¿Es todo esto una «maniobra del imperialismo»?

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Desde la aparición de la crisis del coronavirus no dejan de proliferar teorías conspiratorias o negacionistas de la pandemia.

Sin duda que Jair Bolsonaro y Donald Trump se han llevado la palma en negar lo que a cada hora se hacía más evidente y dramático. El coronavirus «es mucho más una fantasía”, «los brasileños no se infectan ni saltando en aguas cloacales», afirmó el presidente brasileño, para quien el coronavirus no pasaba de ser «una gripe sin importancia». Para Trump «el virus se esfumaría con el calor primaveral» y hasta vaticinó el final del mismo para el mes de abril. Los hay que hasta recetan deporte y vodka para combatir la infección como el presidente bielorruso Aleksander Lukashenko.

Más allá de los negacionistas, la crisis del coronavirus ha alimentado y mucho las teorías conspiratorias. Las hay que afirman que todo esto «es una clarísima operación china para apoderarse del mundo», «con la difusión del virus, creado en un laboratorio». De nada les valen los estudios de diversos científicos/as reafirmando que en modo alguno se trata de una construcción de laboratorio.i Hay incluso quienes atribuyen la actual pandemia a un «plan de Soros, aliado con fondos de inversión y compañías de seguros de coches, para hacerse millonarios» o teorizan que «la muerte de miles de ancianos solucionará el problema de las pensiones para dos décadas»ii

Como todo momento de crisis social no faltan quienes encuentran en las teorías conspirativas su fuente de inspiración.

No se puede infravalorar la Pandemia

En una de las primeras declaraciones de la LITci (2) se afirma: «Lamentablemente, existen muchos trabajadores que reflejan esa visión y terminan pensando que existen “exageraciones”, que “Muere mucha más gente de hambre”, etc. O aún, que es una “maniobra del imperialismo”. Es preciso decir la verdad. La pandemia del coronavirus es realmente una seria amenaza, principalmente para los trabajadores, para el pueblo pobre».

La infravaloración de esta pandemia comenzó en los propios gobiernos, pero a otros niveles se manifiesta en multitud de argumentos escuchados en estos días. Un ejemplo es: «no se puede hablar de pandemia cuando la gripe española mató muchísima más gente».

Efectivamente, hubo pandemias muchísimo más letales. La llamada gripe española mató en dos años (1918-1920) entre 50 y 100 millones de personas. Durante la «peste negra», a mediados del Siglo XIV, murieron alrededor de 50 millones de personas, pasando la población europea de 80 a 30 millones de personas. En la Península Ibérica la población bajó de 6 a 2,5 millones de habitantes. Otra pandemia como la del sarampión acabó con la vida de 200 millones de personas, y así se podría seguir hablando de la viruela o más recientemente del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (VIH/sida).

Pero desde hace años la declaración por parte de la OMS del estado de pandemia no tiene que ver con criterios cuantitativos, es decir, con el número de muertos, sino que «tiene que cumplir dos criterios: que el brote epidémico afecte a más de un continente y que los casos de cada país ya no sean importados sino provocados por trasmisión comunitaria»iii

Ese criterio, establecido desde el año 2009, modificaba así el criterio anterior, que exigía para definir una pandemia que fuera “simultánea en diferentes países, con una mortalidad significativa en relación con la proporción de población infectada”. Ese criterio cuantitativo de “mortalidad” fue suprimido, entre otras razones, porque esperar para declarar una situación de pandemia a un número «significativo» de muertos es un tanto delirante, solo hace que facilitar la propagación del contagio y con ello incrementar la mortalidad.

¿El confinamiento es una «maniobra»?

Hay quienes entienden que las cuarentenas «no sirven para nada». Que en este caso sería algo así como “la maniobra perfecta ante la inminencia de una nueva recesión económica”; “el confinamiento paraliza a toda la clase obrera, los deja metidos en las casas y eso permite a los gobiernos hacer a su antojo el ajuste económico, sin respuesta social alguna”. Es decir, el confinamiento es en esencia «una maniobra del imperialismo».

Hay que decir, en primer lugar, que los confinamientos, las cuarentenas ante epidemias, se han utilizado desde hace 3.000 años. Hay constancia escrita desde el siglo V a.c. «Históricamente, la cuarentena fue utilizada como un método drástico para contener la expansión de enfermedades contra las que la medicina no tenía recursos. Frente a la lepra o la famosa peste bubónica, contra la fiebre amarilla, el cólera, el tifus o la llamada gripe española de 1918…» iv

El hecho cierto, sobre el que luego volveremos, de la utilización del confinamiento con otros fines políticos, represivos o incluso que no siempre se obtuvieran los resultados deseados, no niega esta norma básica, científica, cuyo objetivo es contener la propagación de la enfermedad y evitar el colapso del sistema sanitario, para no aumentar por esa vía la letalidad de la pandemia.

