[Entrevista] Lo que enfrentan los migrantes de Honduras para llegar a Estados Unidos

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El aumento de migrantes detenidos, deportados y repatriados se ha agravado de manera vertiginosa e incluye a territorios de casi toda la América Central, además de México, en especial, para entrar en tierras estadounidenses. Para que se tenga una idea de la cantidad de personas que se arriesgan a migrar clandestinamente de un país a otro, en condiciones de profunda vulnerabilidad, en el año 2013 los registros del Departamento de Seguridad de Estados Unidos señalan 368.644 traslados. Y éstos son sólo los números oficiales.

Dentro de esa realidad, Honduras es hoy una de las principales naciones cuya población se aventura, diariamente, en rutas de fuga por caminos y desiertos, en el intento por escapar de una sociedad que no ofrece medios de desarrollo ni protección ante la violencia estructural constante. Ésta incluye la militarización de la sociedad, falta de acceso a la educación de calidad o al trabajo digno, además de la ausencia de políticas efectivas de protección de los derechos de los grupos vulnerables, como la infancia y la adolescencia, que sufren en un contexto de «criminalización de la juventud”.

Para discutir cómo hondureñas y hondureños vivencian la migración, incluyendo a jóvenes y niños, Adital entrevistó en exclusividad a Yolanda González, coordinadora de la sub-región América Central y América del Norte (Cana) de la Red Jesuita con Migrantes. La organización actúa en la articulación de las obras de la Compañía de Jesús por la región centro y estadounidense, promoviendo un trabajo junto a los migrantes, sus familiares y otros actores sociales de transformación, que son parte de la línea que abarca desde los países de origen, hasta el tránsito, el destino y el retorno de esa población.

Según Yolanda, en el medio del camino los migrantes se vuelven presas fáciles para traficantes y otros grupos del crimen organizado, además de agentes estatales corruptos que los someten y varios tipos de violaciones de derechos humanos. Particularmente, las mujeres y niños. Esto puede expresarse como extorsión, asalto, violencia, estupro, tráfico de personas, trabajo forzado y asesinato.

Los/as hondureños/as salen de su país en condiciones socialmente vulnerables y, si retornan a su patria, llegan en situación todavía peor. Yolanda cuenta que los detenidos, deportados o repatriados llegan de vuelta a Honduras con una gran sensación de fracaso, frustrado el único proyecto de vida que tenían en mente. Financieramente también, ya que muchos de ellos se deshacen de todas sus pertenencias para invertirlas en el traslado. Además, sufren la estigmatización de la sociedad, pasando a ser vistos como delincuentes.

¿Los motivos para migrar? «Porque continuamos teniendo hambre y miedo”, responden algunos de ellos, en entrevistas con organizaciones sociales. Y este contexto puede llevar a un/a hondureño/a a migrar una, dos, tres o varias veces, siempre con la intención de construir una nueva vida en Estados Unidos. Hoy, ese público no sólo contempla al grupo de hombres jóvenes, sino también al de mujeres solas, con hijos, o hasta niños no acompañados.

Yolanda González actúa en la asistencia a migrantes en países de América Central y del Norte. Foto: Archivo personal.

ADITAL – ¿Hay estimaciones de cuántos inmigrantes han retornado para Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador, básicamente) tras la deportación de EE.UU.? Este número creció en relación a otros años?

Yolanda González – El aumento de migrantes detenidos, deportados y repatriados se ha agudizado de manera vertiginosa, tanto de Estados Unidos como de México. Según datos oficiales de U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE), instancia investigativa del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, en el año 2013 se realizaron 368.644 traslados de personas migrantes por medio de la remoción.

La figura de remoción contempla tanto a las personas que son deportadas dentro de Estados Unidos como aquellas que son aprehendidas (y rechazadas) al intentar ingresar a territorio estadounidense sin los permisos correspondientes. De la cantidad total de remociones, 133.551 fueron de personas aprehendidas dentro Estados Unidos; mientras que 235.093 correspondieron a personas que intentaban ingresar de forma irregular. De la cantidad total de remociones, 241.493 eran de personas de origen mexicano, 47.769 personas provenían de Guatemala, 37.049 eran de origen hondureño, 21.602 eran salvadoreñas y 1.383 nicaragüenses (ICE, 2014).

