Erdogan lanza al ejército turco contras los kurdos de Siria

Las fuerzas de Ankara han entrado en el “cantón” kurdo de Efrín. Erdogan está molesto con el proyecto norteamericano de crear un ejército de 30.000 guardias fronterizos kurdos. Una partida de ajedrez se juega entre Washington, Teherán y Moscú con la oposición siria y las fuerzas kurdas en el papel de peones.

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan soñaba con eso desde hace tiempo: lanzar a su ejército al asalto de Afrin, uno de los tres enclaves mantenido por las milicias kurdas sirias de las unidades de protección del pueblo (YPG) y de su rama política, el partido de la unión democrática (PYD), a lo largo de la frontera sirio-turca. Desde hace varios días, el jefe del Estado anunciaba desde Ankara la inminencia de la ofensiva. En la noche del 18 al 19 de enero, la artillería turca ha iniciado efectivamente el machacamiento del pequeño territorio, al que llama “cantón”, a continuación la aviación tomó el relevo.

El domingo, las fuerzas terrestres han pasado la frontera para entrar en el enclave. Para que no hubiese duda de una auténtica ofensiva terrestre. Si las imágenes de las televisiones turcas muestran un despliegue considerable de tanques y vehículos blindados, la ofensiva turca, bautizada cínicamente “Ramo de olivo”, parece tener un alcance limitado. Más que la ocupación del enclave, trata de instaurar una zona de seguridad en la frontera. Citado por la cadena de televisión Haber Turk, el primer ministro Binali Yildrim ha declarado, según Reuters, que Ankara trataba de crear “una zona de seguridad avanzando una treintena de kilómetros en territorio sirio”. Un área de debería extenderse 30 km, que es enorme para un enclave tan pequeño.

En esta partida de ajedrez que se juega en la frontera, Turquía ha movido primero sus peones sirios, los grupos del Ejército libre sirio (ASL) que están de su parte. Son ellos los primeros que han penetrado en la bolsa siria, a partir de la ciudad siria de Azaz, muy próxima a la frontera turca de Afrin, adonde fueron transportados por una veintena de autobuses. El ASL fue creado para derribar al régimen sirio. Ankara, estratégicamente le ha apartado de esta misión para convertirlo en una fuerza suplementaria de sus únicos intereses. Era la opción elegida por Erdogan en su precedente operación “Escudo del Eufrates” en marzo de 2016.

Ante la ofensiva turca, las YPG dispondrían de 8 a 10.000 milicianos, de los que gran parte, según nuestras informaciones, son combatientes veteranos del partido de los trabajadores del Kurdistan (PKK) (que están en guerra contra el Estado turco desde 1984). Así pues, el ejército de Ankara no tendrá fácil la partida, dado que la estrategia kurda, según las mismas fuentes, será la de atacar su retaguardia, sin duda por el lado de las ciudades sirias de Azaz o Jarablus.

Curiosamente, Washington, no ha reaccionado, o aún no lo ha hecho, ante la operación turca. Es más, los norteamericanos son los principales aliados del PYD y de los YPG. Gracias a los cuales la coalición que dirigen ha podido recuperar Raqqa y vencer al Estado islámico en Siria. Las relaciones entre EE.UU. y Turquía son tensas desde la época de Obama. Y pese a las esperanzas del gobierno turco, no han mejorado bajo la presidencia de Trump. Ya fue un veto norteamericano quien obligó al ejército turco a renunciar, cuando la operación “Escudo del Eufrates”, a su ofensiva contra la ciudad de Manbij, que los kurdos acababan de conquistar al Estado islámico a costa de duros combates. La administración Trump, ¿ha querido cuidar a Ankara, que sigue siendo un aliado en el seno de la OTAN? ¿Ha decidido sacrificar Afrin, el cantón kurdo del oeste, para preocuparse solo de los cantones del este, Djezireh y Kobane, que necesita ante el Estado islámico e Irán?