La denuncia de la LITci ha sido y es en primer lugar a los gobiernos del mundo que se han negado a declarar el confinamiento. Pero también contra los que haciéndolo, como el Gobierno PSOE-UP, lo han declarado tarde y mal. Mal porque el confinamiento, si no va acompañado de medidas sociales que lo garanticen, no se va a poder cumplir con rigor. No puede encerrarse en la casa a quienes no la tienen o viven hacinados/as en espacios minúsculos; no pueden salir a comprar quienes no tienen ni para comprar; y se atenta contra la esencia de lo que debe ser un confinamiento cuando se hace trabajar a sectores que no son esenciales en una situación así. Y mal, tarde y deplorable cuando a quienes están en primera línea, los trabajadores y trabajadoras de la sanidad, de la limpieza, de los supermercados, el transporte… no se les garantiza ni los equipos básicos para no acabar contagiados/as.

Por tanto la exigencia al gobierno ¿cuál debe ser? ¿Que levante el confinamiento cuanto antes o que garantice las condiciones sociales para el confinamiento de los trabajadores/as, autónomos y sectores más pobres? ¿Que levante el confinamiento o que aplique un plan de choque sanitario para, entre otras cosas, garantizar de una vez tests generalizados para atajar los focos de contagio?

Si el confinamiento es una «maniobra», entonces ¿lo más progresivo es lo que hacen Bolsonaro y Trump? ¿Hay que llamar a la gente a romper el confinamiento, como alientan ellos? Y a los trabajadores/as de las fábricas en Italia y en el Estado español, que hicieron huelga, plantes, negándose a trabajar para garantizar la cuarentena ¿hay que decirles que sus reivindicaciones hacen el juego al imperialismo?

Esta pasada semana el Gobierno Sánchez levantó el confinamiento en la industria y la construcción, ¿eso debemos considerarlo progresivo o es una nueva improvisación que pone más vidas en riesgo y atenta contra la esencia del confinamiento, con el fin de preservar los intereses de los capitalistas?

La crisis del coronavirus ¿le ha venido de perlas al imperialismo?

Hay otros razonamientos más sutiles. «Si nos centramos en el coronavirus -y dejando a un lado el debate sobre su posible origen- la verdad es que las medidas de confinamiento que se han adoptado por todo el planeta para afrontar la pandemia les han venido de perlas a los gestores del desastre para justificar la recesión económica que se aproximaba y para preparar los nuevos mecanismos de acumulación de capital…» v

Si esto es así, si más que ante una crisis descomunal del sistema, estamos ante un hecho que les ha venido de perlas a los capitalistas, la primera pregunta sería: ¿Por qué los gestores del imperialismo no le han explicado a Jair Bolsonaro, a Donald Trump o a Boris Johnson que el confinamiento les viene de perlas? ¿Por qué no se lo han explicado mejor a Pedro Sánchez, Antonio Costa, Giuseppe Conte o a Emmanuel Macron, que lo declararon tarde y mal y lo han levantando ya parcialmente en sectores no esenciales en una pandemia? ¿Qué clase de maniobra imperialista es esa en la que los principales gobiernos no se enteran y se niegan al confinamiento o lo hacen a medias?

Las medidas de confinamiento, su no aplicación o su aplicación parcial, no sólo se pagan con vidas y miseria para muchas familias, sino que han generado crisis políticas y choques interburgueses en todos los países.

Los datos de la economía son rotundos, con la crisis del coronavirus el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha pasado de pronosticar un crecimiento menor a hablar abiertamente de “la peor crisis desde el crack de 1929. En EEUU más de 22 millones de estadounidenses han perdido su empleo en las últimas cuatro semanas.

Las perspectivas para el Estado español son demoledoras, el FMI habla de una caída del Producto Interior Bruto del 8% este añovi (la mayor desde la guerra civil), y el Banco de España eleva la cifra a un 13,6%. La deuda pública superará entre el 114% (FMI) y el 122% (Banco de España) del PIB, unas cotas que no se conocían desde 1902, en tiempos de Alfonso XIII. Para hacerse una idea de estas cifras baste recordar que, con menos deuda, solo en intereses de la deuda en el 2019 se pagaron alrededor de 30.000 millones de euros, lo que significa cerca de 82 millones de euros al día (más de 3,4 millones cada hora). Estos son algunos de los datos de una colosal crisis capitalista que barrunta una catástrofe social.