En octubre de 2014, el Instituto Nacional de Migración de México (INM) informó que entre enero y agosto 2014, 63.092 migrantes centroamericanos fueron detenidos y repatriados a sus países de origen. De ellos, 12.038 eran menores de edad. Este número es significativamente más alto que en los primeros ocho meses de 2013, donde fueron repatriados un total de 49.201 migrantes centroamericanos, incluidos 5.097 menores de edad. De hecho, en los primeros ocho meses de 2014 México ha repatriado a más niños centroamericanos que en todo el 2013 (8.446).

ADITAL – ¿Hay muchas mujeres, niños y adolescentes? Cuál es el perceptual?
YG –
A pesar de que lamigración sigue teniendo el rostro de hombre, y entre joven y adulto, existe ya un patrón creciente de nuevos rostros y flujos: mujeres solas; mujeres cabeza de familia (que se van con sus hijos); menores no acompañados.

De octubre de 2013 a julio de 2014, la Patrulla Fronteriza estadunidense detuvo a 62.998 niños y adolescentes no acompañados menores de 17 años, el doble que en el mismo periodo del año fiscal anterior, cuando se detuvo a 31.491 niños y adolescentes que viajaban solos. Honduras es el país del que procede la mayoría de estos menores (17.582), seguido de Guatemala (15.733), El Salvador (14.591) y México (13.675), precisó la Patrulla Fronteriza en un comunicado.

También informó del aumento significativo del número de familias detenidas en la frontera, es decir, de adultos que viajan con niños, siendo en muchos casos mujeres cabeza de familia: 62.856 en lo que va del año fiscal, frente a las 11.001 en el mismo periodo del año fiscal 2013.

Es importante señalar que el aumento de niños/as y adolescentes ha incrementado notoriamente en los últimos años, tal y como lo habían advertido organizaciones como Casa Alianza. Es decir, la llamada «crisis de los menores migrantes” en realidad es una «crónica de una crisis anunciada”. De acuerdo conPew Research Center, entre el 2009 y el 2014 el crecimiento de los menores que emigran solos de Honduras a Estados Unidos creció 1.272%; en el caso de Guatemala, 930%; y 707% en El Salvador. De ellos, 60% son niños y 40% niñas. Y si antes la mayoría tenía entre 16 y 17 años, ahora crece el número de quienes tienen menos de 14 años.

El incremento de menores no acompañados — aunque mucho menos abrupto — también fue registrado por el Instituto Nacional de Migración de México entre los centroamericanos que deportó desde su territorio: de 1.946 en 2009 a 5.389 en 2013. El total de menores en ese lapso pasó de 3.985 a 8.180; 44% procedentes de Honduras. El peso de los menores en el total de deportados saltó de 6% a 11% y la proporción de menores no acompañados entre el total de menores subió 17 puntos: de 49% a 66%. El país con mayor índice de menores no acompañados sobre el total de menores es Guatemala, con 74% en 2013 [dados do Centro de Estudios Migratorios].

Actualmente, mujeres solas o con sus hijos también pasan por la ruta migratoria. Foto: Reproducción.

ADITAL – ¿Cual es la situación en que estas personas regresan tras intentar ingresar en EE.UU. (condiciones de salud, financieras, emocionales)?

YG – Llegan en situaciones mucho más vulnerables. Emocionalmente, con una sensación de fracaso, ya que, en muchos casos, se frustró el único proyecto de vida que tenían en mente. Financieramente, el decidirse a migrar suele ser una «inversión”, es decir, la gente vende sus tierras, sus pertenencias o se endeuda, por lo que volver deportado significa estar en mucha peor situación. Esto también afecta a la salud emocional, ya que no solo se sienten fracasados, sino que han frustrado las expectativas de la familia. Sin contar la ansiedad y estrés que supone el haber pasado por las penurias del tránsito. Y, por último, la estigmatización que sufren muchas personas deportadas, que son vistas como criminales.

ADITAL – ¿Estas personas relatan se han sufrido algún tipo de violencia en su intento de pasar por la frontera? ¿Y también en su recogido por México? ¿Cuáles son los principales tipos de violencia?

YG – Las políticas restrictivas vinculadas a la seguridad nacional han desembocado en el reforzamiento del control hacia los migrantes y a una mayor militarización de las rutas migratorias, especialmente de las fronteras. Existe una marcada tendencia a criminalizar el fenómeno migratorio, convirtiendo la indocumentación en un delito, lo que contribuye a que los migrantes sean presas fáciles de traficantes y funcionarios corruptos que los someten a las más terribles formas de violación a sus derechos humanos, particularmente cuando se trata de grupos más vulnerables como las mujeres y la niñez.

