Error 404: Acceso DENEGADO

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Esta nota la hago con la prisa de los latidos, pues hay momentos como este, y como dijo el poeta, donde la “vida pasa dura ahora por las venas, y el silencio se nos vuelve odio”. Y es que la realidad de este país, esa realidad que nos imponen, a veces hasta me nubla los mejores sentimientos que puedo albergar.

Días atrás (jueves 7) leía –en correo que me enviaron que habían prohibido el uso de Internet a los cubanos en los hoteles. Luego leí el artículo de esa muchacha que no nombro, porque “el que se presta para peón del veneno es doble tonto y no quiero ser bailarín de su fiesta”.

Lo cierto es que no lo creí posible, de ninguna manera, a no ser que algún burócrata… pero no, pues el que duda y no investiga, siempre termina por ser injusto. Así que me fui a ver la vida por mí mismo y pasé por los hoteles Saint John y Vedado.

Donde me informaron que lamentablemente no tenían tarjetas de Internet –el “nuevo” mecanismo para conectarse es que uno compra las tarjetas y con esa clave obtienes el acceso, sabiendo que existían lugares donde uno podía pagar directamente a un empleado por el tiempo conectado, me dirigí a uno de ellos.

Así que llegué al hotel Nacional. Donde me explicaron –una muy amable muchacha que trabaja en el Centro de Negocios– que sí tenían tarjetas, pero que no podían vendérmelas. Para eso necesitaba un pasaporte, del cual ella debía anotar el número. No, no podía con mi pasaporte cubano, ese no servía, necesitaba uno de otro país.

Con la presión sanguínea bien alta seguí hasta otro hotel –del cual no debo revelar su nombre–, mi amigo Armando me recibió con alegría, hacia un tiempo que no nos veíamos. Cuando le disparé –a lo cortico– si era cierto lo de las tarjetas de Internet solo para extranjeros, me respondió afirmativamente, que eso era cierto. Que eran las nuevas “orientaciones”, y para enfatizar agregó “de arriba”.

Una muchacha que estaba en su oficina –y luego supe que también trabaja en el hotel–, me explicó que eso no era nuevo. Que simplemente estaban cumpliendo con el contrato que ellos tenían con ETECSA –la empresa de telecomunicaciones de Cuba. Me lo dijo con un tono como si por ser algo viejo, fuera menos absurdo, menos indigno. Así que le pregunté incrédulo si el contrato de ellos decía que no se podían conectar a la red los cubanos. No, no dice eso –me respondió–, dice que es solo para brindar servicio a los extranjeros.

Entre el torrente de ideas que me llegaron a la cabeza y que me acompañaron en el viaje de regreso a la casa se destaca una. Literalmente. ¿Y se supone que nosotros –la izquierda libertaria y rebelde de este país–, somos los que le damos armas al enemigo? La respuesta vuelve a ser la misma de siempre. No, es la burocracia gubernamental, con sus “controlismos” y otros absurdos el que le quita las armas a los amigos, el que le da armas al enemigo.

Pacifista de vocación soy, sin embargo, sumarísimamente fusilaría a todo aquel que en mi país escriba, plantee o intente cumplir una medida que vaya contra los nacionales, su dignidad y sus derechos. Pues para ser internacionalistas hay que primero tener nación. Si los yanquis invaden ¿qué voy a defender? ¿El derecho a ser ciudadano de segunda en mi país o voy a defender los derechos que poseo y me hacen feliz el vivir en mi país?

La respuesta es obvia, pues esto es un paso al estalinismo, a la deconstrucción del ideario revolucionario; al fin del sueño, donde despertaremos al “tanto tienes, tanto vales”.

La justificación de que esto es para que los enemigos de la Revolución no puedan conectarse, o para implantar algún igualitarismo, es vana, es nimia, es contrarrevolucionaria. No es una justificación valida. Porque lo cierto es que los disidentes de derecha de este país tienen el apoyo de las potencias, y por tanto, otras formas de acceder a Internet –y es un tema muy documentado.

Por tanto, si fue puesta con ese pretexto es inefectiva antes de entrar en vigor, porque los disidentes pueden conseguir fácilmente que uno de esos “diplomáticos” les compren las tarjetas y conectarse del lobby de cualquier hotel que tenga el servicio inalámbrico.

Entonces¿a quién está dirigida esta medida, que además ataca a la dignidad de los cubanos? –tal cual era la orden, que no podía ser una ley por ser anticonstitucional, de no permitir hospedarse en los hoteles a los cubanos, o de comprar una línea de celular, sin que te avalara un extranjero.

¿Son estos rasgos y rezagos de una época que creíamos superada y no lo está?