Miles de empresas van a sucumbir. Sectores enteros como la hostelería, el comercio, el turismo (que aportó en 2019 el 12,5% del PIB, 300.000 millones de euros) se van al traste e industrias como la automotriz o la aeronáutica ven amenazadísimo su futuro. Más aún, tomemos como referencia la flor y la nata del capitalismo en el Estado español: las empresas del Ibex 35 perdieron en tres semanas el 36% de su valor en bolsa, 227.000 millones de euros.

¿Y esta es la situación de perlas, la maniobra imperialista? Se puede alegar que hay capitalistas que se harán de oro en la crisis, lo cual es cierto. Por ejemplo, el banco de inversión estadounidense JP Morgan aprovechó el desplome en la Bolsa de Repsol para convertirse en el segundo accionista de la petrolera. Otro tanto ha hecho BlackRock, el gestor de fondos norteamericano, que se ha convertido en el principal inversor del IBEX 35. Es el mayor accionista de varias entidades financieras (Santander, BBVA, Sabadell) así como de otras empresas como Telefónica y DIA, además de mantener participaciones significativas en la mayoría de las empresas que conforman el IBEX 35.

Pero ese dato lo que hace es corroborar que uno de los subproductos de las crisis capitalistas es la centralización de los capitales, es decir que unos capitalistas aumentan el volumen de sus capitales absorbiendo a otros, el pez grande se come al chico.

El capitalismo no necesita conspiraciones ni maniobras para entrar en crisis porque las crisis son inherentes al sistema capitalista. Lo que si necesita es a la clase obrera y a los sectores populares para salir de esas crisis, así sea en medio de muerte, dolor y miseria.

En una carta de Marx a su amigo, el médico Ludwig Kugelmann, miembro de la AIT y militante del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), le decía: «Todos los niños saben que una nación que deje de trabajar, no digamos que un año, sino incluso unas pocas semanas, perecería«.vii

¿Y lo que saben los niños no lo saben los capitalistas y hacen “maniobras” para dejar de trabajar durante semanas?

Las alertas ante los recortes a las libertades

Señalar la necesidad del confinamiento y exigir medidas sociales para que pueda cumplirse no puede significar alentar confianza alguna o dar apoyo a los gobiernos. No son pocos los casos en la historia en donde el confinamiento es utilizado por los gobiernos de turno para alentar medidas de tinte racista, xenófobo o para liquidar la oposición política o social. En un reciente artículo sobre la historia de las cuarentenas se mencionan ejemplos como el del brote de fiebre tifoidea que se extendió por barrios de Nueva York, donde vivían inmigrantes judíos rusos. “Las autoridades detuvieron y trasladaron a cientos de ellos a carpas de cuarentena en la isla de North Brother. Allí se aisló exclusivamente a inmigrantes, incluso muchos que no estaban infectados y que contrajeron la enfermedad precisamente por estar allí” viii

En la declaración de Corriente Roja, Confinamiento, sí. Recorte de libertades, ¡no!, afirmamos: Sin embargo, la necesidad de confinamiento no puede ser una excusa para el recorte de libertades”. Esa alerta (y los hechos concretos que en la declaración se denuncian) se hace más necesaria aún cuando se habla de introducir más medidas de control en torno a la llamada desescalada. Por si quedaban dudas basta escuchar las declaraciones del jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, el general José Manuel Santiago, quien aseguró que la Guardia Civil trabaja para «minimizar» el clima contrario a la gestión del Gobierno. Lo lamentable es que el discurso de apoyo al «gobierno progresista PSOE-UP» deje en manos de Vox y el PP la denuncia de estas declaraciones del jefe de la Guardia Civil.

