‘Esa cosa tan rara de Bolonia’. Carta abierta a Cristina Garmendia.

Estimada (por decir algo) señora Garmendia:

Me dirijo a usted como ex-estudiante universitario y modesto partícipe del movimiento de estudiantes contra Bolonia, que, supongo, le estará dando algún que otro quebradero de cabeza en los últimos tiempos. Yo acabé mis estudios superiores en el curso 2007-2008 y, por lo tanto, soy licenciado, no graduado o posgraduado o alguna de esas cosas nuevas y novedosas (y no por ello mejores) que serán l@s egresad@s de las universidades del Estado Español una vez La Reforma (así, con mayúsculas) haya entrado por fin en vigor. Sin embargo, al haber cursado mis estudios en la Universidad Carlos III de Madrid (“La Pública Diferencia”, según la propaganda institucional) conozco, por haber padecido en mis propias carnes, algunos de los aspectos más visibles de la futura estructura de las carreras universitarias (carreras de cuatro años, créditos ECTS, “nuevas” metodologías docentes, etc) en los que mis condiscipul@s y yo mismo tenemos el dudoso honor de haber sido conejill@s de indias, puesto que mi “alma mater” fue, junto con la inefable y siempre progresista (nótese el sarcasmo) Universidad de Deusto, una de las pioneras que, con indudable temeridad, decidieron adelantarse más de una década a lo que la moda y el pensamiento dominante actual (reforzado por las medidas legislativas de su gobierno y del del PP que le precedió) dicen que debe ser una institución universitaria en el siglo XXI.

Así pues no le hablo como un observador objetivo e imparcial (si es que esto es posible), sino como un sujeto (o si lo prefiere una víctima) del problema que estamos tratando y que, por fortuna y por el trabajo incansable de un movimiento que cada día es más fuerte y más estructurado, ha abandonado los estrechos y tan poco productivos (por desgracia, aunque hay quien piense que por fortuna) ámbitos de la “política universitaria” (Claustros, Consejos de Gobierno, Decanatos) y se haya colado, de rondón y sin el apoyo de ningún grupo político ni grande ni pequeño, dentro de los temas de la discusión política general, ocasionándole más preocupaciones de las que usted esperaba cuando abandonó su confortable puesto como presidenta de la patronal de “bioempresas” para aceptar el cargo de ministra de “Ciencia e Innovación” del segundo gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, cargo que incluía, no sé si como usted sabía o de esto se enteró cuando ya había tomado posesión del cargo, la potencial patata caliente de la universidad en plena reforma, que, en un alarde de sinceridad había sido apartada del Ministerio de Educación, puesto que, ¿cómo va a pensar nadie que la Universidad y la Educación tienen algo que ver?

Usted conoce (y más que va a conocer, créame) a la perfección este movimiento. La siguen a donde va, ya sea una reunión con banqueros o con patronales o con ministros de su ramo. La deben tener un poquito harta. Lo que creo que no sabe usted es lo hart@s que les tiene a ell@s.

Siempre que hable de dicho movimiento lo hace en términos despectivos, infravalorantes. Como “esos chiquillos” mal informad@s que se quejan sin saber, manipulad@s no se sabe muy bien por quién (¿cuál es ese presunto grupo de poder que está detrás de la oposición a Bolonia? Usted y los rectores lo nombran recurrentemente, pero no sé si se refieren al contubernio judeo-masónico-bolchevique o a qué). Les acusa de criticar Bolonia (o, más correctamente, el Espacio Europeo de Educación Superior, o €€€$) por cosas que Bolonia no es.

Porque ¿Bolonia es privatización? ¿Bolonia es mercantilización? ¿Bolonia es elitización? No, de ninguna manera, repite incansablemente allí donde le dejan (que es, por supuesto, en muchos más sitios de en los que puede hablar el movimiento al que se enfrenta). Y esgrime el propio texto (esto lo hace menos veces, la mayoría de las veces no esgrime nada) de la Declaración de Bolonia como prueba irrefutable de lo mal informados o mal intencionados que son los estudiantes universitarios del Estado Español.

