra la intervención francesa en Argelia(<<manifiesto de los 121>>, a favor de la rebelión de Mayo del 68…Siempre en la brecha por la senda no de los elegidos, de los brillantes, de los iluminados, de los ilustrados…sino de los despojados, d «<los condenados de la tierra » por emplear la expresión de Franz Fanon. Rechazo, amistad combatiente, comunidad en elaboración instable (serán algunas de las constantes que serán compartidas igualmente por su amigo Mascolo y más adelante por Maurice Blanchot…con ramificaciones hasta la filosofía actual , pues reflexiones y huellas de ellos se puedeen hallar en algunos textos de Jacques Derrida, Jean-Luc Nancy…).

La lectura brillante del libro por parte de Blanchot afirma categórico, y paradójjicamente, como la mayor lección de la obra que « cada vez que la pregunta: ¿Quién es el “Otro”? nos viene al lenguaje, pianos en el libro de Robert Antelme [L´Espéce humaine], pues este libro no es solamente un testimonio sobre la sociedad de los campos, nos conduce a una reflexión esencial. No digo que esté allá escrita una respuesta neta, pero lo que empuja esta obra hacia nosotros, sin tener en cuenta ni los años ni las circunstancias (sin dejar de tenerlos en cuenta por otra parte), es lo que queda de fuerza interrogativa en la pregunta. Por tal lectura, comenzamos a comprender que el hombre es indestructible y que sin embargo puede ser destruido »(L´entretien ijnfini, pp. 191-192). Indudablemente en la simplicidad de la escritura del texto antelmiano, brilla la preocupación no por el propio sujeto que escribe sino por el otro, por los otros, únicos con los que podría formarse una comunidad, una cierta solidaridad, una cierta amistad…esa pertenencia común a la especie humana (no al “género”-le genre humain est l´Interantionale– que para él en aquellos años podrían tener resonancias cercanas)…por encima de las diferencias que existen en el campo -y fuera de él- es el denominador común el posible de unir, de aglutinar a la especie, a ese sentimiento último de pertenecer a ella. Siempre presente este sentido de pertenencia que nos hace iguales, más allá de cualquier situación privilegiada (sancionada por cualquier forma de autoridad: Partido, Ejército,…).

Desde la pobreza todo el mundo desea verse reconocido en su pretendida dignidad, sin embargo la tendencia suele ser a dividir, a distinguir, a crear barreras que sitúen a unos dentro y a otros hors-humanité, los pobres, los proletarios, los deportados…y en línea directa los indígenas, los sans papiers…postura coincidente con la importancia otorgada por Hannah Arendt al problema de los refugiados, los desplazados, los apátridas como uno de los esenciales de la época, o en la actualidad los análisis de Agamben señalando en paralelo ejemplar las formas de biopoder que clasifican a quienes vienen de fuera y no caben en la normalidad ambiente, estos márgenes es en donde las experiencias toman su cara más descarada y se asemejan a la desposesión ejemplificada ad nauseam en los campos estudiados.

Dos de las lecciones claves del texto antelmiaano son: el recurso a la última instancia de pertenencia como base para un humanismo nuevo, y dos, el reconocimiento del enemigo como humano también; asoma la complejidad de los humano, ya que no hay afuera sino que ambos polos por muy contradictorios que resulten se sitúan dentro de los límites de la especie humana. Esto no quiere decir de ninguna de las maneras que entre ambas se de una comunidad, nada de eso e incluso imposibilidad de comunicación (de différend hablará Lyotard). Ese…« no son hombres como nosotros » muestra la distancia existente que sin embargo no da cuenta de ninguna diferencia sustancial.

Señala con justeza Sarah Kofman – en un acertado texto en el que desvela el double bind que guía el discurso antelmiano: compulsión por hablar y sofoco inmediato- que no podría tomarse, no obstante, la propuesta de Antelme como una reivindicación del viejo humanismo. No hay abstracción como queda dicho en las líneas que preceden y una unidad por encima de cualquier tipo de diferencia u oposiciones…solo puede reivindicarse a partir del punto subrayado por Antelme la comunidad de los sin comunidad, la relación sin relación. En el libro estudiado se da un movimiento en doble afirmación: por un lado, frente a la voluntad de los nazis queriendo romper , se da una afirmación de la unidad; y contra , por otra parte, la voluntad de anonimato y de indistinción, la afirmación de la singularidad y de la incompatibilidad de elecciones.

Humanismo nuevo que se funda sin fundar, en lo humano reducido a la mínima expresión, en los desechos humanos…subrayando siempre el humanismo precisamente en estos procesos permanentes de deshumanización, es en tales límites marginales en donde se debe buscar en la visión antelmiana la fuerza y el punto de apoyo de ese humanismo no complaciente con naturaleza humana alguna, ni de una seguridad entregada de una vez por todas, ya que precisamente Auschwitz – como nombre conceptual en el sentido deleuziano- viene a ser el grito de alerta de que la especie siempre puede estar en peligro. Es esa fuerza ubicada en lo más bajo en donde halla Antelme el punto de apoyo para resistir a los intentos de divisiones identitarias, en los residuos está la resistencia. Lejos de cualquier forma de solidaridad heroica, estamos ante una solidaridad extenuada y en potencia…los resistentes de cuerpo entero (forjados como el acero) están ausentes en la prosa antelmiana…objetivos más humildes, sobrevivir como victoria contra los que perseguían su muerte y la de sus compañeros de fatigas…subrayada queda la debilidad, la extenuación de los lazos resistentes…subrayados con cantidad de anécdotas en el texto de Antelme y subrayado con tino por Koffman: « las perspectivas de la liberación de la humanidad en su conjunto pasan aquí por esta “decadencia” »…comer peladuras como los perros, las idas y venidas continuas a los cagaderos…en los que Antelme pone tanto énfasis es claro que no es por ninguna perversión o gusto malsano -cercano a la basicomanía- sino porque Antelme « multiplica este género de connotaciones , no por malsana complacencia; es porque “mear” y “cagar” eran una manera de triunfar de los verdugos que no podían impedir el cumplimiento de estos actos antes que morir. Porque también era también una forma de engañar, pues ir a las letrinas no era simplemente para el detenido una servidumbre sino que era el único lugar de libertad…Bonheur d´être aux chiottes » (Paroles suffoquées, p., 72-73). Un nuevo comunismo de los exangües…sin posesión de verdades vanguardistas, sino sobre la base de la desposesión y de los intentos de dividir, clasificar , o…expulsar. Un comunismo no elitista, sino basado en el rechazo y en el estar juntos ante la desgracia…la muerte.

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