¿Es inmoral el SAT?

Lejos de iniciar discusiones bizantinas sobre el concepto de moral, podemos distinguir dos leyes morales que guían a los individuos y a los pueblos. Así, encontramos por un lado la ley moral de la conciencia, que es necesariamente modificable y variable. Esta moral –que puede convertirse en “moral pública”– depende de la cultura y del nivel educativo, de las creencias religiosas y filosóficas, de las convicciones políticas y, en definitiva, de las instituciones y las condiciones materiales en que un pueblo vive en un determinado momento histórico. Ésta es la moral que el SAT puede aspirar a alterar.

Por otro lado se encuentra la ley moral de la razón, la que Kant bautizó cabalmente como “imperativo categórico”, que es inmutable y permanente. Contra ésta no cabe atentado. Es la estrella polar que señala los límites de la convivencia, dentro de los cuales la moral de la conciencia puede virar de un lado a otro y, si es preciso, transformarse.

El SAT está llevando a cabo unas acciones que está claro que afectan a la moral de la conciencia general. No es para menos, ya que es imposible introducir cambios en el orden político o en el económico sin que un colectivo se atreva a negar la creencia general de una sociedad desmovilizada. A partir de ahí va tomando forma un movimiento social que venga a dar por resultado el triunfo de una idea “marginal”. Siempre ha sido así. ¿Acaso era la misma moral antes y después del 4 de diciembre de 1977? ¿Antes y después de la Constitución de 1978? Y lo que es más relevante: ¿de verdad creemos que la moral seguirá siendo igual tras la caída de Wall Street? ¿Antes y después de los rescates al Estado griego, o al español mismo? ¿Alguien cree que serán idénticas las relaciones morales entre el trabajador y el patrón después de la pérdida de derechos laborales?

 Los métodos por los cuales el SAT pretende llegar a su fin pueden ser inmorales en el sentido de que tienen en el punto de mira a la moral de la conciencia general. Ello es así porque toda reforma trascendental afecta a la “moral pública” de alguna manera. La experiencia del 15-M nos ha demostrado que la clase política no está dispuesta a asumir ciertas reivindicaciones. En consecuencia, la imaginación del SAT ha recurrido a unos medios diferentes que, bien es cierto, rayan lo prohibido por las leyes. Estos medios pueden conducir al desconcierto, pero nunca a un cataclismo, ya que no amenazan a la moral de la razón. No se trata de argumentar si el fin justifica los medios, sino de demostrar que ni el fin ni los medios alteran a las leyes morales de la razón. ¿Cómo puede ser inmoral aspirar a la liberación del pueblo andaluz de los designios y las ataduras que –algunas con una antigüedad de siglos– salen a la luz en indicadores como los del paro, que es el más alto de toda Europa? ¿Es inmoral convencerse de que mejorar la vida de la mayoría consiste en que ésta recupere la capacidad de decisión que le corresponde en la política, en la economía y en el derecho? No; por supuesto que no es inmoral reclamar, con responsabilidad y con criterios, que el futuro de Andalucía no sólo es entendible para una minoría selecta de políticos, expertos y demás elementos que perpetúan elstatu quo.

 Habrá quien siga deseando que todo el peso de la ley caiga sobre los andalucistas del SAT, como si fuera posible detener la marcha de unas ideas nacidas para dar respuesta a la fatalidad. De ser así, es decir, en el caso de que se repriman policial y judicialmente estas movilizaciones, no sería difícil encender la llama apagada que guía los caminos de la justicia.

http://www.paralelo36andalucia.com/es-inmoral-el-sindicato-andaluz-de-trabajadores/

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