¿ Es legítimo fabricar armamento?

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Por Patrocinio Navarro Valero

Una noticia que ha trascendido en España recoge un serio y complejo problema de difícil arreglo, porque plantea un conflicto entre conciencia ética y  trabajo. El actual gobierno «socialista»  ha pretendido revocar  parte de un contrato del  anterior gobierno derechista  con Arabia Saudí. Una parte de ese contrato obligaba a España a enviar un cierto número de bombas al país árabe. Otra parte de ese contrato comprometía a ese país a comprar algunos barcos de guerra para la armada saudí que serían fabricados en los astilleros españoles de Cádiz. Y aunque un compromiso no parece depender del otro, en la práctica por supuesto que sí. No olvidemos que se trata de Arabia Saudí, “el amigo árabe”, tan amigo como “el amigo americano” y el “amigo judío”. Todos estupendos socios para la paz mundial.

El nuevo gobierno “socialista” (permítanme las comillas)  ha intentado oponerse en un primer momento a enviar al árabe las bombas contratadas, porque está en guerra contra Yemen y se teme que utilice ese armamento contra la población civil, lo cual es más que probable.  La respuesta de Arabia Saudí ha sido inmediata. Si se revoca esa parte del contrato, ya no quieren los barcos españoles. Como se da la circunstancia de que la construcción  está avanzada y que la industria naval es la que mantiene a gran parte de la población de Cádiz, se ha creado un conflicto político y social. El primero ha intentado solucionarlo el gobierno español dando marcha atrás y renunciando a su propósito dando seguridades al árabe de cumplir sus compromisos. Así que le enviará las bombas pese a todo.

Por su parte, los trabajadores afectados, que se ven amenazados de ir al paro, no pararon  de protestar en la calle exigiendo al gobierno que ceda a las exigencias de Arabia Saudí, a la vez que rogando a este país que les asegure el pedido de los barcos. No es España el único país europeo que vende armas a Arabia Saudí. También lo acaba de hacer Alemania, cómo no.

La fabricación y venta de armas en los países más ricos- España ocupa el séptimo puesto en la carrera mundial  de venta de armamento -es un negocio equiparable a cualquiera de los otros grandes negocios: hidrocarburos, drogas, prostitución, energía, farmacéuticas, nucleares o construcción. Con eso nos hacemos una idea de su tamaño.  Pero a diferencia de algunas de las mencionadas industrias que también pueden llegar a matar, pero como efecto secundario, la del armamento solo sirve para eso, y hasta sus  efectos secundarios son igualmente letales.

¿Tiene solución este desafío  contra la salud pública y la vida? ¿Puede llegar a prohibirse alguna vez la venta de armas?…Hay que tener fe en el desarrollo de la conciencia humana, porque con los actuales niveles generales de conciencia, resulta impensable cualquier movimiento mundial capaz de cerrar las fábricas de máquinas de matar.  Pero nuestra fe en la conciencia humana en general, disminuye mucho cuando se trata de la fe en nuestros políticos, nuestros creadores de opinión y, por supuesto, en las Iglesias, que deberían ser ejemplos de no agresión, de paz y de amor al prójimo. La memoria de estas gentes nunca alcanza a recordarnos este problema. Unos porque están de acuerdo con la guerra como elemento de defensa o de ataque; otros por razones tácticas (les parece impensable colocar eso en un programa electoral, aunque no estén a favor de las armas); y los más, porque simplemente no está en su mundo de preocupaciones, lo mismo que no lo está el cuestionarse otras cosas como la democracia de tercera que sufrimos. Lo mismo que sucede  ante  el capitalismo neoliberal salvaje, la monarquía medieval y los bienes de la Iglesia. ¿Acaso no es la misma actitud  con  las reformas laborales, el neoesclavismo, los desahucios, las pensiones  y tantas otras cosas?  Hay como una especie de claudicación inconsciente y un olvido cotidiano  ante hechos ante los que la colectividad no se atreve a plantar cara por falta de información, por falta de convencimiento, por falta de principios éticos o sociales o simplemente por indiferencia ante la vida que muestra la mayoría silenciosa.

Hay que decir que los medios de comunicación, los políticos, los tertulianos, los ensotanados y los profesores con el síndrome funcionarial, que deberían ser elementos despertadores de conciencia, han invertido su papel, arrasando literalmente las mentes con problemas secundarios que nunca llegan a la raíz de las cosas mientras desvían la atención de las masas hacia asuntos de segundo orden. Así, convierten la información en deformación y ocultamiento de la verdad, y se convierten en aliados reales de todos los que contribuyen al estado angustioso del mundo en que vivimos y para el que no hay ninguna esperanza de regeneración mientras no se tengan en cuenta la raíz de nuestros males – el desamor, el miedo, la injusticia, la ambición –  con  la inevitable violencia como resultado, que facilita y contribuye  a la fabricación de armas y a la guerra entre personas y países. Fabricar armas del tipo que sean es en nuestras sociedades algo legal, pero carece de legitimidad porque es una amenaza contra la vida. Esto debería ser algo en lo que insistir para contribuir a crear un estado de opinión favorable contra el armamento, la guerra y la violencia en general.

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