Epicuro, hoy

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« Y por eso decimos que el placer es principio y culminación de la vida feliz. Al placer, en efecto, reconocemos como el bien primero, a nosotros connatural ; de él partimos para toda elección y rechazo, y a él llegamos juzgando todo todo bien con la sensación como norma » ( Carta a Meneceo)

Los autores clásicos de la antigüedad y no de tanta antigüedad, muchas veces son convertidos en meros fósiles a lo que se les hace salir del panteón en las clases de filosofía ; a lo más asoman en algunas palabras de uso cotidiano cuyo origen está en algunos de ellos, tergiversando radicalmente el espíritu y la letra de dichos pensadores: así, el estoicismo es convertido en mero conformismo, el epicureísmo es transformado en un hedonismo que roza el lema de Ian Dury, droga, sexo y rock an roll, o siguiendo a Jerónimo, me refiero al que se dice que era santo, se habla de ellos como los componentes del jardín de los puercos, para referirse el Jardín de Epicuro ¡ vaya por dios! De los cínicos y de su jefe de filas, Diógenes de Sínope, convertido en nombre de un síndrome …hoy no toca; con respecto al de Samos, expone con claridad su hedonismo« Cuando, por tanto, decimos que el placer es fin no nos referimos los placeres de los disolutos o a los que se dan en el goce, como creen algunos que desconocen o no están de acuerdo o malinterpretan nuestra doctrina, sino al no sufrir dolor en el cuerpo ni turbación en el alma. Pues ni banquetes ni orgías constantes ni disfrutar de muchachos ni de mujeres ni de pescados ni de las demás cosas que ofrece una mesa lujosa engendran una vida feliz, sino un cálculo prudente que investigue las causas de toda elección y rechazo y disipe las falsas opiniones de las que nce la más grande turbación que se adueña del alma». Verdad es también que en la oleada de libros llamados de autoayuda, que no lo son tan si en cuenta se tiene que el auto tiene una dependencia de algún gurú( hetero) que señala la vía de la felicidad, la salvación o la existencia armónica…algunas citas lindas se cuelan, aclarando a quién pertenece o bien solapadamente por no decir birladas lisa y llanamente.

Ciñéndonos a la época del helenismo y a sus escuelas de clara vena ética, en busca de la felicidad guiada por el ideal del sabio, el cuidado de sí, el intento de lograr una vida buena, etc. tal vez las dos escuelas que más celebridad tiene n son el estoicismo y el epicureísmo. Sobre este último se ha publicado recientemente una obra de la profesora de filosofía en la Universidad de York, Catherine Wilson, publicada por Ariel: « Cómo ser epicúreo. Una filosofía para la vida moderna» que tiene en su enfoque un doble interés: acercarnos a los presupuestos y al modo de vida de Epicuro ( 342-270) y la sombra en algunos seguidores / continuadores de su legado, papel esencial jugó en su difusión Lucrecio ya en el primer siglo de la era común; al tiempo que se exponen las enseñanzas que en el presente se pueden extraer de tal pensador post-aristotélico, que elogiaba la sencillez, la serenidad de espíritu y evitar el dolor, al tiempo que no sufrir ante el hecho de la muerte ( ya que cuando ella está…).

Contracorriente marchaba el pensador al negar la inmortalidad del alma y de la presencia divina, manteniéndose firme contra la religión y contra el Estado, en aquellos momentos históricos de cierta perplejidad ante los ideales que anteriormente habían funcionado de manera regular; en su pensamiento se daba un entreveramiento del materialismo y la propuesta de una ética individualista, que reivindicaba con fuerza la amistad como uno de los factores esenciales…« el hombre bien nacido se dedica principalmente a la sabiduría y a la amistad. De éstas, una es un bien mortal; la otra, inmortal».

Comienza el recorrido la autora presentándose y situándonos antes los males de esta época de despilfarro en todos los ámbitos de la existencia de los humanos para luego adentrarse y adentrarnos en el pensamiento del filósofo del Jardín ( en su entrada estaba escritor: « Extranjero, aquí harás bien en demorarte; aquí el máximo bien es el placer»), desvelando las interpretaciones erróneas ya sea por ignorancia o por mala fe que de su filosofía se ha hecho. La austeridad, la sencillez, la evitación de los efímeros placeres, dominan se pensamiento que buscaba privilegiar el gozo, entendido como el recurso a los placeres , con moderación, ya que las dos caras de éstos, al menos de algunos es obvia, funciona a la manera del farmakon griego; cura y mata; así pues, el hedonismo epicúreo se centra en evitar el dolor, no temiendo a los dioses, no preocupándose de la muerte, apostando por la facilidad a la hora de conseguir lo bueno y siendo consciente que el soportar ciertos males no es una tarea ímproba.

