En torno a la Economía de Equivalencia

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La idea de que la situación económica es la base de las instituciones políticas, así como la predicción de que la Política sería absorbida por la Economía, pertenecen originalmente a Henri de Saint Simón quien las publicó a principios del siglo XIX. Este precursor del socialismo que aspiraba a que la Sociedad transformara el gobierno político sobre los hombres por la administración de las cosas, redactó la siguiente fórmula de la justicia social; A cada uno según su capacidad; a cada capacidad según sus obras. Dos frases que le deben resultar familiares al lector de literatura marxista.

La creación de una asociación cooperativa de consumo y producción, así como de almacenes para el cambio de los productos del trabajo por medio de un papel-moneda-trabajo, cuya unidad era la hora de trabajo, pertenece a Robert Owen, otro precursor del socialismo que en su “Libro del nuevo Mundo Moral” defendía la obligación igual de trabajar y el derecho igual al producto, todo proporcionalmente a la edad.

Es John Gray quien en “Sistema Social” (1.831) propone lo que cabe calificar de primer intento de planificación económica centralizada; una Cámara de Comercio Nacional que tendría los medios necesarios para determinar en todo momento la cantidad efectiva de todas las clases de bienes disponibles, sería capaz de decir al mismo tiempo dónde debería producirse más deprisa, donde mantenerse el mismo ritmo y donde frenarlo. Esa Cámara dispondría la expropiación de los medios de producción privados (mediante el pago de una indemnización anual a sus propietarios) y realizaría la planificación de la producción (Diego Guerrero, Historia del pensamiento económico heterodoxo).

Dice Federico Engels en El Anti-Dühring (1.877) que Los utopistas fueron utopistas porque no podían ser otra cosa en un tiempo en que la producción capitalista estaba todavía tan poco desarrollada.

Fue mérito de Carlos Marx desentrañar el secreto de la plusvalía. En su análisis sobre Capital fijo y circulante del Libro II de El Capital (Sección II, Capítulos X y XI), Marx señala repetidas veces la ocultación que supone, por parte de la Economía burguesa, la consideración de Capital Fijo y Circulante frente a la de Capital Constante y Variable:

Se oculta, a causa de la identidad de forma que presenta en la rotación el capital variable y la parte circulante del capital constante, la diferencia esencial que media entre ellos en el proceso de valorización y en la formación de plusvalía, esto es, se oscurece aún más todo el misterio de la producción capitalista; con la denominación común de capital circulante se borra esta diferencia esencial; cosa que la economía posterior acentuó aún más al no mantener ya como esencial y lo único distintivo la contraposición entre capital variable y constante, sino la existente entre el capital fijo y circulante (Página 255).

Con ello se borra la diferencia absolutamente decisiva entre capital variable y capital constante, esto es, todo el secreto de la formación de la plusvalía y de la producción capitalista…Se comprende, por tanto, por qué la economía política burguesa se ha aferrado instintivamente a la confusión de Adam Smith entre las categorías de capital constante y variable con la de capital fijo y circulante, y la ha repetido de pe a padurante todo un siglo, de generación en generación, de un modo acrítico. La parte de capital invertido en salario ya no se diferencia, para ella, de la parte de capital invertida en materias primas, y sólo se distingue formalmente del capital constante, ya circule fragmentaria o totalmente por medio del producto. Con ello se entierra de un golpe la base para la comprensión del movimiento real de la producción capitalista y, por tanto, de la explotación capitalista (Página 282).

Con ello se consuma felizmente la transformación del proceso capitalista de producción en un misterio completo y se oculta totalmente a la vista el origen de la plusvalía contenida en el producto (Página 290).

También al analizar la transformación de la plusvalía en ganancia, en el Libro III (Sección I, Capítulos I, II y X) Marx hace hincapié en dicha ocultación:

El remanente de valor o plusvalía realizado al vender la mercancía se le presenta, por tanto, al capitalista como excedente de su precio de venta sobre su valor, en vez de remanente de su valor sobre su precio de coste, de suerte que la plusvalía contenida en la mercancía no se realiza mediante su venta, sino que brota de la misma venta (Páginas 46 y siguientes).

Por lo que se refiere al capitalista individual, es evidente que lo único que le interesa es la relación entre la plusvalía (o del remanente de valor a que vende sus mercancías) y el capital global anticipado para su producción; mientras que la relación concreta de este excedente y su conexión interna con los componentes particulares del capital no sólo no le interesa, sino que su interés radica en que esta relación y esta conexión queden en la sombra.

Aunque el remanente del valor de la mercancía sobre su precio de coste surge en el proceso directo de producción, sólo se realiza en el proceso de circulación, por lo que con tanta más facilidad asume la apariencia de que brota del proceso de circulación, puesto que en realidad, dentro de la competencia, en el mercado real, depende de las condiciones del mercado, se realice o no este excedente y en qué grado. No hay necesidad de discutir aquí que, si una mercancía se vende por encima o por debajo de su valor sólo ocurre otra distribución de la plusvalía, y que esta distribución diferente, es decir, la distinta relación en que varias personas se reparten la plusvalía, no altera para nada la magnitud ni la índole de la plusvalía…Para el capitalista individual la plusvalía realizada por él mismo depende tanto de la mutua especulación entre los diversos capitalistas como de la explotación directa del trabajo.

