Publicado en: 2 enero, 2019

En República Dominicana: Eleciones reproducen corrupción e impunidad

Por narciso isa conde

“Elecciones y corrupción van de la mano: clientelismos, sobornos, inversiones privadas altamente reproductivas, venta al mejor postor, compra y venta de facciones, transfuguismos, trampas y fraudes.”

En nuestro país y en el mundo, el sistema electoral dominicano y sus elecciones periódicas, han sido presentados como fuentes de una democracia inexistente; supuestamente desvinculadas de un sistema dictatorial impregnado de una corrupción ascendente protegida por un régimen estructurado de impunidad de larga data.

El abismo entre lo que se difunde y lo que es, resulta realmente abismal. Su dinámica y sus persistentes resultados han motivado el interés en su continuidad por todas las partes interesadas:

partidocracias oficialistas y opositoras, y corporaciones corruptoras.

Así las cosas, el 2018 concluye con un febril esfuerzo del Gobierno, los titulares y componentes de todas las instituciones del de Estado, sistema de partidos, gran empresariado y sus medios masivos de comunicación, por imponer la ruta electoral hacia el 2020.

Hay que esperar que ese empeño se multiplique en el despliegue del 2019 que ya se inicia.

Me explico su gran pasión por el tema.

Pocos procesos han sido tan funcionales al sistema de corrupción e impunidad que tanto los beneficia y que tanto ha garantizado su periódica reproducción ampliada, como las elecciones nacionales, sus mecanismos, sus partidos guías y grupos sanguijuelas.

Elecciones y corrupción van de la mano: clientelismos, sobornos, inversiones privadas altamente reproductivas, venta al mejor postor, compra y venta de facciones, transfuguismos, trampas y fraudes.

Resultados electorales y sumatoria de mafias en las instituciones se amalgaman en superposiciones y entrelazamientos de corruptelas en los que se asocian funcionarios electos y designados y empresas beneficiarias de exenciones, privilegios, tráficos de influencia, estafas, sobrevaluaciones, subvaluaciones e ilegalidades.

* El miedo potencia el aferramiento.

Es comprensible, por tanto, que un sistema en descomposición, rechazado por amplios sectores movilizados, atemorizados sus beneficiarios de tantas fechorías por la reciente insubordinación multitudinaria de Marcha Verde, estimule ese apasionado amor por lo electoral en sus jefes políticos y económicos.

No tienen de otra que no sea reproducir el pantano, con continuismo de rostros o con otras caras, pero salvando las estructuras, bases institucionales y jurídicas-políticas que le sirven de sustento a sus componentes.

Hacia ese proceso van todos abrazados, diezmados en autoridad moral y poder de convocatoria, con la desconfianza que los acorrala y reduce a puro comercio e inversión, al malo o menos malo contra el peor o al malo sobre malo que da peor.

No importa que la JUNTA CENTRAL ELECTORAL (JCE) y el TRIBUNAL SUPREMO ELECTORAL (TSE) estén contralados por el presidente Danilo Medina, que por demás sigue empecinado en reelegirse.

No importa que protejan a la mafia que anteriormente los controlaba y que el poder se vuelque a favor de sus preferidos.

Su lealtad es con el sistema de corrupción e impunidad que apaña la Constitución del 2010, su Congreso, Alcaldías, Cortes y toda la maquinaria estatal al servicio del enriquecimiento de cada quien desde la concepción que entiende Presupuesto y Patrimonio Nacional como propiedad privada de detentadores del poder.

A los que no les luce el traje de esa porquería electoral es a quienes después de haber jurado y perjurado luchar por el fin de

la corrupción y la impunidad, tienen decidido aliarse a ciertos arquitectos del sistema pervertido.

No les luce el traje y de poco le sirve el alegato de que sus nuevos socios históricamente ensuciados hoy no son de partido de gobierno, cuando ayer fueron gobierno central y hoy lo son en alcaldías, curules y procederes denigrantes, con culpas parecidas.

Ambas partes son, en fin, dos caras del mismo sistema, sobre todo después que la estrategia neoliberal, potenciadora de la gansterización del sistema, las acerca en las peores prácticas políticas.

El fenómeno, claro está, no es de exclusiva factura nacional, puesto que el modelo, si bien no es uniforme, tiende a ser globalizado en todo lo que ayuda a perpetuar el lumpen capitalismo de estos tiempos y la corrompida partidocracia que le sirve.

 

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