El escepticismo es falso, tanto como la libertad negativa

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Por Arturo Garcés

El escepticismo presentado por la escuela pirroniana es falso porque no se puede vivir,  no se puede dudar de todo, no se puede creer lo que  promete el escepticismo, esta corriente del pensamiento que sus célebres apologetas de la modernidad expresan que con ella pueden ser hasta feliz, eso no es cierto, porque  la imperturbabilidad del ánimo, es decir, la ataraxia como ideal último a alcanzar para ser feliz, según esta doctrina,  es una quimera que nos acerca más a la estupidez o al idiotizamiento.

También lo señalaba, el teórico marxista italiano, Gramsci: «Vivir significa tomar partido. No pueden existir quienes sean solamente hombres, extraños a la ciudad. Quien realmente vive no puede no ser ciudadano, no tomar partido. La indiferencia es apatía, es parasitismo, es cobardía, no es vida».

Profesar la ontología débil nos deja débil, impide la autoafirmación, que para la psicología moderna es quien se afirma así mismo el que dona, el razonamiento anterior es opuesto a la libertad  negativa  esa de la que te habla de la no intervención.  El no afirmar nada cuando mucho nada más opinar,  es decir, el ser permisivo  esto último  no genera grandeza como lo manifiestan las teorías de liderazgo moderno. El permitir todo, va  contra  la libertad  positiva que  es el tener absoluto que produce  firmeza de criterio.

Como decía Ingenieros es mejor tener un ideal y estar equivocado que no tener alguno, es por esto que  los dogmáticos le suele ir mejor en la vida que a los escépticos, porque mientras más prejuicios tengas más fácil te es posible alcanzar el éxito, pensar es tener prejuicios, definiendo  aquí prejuicio en su concepción amplia. Es por eso que en este mundo parece que triunfa la fealdad.

Unamuno,  que  trato de salvar esto, mi escéptico predilecto, decía cuando estaba en vida que su escepticismo era no el de dudar sino el de: «Buscar la vida en la verdad y la verdad en la vida, ya sea que  muera sin encontrarla» Así lo decía literalmente,  pero el mismo era un personaje contradictorio porque era de lo que estaban «En contra de esto y de aquello».

Lo que he aprendido de la filosofía por autoaprendizaje es que creer en el dogma, ser un partidario de esto o de lo otro,  es puro prejuicio y para mí no hay una palabra más fea que esta, tanto como mi favorita palabra  que es: «Prejuicio», aunque ya sea que, lo he dicho anteriormente,  que es por los prejuicios, en su concepción amplia que podemos pensar.

Si tratamos de vivir una vida verdadera, el escepticismo de la escuela de Pirron es una de las que más se aleja para alcanzar esto, hay que tener dogmas para vivir.

Quisiera darle vida al escepticismo, empero no se puede. Los dogmas nos sirven para inclusive negar y nos ayudan a vivir mejor, para ser más críticos y objetivos, es decir que tengo que aceptar que el adjetivo más feo aplicable a una persona «Prejuicio» es de lo que tengo que valerme para poder vivir, es así de contradictoria la vida.

Por estas contradicciones, por estos dilemas,  son las crisis ideológicas, políticas y religiosas, es por eso que se precisa la tolerancia, a las ideas opiniones y actitudes de las demás personas aunque no sean coincidentes con las propias, empero para esto hay  que tener en el ámbito político que es en el que nos toca tener mínimos comunes que nos sirvan para vivir en sociedad.

Es de menester de la política hacernos llegar a consensos democráticos. Lo que no debemos permitir es que por contar ideología que son de vida, empero de vida diferente a las nuestras establecer muros  que se habían iniciado su caída, verbigracia: Trump y lo que decidió  hacer nuevamente con cuba, esto es execrable  por donde se mire.

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