Porque si uno va al texto de la Declaración de Bolonia, efectivamente, no encuentra un manual de venta de la universidad por fascículos al sector privado. La declaración contiene tres páginas (incluyendo las firmas de los ministros signatarios, por el Estado Español, nada más y nada menos, que la siempre defensora de los servicios públicos Esperanza Aguirre) dice tres cosas básicamente:

-Estructuración de las carreras en grados de 3-4 años y posgrados de 1-2.

-Universalización de la unidad de medida de los créditos ECTS a todo el ámbito de la declaración, para poder comparar los estudios cursados en un país con los de los demás.

-Modificación de las técnicas docentes (punto poco claro, que puede decir una cosa y su contraria.

Lo cual no implica necesariamente (ahí tiene usted razón) ni privatizaciones ni nada parecido. Será que los estudiantes se quejan de vicio.

Pero, un momento ¿es eso lo que ha ocurrido? ¿la Bolonia realmente existente? Porque según esos criterios se podría haber despachado el asunto reconociéndoles a los estudiantes un título al acabar los primeros tres años de su carrera y otro después de los otros dos, de primer y segundo ciclo (lo que habría evitado mandar al limbo a las diplomaturas e ingenierías técnicas) y establecer una medida de las asignaturas en ECTS. Y aquí paz y después gloria. Y eso hubiera sido una aplicación de Bolonia tan buena como cualquier otra y se hubiera evitado problemas. Pero, usted y yo lo sabemos, eso no es lo que ha pasado. El cambio llevado a cabo (y todavía inconcluso) ha sido mucho más profundo y ha afectado integralmente a la universidad.

Usted sin embargo repite cual Goebbels (porque lo hace muchas veces sin argumentarlo, esperando que la mera repetición sea una prueba, no porque esté planeando una “solución final” contra los críticos) que Bolonia significa homologación europea de títulos y movilidad de los estudiantes, que son cosas en las que nadie podría estar en desacuerdo.

Pero, señora Garmendia, si sigue por ahí, va a ser que tienen razón los que afirman que quien no está bien informado y se guía a base de consignazos no son l@s estudiantes, sino usted. Veamos a qué me refiero:

-En cuanto a la homologación europea de títulos la cosa es simplemente falsa. No existe ningún catálogo europeo de carreras superiores ni unas directrices generales que cada universidad deba seguir para conseguir que sus títulos sean aceptables en el resto de estados firmantes. La única facilitación es que las carreras estarán medidas en la misma unidad (ECTS, que nadie sabe lo que es, incluida usted y esto no me lo niegue), pero, oh sorpresa, teniendo países con grados de cuatro años y posgrados de dos y otros con grados de tres y posgrados de uno (y todas las combinaciones posibles entre ambas cosas), la homologación va a tener, por fuerza, que seguir los mismos trámites feos de toda la vida (o al menos desde 1956, que es desde cuando se puede, gracias al Convenio Europeo de Equivalencia de los Estudios Universitarios en el marco del Consejo de Europa, convalidar títulos superiores, sin Bolonia ni nada parecido).

Así que no engañe a l@s estudiantes diciendo que, por obra y gracia de Bolonia su título va a valer en toda Europa. Un@ estudiante de, por ejemplo, la Complutense, con su grado de cuatro años, sus 240 ECTS, no va a obtener el grado más el posgrado que un estudiante de Bélgica obtiene con esa misma carga lectiva, ni el belga con su grado de 180 ECTS va a ser convalidado por uno de 240 del estado español. Como no hay un sistema (que va más allá que un “espacio”) universitario europeo, cada estado hará las carreras que considere y durarán lo que les parezca oportuno. Y la homologación será igual de fácil o de difícil que ahora. Si un título no existe en otro estado (cosa que va a ocurrir) o tiene otro peso u otros requisitos, su homologación internacional va a llevar los mismos trámites que ahora.

-Por lo que respecta a la movilidad, la cosa también es simplemente falsa y, además, parece dicha con recochineo. No hay nada, ni lógica ni materialmente, que haga que carreras medidas en las mismas unidades (que es lo único común que van a tener las universidades del EEES) lleven a hordas de estudiantes moviéndose de un lado para otro, ni siquiera que esto sea más fácil, porque si a lo que se refiere es a la mejora en la convalidación de las asignaturas hechas durante el Erasmus (lo cual tampoco es un tema como para variar el conjunto de la estructura universitaria de un estado) el problema estará en el mismísimo sitio: la correspondencia entre los contenidos de la asignatura cursada en el país de destino y la cursada en el de origen, que después de Bolonia serán tan coincidentes o divergentes como antes.