Uno de esos mecanismos de control de los que se habla en estos días es el de la instalación de aplicaciones en los móviles para el control de las personas. No son pocas las denuncias que se vienen haciendo en muchos países del mundo, comenzando por los EEUU, Israel o China y siguiendo por Polonia, Serbia o Singapur, donde la instalación de estos sistemas de control acaba auspiciando un régimen de control policial y completo de las personas. “Si ahora aumenta la vigilancia para combatir la pandemia, después podría abrir las puertas de manera permanente a formas más invasivas Es una lección que aprendieron los estadounidenses tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 (…) Casi dos décadas más tarde, las agencias de seguridad tienen acceso a sistemas de vigilancia del más alto poder, como el rastreo detallado de una ubicación y el reconocimiento facial: tecnologías que podrían readaptarse para satisfacer agendas políticas como las políticas antiinmigración”.ix

Una medida como esa apunta más a un mayor control policial y del Estado que atentará de manera inmediata contra los más elementales derechos a la intimidad y contra el accionar colectivo de los trabajadores/as y los pueblos. Sin embargo, entre los propios especialistas surgen quienes hacen un cuestionamiento de esta medida por el grado de desproporción que existe entre la utilidad práctica de la misma y el riesgo que conlleva de recorte a los derechos civiles.

Volveremos a pisar las calles nuevamente

«Esta pandemia revela verdades sobre la sociedad con la misma velocidad con la que avanza. Desnuda las contradicciones del sistema capitalista-imperialista como pocas veces ha ocurrido».x Por eso estas ya largas semanas de confinamiento no han supuesto para miles de luchadores/as resignación alguna como muestran las redes, las caceroladas, los aplausos a los compañeros/as de la sanidad, pero también las redes de apoyo vecinal como la vallecana Somos tribu y otras tantas, las múltiples iniciativas solidarias para garantizar que llega comida a la gente más necesitada, de cuidados de las personas mayores que viven solas, etc…

Como en toda «situación de guerra» la propaganda ha adquirido, para unos y otros, un enorme valor y en ese espacio la propaganda revolucionaria no ha faltado. Ahí hemos querido contribuir desde la LITci y Corriente Roja, con escritos diarios, carteles, vídeos, cineforums, abriendo las redes a las trabajadoras y trabajadores, a las y los jóvenes para que escriban y aporten su propia experiencia.

Los sectores mas resueltos de la clase obrera y la juventud, las organizaciones revolucionarias, no necesitamos apelar a las teorías de la conspiración ni a la superchería para entender una crisis que no es más que una de las expresiones de la barbarie en la que nos mete este sistema capitalista, que destruye la naturaleza y la propia vida de los seres humanos. Ni tampoco desesperamos ante un confinamiento que hemos exigido y que no es más que el preludio de inevitables choques sociales. Y seguiremos exigiendo a este gobierno y a todos los gobiernos locales y autonómicos un Plan de choque de medidas sanitarias y sociales, al tiempo que seguiremos apoyando a los trabajadores y trabajadoras de los sectores esenciales que están en primera línea de lucha contra la pandemia.

El futuro inmediato post-confinamiento presagia una catástrofe social para millones de trabajadores/as, pero como la vieja canción de Pablo Milanés, pisaremos las calles nuevamente y las semanas de confinamiento no serán tiempo baldío para la clase obrera, la juventud y los oprimidos si salimos con las lecciones aprendidas de esta crisis; si frente a los discursos patrióticos de los gobiernos patronales que reclaman un gran Pacto social (como los tristemente célebres Pactos de la Moncloa) salimos a las calles tras el fin del confinamiento levantando el grito de: ¡vuestra crisis no la vamos a pagar los/as de siempre!. Queremos un Plan de rescate de los trabajadores/as y el pueblo.

 

i Pudimos determinar, a partir de decodificar el material genético del nuevo coronavirus, que no se trata de una creación de laboratorio, sino que es producto de la evolución natural»; «Si se tratara de una construcción de laboratorio, se tendría que haber utilizado un virus previamente conocido como plantilla». Robert E. Garry, profesor de la Universidad de Tulane, a BBC Mundo (El País 11/04/2020).

ii Elige tu propia conspiración. (El País 9/abril/2020)

iii Ángel Gil, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos.

iv https://www.lavanguardia.com/autores/abril-phillips.html

v La Voragine Vicente G. E.

vi Para Italia el PIB se desploma el 9,1%; Portugal (8,1%), Francia (7,2%), Alemania (7%), Reino Unido (6,5%), Grecia sufre el enésimo varapalo y la caída se estima en un 10%.

vii K. Marx Carta a Ludwig Kugelmann, Londres, 11 de julio de 1868

viii De la gripe española al coronavirus, historia de las cuarentenas. Abril Phillips. La Vanguardia 1/02/2020

ix The New York Times “Conforme escala la vigilancia por el coronavirus, se desploma la privacidad personal”. Natasha Singer y Choe Sang-Hun.24/03/2020

x http://www.corrienteroja.net/la-guerra-de-las-mascarillas-y-…

 

Corriente Roja

 

 

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