Está claro que con los precios –monopólicos– que tiene Internet en este país, 5 CUC media hora, es muy reducido la cantidad de personas que pueden acceder a la red de redes, a no ser que el Estado te “dé” ese derecho –el entrecomillado es porque el Estado no da nada, son los trabajadores los que producen y los que debieran dar. Y por supuesto que ese dinero para pagar la conexión siempre tendría que venir del exterior, ningún obrero puede pagar eso, pues el salario promedio es de 20 CUC.

Pero actualmente hay cerca de 2,5 millones de cubanos residentes en el exterior, por tanto hay –al menos– la misma cantidad de cubanos residentes en Cuba que tienen la posibilidad de recibir remesas. Lo mismo para ir a los hoteles y enviar un correo, y sobre todo una foto a sus seres que están en otras partes del mundo.

Ya eso no es posible. Porque alguien, de “arriba”, decidió que no. Que no tenemos permiso para ejercitar nuestros derechos (1).

A los que digan, si de todas formas no lo pueden pagar, que te importa, les pongo un ejemplo: Si Estados Unidos, dice hoy, que Marte es suyo y que nadie que no sea gringo puede pisar su superficie. Todos gritaríamos “¿Con qué derecho?”. Cuando lo cierto es que son muy escasos los países –y entre ellos no está Cuba– que pudieran llegar al planeta rojo en los próximos 20 años. Pero nadie, sin importar el poder que se tenga, puede de arrogarse semejante derecho de exclusividad.

Esto es arremeter contra los derechos de los demás, o contra la posibilidad de ejercerlos. Eso es una clásica actitud arrogante de los poderosos, de los que desprecian a la mayoría.

Esa es una actitud que no es permisible. Mucho menos en el socialismo, donde los derechos tienen que ser más y mejores. Pues los derechos son derechos, inherentes al ser humano –sin importar el cómo piense, pues si no estaríamos repitiendo el proceder de la derecha–, y nunca los derechos pueden ser tratados como permisos; como pretende el stablishment burocrático de este país, que cada vez es menos socialista, menos revolucionario.

Por ello me reafirmo que el mismo razonamiento que haríamos si los EE.UU. basados en su poder, en su fuerza, intentan quitarnos algún derecho, es el que debemos aplicar para medir el accionar de los burócratas y controladores (mutiladores) que hay detrás de esta medida.

Esta medida –este cambio de método, esta aplicación de una “vieja” clausula en los contratos– no me parece al azar.

En realidad me parece una medida más de la “burrocracia” para impedir el debate –entre las que ya están aplicando, y las que faltan–, donde siempre saldrán perdiendo (2). Y si uno mira el panorama mundial, sería ingenuo pensar de otra forma. No hace ni un mes que Obama ha dicho que Cuba se puede conectar cuando quiera a al cable submarino de Internet que pasa a 20 km de sus costas. Y que la imposibilidad de esto, de conectarnos, siempre ha sido esgrimida como la razón por la cual los cubanos no pueden acceder a Internet.

Y ahora ¿cuál es la razón de esta medida?

¿O es que este país se gobierna haciendo todo lo contrario a lo que dice imperialismo nosotros deberíamos hacer? Y si este es el caso, si el país se gobierna desde la oposición a lo que digan nuestros enemigos, les bastará a estos con pedir cosas racionales, para que el Gobierno al hacer lo contrario, se convierta en el propio enterrador de la revolución. Si ese es el caso –como pensamos ya muchos nacionales– lo que le queda a lo que hoy se llama Revolución, son –en buen cubano– dos afeitadas.

Las trincheras de ideas –que no de piedras–, no se construyen escondiéndose del debate. No se construyen cercenando las palabras. No se construyen en el silencio. No se construyen en negando el combate –que eso es de cobardes. Las trincheras de ideas se arman en fragor del debate ideológico, y solo desde las trincheras de ideas podremos asaltar el cielo; de las de piedra no.

Desde el corazón de mi ciudad, Centro Habana, al amanecer del 8 de mayo del año 2009.

NOTAS

(1)Y a los que digan que existen correos en MN –moneda nacional– les digo que sí, que es cierto; pero como si no existieran. Porque son pocos y las colas enormes –vivo cerca de uno de ellos y constato esto todos los días. Y sobre todo, está prohibido conectar dispositivos USB a esas computadoras –o sea no se puede ni enviar fotos, ni sacar información de ellos. También han de tener en cuenta que los cubanos tampoco podemos comprar una cuenta para conectarnos desde la casa; sólo los extranjeros residentes.

(2)En esto momentos también tengo presente a esos amigos que están siendo sancionados por debatir temas de la realidad cubana en Internet, en los correos. Como también lo plantea Pedro Campos en su artículo “Derechos civiles y políticos: siempre armas revolucionarias”. Pero nunca me imaginé que –los burócratas– se iban a dejar desvestir sin oponer resistencia, aunque esas medidas se volvieran contra ellos mismos. Aunque esas medidas los desnude de otras justificaciones, es como si apostaran a nuestro olvido, a nuestra ignorancia.

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