Entrevista a Iñaki de Juana Chaos. Un paria vasco en el exilio

(traducción de Basilio Pozo-Durán) (clic aquí para leer la entrevista original en inglés)

Iñaki de Juana Chaos ha sido el claro favorito para el título de hombre más odiado en el Estado español desde que fue condenado por 25 asesinatos como líder del Comando Madrid de ETA a finales de los ochenta. Paddy Woodworth se reunió con él la semana pasada en Belfast, donde lucha contra un caso de extradición.

La matanza de Iñaki de Juana Chaos por la causa nacionalista vasca no es el único motivo de indignación en el Estado español, ni por lo que su caso de extradición es una de las historias más populares en el país.

Lo lúgubre de la conducta de un De Juana desafiante en los tribunales españoles, su negativa a expresar la más mínima compasión por sus víctimas y, sobre todo, algunas repugnantes y ampliamente publicitadas supuestas declaraciones que habría realizado en la cárcel, se han combinado para permitir que los medios de comunicación hostiles lo conviertan en un monstruo a los ojos de muchos españoles.

Al encontrarnos con De Juana (53 años) informalmente en un bar republicano de Belfast la semana pasada, y más tarde en la oficina de sus abogados, presenta una imagen muy diferente a la del hombre duro, el “frío narcisista” descrito por los psiquiatras de la cárcel. Su rostro muestra el desgaste de su historia y sus huelgas de hambre, sin embargo, parece recio, en forma y muy atento. Él no es un príncipe encantado, pero es afable y muestra sentido del humor, aunque se vuelve de piedra ante las preguntas difíciles.

Hay que recordar, por supuesto, que se enfrenta actualmente a la extradición al Estado español con cargos relacionados con terrorismo que podrían enviarlo de vuelta a la cárcel por largo tiempo. También, que la entrevista principal tiene lugar en presencia de un asesor jurídico, que intenta en varias ocasiones sacar de la entrevista las preguntas más susceptibles.

Para entender por qué De Juana está a día de hoy en Belfast, tenemos que regresar a 2005, cuando saltó a las noticias por su libertad anticipada. Esto desató una ola de furiosidad mediática, protestas políticas y públicas. Sólo había cumplido 18 de unos 3000 años de condena. Pero la misma ley que permitió, en teoría, una pena tan extraordinaria, limitó la pena efectiva a 30 años, y ofreció una sustancial condonación por trabajos y estudios.

Su liberación se retrasó presentándose más cargos en su contra, a los que respondió con la huelga de hambre más larga jamás realizada por un preso de ETA. A pesar de la alimentación forzada, estuvo al borde de la muerte durante semanas en 2007 hasta llegar a un efímero acuerdo con las autoridades. Cuando finalmente no tuvieron otra opción legal que ponerlo en libertad el pasado mes de agosto, viajó a Dublín al día siguiente.

Vino aquí, me dijo, por una serie de amenazas a él y a su esposa, Irati Aranzabal, con quien se casó en la cárcel, que han hecho imposible su vida en Euskadi. Inmediatamente, nos encontramos en el “A Través del Espejo” mundo de la política vasca -para muchos vascos es la intimidación violenta de ETA lo que hace la vida imposible.

Dice que intentó viajar a América Latina para escribir algo -ya ha publicado una memoria y una novela-. Pero la embajada de España de aquí le denegó un pasaporte, al que dice que tenía derecho.

“Me trasladé a Belfast mientras intentaba resolver la situación del pasaporte”, dice. “Y mientras me enteré de que un tribunal español estaba investigando una carta que yo supuestamente he escrito”. Esta carta fue presuntamente leída en su ausencia por simpatizantes en una celebración en Donostia por su puesta en libertad. Concluye con una frase en euskera: “aurrera bolie” que traducida literalmente significa “adelante con la pelota”. El tribunal español sostiene que ésta era utilizada comunmente por un dirigente de ETA de los ochenta, y sostiene que De Juana estaba animando a apoyar nuevas acciones terroristas.

“Cuando me enteré de la investigación”, continúa De Juana, “le pedí a mis abogados que escribieran al tribunal expresando mi voluntad de hacer bien una declaración por escrito, o bien hablar directamente con un magistrado español que me visitara aquí”.

“Pero en lugar de esto el tribunal está pidiendo mi extradición. He comparecido ante el tribunal de Belfast como se me requirió, y estoy siguiendo estrictamente las restricciones impuestas ahora aquí sobre mí [informa a la policía diariamente, y debe respetar un toque de queda nocturno de once horas], esperando que la justicia siga su curso”.

La justicia no sigue su camino por ahora. El juez de Belfast, mientras que no expresa ninguna opinión sobre su culpabilidad o su inocencia, dictaminó el mes pasado que el presunto delito es en efecto extraditable. Tendrá la oportunidad de presentar todavía más argumentos ante el mismo juez en mayo, y dice que apelará ante la Cámara de los Lores si el caso va contra él. “Pero si me ordenan regresar al Estado español, iré”.