Pero, aparte de esto, l@s estudiantes encontrarán el mismo problema a la hora de moverse por lo ancho y largo de Europa: el dinero. Las becas Erasmus, únicas que tienen un objeto similar a esta presunta ventaja de Bolonia que es la movilidad, no van a sufrir, con este proceso, un incremento exponencial (eso sí que sería una mejora de la movilidad) y, además, parte del dinero del programa Sócrates de la Comisión Europea (del que salen estas becas) se está utilizando para financiar el proyecto Tunning, de habilitación del profesorado de cara al EEES. Así que, si nos ponemos estrictos, Bolonia ha supuesto una disminución en el dinero que hay destinado a la movilidad de los estudiantes (lo cual tiene narices).

Así que deje usted de repetir que Bolonia supone una homologación de los títulos ni un aumento de la movilidad (real o potencial) de l@s estudiantes. Eso no es Bolonia porque nada hace Bolonia en favor de eso. Así que Bolonia será otra cosa.

Lo que tampoco es (y esto ya es vergonzoso que se oiga, y se oye a representantes de su ministerio y a cargos electos de las universidades públicas) es una imposición de la Unión Europea. La UE no tiene nada que ver con Bolonia, ni puede tenerlo, porque según la versión asentada del TUE, en su artículo 149.4, carece de competencia alguna en Enseñanza Superior. La declaración de Bolonia la firman los países que les da la gana (de la UE y de fuera) y la aplica cada quién como le da la gana, sin que exista órgano alguno (como podría ser la Comisión Europea o el TJCE) que pueda fiscalizar la aplicación. No hay creación de un presunto “espacio europeo”, sino que cada estado reforma lo que le parece, aduciendo que la responsabilidad viene de arriba, de ese ente etéreo que es “Europa”, que, dado que no existe, a poco puede responder. Y aquí paz y después gloria.

Desde el momento en que usted dice que Bolonia es cosas que no es (homologación, movilidad, un proceso europeo) pierde toda legitimidad para acusar a l@s estudiantes de hacer precisamente esto, más si analizamos la Bolonia realmente existente en el Estado Español, que es de lo que hay que hablar y no de la hipotética (y ciertamente intrascendente) que aparece en la declaración que ha acabado dando nombre al proceso.

Porque, si nos fijamos en el Real Decreto de 30 de octubre del 2007, que aprobó el gobierno del PSOE sin pasar por el parlamento gracias a la habilitación para hacer esto que le ofrecía la LOU (ah, la LOU, la LOU, luego habrá que hablar de la LOU) y que es el instrumento legislativo que aplica Bolonia en el Estado Español con una forma definida, podemos decir muchas de las cosas que sí que son Bolonia.

Con Bolonia las carreras, como es público y notorio, durarán, en principio, cuatro años, esto es 240 créditos ECTS (porque el Real Decreto 1125/2003 dice que un año son 60 ECTS, sin que exista otra referencia para saber cuanto es un ECTS). Además, en cuanto a tiempo, el RD dice otras cosas muy interesantes, porque la cosa no se queda ahí.

Se establece que habrá hasta 60 créditos denominados de la “rama de conocimiento”, (36 de los cuales de la misma rama y los otros 14 de la misma o de otras) es decir, un año entero dedicado a materias no necesariamente específicas de la carrera a cursar, sino de “Artes y Humanidades” o “Ciencias” u otras ramas genéricas de conocimiento.

Por otro lado se fija la posibilidad de establecer hasta 60 créditos de prácticas no remuneradas (sólo faltaría que l@s estudiantes pretendieran cobrar por trabajar según está el patio) en empresas, esto es, un año entero.

Y, por si esto fuera poco, cabe la posibilidad de que el “trabajo de fin de Grado” (que tampoco se sabe muy bien lo que es) dure hasta 30 créditos (con un mínimo de 6).

