En torno al Procés

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El juicio a los políticos catalanes ha dado mucho que hablar y también, obviamente, que escribir: así en un suplemento cultural del fin de semana pasado se daba cuenta de al menos diez obras sobre el asunto. Las excepciones son los posicionamientos desde una pretendida objetividad, ya que la regla ha sido el de tomar partido, y tal como se ha mostrado la combativa beligerancia, podría decirse que trinchera; minoría también son las posturas que se han mostrado favorables a los presos políticos catalanes ( es obvio que la motivación que les ha llevado al tubo es plenamente política; sabido es que se dice que han delinquido, claro, como cualquiera que por luchar por la libertad ha desbordado los límites de la ley, mutantis mutandis delincuentes fueron mahatma Gandhi, Martin Luther King, Nelson Mandela o Henry-David Thoreau) .

Una mirada au milieu de la mèlée y con un seguimiento casi diario del asunto fue llevado a cabo por Guillem Martínez ( Cerdanyola del Vallès, 1965) quien ahora completa la faena que inició en 57 días en Piolín con su « Caza de brujas. Procesando el proceso al Procés» , editado por Lengua de Trapo. El periodista se posiciona en un ni/ni ( eso sí, en un ni más que en el otro) en el que no da razón a las partes sino que subraya las falacias de ambas, y se coloca del lado del mas débil: es decir, él y sus lectores que al fin y a la postre son los paganos del desaguisado ( ampliando la copla, la cosa, una especie de ciudadanía de a pie, tiene sentido pero no referente, a no ser en el terreno de la nebulosa abstracta), obviando tal vez que paganos, paganos, lo que se dice verdaderos paganos son los juzgados y encarcelados.

El libro compuesto de entradas , a modo de flashes, que corresponden a días que van desde febrero de febrero a junio de este mismo año y por las que desfilan abogados, gobernantes del gobierno central y del autonómico, o combativos Guardias civiles mostrando si fervor patrio; repaso que es realizado con puntería y con un atinado humor. No le falta razón, a mi modo de ver, al autor al menos en una cosa: un problema político y social no se soluciona, ni se debe pretender solucionar, por vía judicial. El recorrido muestra ( ¿ alguien no lo tenia claro?) que algunas de las pomposas decisiones, más bien declaraciones no eran desde su propio enunciado sino meras palabras sin efecto, ya que al fin y a la postre, con perdón, el que más puede capador, y en ese campo no cabe duda de que el Estado con sus tribunales y sus policías ( a Montesquieu que le den) pueden más que el Govern con sus mossos y las movilizaciones populares. Por un lado, la DUI, la República y ciertas jugadas de bricolaje legal con el fin de intentar de saltarse la ley sagrada de la Constitución, por otro la madera en desmadrada acción, coreada por el espíritu hispano del a por ellos y amparados por el 155. Yn choque de trenes en el que uno de ellos es un trenet.

Así pues, Martínez muestra como las triquiñuelas jurídicas y las competencias de los diferentes tribunales en liza, y una clara tendencia por parte del Govern y el Parlament de improvisar y tratar de esquivar como quien quiere ganar tiempo ante la dificultad de la empresa, en un pulso desigual, convirtiendo los movimientos en lo que los franceses llamarían fuite en avant. No está de más señalar que muchas veces, sino en todas las ocasiones, los meros gestos simbólicos expresan un deseo y una voluntad colectivos.

La cuenta que se va entregando de diferentes pasos que se sucedieron en el Procés tienen indudable interés, si bien a mi modo de ver se da cierto escore que carga las tintas en los deslices, y atajos, de los promotores del Procés, aliñado con un desenfadado humor que la verdad es que en algunos momento cruje, a mi modo de ver ; completando la escena con cierta complacencia, hasta el chapoteo, a la hora de revelar las desavenencias en el seno de los soberanistas, las contradicciones y los enfrentamientos que asoman a la hora de ver quien es más radical y coherente. Cierto es que también se presta atención a los comportamientos del bloque unitarista ( con todos los matices que se quiera en ello coincide desde la derecha extrema hasta la socialdemocracia), con sus políticos y con su engrasada brunete mediática ( prietas las filas y todos juntos y en unión)…y ahí sí que juzgo que hay ejemplos numerosísimos que se pueden prestar a la chanza, hasta el despiporre ya que los resabios de la unagrandeylibre brotaban como hongos en primavera, en las proximidades del – por decirlo en carandelliano show celtibérico .

El que escribe es de la vieja escuela y en este orden de cosas, sostiene que las que en los momentos de franquismo terminal todas las fuerzas de oposición defendían, al menos de boquilla como luego se vio, como condición sine qua non para acceder a una verdadera democracia: el derecho de autodeterminación de las nacionalidades oprimidas ( Catalunya, Euskadi y Galiza), referéndum para optar entre monarquía y república…y me abstengo de nombrar otros ( como disolución de los cuerpos represivos); la modélica Transición abandonó y demonizó todas estas reivindicaciones y, con su más y sus menos, en el enfrentamiento del que se habla hay unos que los defienden y otros que los prohiben.

