Entrevistadores y políticos

&nbsp Pastelear, en el argot castellano, es hacerse cóm­plice amable de otro, pese a fin­gir cierta dureza con él. Una dureza (ese ponerle en un aprieto al político entrevistado) que la merecen como niños malcriados quie­nes juegan a asustar, a crispar y a es­candalizar sin ton ni son y haciendo campaña, por ejemplo, con fra­ses peligrosas del orden de ese «España se rompe» oído tan­tas veces a los impresentables del partido opositor.

&nbsp Anoche el periodista y humorista Buenafuente entrevistó a Rajoy en la cadena televisiva La Sexta, de talante “muy de izquierdas”…

&nbsp Ese «España se rompe» de Rajoy, que ha funcionado durante me­ses y que se ha hecho tan famosa como el «por qué no te callas» del coronado, merecía algo más que lo que hizo el Buenafuente anoche en la entrevista. No es la mejor manera de aparecer como incisivo periodista y humorista (que se supone audaz aunque sólo sea por­que con humor todo entra me­jor) pasar a otra pregunta cuando, después de haber tenido el entre­vistado a parte de este país sobre­cogido por esa amenaza de «rup­tura», dice ahora que donde dije digo dije Diego y que «España no se rompe y es muy plural«.

&nbsp ¿No debiera habérselas ingeniado el entrevistador para deslizarle otra pregunta (o comentario) a continuación del tipo ¿no cree usted que los políticos son a veces un poco ligeros de cascos con ciertas frases que retumban por su gravedad y que sólo pueden admitirse dichas en privado o con mucho humor? Eso, o algo por el estilo hubiera sido ponerle en un aprieto. Lo demás fueron paparruchas.

&nbsp Por lo demás, todos los periodistas en esta y otras materias son una misma cosa: unos vividores de frases y amenazas que a millo­nes de ciudadanos hacen mucho daño y asustan.&nbsp Y ese frívolo y alarmante dislate del «España se rompe» es una de ellas…&nbsp

&nbsp Otros dicen que generalizo en esto demasiado. Pues bien, diga­mos que, ya que hablamos de televisión, hay media docena de pe­riodistas audaces (audacia en esta materia es ser normal) que reco­rren las cadenas nacionales posicionados abiertamente con el pen­samiento de la iz­quierda, que es tanto como decir del pensamiento más normal. Pero como la moderación de los debates corre a cargo de otros colegas que no son tan valientes y están amarrados por la di­rección de la cadena y por la publicidad que todo lo puede, resulta que por norma les cuesta mucho hacerse oír. Son interrumpidos, cortados, confun­didos sus alegatos constantemente por los ladridos de los periodis­tas abiertamente de derechas, y por los representan­tes del partido de derecha extrema que han acudido al programa de turno para des­granar la actualidad. Eso, cuando sobre la algarabía del plató que impide entender algo de lo que están diciendo, se so­breimpresionan escenas de vídeo del día a su vez ruido­sas. Los unos -los de siempre- hablan tranquila y cínicamente, mientras esos escasos periodistas de izquierda incisivos y al mismo tiempo mode­rados, han de hacer una de estas dos cosas: poner la voz en grito o marcharse del plató.

&nbsp Cada día me producen más náuseas la política asquerosa y la pre­tenciosa profesión de periodista politólogo. Aquí, en este puñetero país nada es normal. Ese centro del que tanto se habla y que no es sino mero comedimiento, jamás existirá mientras este país se em­peñe en perpetuar la pendencia del “Moros y Cristianos”.

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