¿Era anarquista el abogado más famoso de Norteamérica?

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Paul Avrich lo define como socialista, librepensador, partidario del impuesto único y pacifista tolstoniano

Por Pepe Gutiérrez Álvarez

Clarence S. Darrow (1857-1938) es  sin duda el más famoso de los abogados estadounidense. Unas frases muy propias de película con abogados son: Pero ¿quién te crees que te va defender, Clarence Darrow?, ¿Pero quién te has creído que eres, Clarence Darrow?, o ¿Qué habría hecho ahora Clarence Darrow?, etc.

El historiador libertario Paul Avrich lo define como socialista, librepensador, partidario del impuesto único y pacifista tolstoniano. Darrow mantuvo una fuerte relación con el movimiento anarquista durante las décadas de 1880 y 1890, cuando habló en actos conmemorativos por los mártires de Haymar­ket, contribuyó en la recaudación de fondos para crear un monumento en el cementerio de Waldheim en honor de los “mártires de Chicago”. En 1901, Darrow presi­dió una conferencia de Kropotkin en Chicago y consiguió la libertad de los anarquistas detenidos tras el asesinato del presidente McKinley. En 1903-1904, fue (junto con el poeta Edgar Lee Masters) abogado de John Turner, anarquista británico amenazado con ser expul­sado del país bajo una ley promulgada tras el asesinato de McKinley. En 1905 defendió a Moses Harman, el sexólogo anarquista y editor de Lucifer. En años posteriores, Darrow tomó parte en muchos casos similares, en los que estaban implicados anarquistas, afiliados a los IWW  y socialistas. Darrow defendió luego al célebre Bill Haywood (que está enterrado en Moscú junto con John Reed)  dirigente del sindicato IWW y de la Federación de Mineros, a quien acusaban de complicidad en el asesinato del ex gobernador de Idaho Frank Steunenberg en 1905.

Colaboró en la prensa anarquista y fue miembro reconocido del Centro Francesc Ferrer., toda una institución pedagógica en el país del dólar que no pudimos tener aquí..

La preferencia del movimiento obrero por Darrow terminó tras la defensa de los hermanos MacNamara, acusados de hacer explotar una bomba en el edificio del diario “Los Ángeles Times”  que causó la muerte de 20 personas. Al comprobarse la participación de los acusados en los hechos, estos y Darrow llegaron a un acuerdo con el Fiscal, que a cambio del reconocimiento de la culpabilidad que correspondía a cada uno, no solicitó la pena de muerte, sino 50 años de cárcel para quien colocó el artefacto explosivo. Los trabajadores pensaron que nunca Darrow ha debido reconocer la responsabilidad de los activistas acusados. Para completar Darrow fue acusado de sobornar a un jurado, al que uno de sus allegados estaba dando dinero. Darrow terminó juzgado, pero fue declarado inocente al demostrar que se le trataba de condenar por su lucha en defensa de los derechos de los trabajadores y los pobres.

Sobre Darrow existen al menos dos “biopic” (inéditos en estos pagos), uno protagonizado por Henry Fonda, y otro por Kevin Spacey. Orson Welles lo interpretó bajo el nombre de Jonathan Wilk en la Impulso criminal (1959), una de las películas más memorable de Richard Fleischer que Welles pensó que su productor le ofrecería la dirección a él, pero no fue así, y finalmente cooperaron en la reconstrucción del crimen perpetrado en Chicago en 1924 por dos estudiantes universitarios superdotados llamados Nathan Leopold jr., y Richard Loeb (la misma historia que inspiró La soga, de Alfred Hitchcok), asesinaron a un niño, siguiendo las elucubraciones de Nietzsche…El despliegue argumental y moral de Darrow-Welles en contra de la pena capital, su capacidad para matizar y reflexionar ha pasado a la historia del cine, aunque no estaría de más notificar que al final el ateo Darrow es representado más bien como un agnóstico.

También ha pasado a la historia de las ideas y del cine el Clarence Darrow interpretado por Spencer Tracy en La herencia del viento (1960), seguramente el mayor alegato que el cine ha ofrecido en defensa de la teoría de la evolución sistematizadas por Charles Darwin, cuya obra resulta normalmente inexcusable en cualquier documental sobre la evolución de las especies, y que por lo mismo, sigue siendo blanco de las furias de los llamados “creacionistas” norteamericanos.  Con todas sus limitaciones, se  trata  de  una  de las mejores  películas  de un director irregular pero injustamente  menospreciado: Stanley Kramer, quien además fue uno de los más emblemático productores y directores de la mejor estirpe liberal y que entonces estaba en su mejor momento. La herencia del viento consiguiera del Festival de Cannes dos premios, y que sea considerada como un clásico todavía se encuentra muy por encima de otras adaptaciones de la misma obra, y que a pesar de contar con un duelo actoral no menos notable entre Jason Robards y Kirk  Douglas en una versión de los años ochenta, y por Jack Lemmon y Charles Durning en los noventa, ninguna de las dos le hará sombra. La obra original es un clásico del teatro y su representación es muy valorada entre los actores. Aunque pueda parecer paradójico,  el insufrible Leslie Nielsen haría una gira con ella por los Estados Unidos después de rodar su nefanda versión de Drácula con Mel Brooks, posiblemente como una “expiación” por los bodrios en los que este actor se ha hecho popular, ya que según las crónicas, las representaciones iban acompañadas de grandes elogios a las ideas solidarias y avanzadas de Darrow.

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