Elogio de la abogacía

Un abogado entregado a su profesión, la defensa de sus clientes, más allá del color y los presupuestos políticos de sus defendidos, en un tenaz intento de hallar los argumentos que dejen bien parados a quienes a él recurren. Es el caso de Javier Melero ( Barcelona, 1958) uno de los abogados más brillantes en el juicio del Procés, en el que ha defendido a varios de los juzgados, entre ellos al conseller d´Interior, Joaquim Forn. De todo ello habla en su « El encargo. Un abogado en el juicio del Procés », publicado por Ariel.

El libro con una cuidada prosa y un medido humor nos introduce en las interioridades del juicio y también en el modo de vivirlas por parte de sus defendidos: así, Melero nos hace entrar en la sala judicial y en las celdas de prisión para conocer de cerca el tema abordado. Además de hacernos saber las claves utilizadas en su defensa, desvela el marrón ( tal vez la perita en dulce) que llevó a hacer recaer la responsabilidad de la cuestión en los jueces en una dimisión de los políticos. En la cercanía del abogado con otros de los protagonistas y afines del juicio y de la cuestión catalana ( ¿ o es española?), somos llevados más allá de las salas de la magistratura al conocimiento de la clase política y al de los jueces. La independencia del abogado con respecto al choque de los dos gobiernos en conflicto, hace que su libertad personal, expresada en sus ideas propias, es uno de los atractivos de la obra que ayuda a acercarse al rompecabezas catalán, obra cuya única limitación es el secreto debido a sus clientes. Añadiré, de entrada, que la banda sonora del libro es selecta ( de Dire Straits a Neil Young, pasando por Janis Joplin, Iggy Pop, Leonard Cohen, Nick Cave y algunos otros que con sus canciones dan título a los capítulos, al tiempo que una indisimulada atracción por el boxeo al menos a nivel metafórico).

Un recorrido impresionista en el que no falta el recurso a referencias históricas con respecto a los años treinta, en relación al fascismo, nacionalismo, etc. , lo que hace que el debate actual pueda ser situado de una manera más cabal. Igualmente hay visitas al significado de ciertos regentes hispanos del pasado. Por supuesto, que el centro de gravedad reside en los tiempos presentes y en ese campo se nos desvelan algunas escenas sabrosas de reuniones con diferentes políticos en los que el abogado acaba sacando la conclusión de que se halla ante unos seres idealistas ( seamos realistas, pidamos lo imposible) que no parecen tomarse en serio los peligros y condenas a las que se exponen, y que lo que parecían aceptar en privado entraba en contradicción con sus apariciones públicas en las que eran jaleados por sus seguidores. Situado entre bastidores da cuenta y pone fechas a la radicalización en el seno de los convergentes.

Y con la narrado las conclusiones que se puedan sacar, si se dan por buenas las valoraciones de Melero, de cara al futuro es que faltan líderes potentes por ambos lados, lo que hace que no sea fácil atisbar un repliegue en condiciones , ni un arreglo conciliador por la otra. En lo que hace a la judicatura , el retrato es más bien negativo al darse una serie de presupuestos que en vez de guiarse por el deber de juzgar se dejan arrastrar por el deseo de condenar, en medio de improvisaciones varias y chapuzas al por mayor, ocupando un lugar de privilegio el juez Llarena que se dejaba llevar por chascarrillos que asomaban en las redes sociales utilizándolas como pruebas condenatorias; Marchena tampoco es que quede muy bien parado que se diga al dejarse influenciar por el clamoroso rumor de la prensa, y la fiscalía… Y una sentencia absolutamente desproporcionada al redactarse al modo de una imaginativa novela, netamente condicionada por la voz de los policías erigidos en poseedores de la verdad…pura amén. Cameos abundantes y sabrosos, por calificarlos de algún modo, con los abogados de Vox, referencias conversaciones con los Pujol, discusiones con el impresentable Arcadi Espada…

Si antes comentaba que los gustos musicales del abogado me parecen francamente atractivos no tanto me parece su aceptación entregada de España como un logrado estado de derecho, los tribunales hispanos a la altura de los europeos, del mismo modo que no me resulta agradable saber, algo de ello dice, sus participación tangencial en la creación de Ciudadanos, y , para colmo de colmillos, lo del rey campechano…clama al cielo de la campechanía que oculta la realidad de una herencia y unos posicionamientos como los de Felipe VI que como rey de todos los españoles…dejaba claro que los catalanes, al menos muchos de ellos , no pertenecen a su tribu. De sus entusiastas valoraciones acerca de los beneméritos y de la policía armada ( que diga de los policías nacionales)…como el personaje de Melville : preferiría no …

En fin, a fuer de sincero concluiré indicando que a lo largo de la lectura me he ido enterando de chascarrillos e interpretaciones de los hechos e ideas, al mismo tiempo que me iba invadiendo un hondo malestar tanto físico como mental – es lo que tenemos las almas bellas- que no creo que me lo solucionen ni mi masajista ni mi psicoanalaista.

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