El proceso directo de la producción y el proceso de circulación confluyen y se compenetran constantemente, falseando así, continuamente, sus características diferenciales…la forma originaria en que se enfrentan el capital y el trabajo asalariado se disfraza…la misma plusvalía no se presenta como producto de la apropiación de tiempo de trabajo, sino como remanente del precio de venta de las mercancías sobre su precio de coste.

Incluso economistas modernos como Ramsay, Malthus, Senior, Torrens, etc., aducen directamente estos fenómenos de la circulación como pruebas de que el capital, en su existencia puramente material, independientemente de sus relaciones sociales con el trabajo, que son precisamente las que lo convierten en capital, constituye una fuente independiente de plusvalía…la extorsión de trabajo no retribuido aparece solamente como ahorro en el pago de un artículo que entra en los costes…la extorsión de plustrabajo…se oscurece.

Con lo que sigue siendo un misterio de donde proviene este remanente, si de la explotación del trabajo en el proceso de producción, si del engaño de los compradores en el proceso de circulación, o de ambos.

Por eso, aunque la cuota de ganancia difiere numéricamente de la cuota de plusvalía, mientras que la plusvalía y la ganancia son en realidad la misma cosa y numéricamente iguales, la ganancia es, sin embargo, una forma transfigurada de la plusvalía, una forma en la que se oculta y se borra su origen y el secreto de su existencia…En la plusvalía se pone al desnudo la relación entre capital y trabajo; en la relación entre capital y ganancia…aparece el capital como relación consigo mismo (Páginas 53 y siguientes).

El precio de producción incluye la ganancia media. Le hemos dado el nombre de precio de producción; en realidad es lo mismo que A. Smith llama “natural price”, Ricardo “price of production”, “cost of production”, y los fisiócratas “prix nécessaire”, sin que ninguno de ellos haya desarrollado la diferencia entre precio de producción y valor…Se comprende también por qué los mismos economistas que se revuelven contra la determinación del valor de la mercancía por el tiempo de trabajo, por la cantidad de trabajo contenida en ellas, hablan siempre de los precios de producción como de los centros en torno a los cuales fluctúan los precios de mercado…porque el precio de producción es ya una forma completamente enajenada y “prima facie” absurda del valor de las mercancías, una forma tal como aparece en la competencia, esto es, en la conciencia del capitalista vulgar, es decir, como existe también en la del economista vulgar (Página 257).

Por otra parte, en el Capítulo XVIII del Libro II, Sección III, y después de distinguir la forma social de producción -capitalista y social-, Marx asegura que El capital monetario desaparece en la producción social. La sociedad distribuye la fuerza de trabajo y los medios de producción entre las distintas ramas. Por mí, los productores pueden recibir bonos a cambio de los cuales pueden retirar de los fondos sociales de consumo cantidades proporcionales al tiempo de trabajo aportado por ellos. Estos vales no constituyen dinero. No circulan (Página 18).

Es Federico Engels quien en su crítica a Dühring sobre la construcción del socialismo analiza los supuestos de una Economía que reparta a trabajo igual, producto igual. En primer lugar, Engels rechaza la utilización de dinero. Avisa que la acumulación queda totalmente olvidada si no se crea un fondo social para el mantenimiento y extensión de la producción, y advierte que se abre una brecha considerable: el célibe vivirá suntuosamente y en la alegría con sus ocho o doce marcos diarios, mientras que el viudo difícilmente saldrá adelante con sus ocho hijos menores. (Páginas 313 y 315)

Cuando la sociedad se posesiona de los medios de producción y los aplica a ésta, socializándolos sin intermediarios, el trabajo de todos, por diverso que pueda ser, en lo que concierne a su utilidad específica, es trabajo inmediato y directamente social. Entonces no hay necesidad de establecer previamente, por un rodeo, la cantidad de trabajo social contenido en el producto; la experiencia diaria indica cuánto se necesita por término medio. La sociedad no tiene más que calcular cuántas horas de trabajo se han incorporado en una máquina de vapor, en un hectolitro de cereales de la última cosecha o en cien metros cuadrados de tejido de determinada calidad. No puede ocurrírsele expresar las cantidades de trabajo incorporadas en los productos que conoce de un modo directo y absoluto, en función de una medida sólo relativa, vaga, inadecuada -en otro tiempo indispensable, como cosa menos mala- en función de otro producto, cuando posee la medida natural, adecuada y absoluta: el tiempo…Sin duda, la sociedad tendrá necesidad de saber cuánto trabajo precisa para producir cualquier objeto de uso; tendrá que organizar el plan de la producción en función de los instrumentos de producción, a la cabeza de los cuales figura la fuerza de trabajo. En último análisis serán los efectos útiles de los diversos objetos de uso -comparados primero entre sí y después en relación con la cantidad de trabajo necesario para fabricarlos- los que determinen el plan de la producción. (Página 320)

