Publicado en: 14 junio, 2016

¡Es Rajoy, estúpido!

Por Pedro Antonio Honrubia Hurtado

“Con sorpasso o sin sorpasso, el PSOE no pactará con PODEMOS y se abstendrá para permitir que gobierne el PP con el apoyo de CIUDADANOS“.  Este comentario de Iñaki Gabilondo de hace dos semanas bien podría ser la conclusión más certera tras el debate de anoche. El espectáculo televisivo de ayer vuelve a insertarse, por […]

Con sorpasso o sin sorpasso, el PSOE no pactará con PODEMOS y se abstendrá para permitir que gobierne el PP con el apoyo de CIUDADANOS“.  Este comentario de Iñaki Gabilondo de hace dos semanas bien podría ser la conclusión más certera tras el debate de anoche.

El espectáculo televisivo de ayer vuelve a insertarse, por desgracia para el PSOE, en  esa lógica de acuerdos entre representantes del régimen que tiene como objetivo lograr frenar a Unidos Podemos e impedir así la llegada de la izquierda transformadora al gobierno del estado. Los cuatro candidatos consiguieron sus objetivos, pero solo uno de ellos salió dañado del debate. Iglesias logró presentarse como alternativa al “bloque conservador”  y consolidar el espacio que apunta a ser fuerza hegemónica de la izquierda, Rajoy consiguió escapar vivo de los ataques cruzados y el tándem Sánchez-Rivera, en fin, se había propuesto marear al personal, sin intercambiar ataques entre ellos, con palabras vacías, respuestas huecas y argumentario de laboratorio cogido con pinzas (nunca mejor dicho), y ciertamente lo lograron. Pero eso para el PSOE es la peor de las señales. El PSOE tenía la necesidad de dar fuerza a su particular “remontada” y no lo consiguió. Todo lo contrario, fue, de lejos, el que más dañado ha salido de este debate. Algo que se explica, principalmente, por su negativa a mojarse ante la pregunta fundamental en esta campaña: ¿Con quién va a pactar tras el 26J?

El debate, en general, fue bastante igualado en cuanto a las apuestas de cada quien por defender sus posiciones previas, arrastradas de los últimos cuatro meses. Y si finalmente quedó cierta sensación de que el ganador técnico fue Iglesias, lo fue, precisamente, por las respuestas de cada cual en el bloque de pactos, último bloque del debate. Hasta ese momento el debate iba bastante favorable a los intereses y al tipo de campaña que está planteando Unidos Podemos, pero igualado. Es en ese momento cuando el debate se gira totalmente a favor de los intereses de Unidos Podemos y en contra los de intereses del PSOE. En el momento que Sánchez responde con evasivas a esa pregunta sobre los pactos y se muestra, nuevamente,  incapaz de acabar con esa sombra de duda que le persigue en torno a la idea de que, en última instancia, el PSOE permitirá un gobierno de las derechas con su abstención, el debate y las tendencias electorales que proyecta tal debate en esta campaña que acaba de arrancar, se volvieron a favor de los intereses de Iglesias y de Unidos Podemos.

El hecho de que Rajoy saliera airoso de una situación a priori tan adversa, en la que por primera vez tenía que enfrentarse a tres candidatos que lo iban a “cercar”, se debió en gran parte a que Sánchez y Rivera estuvieron igual de preocupados, o menos, en atacarle  a él como en atacar a Iglesias. Y esto que en Ciudadanos entraría dentro de lo esperable, en el PSOE supone una palada más en el proceso político que los está haciendo cavar su propia tumba. ¡Es Rajoy, es Rajoy!, decía Pablo Iglesias mientras Sánchez repetía su enésima alusión a Unidos Podemos como supuesto causante de que Rajoy siga siendo presidente del gobierno en funciones. Algo que recuerda, y no por casualidad, a aquella afirmación de “es la economía, estúpido”, que llevara a Clinton a ganar la presidencia de los EEUU. ¡Es Rajoy, estúpido! Lo podríamos llamar. Y, como entonces pasara con aquella proclama en aquella campaña estadounidense, va a ser una proclama clave en esta campaña, lo está siendo ya.

El PSOE, bien sabemos, hace tiempo que parece no haberse enterado de nada de lo ocurrido en este estado en los últimos seis años, pero es que ahora, además, parece que tampoco se ha enterado de nada de lo ocurrido en los últimos seis meses. En una campaña polarizada en torno a Unidos Podemos y el PP, se empeña en seguir defendiendo su acuerdo fracasado con Ciudadanos, como si aquello fuera un acuerdo progresista y de cambio. Se empeña además en querer hablar de centros, centralidad y extremos, cuando es el eje izquierda-derecha el que de nuevo se impone como determinante en la dinámica de campaña. Y, sobre todo, el aparato socialista sigue empeñado en dejar suficientemente claro, implícita y explícitamente, que prefiere dejar que gobierne el PP antes de tener que entenderse con Unidos PODEMOS en el marco de una agenda política de cambio progresista.