Esto ha llevado al desplazamiento de las rutas migratorias hacia zonas más aisladas y riesgosas, y convirtiendo estas rutas en unas de las más peligrosas del mundo. Hoy las regiones fronterizas han pasado a jugar un papel fundamental con respecto a las acciones vinculadas al crimen organizado, donde los migrantes irregulares son víctimas vulnerables de bandas (trata y tráfico de personas) y de la corrupción administrativa (abuso de autoridad, extorciones, entre otras), siendo los ejemplos más dramáticos las masacres de migrantes — en su mayoría centroamericanos — por parte de las bandas del crimen organizado.

En este sentido, podría decirse que la migración de Centroamérica a EEUU se volvió una de las más peligrosas del mundo tanto por la presencia de delincuentes a lo largo del camino como por los espacios naturales extremos que los migrantes deben cruzar para llegar a EEUU.

Según un informe (Narrativas de la Transmigración Centroamericana en su paso por México, 2013) un 72,9% de los hondureños entrevistados fueron categóricos al señalar que durante su tránsito por México sí habían sido objeto de golpes, robos o amenazas, y sólo 27,1%, sostuvo que no se cometió ningún tipo de violencia en su contra. Con respecto a quién ejecutó la agresión física o psicológica, 45,71% fueron ejecutadas por las autoridades y 33,23% por civiles.

Dado que la migración es un proceso humano y social, los migrantes intentan pasar de todas maneras, y lo hacen por corredores de tránsito irregular que se crean en los márgenes de la frontera. En estos corredores, fueron atraídos autoridades corruptas y grupos delincuenciales, situados en posición de fuerza, que están en capacidad de dejar pasar y de imponer la cuota arbitraria del cruce. Ponen el precio del cruce.

Entre más dificultad de cruzar, más los migrantes recurren a los coyotes. Pero los saberes y los contactos de los coyotes tradicionales se fueron volviendo ineficaces para cruzar la frontera. Los coyotes tuvieron que enlazarse con las redes del crimen organizado, único actor con los medios suficientes para forzar los sistemas de control fronterizo modernos.

La lucha contra el tráfico de droga empujó a los Cárteles a reforzar su control sobre los espacios de tránsito irregular, a diversificar sus actividades y a adueñarse de estos espacios por la violencia y el terror. Y a tener en monopolio de las actividades ilegales en los 2.000 a 4.000 km del cruce de México y de los 3.170 km de la frontera de EE.UU. Controlan la frontera ilegal del lado mexicano como estadounidense.

La presencia del narco hizo degenerar todo. Esta inseguridad no es algo delimitado a las rutas de tránsito indocumentado, es a nivel nacional, pero sí se encuentra más concentrado en los corredores de migrantes indocumentados donde puede actuar con más libertad que en los espacios que le disputa al gobierno. En estos corredores, el Estado no parece meterse ni rendir cuentas.

Empezó a degenerar la violencia que se abate contra los indocumentados: antes, la delincuencia asaltaba, ahora el narco se sirve en los migrantes. Gestión del tráfico de indocumentados con las capacidades de los cárteles (con radios de alta frecuencia, escoltas armados, bodegas, uso de indocumentados como anzuelo para concentrar las patrullas fronterizas para pasar la droga por otra parte, capacidad para corromper autoridades en México como en EEUU, etc.; pago de derecho de paso/impuesto). Expansión de la capacidad de agresión y chantaje: se crea con la industria del secuestro de migrantes (20.000 según la Comisión Nacional de DDHH de México, piden 2 mil, 4 mil, 6 mil dólares por cabeza). Ésta está alimentada en gran parte por la capacidad de infiltración del crimen organizado en las autoridades.

Los migrantes deben cruzar por territorios peleados por los cárteles (luchas por el control de las rutas) y donde se desata un nivel sin límite de violencia contra los actores más vulnerables que son los migrantes en tránsito(asesinatos, decapitación, violación). Un indocumentado no vale nada más que lo pueden sacar de él.