Así que 240 – 60 – 60 – 30 = 90 (las matemáticas no se prestan a la manipulación fácil). 90 créditos ECTS correspondientes a contenido docente de la propia titulación es lo que van a obtener los alumnos de que cursen los estudios con Bolonia. Un mísero añito y medio. Compárese ese año y medio con los anteriores cinco añazos preceptivos para ser licenciado, o aún a los tres que se necesitaban para ser diplomado.

L@s estudiantes que obtengan un grado van a tener salidas profesionales inferiores a sus compañer@s que estén en posesión de una licenciatura. Pero, por si esto ya estuviera poco claro a fuerza de lógica y aritmética, ya se ha encargado su gobierno de establecer trabas a determinados ejercicios profesionales a los que se podía previamente acceder con una licenciatura, vedándolos para l@s graduad@s (abogacía, psicología clínica, enseñanza secundaria, etc.). No prepare las futuras excusas sobre la inserción laboral de l@s graduad@s echando la culpa al sector privado, han sido medidas legislativas y reglamentarias tomadas por el P¿S?¿O?E las que han provocado que un grado sea, más que un título, un subtítulo.

Así pues, hacia donde va a haber movilidad de estudiantes no va a ser a lo largo y ancho de Europa, sino hacia el hermoso mundo de los másters oficiales. Y, ¡oh sorpresa! Estos másters de uno o dos años, son (sin que se pueda explicar fácilmente porqué, o, al menos, sin que nadie de su ministerio o de otros se haya dignado siquiera a intentar hacerlo) más caros anualmente que las antiguas licenciaturas (con precios públicos, los que los tengan, y todo lo que usted quiera, pero más caros).

Si los másters habilitan para lo mismo que las actuales licenciaturas ¿por qué cuestan más? ¿es por ventura el hecho de que cuesten más la famosa movilidad o la homologación o la modernización? Y, aún más ¿en serio espera que nos creamos que un incremento significativo de los costes a pagar por l@s estudiantes una medida progresista? Haga lo que usted quiera, pero, por favor, no tenga la poca vergüenza de llamarnos tontos a la cara.

Si no, que baje Dios y lo vea. La Secretaría de Estado de Universidades ha hecho públicos los precios de los másters oficiales (precios públicos, sí, sí, por supuesto) compilando los establecidos por las distintas comunidades autónomas:

-El crédito más barato se dará en Extremadura. 13, 86 €, que si lo multiplicas por 120 (dos años de máster) da un total de 1663,2 €. A razón de 831,6 € anuales.

-El más caro en Valencia. A 50,21 € el crédito, esto es 10544,1 € el máster. Casi un milloncito de pesetas anual.

La increíble demagogia del movimiento contra Bolonia les ha llevado a decir que esto supone una elitización. El que se pase de un modelo a 600 x 5 = 3000 € toda la carrera a otro donde 700 x 4 = 2800 € (porque las tasas de los grados también las suben, aprovechando que el Ebro pasa por Zaragoza) + 1500 x 2 = 3000 (suponiendo que el precio anual del máster sea de mil quinientos euros, que, como ya hemos dicho puede ser muy superior) = 5800 €, esto es, que ser abogado, economista, ingeniero, etc, va a costar ¡¡¡¡¡¡EL DOBLE!!!!!!, sólo a individuos muy maliciosos les puede parecer una elitización.

Y ahora me saldrá usted con la existencia de becas. Para que la medida no tuviera ningún efecto sobre l@s estudiantes becad@s, el incremento del presupuesto para becas (siendo que el incremento de los costes es del 100 %) debería ser del 100 %. ¿Han duplicado ustedes el número de becas? Obviamente no (casi sonroja decir lo que han subido la cantidad destinada a ayudas públicas en los años en que ustedes mismos han subido los costes).

Sólo por esto la aplicación de Bolonia en el Estado Español es regresiva. Sólo por esto la Universidad sería un poco (o un mucho) menos pública, porque lo público (en estos momentos de “nacionalizaciones” bancarias no está de más recordarlo) no es lo estatal, sino lo social, lo abierto al pueblo. Pero ustedes no se han quedado ahí, ni mucho menos.