Dada la coyuntura, la jugada del aparato del PSOE de “agenciarse” a CIUDADANOS como socio directo ha sido brillante si atendemos a su principal objetivo; esto es, ni más ni menos: garantizar un ciclo más de gobierno neoliberal (sea en la forma que sea). Garantizar en última instancia que Unidos Podemos no pueda llegar al gobierno. Hacer una gran coalición en negativo que no dirige su mensaje hacia la salida del PP del gobierno, sino a servir como dique de contención para que Unidos Podemos no pueda entrar por la puerta de Moncloa. El problema es que no parece que el votante progresista que todavía orbita en torno al PSOE esté excesivamente entusiasmado con la idea y eso puede acabar costando bastante caro al PSOE. Máxime cuando la campaña se ha polarizado en torno a dos únicas fuerzas con opciones reales de ganar las elecciones: Unidos Podemos o el PP.

Por más que Sánchez y sus voceros lo intenten, es imposible ya que su discurso sobre la pinza entre PODEMOS y el PP pueda tener el menor recorrido, de la misma manera que es imposible que puedan hacer pasar por progresista su acuerdo con la derecha rancia y neoliberal de Ciudadanos. Tras ver los ataques que ayer el señor Rivera dirigió contra Unidos Podemos, y los términos y temas que utilizó para ello, no quedará un solo votante de izquierdas en este estado que pueda pensar que existe la menor posibilidad de juntar a Unidos Podemos y Ciudadanos en un mismo acuerdo de gobierno y/o investidura. Es más, no quedará un solo votante de izquierdas que no haya identificado a Ciudadanos con lo que es: el escudero de Rajoy y la apuesta del régimen para ejercer de celestina entre PSOE y PP y facilitar así, por activa o pasiva, la ansiada Gran Coalición del régimen. Si el PSOE sigue pensando que puede usar el argumento de la pinza para contener el crecimiento de Unidos Podemos no harán más que seguir tirando piedras sobre su propio tejado, y cada vez con mayor intensidad.

Detrás de aquella estrategia famosa de la “pinza” en los 90 había una lógica que, en la práctica, la convertía en efectiva para los intereses del PSOE. En un contexto bipartidista donde el PP se identificaba con la derecha y el PSOE con la izquierda, donde solo uno de ellos dos tenía opciones de llegar al gobierno, había algo de verosimilitud en eso de que los votos que IU le arrancaba al PSOE en última instancia beneficiaban al PP. O al menos así podía leerse con los datos fríos encima de la mesa. Cosas de la ley electoral. Pero aquel escenario ya no existe, ya es historia. Ahora, paradojas de la vida, es justo a la inversa: todo voto de izquierdas que no vaya a Unidos PODEMOS es un voto que beneficia al PP. Ahora la “pinza” a favor de la derecha la hace el PSOE con el PP.

Ahora el voto de izquierdas que arranca escaños a la “izquierda” y se los entrega al PP, beneficiando a los intereses electorales de la derecha, es el voto al PSOE. Miren las encuestas y lo que nos dicen. Hay, de hecho, en torno a una decena de provincias donde Unidos PODEMOS se disputa el último escaño con el PP y cada voto en esas provincias que vaya al PSOE será un voto en favor de los intereses del PP y de las derechas, así como otras muchas provincias en las que, por la misma ley electoral, que en ellas quede primero el PP o lo haga Unidos Podemos será la clave de que finalmente la suma entre Unidos Podemos y el PSOE pueda alcanzar una mayoría absoluta. Única modo posible en el que el PSOE se vería prácticamente abocado a tener que hacer presidente a Pablo Iglesias.

El PSOE, ya decimos, tiene decidido no pactar con Unidos PODEMOS, como ayer volvió a quedar de manifiesto. Pero si los resultados que salgan de las urnas tras las elecciones del 26J dan una mayoría absoluta directa a esa suma de UP + PSOE podría forzar al PSOE a verse en la situación de tener que elegir entre aceptar apoyar ese gobierno “progresista” o, de no hacerlo, ceder todo el espacio de la izquierda, de cara al futuro, a Unidos Podemos. Esto es, en una situación así el PSOE no solo estaría teniendo que decidir por un gobierno, sino por su propio futuro, y eso son palabras mayores. Esa situación se puede dar, pero solo si el votante de izquierdas lo impulsa con su voto apoyando a Unidos Podemos y dejando de beneficiar con ello al Partido Popular.

Sánchez y el aparato socialista parecen haber olvidado lo fundamental en esta campaña: ¡Es Rajoy, estúpido! Pero el votante de izquierdas no debe olvidar que en sus manos está el futuro de una mayoría electoral que pueda ser capaz de echar, de una vez, tanto al PP como a sus políticas del gobierno estatal.

Voten en conciencia pues.

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