Ante las dificultades del paso, se ha desencadenado la inflación de los precios de los coyotes (de 4.000 en 2005 a unos 8.000 dólares en 2014). Y los que no tienen para pagar coyote deben pagar solo el derecho de paso (en el tren, en el desierto, etc.). Y el que no puede pagar en efectivo tendrá que pagar de otra manera. Se revienta la desigualdad entre los que tienen para ir con coyote prepagado y los que no.

En los márgenes de la frontera, la dominación masculina que rige en la legalidad se encuentra a rienda suelta: la violación a las mujeres es generalizada en el camino (80% según Foro Migraciones, 2007).

También se han identificado riesgos según el medio de transporte que usan los migrantes: 1) en tren: muerte o amputación por caídas del tren, por inseguridad al asegurarse en el vagón, cansancio y somnolencia, además de acecho de pandilleros y delincuentes; 2) en furgón: asfixia, accidentes por vuelcos y detección fronteriza; 3) en cayucos o balsas: ahogamientos, naufragio e insolación.

En agosto de 2014, el gobierno mexicano también prohibió que los migrantes viajaran en los trenes de carga hacia el norte de la frontera entre Estados Unidos y México. Y lo hizo aumentando la velocidad del tren y las barreras físicas en varias áreas que impiden a los migrantes subir a bordo. Los informes de los albergues para migrantes también sugieren que sean creados puestos de control móviles a lo largo de las principales carreteras del norte.

Entre 2009 y 2014, la cantidad de niños y adolescentes que emigraron solos de Honduras a Estados Unidos creció un 1.272%. Foto: Reproducción.

ADITAL – Cuando son detenidas en EE.UU., ¿cómo estas personas son tratadas por los oficiales estadunidenses?

YG – La seguridad fronteriza nunca ha sido ni tan dura y ni tan financiada. Los procesos judiciales por «entrada ilegal” se han incrementado en 130% desde 2007. El gobierno está gastando 18 billones de dólares en seguridad fronteriza. La patrulla fronteriza cuenta con más de 21.000 agentes, el doble desde el 2005 y cinco veces más que en el 1993. Ahora hay drones y helicópteros Blackhawkoperando en la frontera. Hay 700 millas de cerca. Cerca de 400.000 personas son deportadas por la administración al año al año.

Según el informe Fallas Documentadas: consecuencias de la política migratoria en la frontera de EE.UU. y México, Iniciativa Kino para la Frontera 2013 (4.963 encuestas a migrantes deportados en frontera), algunas de las principales preocupaciones son:

Abusos: aproximadamente uno de cada cuatro migrantes (24,8%) — 797 de los encuestados en el Centro de Atención a Migrantes Deportados (CAMDEP) en Nogales, Sonora — declararon haber sido víctimas de algún tipo de abuso cometido por los agentes de la Patrulla Fronteriza de los EE.UU. La agresión verbal es el tipo de abuso o maltrato más común que sufrieron los migrantes a manos de los agentes de la Patrulla Fronteriza. Más de uno de cada seis mujeres (17,6%) y el 12,6% de los hombres fueron víctimas de este tipo de abuso. Alrededor del 5,6% de los migrantes fueron maltratados físicamente por agentes de la Patrulla Fronteriza.

Negación del contacto con el consulado: uno de los derechos más básicos que tiene todo extranjero, arrestado en los Estados Unidos, es que se le permita establecer contacto con su consulado. Existe una considerable cantidad de evidencia que demuestra que a los migrantes no se les proporciona suficiente información sobre este derecho y que incluso les es negado de manera rotunda por las autoridades migratorias de los EE.UU., cuando están conscientes de que lo tienen. Patrulla Fronteriza es la que más probablemente, por un gran margen, infringe este derecho.

Separación familiar: la separación de los migrantes de los familiares con quienes viajaban al momento de ser aprehendidos y deportados por la Patrulla Fronteriza de los EE.UU. El informe sugiere que la separación familiar durante el proceso de deportación se lleva a cabo de manera descontrolada. De entre los 1.692 migrantes deportados que contestaron esta pregunta, más de la mitad (53,1%) habían sido separados de un familiar o amigo, y uno de cada cuatro (25,2%) migrantes deportados fue separado(a) de un integrante de su familia inmediata.

Especialmente preocupante es el caso de las personas que huyen por violencia y tienen derecho a protección internacional. Según diversos informes (Human Rights Watch, «You don´t have rights here”, 2014), cuando interceptan al migrante en la frontera, los migrantes son sujeto de un procedimiento expedito de deportación, y en muchos casos la Patrulla Fronteriza no les haz la pregunta de si tiene miedo de volver a su país (que sí aparece en el formulario). Incluso, cuando las personas migrantes le dicen, no hacen caso.