Han incorporado, de manera oficial, al sistema de financiación de los estudios universitarios, el crédito. El ICO, intermediando la banca privada (se ve que el ICO, el pobrecillo, no puede él solo), prestará (léase bien el verbo) a l@s estudiantes dinero para que puedan afrontar sus estudios universitarios. Un dinero que tendrán que devolver una vez se gradúen o posgradúen, cuando hayan encontrado trabajo. Y, claro está, ante el aumento del coste no correspondido con un aumento de las becas, muchísim@s estudiantes van a tener que recurrir a esto o quedarse sin máster.

Han colocado a l@s estudiantes del Estado Español en la tesitura de o bien poseer una titulación no especializada y abocarse a un puesto de trabajo precario y mal remunerado o bien hipotecar parte de su sueldo para devolver créditos bancarios en caso de poder hacer un máster. Pero claro, como el dinero de los créditos públicos de estudios tampoco es infinito, la banca privada se relame y ya está ofreciendo sus propios “productos financieros” (con sus intereses, comisiones y todo el pack completo) para que l@s estudiantes puedan acceder a los estudios superiores. Y todo esto ha sido posible por Bolonia. Todo esto es la Bolonia realmente existente. A todo esto es a lo que usted se ha negado a contestar.

Y luego está el capítulo, bien repetido y analizado por profesores de la solvencia de Carlos Fernández Liria (filósofo para más señas, de una especie en extinción y que su gestión de la universidad apuesta por extinguir casi definitivamente): la inclusión de criterios de beneficio privado en la investigación universitaria. La administración educativa que acaba en usted está dando su plácet (con la consecuente financiación) a programas de máster que demuestren un “interés social”, entendido, claro está, como su capacidad de captación de fondos privados. Si a un programa el sector privado le da 10, el público le dará 100, lo que tiene, al menos dos consecuencias negativas: el dejar al criterio mercantil lo que se va o no a estudiar en la Universidad y el financiar, cual si las facultades fueran departamentos de I+D+I, proyectos de desarrollo del sector privado a bajo coste para el mismo.

Y, para que la cosa ya sea de risa, dentro de sus másters se prevé la posibilidad de que, de nuevo, 60 créditos (un añito entero) se destinen a prácticas (por su puesto no remuneradas) en empresas. ¿En qué empresas? No sé. Por ejemplo en aquellas que han financiado privadamente el máster. Quizás una de las medidas que su gobierno plantea contra la crisis es ofrecer mano de obra gratuita y sin derechos a las empresas. Un momento ¿he dicho gratuita? Pido perdón por haber caído en la falta de rigor y demagogia que nos caracteriza a tod@s l@s contrari@s a Bolonia. Esa mano de obra no es gratuita, sino mano de obra que paga por trabajar y a precio de crédito de máster. Permítame la frivolidad: olé sus narices.

Sólo una mente maliciosa e instigada por influencias inconfesables podría pensar que esto supone una privatización de la Universidad. ¿Verdad, señora Garmendia?

¿Cómo ha sido todo esto posible? ¿Cómo ha pasado todo sin que nos enteremos, sin que nadie levante la voz? Quizás esto le ronde por la cabeza. Lo que ocurre es que usted, que poco contacto ha tenido con la política universitaria, no se acuerde, o no haya sabido nunca, que no es la primera vez que l@s estudiantes en masa se quejan por todo esto. Usted, durante la lucha contra la LOU del Partido Popular, tenía un plácido cargo patronal, pero l@s que allí estuvimos nos acordamos de de qué iba la historia.

En el 2001 nos quejamos porque Pilar del Castillo había hecho una ley que, amén de comenzar la implementación de Bolonia en el Estado Español (que es para lo que se redactó, como se ve en sus artículo 87 y siguientes, que le han permitido a su gobierno cambiar la estructura de las titulaciones sin encomendarse ni a Dios, ni al Diablo), dejaba las puertas abiertas a la entrada del sector privado en las universidades públicas. El artículo 14 de la LOU establecía los Consejos Sociales, órganos supremos de gestión económica de la universidad, con participación de empresas privadas, que tenían capacidad presupuestaria en la universidad. El sector privado decidía qué y en qué se gastaban los dineros públicos en la enseñanza superior.