“El Estado y la revolución” es un trabajo que publicó Lenin en Agosto de 1.917, en pleno apogeo de la Revolución rusa de Febrero que culminaría en el glorioso Octubre. En su Capítulo V, “Las bases económicas de la extinción del Estado” (Páginas 84 y siguientes), Lenin se interesa por el análisis que había desarrollado Marx en su “Crítica del programa de Gotha” escrito en Mayo de 1.875. Una parte de la crítica de Marx se había dirigido principalmente contra los planteamientos que Ferdinand Lasalle inspiraba en la Asociación General de los trabajadores alemanes, en un momento en que era necesaria una fusión de todas sus fuerzas.

Escribe Lenin:

Marx ofrece un análisis sereno de cómo se verá obligada a administrar la sociedad socialista. Marx aborda el análisis concreto de las condiciones de vida de esta sociedad, en la que no existirá el capitalismo, y dice:

“De lo que aquí se trata (en el examen del programa de partido obrero) no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base, sino de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede”

Esta sociedad comunista, que acaba de salir de la entraña del capitalismo y que lleva en todos sus aspectos el sello de la sociedad antigua, es la que Marx llama “primera” fase o fase inferior de la sociedad comunista (el socialismo).

Los medios de producción han dejado de ser ya propiedad privada de los individuos para pertenecer a toda la sociedad. Cada miembro de ésta, al ejecutar una cierta parte del trabajo socialmente necesario, obtiene de la sociedad un certificado acreditativo de haber realizado tal o cual cantidad de trabajo. Por este certificado recibe de los almacenes sociales de artículos de consumo la cantidad correspondiente de productos. Deducida la cantidad de trabajo que pasa al fondo social (Inversión para la reposición o ampliación del denominado “capital constante”, administración, escuelas, hospitales, asilos de ancianos), cada obrero recibe, pues, de la sociedad tanto como le entrega.

Seguidamente, Lenin advierte la observación de Marx respecto a que entonces nos hallaríamos ante “un derecho burgués”, que, como todo derecho presupone la desigualdad porque los hombres no son iguales; unos son más fuertes y otros más débiles; unos están casados y otros solteros; unos tienen más hijos que otros, etc. Es decir, que si, por ejemplo, un trabajador soltero recibe por sus ocho horas de trabajo el equivalente que le corresponde en artículos de consumo que se han producido socialmente, obtendría una riqueza relativamente superior a la del trabajador con cuatro hijos que trabajase el mismo número de horas.

Por consiguiente, la primera fase del comunismo no puede proporcionar todavía justicia ni igualdad: subsisten las diferencias de riqueza, diferencias injustas; pero quedará descartada ya la explotación del hombre por el hombre, puesto que no será posible apoderarse, a título de propiedad privada, de los medios de producción, de las fábricas, las máquinas, la tierra, etc.

Esta situación por la cual sigue imperando cierta desigualdad al distribuirse los productos “según el trabajo”, es a juicio de Marx inevitable en la primera fase de la sociedad comunista…pues no se puede pensar que, al derrocar el capitalismo, los hombres aprenderán a trabajar inmediatamente para la sociedad sin sujetarse a ninguna norma de derecho.

Hasta el momento en que se alcance la fase superior del comunismo; mientras la Sociedad no haya conseguido plenamente escribir en su bandera “De cada cual, según su capacidad; a cada cual según sus necesidades”; mientras los hombres no se hayan habituado a observar las normas fundamentales de la convivencia; mientras no trabajen voluntariamente según su capacidad; Lenin asegura que ese proceso presupone una productividad del trabajo que no es la actual y hombres que no son los actuales filisteos, capaces de dilapidar “a tontas y a locas” la riqueza social y de pedir lo imposible. Y por ello los socialistas exigen el más riguroso control por parte de la sociedad y por parte del Estado sobre la medida de trabajo y la medida de consumo…y no debe llevarse a cabo por un Estado de burócratas, sino por el Estado de los obreros armados.

Finalmente, Lenin reconoce que A través de qué etapas, por medio de qué medidas prácticas llegará la humanidad a este supremo objetivo es cosa que no sabemos ni podemos saber. De lo que si está seguro Lenin es de la necesidad de Contabilidad y control… en la obra de controlar la producción y la distribución, en la obra de computar el trabajo y los productos.

Nota.

El Capital. Editorial Akal básica de bolsillo 2.007

El Anti-Dühring. Edicions Avant 1.987

El Estado y la revolución. Fundación Federico Engels 1.997

Historia del pensamiento económico heterodoxo, Diego Guerrero, Edición electrónica, Eumed 2.004

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