Según la ley estadounidense, las patrullas de fronteras deben identificar si las personas tienen miedo de volver a su país por violencia y, en ese caso, referirlas a la oficina de asilo, quien determinará si existe temor fundado y creíble. Esto ha dado como resultado que personas que han tenido que huir porque estaban amenazadas de muerte o eran víctimas de violencia doméstica, o de maras y pandillas, han sido devueltas a su país, lo cual aumenta considerablemente suvulnerabilidad y riesgo.

Migrantes mutilados en accidentes durante el trayecto en los trenes de las rutas migratorias. Foto: Francisco Olvera.

ADITAL – ¿Los migrantes deportados afirman se van a intentar nuevamente ingresar en EE.UU.?

YG – Para tener una idea del flujo migratorio indocumentado en tránsito por México y con destino hacia EE.UU., según las estadísticas de 2013, la Red de Documentación de las Organizaciones Defensoras de Migrantes de México, 47,9% de los migrantes hondureños encuestados aseguró que sí era la primera vez que se encontraba transitando por tierras mexicanas rumbo a Estados Unidos, pero más de la mitad, el 52,1% sostuvo que no era la primera vez en tránsito por México y, de éstos, la mayoría, el 95,95%, ya había estado dos, tres, cuatro y más veces.

¿Los motivos? Ellos mismos lo responden nada más ser deportados: «porque seguimos teniendo hambre y miedo”. Un indicador de que esto sucede es que en muchos casos, las negociaciones con los coyotes incluyen hasta dos o tres intentos por el precio pagado.

ADITAL – ¿Cuales son las razones principales para que las personas busquen salir de Honduras y viajar a EE.UU.?

YG – Estamos ante un fenómeno multicausal. Cada vez más hay tres razones que se pueden entrecruzar: la reagrupación familiar, la situación económica (cada año se suma a la población económicamente activa 200 mil jóvenes, de los cuales únicamente logran empleo 70 mil) y la violencia (con tasas de 80 homicidios por cada 100.000 habitantes, llegando en algunas ciudades como San Pedro Sula a tasas de 170 homicidios por cada 100 mil habitantes).

Según el investigador José Luis Rocha, en las diferentes entrevistas a lo largo de 2014 con jóvenes migrantes, se repite una historia arquetípica: el plan de reunirse con su madre que hace años vive en Los Angeles o Maryland, ya que en Guatemala u Honduras tienen más probabilidades de conseguir un balazo en la frente, como varios de sus conocidos, que un empleo decente, como casi nadie. Las tres motivaciones pueden convivir en un mismo migrante: evitar la violencia, el desempleo y la separación familiar. El ejemplo que mejor puede reflejar esta combinación es el de la extorsión, que traslapa la violencia y lo económico.

Es importante, sin embargo, no quedarse en un discurso muy utilizado últimamente: la gente en Honduras se va por culpa de las maras. Es cierto que las maras y los diversos delitos en los que incurren estos grupos (extorsiones, palizas, reclutamiento forzoso, asesinato…) son uno de los actores relevantes causantes de muchas decisiones desesperadas, incluso de arriesgar la vida en el tránsito por México, porque en sus países de origen ya la dan por perdida. Y no es nada nuevo que la violencia del triángulo norte se nutre de organizaciones criminales transnacionales (maras, narcotráfico…). Ahora bien, es importante ir más allá de este actor. Es necesario atinar a las causas reales de la migración.

El Estado de Honduras no ofrece alternativas de desarrollo ni protección ante la violencia estructural que se vive cotidianamente, más allá de la militarización de la sociedad, lo cual en vez de atenuar, acentúa más el problema. Los niños y las niñas no logran acceder a una educación de calidad, ni a un horizonte de trabajo digno, justo en un momento demográfico en el que predomina la población infantil y juvenil. En este sentido, la falta de políticas efectivas de protección de los derechos de los grupos vulnerables, como la niñez y adolescencia ha sido continuamente denunciada en Honduras así como la «criminalización de la juventud”.