Para que Turquía pueda intervenir por tierra, ha necesitado el aval de Moscú, para no encontrarse muy aislada. El Kremlin no es sólo el protector del régimen sirio, quien ha condenado violentamente la operación turca. Muestra también cierta benevolencia respecto a los combatientes kurdos sirios, como prueba la presencia desde hace meses en Afrin, de unidades de policía militar rusa, a los que Moscú califica de “observadores”. “Varios jefes del Estado mayor del Ejército turco han ido a discutir a Moscú. Hay al menos un miniacuerdo con el poder ruso”, señala el politólogo Khattar Abou Diab.

Estas discusiones han abocado al repliegue de esa policía militar rusa en la dos aldeas chiitas del enclave. “Han comportado también la posibilidad para la aviación turca de emplear el sábado para sus bombardeos, el espacio aéreo sirio (bajo el control del ejército del aire ruso)”, añade el investigador Ziad Majed, que enseña en la Universidad americana de París, Así pues, Moscú ha dado luz verde a Erdogan. Pero, como al mismo tiempo invita a Turquía “a la contención”, se puede pensar que el poder ruso ha fijado límites a la operación “Ramo de olivo” en espacio y tiempo.

Si la voluntad de Erdogan de aplastar a los “terroristas” kurdos del PYD de los YPG y atacar Afrin, no es nueva, Washington ha sido el elemento catalizador. Hace unos diez días, la administración norteamericana anunció un proyecto de reclutamiento militar a largo plazo de las Fuerzas democráticas sirias (FDS), esta potente milicia dominada por las YPG, pero con componente árabe, que permitió a la coalición anti-Daesh, recuperar la ciudad siria de Raqqa.

Tal y como se anunció, el proyecto norteamericano consiste en la formación de una fuerza de 30.000 hombres, bautizada como “Fuerza de seguridad fronteriza”, cuyo núcleo duro lo formarán antiguos combatientes de las fuerzas democráticas sirias, reforzadas con nuevos reclutas, de los que algunos centenares ya se están formando. Esos guardias fronterizos estarán bajo mando norteamericano y situados a lo largo de las fronteras este y norte de Siria – o sea, los límites de Irak y Turquía-, pero también en la líneas de demarcación que separan los territorios dominados por los kurdos del resto del país.

Objetivo declarado: impedir un renacimiento del Estado islámico. Pero esto implica de facto santificar los cantones kurdos, e incluso mucho más que eso, dado que las FDS controlan desde sus victorias contra el Estado islámico casi un tercio del territorio sirio, que se extiende a lo largo de las fronteras turca e iraquí, así como por los principales yacimientos petroleros del país.

El bosquejo de una política norteamericana

La iniciativa norteamericana ha irritado profundamente a Ankara, que ha visto en ella el apoyo a una entidad política alineada en el campo de sus enemigos reales por el hecho de sus estrechos vínculos militares y políticos con el PKK. De ahi la violenta reacción pública de Erdogan que ha denunciado en un discurso la voluntad de EE.UU. “de crear un ejército terrorista” en la frontera turca, prometiendo “abortar el proyecto de raíz”. El presidente turco incluso ha amenazado a Washington: “Lo que queremos decir a todos nuestros aliados: no inmiscuiros entre nosotros y las organizaciones terroristas, o no seremos responsables de las molestas consecuencias que esto pueda acarrear. Proseguiremos nuestras operaciones mientras quede un terrorista en nuestras fronteras”.

Si Ankara ha sido la primera en reaccionar ante el proyecto norteamericano, Damasco y Teherán le han seguido evidentemente. Teherán tanto como Moscú. El responsable de la diplomacia rusa, Serguei Lavrov ha señalado que la acción de EE.UU. corre el riesgo de llevar a una “ruptura de hecho” de Siria: “En el fondo, eso implica la secesión de una gran parte del territorio (sirio) a lo largo de la frontera con Turquía e Irak”. Esta área, ha añadido, será controlada por grupos “dirigidos por EE.UU.”