Desde que negó haber escrito la carta, ¿cómo se siente acerca de la lectura que hicieron sus compañeros en su nombre? “Para juzgar esto tendría que saber lo que realmente ocurrió, y no lo sé. Tampoco el juez español. Ningún original de la carta se ha presentado en los tribunales. Sólo sabemos de su existencia a través de un único recorte de prensa”. ¿Cómo responde a un reportaje de la prensa española que informa de que ETA había querido que reconociera la carta como suya, porque negar su autenticidad podría parecer un rechazo de la acción militante? Su asesor jurídico interviene, pero él responde de todos modos.

“Eso es un invento de los medios. Ya no soy un miembro de ETA, así que ETA no puede mandarme hacer o no hacer nada”. Los medios españoles, dice, lo culpan de “la mitad de los males de España”. Acusa a los políticos y jueces españoles de la fabricación de cargos para mantenerlo en prisión después de haber cumplido su tiempo.

“Fui condenado, cumplí mi sentencia”, dice repetidamente. “Y cuando tuve que ser puesto en libertad, el entonces ministro de Justicia, López Aguilar, dijo públicamente que quería a los jueces para elaborar nuevos cargos contra mí”.

El gobierno de centro-izquierda de José Luis Rodríguez Zapatero está, en efecto, bajo una gran presión de la oposición conservadora, que ve un filón electoral en el tema de De Juana.

Algunos sectores de la opinión pública española parecen tener grandes dificultades en comprender que incluso los terroristas condenados tienen derecho al debido proceso legal. Los observadores internacionales, incluido un relator de derechos humanos de la ONU, han expresado su preocupación sobre los procedimientos en el Estado español con los sospechosos de terrorismo.

Cuando se presentaron los nuevos cargos contra De Juana en 2006, por unos ambiguos comentarios que había hecho en dos artículos, el mismo juez del proceso quiso seguir adelante. Respetados especialistas jurídicos como Bonifacio de la Cuadra en El País dijeron que no había fundamentos, salvo “la histeria política y mediática”. Sin embargo todavía fue finalmente condenado a otros trece años de prisión por esos cargos, reducidos a tres años por el Tribunal Supremo mientras se encontraba en huelga de hambre.

Le expongo a De Juana que él es, al menos en parte, el autor de sus propias desgracias. Por ejemplo, después de que ETA matara a un concejal conservador y a su esposa a sangre fría, habría escrito una carta en la que declaró: “Sus lágrimas son nuestras sonrisas y acabaremos riendo a carcajadas. Con esta acción, no necesito comer en un mes”. Seguramente, usted entiende la gravedad del delito y el daño que tales declaraciones pueden causar a las víctimas y sus familiares. Su asesor jurídico intenta pedirle que pare, alegando que podría ser procesado por esas palabras en España, pero él responde circunspecto:

“Esas informaciones son parte de la campaña mediática contra mí. Responder sería darles credibilidad”. Más tarde, cede un poco y dice que las frases fueron “arrancadas de su contexto y pegadas en una carta de varias páginas”. Añade que los intentos de procesarlo por ello ya han fracasado en los tribunales españoles. Pero rechaza reiteradamente hablar sobre sus propias frases con el argumento de que tenía 15 años y que fueron publicadas ilegalmente.

Niega igualmente un contacto casual con miembros del Sinn Féin. “Cuando me meto en un taxi, a menudo encuentro que el conductor también ha estado en la cárcel, así que tenemos algo en común.” Sin embargo, en la solicitud de pasaporte para Dublín dio como dirección de contacto la de la esposa de James Monaghan, un alto republicano implicado en el caso “Colombia Three”.

Eso es pura coincidencia, dice, añadiendo que tiene la dirección de un amigo vasco, que estudió irlandés con el propietario y quen estuvo de acuerdo en dejar que la usara por conveniencia. “Nunca me he reunido con el Sr. Monaghan. Nunca supe quién era hasta que saltó la historia en los periódicos”. Dice que aún sabe muy poco inglés para comentar la política Irlandesa, incluido el reciente resurgir de la violencia de la disidencia republicana, salvo para decir que “el pueblo irlandés debe resolver sus diferencias en paz y mediante la negociación”.

¿ETA no debería, entonces, abandonar también su actual campaña de violencia? No responde directamente, pero dice que, si el gobierno español tuviera el mismo enfoque para el conflicto vasco como Londres con Irlanda del Norte, que ha reconocido el derecho de autodeterminación, las cosas podrían mejorar. “Si Eukal Herria pudiera libremente decidir su propio futuro, el conflicto podría” -hace una pausa- “ya no ser un conflicto”.

Dada su propia experiencia de amenazas de muerte, ¿tiene alguna simpatía hacia los muchos vascos que están bajo la constante amenaza de ETA? “En un conflicto todo el mundo sufre. No quiero que otra madre tenga que llorar la muerte de otro hijo en nuestro país”. ¿No sería entonces, al menos, provechoso, tanto para su propia situación como para sus víctimas si pudiera expresar ahora cierto pesar o remordimiento por sus propias acciones? Da un suspiro exasperado. “Debo repetir: fui condenado, cumplí mi sentencia, el pasado es el pasado. Quiero vivir en el presente, rehacer mi vida con mi esposa, y mirar hacia el futuro. Lo que yo sienta o no sienta, mis experiencias, forman parte de ese pasado que no quiero discutir en público”.&nbsp

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