Según un informe de ACNUR [Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados] realizado a partir de entrevistas a menores centroamericanos y mexicanos detenidos, el 56% de éstos requieren de protección internacional. Del año 2005 a 2012 hubo un aumento del 346% en los asesinatos de mujeres y niñas en Honduras. En 2001, se produjeron 1.068 ejecuciones extrajudiciales de menores de 23 años, 911 en 2012. Estamos hablando de un Estado que permite una tasa de homicidios de 80 personas por cada 100.000 habitantes.

La migración no puede tratarse aisladamente, ni con respuestas coyunturales. Es un fenómeno que se sustenta en bases económicas, sociales, históricas y políticas, que es necesario rastrear para no quedarse con las respuestas de la primera plana de los periódicos, que pronto serán sustituidas por otra noticia igual de dramática.

Cinco factores en el caso de Honduras: a) los ajustes estructurales de la economía a partir de los 90, que, con entusiastas expresiones de «Todos a apretarnos la faja por una Honduras mejor”, devaluaron la moneda, eliminaron la reforma agraria, disminuyeron el gasto en salud y educación, se abrió la puerta a los inversionistas, se incursionó en la agroindustria y la palma africana; b) el huracán Mitch, que devastó la infraestructura, producción, economía y situación social de la mayoría; c) los TLC que colocaron a la economía hondureña en la más absoluta precariedad y dependencia de las economías multinacionales; d) el golpe de Estado de 2009, que aceleró los dinamismos de inestabilidad y deterioro de la sociedad; e) la corrupción e impunidad de los políticos y funcionarios públicos que han usado los bienes del Estado como un botín.

En muchos casos, los migrantes son sometidos al dominio de grupos delictivos, agentes estatales corruptos, con extorsión y violencia. Foto: Reproducción.

ADITAL – ¿Cómo los deportados pueden recomenzar sus vidas en Honduras? ¿Hay algún tipo de ayuda oficial?

YG – La ayuda al migrante deportado se limita solamente a programas de recepción, liderados por organizaciones sociales. Este es el caso del programa del CARM (Centro de Atención al Migrante Retornado), que coordinan las hermanas escalabrinianas (Pastoral de Movilidad Humana) en los aeropuertos de San Pedro y Tegucigalpa, a donde llegan los vuelos de Estados Unidos.

En la frontera de Corinto (Honduras-Guatemala), a donde llegan los deportados de México, no hay un programa como tal, sino que hay algunas iniciativas de organizaciones como Cruz Roja o Casa Alianza, que hacen el registro de ingreso, entregan bebida, comida, el baño y una llamada telefónica — en algunos casos apoyo psicosocial o alguna ayuda especial. Con la crisis de los menores migrantes se llevaron a cabo ciertas mejoras en cuanto a los centros de recepción de los menores. Sin embargo, ninguna de las medidas afecta a las condiciones de vida que motivaron a las personas a irse de Honduras.

ADITAL – ¿Hay perspectiva de que EE.UU. cambie su política hacia los migrantes indocumentados? ¿Qué podría ser mejorado en la ley estadounidense a los migrantes indocumentados?

YG – La reacción ante la «crisis de los menores migrantes” ha sido motivo de una creciente lucha entre demócratas y republicanos motivada por intereses electorales. Obama [Barack Obama, presidente de los EE.UU.] pidió al Congreso para afrontar la crisis 3,7 millones de dólares. Los republicanos presentaron una contrapropuesta, de 1,5 mil millones, sobre todo para aumentar el financiamiento de la Patrulla Fronteriza. El Departamento de Estado de Estados Unidos solicitó al Congreso destinar 86 millones de dólares de la Iniciativa Mérida hacia el Programa Frontera Sur de México.

En la práctica, durante todo este período, el gobierno de EE.UU. endureció su política migratoria. Enfatizó reiteradamente que está cerrado el ingreso de migrantes menores en situación irregular. Ignoró el derecho a la reunificación familiar. Dificultó el que los detenidos tengan acceso a un abogado para que las o los defienda ante el juez de migración porque han visto que cuando esto sucede se incrementa la posibilidad de que se queden en EE.UU. Incrementó el número de centros familiares de detención en Artesia, Nuevo México, Karnes y Dilley, Texas. Este último diseñado para tener 2.400 camas (Comité de Migración de la Conferencia Episcopal de EE.UU.).