Detectar cuál es el motivo de nuestros pesares, supone un paso esencial de cara a ponerle remedio; como queda ya nombrado Epicuro señala el temor como un factor esencial que entorpece de la existencia humana, ya que el temor a algo provoca más dolor que el propio algo en sí, ya que provoca una tensión permanente que planea sobre nuestra mente; al igual que el deseo de metas inalcanzables conlleva la frustración segura. Juega un papel esencial en la visión epicúrea al conocimiento real de lo que nos rodea y en se sentido huye de las fantasmagorías del más allá o seres supuestamente creadores y similares, situándose en un más acá material que está compuesto de átomos ( no es de extrañar que teniendo en cuenta estas posturas el filósofo resultase de gran interés para Marx – al que por cierto la profesora ni menta- que le dedicó su tesis, basándose en las diferencias con Demócrito, además de considerarle un bastión contra la miseria y la superstición) . Estos presupuestos naturalmente se aplicaban tanto al mundo natural como al humano . Por este camino avanza, y nos guía, Catherine Wilson, introduciéndonos en aspectos de la vida cotidiana de hoy ( amistades, miedos, cómo enfrentarse a las dificultades, la importancia de los sentidos y de las sensaciones, etc.), pensadas a través del filtro de las concepciones epicúreas sobre los sentidos, las creencias, el mundo y el lugar de los humanos en él, extendiendo las lecciones la actualidad y a algunos de los temas que preocupan a los hombres, y a las mujeres, de hoy: el hedonismo, el consumismo, las visiones sexistas y discriminatorias ( por cierto, en el Jardín cabían los esclavos y las mujeres en pie de igualdad con los hombres) .

Pierre Hadot se detenía el la figura de los ejercicios espirituales heredados por el cristianismo de las filosofías del helenismo – , actividad que tenía su importancia en particular en el seno del epicureísmo, ya que confiaban en la capacidad de dominar los sentimientos , las pasiones, y los deseos, cuestión en la que las divergencias con los estoicos eran de importancia: mientras que para los epicúreos la distinción entre nomos ( convenciones y normas humanas) y phisis ( leyes de la naturaleza)era esencial , los estoicos tenían tendencia a posicionarse del lado de un determinismo que convertía lo que acontecía como resultado de leyes naturales, salvo en las cuestiones de índole personal; de ahí se seguía la postura universalista de los estoicos frente al relativismo epicúreo que daba suma cabida e importancia a la libertad ( en las últimas páginas de la obra, se expone de manera asequible y certera las diferencias entre ambas corrientes; cfr.: pp. 236-244). Placer frente a virtud como respectivos principios rectores.

P.S.: Sí quisiera señalar que en lo que hace a la Bibliografía, la cosa deja bastante que desear. Usar ciertas ediciones como la que se menciona de De la naturaleza de las cosas, de Orbis, en edición de 1984, no sirve para orientar a nadie ya que: 1) tal edición no existe, del mismo modo que la editorial, y ) hay versiones más actuales y conseguidas como la de Acantilado que publicó en 2012 De rerum natura / De la naturaleza, en traducción de Eduard Valentí Fiol (Un poeta, fil�sofo y cient�fico intempestivo – GARA ). En lo que hace a las indicaciones bibliográficas « para el lector que desee investigar más a fondo…» solamente aparecen obras en lengua inglesa; no hubiese estado de más añadir una somera bibliografía en castellano, como las ya clásicas de Benjamin Farrington ( La rebelión de Epicuro ), de Carlos García Gual ( Epicuro o La ética de Epicuro) o la obra de este último en colaboración con María Jesús Imaz ( La filosofía helenística) o el estudio de Emilio Lledó ( El epicureísmo, una sabiduría del cuerpo, del gozo y de la amistad) por nombrar unos cuantos, o hasta el simpático librito de Maite Larrauri ( La amistad según Epicuro). También podría nombrarse un libro que hace algún tiempo comenté en esta misma red: Las presencias de Epicuro – Kaos en la red , artículo en el que por cierto se dan varias referencias bibliográficas.

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