Frente a las protestas de Moscú y Ankara, el secretario de Estado norteamericano Rex Tillerson ha tenido que rectificar, hablando de un “dossier mal diseñado, mal descrito” negando que EE.UU. estén tratado de crear una fuerza de guardas fronterizos. No ha convencido ni a Erdogan ni a Moscú; pues al mismo tiempo, ha admitido que las fuerzas norteamericanas en Siria -cerca de 2.000 hombres según las cifras señaladas en diciembre por el Pentágono- estaban allí para quedarse: “Soy muy claro: Estados Unidos mantendrá una presencia militar en Siria cuyo principal objetivo será para que el EEIL (Estado islámico en Irak y Levante, antiguo acrónimo que indicaba el EI) no pueda renacer de sus cenizas”

Es la primera vez que EE.UU. concede una forma de reconocimiento al proyecto político descentralizador llevado por el componente civil de las FDS. Incluso si el EI está aún lejos de desaparecer en Siria -opera de nuevo en la provincia de Hama y se acerca a la region de Idlib- Teherán es el objetivo primordial del proyecto norteamericano.

Recientemente, el secretario de Estado interino para Oriente Medio, David Satterfield ha reconocido abiertamente, en una audiencia del Comité del Senado de Asuntos exteriores, que la presencia militar norteamericana, en apoyo de las FDS, tendrá por una parte, “duración ilimitada” y, por otra, tratará sobre todo de contrarrestar a “Irán y su capacidad para reforzar su oresencia en Siria”. Comentario de un editorialista del diario saudí Asharq al-Awsat, generalmente bien informado sobre la política norteamericana en la región: “Washington tiene la intención de hacer de Siria “el Vietnam de Irán”.

Así pues se ve a Washington asumir plenamente su papel en Siria. Incluso tenemos, por primera vez, el bosquejo de una política americana en ese país, aunque subsista mucha ambigüedad. “Hasta ahora, la política de Trump en Siria seguía de cerca a la de Obama, señala Kattar Abou Diab. Actualmente, se ve su articulación en torno a tres ejes: evitar el expansionismo iraní; impedir la vuelta del Estado islámico; y encontrar una solución política al conflicto sin Bacher al-Assad”

Si es ante todo una reacción frente a la nueva política norteamericana, el ataque turco contra el cantón de Afrin supera ampliamente el marco de la frontera sirio-turca y la entidad de Rojava (el Kurdistan sirio, o sea al menos dos millones de personas), hasta alcanzar una dimensión nacional. Ha de ponerse a la par con la ofensiva que el régimen sirio con sus aliados iraníes y rusos -cuya aviación bombardea masivamente a la población- y algunas milicias chiitas irakies, que se realiza actualmente contra la región de Idlib, uno de los últimos grandes bastiones de la rebelión anti Assad.

Si los rebeldes siguen enfrentándose a la coalición es porque Turquía no les escatima apoyo. De ahí el temor de los dirigentes kurdos de que Erdogan, obsesionado totalmente por el asunto, debilite su posición sobre Idlib, a cambio del aval ruso que le autorice invadir Afrin. El hecho de que el Ejército Libre Sirio se haya convertido en este momento en el factotum de Ankara atacando a los kurdos sirios, con quienes comparten una aversión común contra el régimen de Bachar al-Assad -aunque el PYD, por razones tácticas, está obligado a acomodarse a él-, tendrá también graves consecuencias en términos nacionales. “Es un grave error político que ha cometido el ELS, señala el politólogo Ziad Majed. En vez de apoyar a quienes resisten en Idlib, se ha puesto al servicio de la agenda turca. Esto no tardará en crear nuevas divisiones en el seno de la oposición.

A pocos días de la reanudación de las conversaciones de paz (están previstas para el 28 y 29 de enero), bajo la égida rusa en Sochi, la ofensiva turca desacredita un poco más a la oposición siria.

 

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