Como es lógico, se armó la marimorena. Rectores (¿se acuerda señor Berzosa, qué tiempos aquellos?), decanos, profesores, PAS y estudiantes, much@s estudiantes, salieron a las calles a decir que aquello no era de recibo. Qué ambiente, cual mayo del 68. Y allí, entre toda esa tropa, estaba, nada más y nada menos, José Luís Rodríguez Zapatero, por aquellos momentos sonriente jefe de la oposición que disfrutaba en manifestaciones tanto como los delegados de personal de empresas de cinco trabajadores con un ERE (o más si cabe). Y, tan implicado estaba Zapatero en el rollito, que se va a la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla durante un encierro y, ante la pregunta de un avispado profesor, promete, literalmente y en youtube (permítame la publicidad) está, “derogar la LOU” cuando llegue al gobierno. Aplausos y vítores de l@s allí encerrad@s y un buen saco de votos para ZP de much@s anti-LOU (de otr@s no, otr@s salimos a la calle con una pancarta de “No somos Zapatero, no somos los rectores, somos gente honrada”).

Pero las promesas son volubles y cuando uno es jefe de la oposición no puede pensar lo mismo que cuando es presidente. Zapatero llegó al gobierno y empieza a pensar, como dice Javier Krahe en su canción “Cuervo Ingenuo” (escrita a cuento de otra conversión política de un presidente del gobierno del PSOE, en este caso la que sufrió Felipe González con respecto a la OTAN después de llegar al poder), que “lo que antes ser muy mal, permanecer todo igual y hoy resultar excelente”.

Zapatero no derogó la LOU (es decir, MINTIÓ), sino que sólo reformó algunos de sus aspectos superficiales ¡¡¡¡¡¡¡ aumentando las competencias de los Consejos Sociales y eliminando la obligatoriedad de la elección de los rectores por sufragio universal!!!!!!!!! Y, encima, intentó hacer pasar esto, como hace usted con la nueva estructura de los estudios, como una medida progresista. De nuevo citando a Krahe, “hombre blanco hablar con lengua de serpiente”.

Y l@s estudiantes se quedaron sol@s. Ni los rectores (¿se acuerda, señor Peces-Barba de la brisa que debió tirar la pancarta de “No a la LOU” que tenía en la puerta de su rectorado el día después de ganar las elecciones el PSOE?), ni los sindicatos mayoritarios, ni el PSOE, se acordaron de las firmes posiciones que en esta materia habían mantenido y se pusieron, ni cortos ni perezosos, a desarrollar y aplicar la LOU, aplicando la Bolonia realmente existente que hoy conocemos, padecemos y rechazamos.

Pero, poco a poco, con muchas dificultades, con frenazos, l@s estudiantes pudieron levantar cabeza. Y, fíjese que cosas tiene la vida, “esos chiquillos” han conseguido alterar su plácida existencia a la cabeza de un ministerio maría. Le piden que paralice Bolonia y usted se niega, porque dice que eso no puede hacerlo porque l@s estudiantes se lo digan. Pues vale. Le piden que convoque una consulta en las universidades y usted se niega porque dice que hay otros cauces legales. Pues vale. Le piden, mire usted que radicales son, que debata con ell@s y usted se niega, básicamente porque sí. Mire usted si, a fuerza de tanto negarse, van a ser l@s estudiantes los que la acaben negando a usted.

Y si usted no les ha hecho ni caso, no creo que a mí me lo haga (preocupante sería). Es más, me parece que es que a usted le importa un pimiento la Universidad pública y que va a tirar por la calle de en medio pase lo que pase. Y que, aunque le importara, no podría usted hacer nada al respecto, porque la lógica de toda la Reforma viene de antes de usted. Lo que si le pido, desde la modestia y siendo consciente de que de nada servirá, que deje de afirmar que l@s estudiantes están mal informad@s y manipulad@s por no se sabe quién. Reconozca, simple y llanamente, que su gobierno está continuando con la senda que ya empezara el de Aznar (y aún antes el de González con la LRU) de abrir la enseñanza universitaria al sector privado y cerrarla para l@s estudiantes de los sectores populares.

No lo va a hacer. Y a mí, sinceramente, me da lo mismo. L@s estudiantes se encargarán de que se sepa. Y de que la Reforma quede en agua de borrajas. De eso no me cabe ninguna duda.

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