Esta crisis también ha sido aprovechada para impulsar una política diseñada por el gobierno de EE.UU. a la que se han alineado los de México y el triángulo norte de C.A., desde una perspectiva de seguridad nacional, que pretende cerrar y militarizar más la frontera de EE.UU. con México, de México con Guatemala y Belice, y de Guatemala con El Salvador y Honduras para reducir el flujo de inmigrantes.

El enfrentar la priorización dada al control y a la seguridad policíaca y militar (especialmente en las fronteras) es un desafío cada vez mayor. EE.UU. se asocia con las autoridades regionales de migración, unidades militares y operaciones especiales de la policía. Estas asociaciones adoptan la forma de capacitación, equipamiento y financiación de unidades militares en Guatemala, Honduras, El Salvador y México, que deportan a personas, a menudo niños, familias y solicitantes de asilo que buscan protección internacional.

Por ejemplo, en un comunicado oficial, el Secretario de Prensa de la Casa Blanca informó: la Policía de Operaciones Especiales hondureña, con la formación y la financiación de la asistencia de la INL y la CBP, pusieron en marcha la Operación Rescate «Ángel» en la frontera entre Honduras y Guatemala. La operación está diseñada para aumentar las intercepciones de migrantes que tratan de emigrar de manera irregular a Estados Unidos. Además, ha esta crisis ha sido utilizada para impulsar la Alianza por la Prosperidad por parte de los países del triángulo norte y Centroamérica, que ha sido llamado una especie de «Plan Colombia Progresista”.

En noviembre, el presidente Obama ha llevado a cabo varias iniciativas ejecutivas en favor de los migrantes. Algunos dicen que para recuperar la confianza y el apoyo perdido entre el electorado hispano: a) el 15 de noviembre, el gobierno del presidente Barack Obama anunció un Programa de Admisión de Refugiados para menores migrantes que permitirá al padre o la madre que vive legalmente en EE.UU. solicitar gratuitamente el refugio para sus hijos menores de 21 años y solteros que están en Guatemala, Honduras y El Salvador; b) el 20 de noviembre, el presidente Obama dio un decreto presidencial que abre posibilidades regularizarse o ampliar la regularización a algunos sectores (dreamers, padres que califican). Sin embargo, estas iniciativas están paralizadas por el fallo de un tribunal federal en contra de las mismas en febrero de 2015.

Población se moviliza por más protección a los migrantes. El cartel dice: «migrantes no son criminales”. Foto: Reproducción.

ADITAL – Hablemos un poco sobre el trabajo de los jesuitas con los migrantes centroamericanos, principalmente los que son deportados.

YG – La Red Jesuita con Migrantes Centroamérica y Norteaméricaes la articulación de las obras de las Provincias de Centroamérica, México, Estados Unidos y Canadá de la Compañía de Jesús que promueven el trabajo con las personas migrantes, sus familiares y otros actores de cambio en los países de origen, tránsito, destino y retorno.

Hace ya doce años que se echó a andar este proceso. La Red tiene un modelo de intervención apostólico integral, basado en tres dimensiones: la dimensión social, de incidencia e investigativa, y con una propuesta de «inter-dimensionalidad”, que tiene como punto de partida el acompañamiento directo a los migrantes y familias; en base a éste se identifican los temas prioritarios de interés para ser estudiados; se lleva a cabo la investigación de dichos temas, preferentemente mediante una investigación aplicada; y los resultados sirven como fundamento para sensibilización e incidencia política.

Un ejemplo de esa inter dimensionalidad lo encontramos en el trabajo con las personas deportadas. En varios países, desde la dimensión social, se atiende a migrantes retornados o deportados: se acompaña a comités de migrantes deportados y, en el caso de Honduras, al Comité de Migrantes Retornados Discapacitados (muchos de ellos perdieron un miembro en el tren en México); se les ofrece acompañamiento psicosocial, grupos de autoayuda; y se promueve la inserción en la comunidad.

En la dimensión de investigación, se han hecho algunas investigaciones sobre la situación de las personas deportadas y el impacto social y en sus familias. Y desde la incidencia, se ha puesto en marcha una campaña de «cultura de hospitalidad”, en donde uno de sus ejes ha sido el contribuir a desestigmatizar a las personas deportadas, que, en muchos casos, son vistos como fracasados o como criminales. También las propuestas de programas gubernamentales de reinserción.

Traducción del texto de apertura: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

(colaboró Benedito Teixeira)

http://www.adital.com.br/?n=cuxv

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